Una mala sesión de terapia de grupo (enviado por un exkiko)
En una terapia de grupo, un psicoanalista (psicólogo, psiquiatra o terapista con licencia) intenta ayudar a un grupo de pacientes, por lo general un mínimo de 5 a un máximo de 15, aunque esta cifra puede variar. Dicha terapia es una forma legítima de tratar diversas situaciones, puesto que la persona que lo dirige mantiene unas reglas claras donde los pacientes no pueden intervenir en las expresiones de los demás.
Todo lo contrario a lo que ocurre en una convivencia kika, donde los miembros de la comunidad opinan, intervienen, cuestionan y critican lo que expresa el “hermano” o “hermana”, en la mayoría de los casos sin tacto, sin misericordia y hasta sin cortesía.
El neocatecumenado “kikil” opera de forma similar a una terapia de grupo, pero como ya explicamos no lo hace debidamente, tanto en sus celebraciones de Palabra, como en sus convivencias mensuales tradicionales. Con un responsable, por lo general poco preparado para aconsejar, mucho menos para psicoanalizar al resto de los integrantes de una comunidad.
Aunque no todos los “responsables” son iguales, en etapas avanzadas del kikismo, salen algunos con tendencias de “psicoanalistas”, pese a no contar con la preparación debida. Al menos un cura ha pasado por siete años de estudios, sin contar con una labor pastoral que inició cuando era un seminarista.
No puedo aconsejar acudir a un pastor protestante siendo católico, pero estoy seguro que un pastor tiene al menos más preparación que un laico simplón sin estudios debidos para aconsejar a alguien de forma objetiva.
El kikismo es una mala imitación de terapias legítimas. Si le cuentas tus problemas a un psicólogo o un psiquiatra obtendrás una respuesta coherente, si les cuentas tus problemas a un responsable o “kikotista” o a un híbrido que fusiona los dos, recibirás alguna tontería como respuesta. Algo en la línea de que eres un “pecador” y que debes “circuncidar tu razón” o que vigiles tu diezmo hasta que dejes de hacer “juicios temerarios” o algo similar. Y tampoco olvidemos el tan cacareado “demonio”, muy popular en el folclor kiko.
Laicos, sin preparación alguna, dirigiendo a otros laicos. Los “frutos” postconciliares tan defendidos por el kikismo.

Esto si es un tema desconcertante, hace algún tiempo el mismo kiko y Mario pezzi aconsejaron a las comunidades a buscar ayuda profesional con psicólogos psiquiatras para salir de la pornografia, entonces en dónde queda la supuesta eficiencia de la secta camino neocatecumenal?
ResponderEliminarLos kikos se creen psicoanalistas... llegando a situaciones aberrantes como indagar e interrogar en detalle en sus reuniones, por la vida y actividad sexual de los demás
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