jueves, 2 de abril de 2026

Liturgia muy sacrificial (I)

 


«Nuestros sabios dijeron que el tema central de Yom Kipur está insinuado en el nombre de «HaSatán» cuyo valor numérico asciende a trescientos sesenta y cuatro. Esto nos enseña que trescientos sesenta y cuatro días al año Satán tiene permiso para obstaculizar la Luz Divina y evitar que se revele en el mundo; así como también acusar al pueblo de Israel. Dado que el año tiene trescientos sesenta y cinco días, un día al año Satán no tiene permiso de acusar al pueblo de Israel y ese es el día de Kipur» (https://ph.yhb.org.il/es/15-06-01/).

Hoy no es el día de Kipur, es el día en que Cristo instituyó la Eucaristía, lo cual me hace recordar ciertos dichos disparatados de Carmen sobre piedras eucarísticas.

A propósito de Carmen y sus presuntas virtudes y su igualmente presunta inteligencia superior (algunos pretenden que en Carmen todo era de categoría superior) me viene a la mente el tostón caótico que soltó después de la JMJ de Canadá. Es decir, fuera de la JMJ, porque no se invitó a nadie del CNC a hablar ni en esa ni en ninguna JMJ.

El discurso es enmarañado, desordenado, desajustado y lioso, el trasfondo de la verborrea era relacionar la luz natural con la Transfiguración y esta con el Yom Kipur.

La pretensión carmelitana era que la Transfiguración tuvo lugar el mismo día y a la misma hora en que, en el templo, el sumo sacerdote atraviesa la cortina y penetra en el Sancta Santorum, es decir, entra en el lugar de la presencia de Dios entre los hombres, que es algo que solo podía hacer una vez al año, precisamente el día del perdón, y solo después de levantar una nube de incienso quemado que ocultaba de su vista la presencia de Dios.

Por supuesto, lo más plausible es que Carmen confunda las fechas, entre otras muchas cosas.

Pero primero una síntesis ordenada de las tareas del sumo sacerdote en el Yom Kipur según el relato de la página web arriba indicada, que es el motivo por el que he situado al comienzo de la entrada una cita sacada de una página que explica las ceremonias del Yom Kipur y su trasfondo religioso.

«Si el Eterno no hubiese establecido un día de perdón y expiación para el pueblo de Israel los pecados se acumularían año tras año, hasta que la santidad de Dios no hubiese soportado mantener su morada entre los hombres, en el Santa Santorum del templo.

Debido a su suprema santidad, ninguna persona podía acceder al Santo de los santos. Quien entrase era pasible de castigo de muerte a manos del Cielo, pero el día de Kipur, que es solemne y sagrado, el sumo sacerdote entraba al Sancta Sanctorum en representación del pueblo de Israel.

Cualquier otro día, todo sacerdote era apto para ofrendar sacrificios, quemar incienso y preparar las velas de la menorá para su encendido; empero en Yom Kipur, en virtud de la santidad del día, solo el sumo sacerdote podía realizar estas labores.

Los sacrificios que ofrendaba el sumo sacerdote en Yom Kipur se dividían en tres grupos. El primero era el sacrificio permanente que se ofrendaba todos los días del año y consistía en dos ovejas, una se ofrendaba por la mañana y la otra al atardecer tras concluir los demás sacrificios. Este grupo incluye los inciensos que se quemaban sobre el altar de oro dos veces al día, de mañana y al atardecer, y la preparación de las velas de la menorá y su encendido.

El segundo grupo eran las ofrendas de los novilunios y fiestas de la Torá, que en Yom Kipur consistían en un buey, un carnero, siete ovejas y un chivo. El tercer grupo eran las ofrendas específicas de Yom Kipur: un buey para la expiación de los sacerdotes y dos chivos para expiar por el pueblo, uno era ofrendado y el otro era arrojado al desierto.

Los sacrificios permanentes y suplementarios los ofrendaba el sumo sacerdote vestido con sus ocho ropajes rituales: túnica, pantalones, turbante y cinturón, pectoral, chaleco, capa y corona. Sin embargo, las labores que el sumo sacerdote debía realizar en el Sancta Sanctorum requerían que vistiera únicamente cuatro vestiduras: túnica de lino, pantalón de lino, cinturón de lino y turbante de lino. Para entrar en el Sancta Sanctorum debía vestir de blanco, solo de blanco.

En Yom Kipur, el sumo sacerdote debía quemar, en nombre de todo el pueblo, un puñado de incienso en el Sancta Sanctorum. Solo en virtud de este precepto se le permitía entrar allí. Y solamente después de ofrendar el incienso en el Sancta Sanctorum, el sumo sacerdote podía traer la sangre del buey y la del chivo para esparcirlas frente a la tapa del Arca y así expiar por los pecados de todo el pueblo.

Para comprender el significado de la nube de incienso, es necesario saber que la Revelación Divina al pueblo de Israel tiene lugar mediante una nube. La nube impide la visión, pero no la percepción.

El buey y el chivo de Yom Kipur eran los únicos sacrificios cuya sangre era esparcida en el Sancta Sanctorum y expiaba por la impureza del Templo y sus asistentes. Es decir, por todo aquel que a pesar de saberse impuro entraba al área del Santuario o comía de las ofrendas. El buey expiaba por los sacerdotes y el chivo por el pueblo de Israel. Por último, el chivo que era arrojado al desierto expiaba por todos los demás pecados.

Los sacerdotes, encargados de preservar el vínculo entre el pueblo de Israel y Dios, necesitan de una expiación mayor, razón por la cual ofrendan un animal de mayor tamaño.

El chivo arrojado a Azazel es un presente que Dios nos ordena obsequiar a Samael, el ángel ministerial encargado del daño y la destrucción, quien reside en el desierto, sitio desolado y de perdición. 

En Yom Kippur el sumo sacerdote primero se ponía sus ocho vestiduras de oro, repujadas con gemas y practicaba los sacrificios rituales diarios y después los sacrificios específicos de las fiestas. Concluidos estos, se purificaba en la mikvé y se ponía cuatro vestiduras blancas, de lino, antes de proceder a los sacrificios específicos del Yom Kippur: el buey y un macho cabrío.

Tras degollar el buey, el Sumo sacerdote aun no podía entrar al Sancta sanctorum para rociar la sangre, primero debía quemar el incienso especial de Yom Kipur. Por lo tanto, tras degollar el buey entregaba la sangre a otro sacerdote y entraba a quemar el incienso.

Una vez que el humo del incienso cubría la tapa de oro del Arca de la alianza, el sumo sacerdote tomaba la sangre del buey y entraba al Sancta Sanctorum, se paraba entre las varas del Arca y asperjaba la sangre frente a la tapa del Arca, una vez hacia arriba y siete hacia abajo.

A continuación salía para degollar el chivo ofrendado a Dios, porque la expiación de los sacerdotes y del pueblo debe ser combinada, por cuanto que la expiación de los sacerdotes es en razón del pueblo de Israel y no es posible que culminen su expiación sin asociarla a la del pueblo.

El sumo sacerdote degollaba el chivo, recibía su sangre y volvía al Sancta Sanctorum, se paraba entre las varas del Arca y asperjaba una vez hacia arriba y siete hacia abajo.

Luego salía del Sancta Sanctorum, dejaba la sangre del chivo, tomaba la del buey y rociaba con esta la cortina que separa el Santo del Sancta Santorum, una aspersión hacia arriba y siete hacia abajo. Luego volvía a tomar la sangre del chivo y rociaba con esta la cortina mencionada, una aspersión hacia arriba y siete hacia abajo.

Acto seguido, mezclaba la sangre del chivo y del buey, pasaba del lugar donde estaba la cortina hacia el altar de oro del Santo y rociaba las cuatro esquinas. Luego revolvía las brasas y las cenizas que estaban sobre el altar hasta que se veía su cobertura de oro, y entonces asperjaba esta sangre sobre el altar siete veces. Luego salía y vertía los restos de sangre sobre la base occidental del altar exterior.

Tras haber finalizado la expiación por el Santuario comenzaba la expiación por el resto de las trasgresiones. El sumo sacerdote iba dónde el segundo chivo, apoyaba sobre este sus manos y confesaba en nombre de todo el pueblo de Israel. A continuación un emisario llevaba al chivo al desierto para despeñarlo.

Mientras se quemaban la carne del buey y del primer chivo el sumo sacerdote aguardaba y cuando le era informado que el chivo había sido arrojado en el desierto, comenzaba a leer en la torá porciones de la lectura del día.

Luego abluía sus manos y pies, se quitaba sus ropajes blancos, se sumergía en la mikvé y vestía los ropajes de oro tras lo cual abluía nuevamente sus manos y pies. Luego degollaba afuera un chivo como ofrenda del día de fiesta.

Los sebos del buey y el chivo, cuya sangre había sido asperjada en el Sancta sanctorum eran quemados en el altar.

Luego abluía sus manos y pies, se quitaba los ropajes de oro, se sumergía en la mikvé y vestía los ropajes blancos, tras lo cual volvía a abluir sus manos y pies y entraba por última vez al Sancta Sanctorum para retirar la pala y la cuchara del incienso que allí habían quedado. No las retiraba inmediatamente después de haber realizado la aspersión de la sangre porque el incienso expresa el pacto constante entre Dios y el pueblo de Israel y era necesario que el humo incensario continuase elevándose durante todo el lapso que duraba la labor sagrada.

Luego salía y abluía sus manos y pies, se quitaba sus vestimentas blancas, se sumergía en la mikvé y vestía los ropajes de oro, volvía a abluir sus manos y pies y sacrificaba la ofrenda diaria del atardecer, quemando incienso sobre el altar de oro y encendiendo las velas de la menorá.

Luego abluía sus manos y pies, se quitaba los ropajes de oro y vestía su propia vestimenta, se iba a su casa y todo el pueblo lo acompañaba hasta su domicilio y celebraba un día festivo por haber salido con vida del sitio más sagrado».

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Antes de comentar, recuerda que tú eres el último y el peor de todos, y que el otro es Cristo.