El anuncio publicitario tuvo lugar en la principal sala de usos múltiples de Santa Catalina L’abouré, que es la parroquia dónde intentaron hacer un chanchullo para que un terreno colindante de propiedad municipal fuese transferido a la parroquia y transformarlo en “un jardín celestial”, es decir, un cementerio, pero un cementerio con estética kika y para kikos, no para religiosos de misa de 12, porque antes se muera el Papa que juntarse con ellos.
Lo cuento porque la sala de usos múltiples de Santa Catalina no es pequeña, pero tampoco es inmensa (capacidad para unas trescientas personas). Y sucede que año tras año cada vez hay que convocar a más y más gente para que no se note mucho que sobran bancos por todos lados.
En esta ocasión los convocados fueron:
Todavía hay más, es que aquí interrumpe Ascen para recordar a Kiko e informar a los presentes de la muerte del rector de RM de Lisboa (Por cierto, ya que se dice agnus dei y no dei agnus, y se dice corpus Christi y no Christi corpus, ¿alguien docto en latín puede explicarme porque le dicen redemptoris mater en lugar de mater redemptoris?).
Sigue la presentación de los presentes no ausentes:
Y sí, si alguien se ha dado cuenta, los seminaristas de Murcia, convocados para hacer bulto, son mencionados dos veces. Bien por ellos.
Concluidas las presentaciones (y los aplausos a vivos y difuntos), es el turno de Mario, el que presume de no haber tenido fe antes del Camino, pese a que ya era cura.
En otras ocasiones ya he expresado que Mario es un pésimo comunicador. Carmen saltaba de una idea a otra y no concluía ninguna, Mario además de soso salta de una cita a otra y lo hace de una forma tan enrevesada que los pobrecitos que transcriben el discurso para el mamotreto muchas veces confunden lo que es cita con lo que es rollo pezzimo y viceversa. Lo curioso es que en esta ocasión, aunque el tostón de Pezzi es tan aburrido como de costumbre, se puede seguir sin gran dificultad.
Lo resumo: Sin venir a cuento de nada, Mario pensó que sus oyentes estaban deseosos de escucharle perorar sobre los sentidos corporales y espirituales, y ni corto ni perezoso se pone a largar citas místicas sobre el ojo y la vista, la oreja y el oído, la nariz y el olfato, la lengua y el gusto, la piel y el tacto.
Da la impresión de que la idea es sugerir que cuanto más atorados tengas los sentidos corporales gracias a la falta de sueño, al debilitamiento del ayuno, al olor a incienso y al ruido ambiente, más factible es que se active algún sentido espiritual. No comparto esa idea, sin los sentidos despiertos y con la mente atontada lo que se facilita es la respuesta emocional y visceral, la no racional. Y los sentidos espirituales no son viscerales.
Y eso es todo. Citas que se refieren a ver a Dios, gustar a Dios, escuchar la palabra de Dios, sentir a Dios y el olor a santidad que caracteriza las buenas obras.
Bueno, cuando habla del oído aprovecha para hacer una crítica:
Crítica que delata que la realidad de los neocatecumenales es que su oído espiritual no está desarrollado, de lo contrario no les importaría aunque la palabra de Dios la proclamase un tartamudo.
Y ya metido en harina, Mario lanza un zasca también a los curas (ojo, dice “curas”, que en kikonio significa que no son presbikikos amaestrados y sumisos):
«Algunos curas recitan la anáfora deprisa, sin acompañar con el corazón, sin ninguna unción, como si lo que celebraran no fuera real».
¿Tú qué sabes, Mario? Tú que te enorgulleces de haber sido ordenado sin fe, ¿por qué juzgas a esos curas?
Mejor hubiese permanecido callado Mario, ya que no tenía nada edificante que contar. Y si así actúan las cabezas del CNC, vertiendo juicios contra el otro, que es Cristo, ¿qué no harán sus loros imitadores?
Que no se me olvide, antes de callarse, la publicidad de Mario se vuelve publicidad del libro de no sé quién -un italiano, por el apellido- para que todos los convocados se acuerden de alentar su adquisición por parte de los sufridos neocatecumenales.
Todo sea por llenar las arcas de alguno.
Próximamente más.




Y esos "anuncios" duran como 3 horas y son más aburridos que ver un pared recién pintada secándose.
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