domingo, 10 de febrero de 2019

Control mental. ¿Algo que ver con el Camino Neocatecumenal? (XXI)



Otro problema bastante frecuente es la pérdida de concentración y de memoria. Antes de unirme a los Moonies, solía leerme un libro de una sentada, y leía unos tres libros por semana. Recuerdo la frustración que sentía cuando, después de abandonar el grupo, intentaba leer cualquier cosa que no fuera literatura Moonie. Al principio, conseguir acabar un párrafo era algo imposible. Por fortuna, la mente es como un músculo. A pesar de que tiende a atrofiarse por falta de uso, con un esfuerzo puede recuperar su poder.

Tenía una pesadilla: me dejabas solo
Las pesadillas constituyen una buena señal de que el antiguo adepto necesita recibir un apoyo adicional para superar la experiencia de la secta. Estos sueños desagradables provienen de la mente inconsciente que todavía está luchando con los problemas de la participación en el grupo. Algunas de las pesadillas más comunes se refieren a soñar que se está atrapado en algún lugar desconocido, con gente que nos persigue con aviesas intenciones, o estar en medio de una tempestad o en un campo de batalla. Hay ex adeptos que, con frecuencia, comentan que tienen pesadillas en las cuales se ven conversando con los amigos que todavía permanecen en la secta, para convencerles de que abandonen el grupo, mientras ellos les piden que vuelva.

Otro tema muy importante para algunos ex miembros son los sentimientos de culpa por cosas que hicieron en la secta. La mayor parte debe enfrentarse con la culpa que sienten por la forma en que trataron a sus amigos y familiares durante su etapa en la secta. Por ejemplo, algunas personas, cuando su padre o su madre cayeron enfermos, obedecieron las órdenes de los líderes del grupo y se negaron a ir a visitarlos al hospital. Hubo casos en que falleció uno de los padres y el miembro no fue autorizado a ir al funeral, a pesar de que a veces se celebraba a menos de treinta kilómetros de distancia. Puede resultar muy doloroso para una persona abandonar una secta y tener que enfrentarse con todo el caos y el daño emocional causado por su afiliación al grupo.

Otra cuestión está relacionada con los sentimientos que se tienen por los amigos que continúan en la secta. Cuando yo me marché, deseaba con desesperación poder rescatar a los que había reclutado personalmente. El remordimiento que experimentan cuando se deja el grupo no debe volverse contra sí mismo en forma de acusaciones o culpa: Tienen que comprender que ellos también han sido víctimas y que hicieron lo que creían correcto en aquel momento.

Otros han tenido que enfrentarse con la ira y el resentimiento de sus hijos, que en algunos casos han sido golpeados o abandonados, al tiempo que se les privaba de una educación y una infancia normales.

Otro problema que afecta a algunos ex miembros consiste en acosos, amenazas, intromisiones, chantaje, en particular si la persona decide salir a la luz pública para denunciar a la secta. Dado que algunos grupos creen que todo el que abandona la secta es un enemigo, siempre existe el riesgo de ser víctima de un ataque. Si bien la violencia contra los ex miembros es poco frecuente, el factor miedo ha impedido a muchas personas salir a la luz pública para narrar sus experiencias. No se dan cuenta de que, una vez contada su historia junto con otras muchas, sería estúpido por parte de la secta tomar represalias, porque sólo serviría para desprestigiarse todavía más.

Los ex miembros necesitan aprender a confiar de nuevo en sí mismos. Se tienen que convertir en el mejor amigo de sí mismos, como también en su propio terapeuta. Tienen que comprender que no escogieron que se les mintiera y que se abusara de ellos. La culpa no es de ellos.

Aprender la manera de ponerse en contacto con sus emociones y canalizarlas de forma eficaz es otro proceso de importancia para los ex adeptos. A menudo, cuando la persona acaba de abandonar la secta, muchas de sus emociones continúan reprimidas. Pero a medida que la persona se ajusta, comienza a sentir vergüenza y desconcierto, después ira e indignación. La persona pasa del «¿Qué anda mal en mí?» a «¡Como se han atrevido a hacerme esto!».

¿Qué tecla mental hace que un kiko dibuje algo así?

En un momento dado, la persona tal vez comience una búsqueda desesperada para averiguar todo lo que pueda sobre la secta y obtener, de esta manera, todas las respuestas a las preguntas que se plantea. Este un paso muy positivo desde el punto de vista terapéutico.

A menudo, la cuestión prioritaria para la persona que acaba de abandonar el grupo consiste en ayudar a rescatar a los amigos que todavía continúan en la secta. Para los adeptos, lo más lamentable de su abandono es perder el contacto con las personas que han llegado conocer y a estimar dentro del grupo. Les resulta muy difícil aceptar, cuando se dan cuenta de ello, que las amistades que consideraban tan firmes estaban condicionadas por su permanencia en el grupo. Un ex miembro puede darse cuenta enseguida de la fortaleza de los lazos del control mental cuando su mejor amigo dentro del grupo se niega a reunirse con él a menos que esté en compañía de otro adepto.

Con el tiempo, cuando todas las preguntas han sido respondidas y todos los problemas vinculados a la secta están resueltos, el ex miembro alcanza un punto de saturación. Ha llegado el momento en que afirma: «¡No van a disponer de lo que me queda de vida!» y comienza a trazar planes para el futuro.

Han sufrido abusos y vejaciones y, a través de la información y la reflexión, son capaces de superar la adversidad. Un exadepto ya no es la misma persona qué fue engañada y adoctrinada por una secta. Ahora es mayor, es más listo y más sabio. Sabe que en un nivel personal muy íntimo, es capaz de reconocer y evitar cualquier situación en la cual puedan manipularía o utilizarla. Puede tener absoluta confianza en sí misma, y si necesita ayuda, está en condiciones de saber dónde buscarla. Además, no tiene por qué sentir miedo ante los compromisos. Ya sabe cómo formular preguntas y seguir preguntando hasta quedar satisfecha, y sabe también desconfiar de cualquier trabajo o relación donde tenga que hacer algo que viola sus valores o su ética.

Los ex miembros de las sectas destructivas son supervivientes. Deben aprender a reconocer su propia fuerza y poder. Si han sido capaces de superar la experiencia de la secta, entonces ya pueden hacer frente a todo lo que les depare la vida.

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