Tengo
experiencia en lo que suele suceder cuando el CNC se instala en una parroquia
cuyo párroco no les baila el agua.
Tal
circunstancia es la que se daba en la única parroquia kikotizada del barrio de Argüelles de Madrid. El CNC estuvo
ocupando los mejores locales de dicha parroquia durante años y años; también la
cripta, mientras les dejaron, la consideraban de su propiedad. El día que el
sacerdote responsable del grupo de jóvenes dijo que iba a disponer de la cripta
para su grupo, hubo problemas. Difícil de entender, puesto que unos no aparecen
por la iglesia en domingo salvo por descuido y los otros querían hacer uso
precisamente en ese día, no es fácil entender por qué hubo problemas, pero los
hubo.
Al
final, la comunidad parroquial resolvió el problema de la forma más
contundente: el que trata de acaparar, se queda fuera. Y al CNC le dijeron que
la cripta no era suya y que dejasen de tocar las narices a los demás grupos.
No
se lo tomaron muy bien. Es lo que tiene saberse los “pedores” y los últimos de todos: que cuando les ponen en su sitio
se retuercen como serpientes.
Y
entre retorcimiento y retorcimiento hicieron uso de la primera norma del kikismo: cuéntaselo todo a tu kikotista. Es decir, los respon de la
primera comunidad de esta parroquia le contaron a sus kikotistas que el párroco era muy malo y no les quería, que el
consejo parroquial les tenía inquina, que no les dejaban disponer a su antojo
de los locales y lugares que les diera la gana y tal y tal.
Era
cuando todavía el señor Rouco Varela era el arzobispo titular de la
archidiócesis, así que aprovechando el buen rollito del señor arzobispo con el
CNC o viceversa, los super-kikotistas
de la parroquia de San José protestaron ante Rouco por el trato que recibían en
esa parroquia en concreto por culpa, por su gran culpa, por la grandísima culpa
del párroco del lugar. Y, como no, como gran amigo y aliado, Rouco prometió
tomar cartas en el asunto.
Del
dicho al hecho… suele haber bastante trecho.
El
señor arzobispo presionó, el párroco y la orden a la que pertenece aguantó el
envite y el CNC tuvo que salir de esa parroquia. Ahora están en la sierra
norte, comiéndose los mocos, porque cada vez son menos.
No
es el único caso que conozco de parroquia en la que el CNC demuestra
fehacientemente que además de no ser capaces de integrarse en la parroquia, son
incompatibles con cualquier otro grupo parroquial (ya se sabe que ellos no son
un grupo más de la parroquia) y, en consecuencia, les invitan a coger sus kikonos e irse con los kikirikantos a otra parte.
En
una ocasión, una neohermana de mi comunidad y de mi barrio le preguntó a
nuestro párroco que por qué no abría la parroquia al CNC. Gracias a Dios tal
cosa no ha sucedido con ninguno de los párrocos que he conocido, tampoco con el
actual. La respuesta fue que los párrocos hablan entre ellos, se cuentan sus
experiencias con los distintos movimientos y con esas otras cosas que no
quieren ser movimientos ni tampoco grupos de la parroquia, y que dan mucha más
verosimilitud a lo que trasmiten otros párrocos que han pasado por la penosa
experiencia de sufrir al CNC en sus carnes que no a las consignas de radio
macuto que transmiten los kikos, que
se tienen por salvadores de esta generación y la siguiente.
En
otras palabras, le vino a decir que en su parroquia mandaba él y el responsable
era él y no estaba dispuesto a admitir a otros que pretendieran arrogarse a sí
mismos la dirección de la parroquia, de sus instalaciones y de sus medios.
Porque los kikos saben que el otro es Cristo, pero hay que ver la de zancadillas y golpes bajos que se prestan a darle a todo otro que no les ríe las gracias.
Porque los kikos saben que el otro es Cristo, pero hay que ver la de zancadillas y golpes bajos que se prestan a darle a todo otro que no les ríe las gracias.
Siempre
he agradecido a mi párroco el tener las cosas tan claras.









