sábado, 4 de abril de 2026

Liturgia muy sacrificial (y II)

 


En resumen, el pueblo de Israel no concebía el perdón sin mucho sacrificio y mucho derramamiento de sangre. Por más que Kiko demuestre su ignorancia sosteniendo lo contrario, la mentalidad de Israel era sacrificial a tope, como la de los religiosos naturales.

Y además consideran al demonio un aliado de su Dios, por eso le ofrendan un chivo.

Carmen y Kiko, en contra de la historia y la evidencia, quieren hacer creer que en tiempos de Jesús la liturgia del templo eran pájaros y flores, cantos y danzas a son de la cítara, y que las mesnadas de paganos y religiosos naturales que irrumpieron en el Cristianismo tras la conversión de Costantino fueron las causantes de que se volviera a imponer una visión sacrificial que ya había sido superada. ¡FALSO! Su pretensión de que la Eucaristía no es sacrificio sino solo acción de gracias es errada. Convertir la Misa en un banquete folclórico es no haber entendido nada.

El caso es que la ceremonia religiosa de Kipur no es luminosa, es sangrienta, por más que el sumo sacerdote se lave un montón de veces y vista de blanco solo ese día concreto y solo para entrar al Santo de los Santos.

Y ahora retomo la pretensión carmelitana de la coincidencia temporal entre el sumo sacerdote que se viste de blanco para entrar en el Santo de los Santos y la Transfiguración.

El episodio evangélico que la Tradición de la Iglesia sitúa simultáneo a la ceremonia de Yom Kipur en el templo no es la Transfiguración, sino la pregunta «¿Quién dice la gente que soy yo?».

En el templo, el sumo sacerdote descorre la cortina, entra en el Santo de los Santos y no ve más que una densa nube de incienso, no ve a Dios aunque lo tenga delante. Ni lo ve ni lo conoce ni lo reconoce.

En mitad del campo, de camino hacia a Cesarea de Filipo, Jesús pregunta si la gente percibe quien es Él. Jesús no viste vestiduras sagradas, no se sumerge en la piscina, no se lava los pies empolvados ni las manos sudadas, no quema incienso, no lee fragmentos de la torá. Ni falta que le hace.

Es el día de la fiesta del perdón y Jesús, sin holocaustos de carneros y bueyes, sin algaradas, sin ofrenda al demonio, sin sangre, sin incienso ni niebla, quiere ser reconocido.

Y lo que sucede tras ese reconocimiento, es que Jesús designa a Simón como piedra fundacional de la Iglesia: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló ningún mortal, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no podrán vencerla. A ti te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra será atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra será desatado en los cielos».

Sabéis que en Israel el sacerdocio era cuestión de estirpe: los descendientes de Aaron eran sacerdotes.

Jesús desbarata lo viejo y todo lo hace nuevo. El sumo sacerdote, vestido de blanco, entra en el Santa Sanctorum; Jesús cambia el templo por la Iglesia de piedras vivas, cambia el sacerdocio, cambia el ritual, la liturgia, la ceremonia. Lo cambia todo.

Y como si supiera que el templo va a ser destruido, vaticina que su Iglesia no será vencida por el Hades, que no es su amigo ni su aliado ni hay que ofrendarle nada.

Esta es la correspondencia entre ambas escenas, al parecer desconocida para Carmen.

Y con tales guías, ¿cómo no van a estar perdidos los neocatecumenales? ¿Cómo hacerles entender que la vigilia de la parroquia es tanto o más válida que el akikolarre escandaloso y larguísimo que tiene lugar a espaldas de la comunidad parroquial de la que no quieren ser parte?

Pues eso.  

 

2 comentarios:

  1. Hoy es donde se ve la total descomunion de los neocatecumenales con la Iglesia Católica. Con una descomunion manifestada realizando su propia Liturgia en hoteles, salones o dentro de las mismas Parroquias creando división y desconcierto!

    ResponderEliminar
  2. ¡Christo resurrexit sicut dixit, alleluia!

    ResponderEliminar

Antes de comentar, recuerda que tú eres el último y el peor de todos, y que el otro es Cristo.