sábado, 24 de junio de 2017

"Florecactus pinchucillas" de Carmen Hernández




Para que los kikotistas pudiesen degustar un poco de los diarios carmelitanos que próximamente van a tener que adquirir sí o sí, en el mamotreto de la propaganda de sí mismos que tuvo lugar en febrero de este año (allá por el tiempo de Cuaresma), se incorporó como anexo un extracto de dichos diarios.
Es tan aburrido, tan reiterativo, tan vacío de contenido, tan carente de interés por el prójimo a quien no se dedica ni una línea (no ya a un prójimo anónimo, tampoco el prescindible Mario Pezzi recibe una simple línea en estos diarios), tan deprimente, que no lo vi adecuado para una entrada.
Y sigo pensando que es un rollo deplorable, el desahogo de una mente negativa que sólo ve oscuridad, negrura, pecado e infierno… Nada que ver con la alegría del Espíritu Santo, ni un gramo de la comprensión y la compasión de quien ha experimentado el perdón de Dios, más bien la angustia de quien no ha colmado sus ansias.
Por ejemplo, aquí unas muestras de su personalidad depresiva y de la ausencia de Dios en su vida:
13 enero 1979
Barcelona. Cuando todo se desvanece en nada y la noche en oscuridad, come el alma en la nada. Señor, ¿dónde? ¿cómo? ¿quién eres? Tú eres un Dios misterioso, escondido, y tu ausencia hace imposible la alegría. El dolor me come la vida, mata toda posibilidad y acusa todo presente. Acusador implacable, terrible, demoledor. Jesús, Jesús mío, grito a Ti noche y día. Ven, ven, Amor de mi juventud y de mi esperanza. Infúndeme energía, que me desplomo en la nada. Ven, Jesús. Te amo. Sólo espero en Ti. Ten compasión de mi impotencia absoluta, de mi nulidad radical. Ven, ven Tú. Eres Verdad, Único. Tú existes.
23 enero 1979
Barcelona. Yo, un día de tristeza indescriptible, agobiante. La impotencia en los huesos. La nada, Señor.
¿Qué me pasa? ¿Qué quieres? Quiero desaparecer en la cama, que es como tumba de soledad. ¿Es enfermedad? ¿Es una noche oscura? ¿Qué me pasa, Señor, que no tengo ninguna esperanza? Todo tristeza, tristeza. Veo la Iglesia, los Obispos y hasta lo nuestro como una nada estéril, imposible, y el mundo solo y seguro en sus crímenes. Señor, ven. Muéstrame tu rostro. Tú tocas el alma mía y cambia todo. Sólo reposo después en la asamblea. Qué impotencia, Señor. Da fe a mis ojos para verte. Ilumina la vida, Señor.
30 enero 1979
Inquietud, Señor. Inquieta e insatisfecha hasta la médula. ¡Qué soledad! Pobre Kiko, también solo, solo. Señor. ¿Dónde estás? Los fantasmas me persiguen acusándome, juzgándome, asediándome, como enemigos. El qué dirán… Señor, la verdad hace libres, la libertad, tu amor, tu presencia, tu palabra. Jesús, abre mi horizonte, mis labios. Ven ayúdame.
9 enero 1980
¡Jesús! Jesús, Jesús mío. De lo oscuro de la noche quita mi alma. En la nada, en el no ser, la vida no existe, sólo oscuridad, muerte y tristeza, tristeza, tristeza y depresión. Hoy es el cumpleaños de Kiko. Está enfermo. Y yo mano sobre mano, estúpida, perezosa, imposible, inmóvil, sin ninguna ilusión, esperanza ni posibilidad. Una indiferencia absoluta. Te espero, Jesús, espero tu aparición, tu rostro, tu presencia, tu oración, gratuidad y amor. Jesús, los sufrimientos… Tú sabes todo. Te amo.
26 febrero 1980
Roma. Laudes por la mañana a las seis. Jesús mío, me inquieto todo el día en planes, prevenciones y preparaciones imposibles, procurando dominarlo todo, creyendo que todo depende de mí. Kiko improvisa creativamente como si nada fuera necesario y todo posible. Jesús mío, misterioso, grandioso en la Cruz, te amo. En medio de la oscuridad y el dolor, Tú eres mi único amor. En medio de mi incredulidad, sólo tengo fe en Ti y te amo. Ten compasión de mí. Visítame que tengo miedo, terror, tristeza grande, desapego de todo, ganas de esconderme y desaparecer muda, muda, muda absolutamente y tristísima. Grandiosas tus obras, Señor de los cielos. Grande eres y maravilloso, imprevisible, infinito. Señor, me postro ante Ti. Quiéreme. Arranca de mis labios este Abbá, grandísimo, santísimo.

Sirva esta otra para darse cuenta de que Carmen iba de bearorra, de esas que se creen que el cristiano es el buenecito, el que se sacrifica, el que se esfuerza…
30 abril 1979
Jesús, qué vida ésta, tan forzada en todo. Inutilidad absoluta. Dedicada al humo... Señor, como no tengo nada que hacer, sólo veo que ser buena y santa es mi oficio: en tu presencia contemplarte y ser buena. Así quisiera. Ayúdame a sacrificarme continuamente, Jesús. Dudo de todo, temo de todo. Esta vida no me dice nada, oh Jesús. Si Tú te hicieses presente como antiguamente y yo creyera, Jesús mío, misterioso… Misterio grande es la vida y la muerte. Y Tú, Dios mío, tremendo misterio. Eres difícil, Señor. ¿Cómo puede ser todo? Yo arrodillándome ante tu misterio. Ven, Jesús mío, amor mío. Ven, ayúdame. Noche. Señor, consolada por los hermanos. Jesús mío, ayúdanos a seguir.

En esta llama enemigo a quien tiene al lado… ¿quién será quien estuvo a su lado durante años y años?
8 mayo 1979
Jesús, gracias por vaciarme, por desapegarme el corazón de todas las cosas. Sólo quedas Tú y vivir en tu amor, con el enemigo al lado, humilladamente, Señor. Qué dolor, qué preocupación, todo se tambalea. Oh Jesús, piedra angular, vida inamovible edificada sobre la Cruz. Ven, Jesús, ilumina tu rostro sobre mi vida. Ayúdame a apoyar en Ti el existir. Jesús mío, llévame a la oración, a tu santidad, refugio mío, mi vida. Ven, Espíritu Santísimo, ten compasión de mi ser pobre.

En estas otras reconoce que sus obras son contrarias al amor al otro, que es Cristo, y si no es capaz de amar a su prójimo, a quien ve, ¿cómo creer que amase a Dios, a quien no se ve?
21 julio 1980
Ven, Jesús mío, te amo. Estaba tan buena, con ganas de ser santa, y ya he explotado furiosa y mala. Jesús mío, me avergüenzo. Soy peso imposible, soy imposible. Sólo tu presencia me abre el corazón y la mano, y en Ti espero este milagro, tus obras. Tú haces, Jesús mío. Tú, Tú. Yo soy insoportable, odiosa, “escorbútica” [En italiano se dice de una persona acre, adusta, antipática, huraña].
22 julio 1980
Jesús mío, me consuelas. Los buenos recuerdos de la juventud me consuelan. Veo la historia que Tú conduces. Te amo, Jesús mío. Tanto he sufrido este año, terribles tristezas, mutismo. Jesús mío, Tú libras mi alma de todo. Me has hecho conocer mi mezquindad, al fondo, fondo, para que no levante cabeza sobre ninguno. Me avergüenzo de mi mezquindad miserable. No sé cómo me soportan. Me rodeas de maravillas y soy ingrata, imbécil. Dios mío, inmenso, óyeme. Las montañas enormes… Y la Tierra se mueve… “Tu voz. ¡Deja que la oiga!”
 

jueves, 22 de junio de 2017

LA ASCENSIÓN DE CARMEN, SANTA SÚBITO

 

Virginia Drake publicó en 2009 un aperitivo de su libro sobre el Camino Neocatecumenal en Infocatólica narrando una serie de anécdotas de la vida de los iniciadores, Kiko y Carmen. Parece ser que la periodista estuvo un año caminando en una comunidad neocatecumenal para escribir su libro. 

 Quienes hemos pasado la vida dentro del Camino sabemos que un año es apenas nada. Sin embargo, como no he leído el libro en cuestión, no voy a meterme en camisa de once varas. Le concederé el beneficio de la duda. Voy a ceñirme al artículo que Drake escribió como avance del mismo, centrándome en las batallitas que cuenta de Carmen Hernández.



Para empezar diré que no me extrañan las sandeces que la fundadora profería contra ella cuando la pobre periodista se acercó a conocerla en persona. Carmen, como siempre, tan delicada y caritativa, no se cortaba ni un pelo. Reproduzco las palabras textuales de Virginia Drake:

 

«Faltaban unos minutos para las 11 de la mañana del 13 de junio de 2008 y brillaba un Sol espléndido en Roma. El presidente Bush paseaba por los jardines del Vaticano con el Papa. A no mucha distancia, en el Trastevere, en el patio del palacio del Pontificio Consejo para los Laicos, una mujer de 76 años apuraba el penúltimo cigarrillo. Junto con ella, Kiko Argüello, el padre Mario Pezzi y media docena de catequistas itinerantes.

–¿Qué hace ésta aquí? ¡Fuera! No queremos periodistas ¡Fuera! –bufó, nada más verme.

Acababa de conocer a Carmen Hernández, iniciadora junto con Kiko, del Camino Neocatecumenal en los años 60 y cuyos estatutos definitivos, aprobados meses antes por la Santa Sede, iban a ser entregados ese mismo día por el cardenal Stanislaw Rylko. De nada sirvió que Kiko mediase en mi favor y le explicase que estaba escribiendo un libro sobre el Camino.

–El Camino no necesita que ningún periodista se forre a costa de contar mentiras sobre nosotros.

Kiko insistía intentando rebajar el tono: «Esta criatura de Dios me puso una pistola en la cabeza y me dijo que lo iba a escribir con o sin nuestra ayuda y pensé que era mejor que conociese el Camino por dentro antes de hablar».

–Pues mira, ¡qué ocasión desperdiciada de que te pegaran un tiro! –remató Carmen.

Así es Carmen Hernández: seca, rotunda y sin contemplaciones. Esta soriana de Ólvega, criada en Tudela (Navarra), puede ser la mujer más desagradable del mundo, pero lo que es innegable es que es el `cerebro´ o, mejor, el `alma´ de la realidad eclesial (se niegan a definirse como movimiento u organización) más potente dentro de la Iglesia católica en los últimos 40 años» (fuente aquí).


A lo mejor en el libro Drake desvela alguna información interesante -por novedosa- de la santa súbito del Camino, pero lo cierto es que su artículo no aporta nada que no se supiera antes. Conociendo a Carmen, a lo mejor es que no dio su brazo a torcer y la periodista tuvo que hacer un refrito de las distintas intervenciones públicas de la Suprema hasta la fecha.

Entre ellas, esas que hacen referencia a su visión, revelación o kenosis (según Drake) o alucinación (según yo misma, sin ser psiquiatra pero habiendo conocido de primera mano a personas con esquizofrenia que también tenían este tipo de visiones o revelaciones).

Estando Carmen de ejercicios espirituales en Javier (Navarra), cuna de San Francisco Javier, misionero jesuita, una noche se fue a dormir pensando en la negación de Jesucristo por Pedro. Esto fue lo que sucedió, según sus propias palabras:

«Y el Señor, a través de una visión, de un sueño fantasioso o como prefiráis llamarlo, me hizo una aparición y me dijo: `Tú sígueme´. `¡Pues te sigo!´, le dije. Entonces salí por la ventana y empecé un descendimiento. Viví una sensación parecida a la de caerte en el vacío sin paracaídas. Y Jesucristo me decía: `¿Pero no decías que me querías seguir?´. Y yo le contestaba: `Sí, sí´.»

Tres cosas quiero destacar: 

1. "Visión-sueño fantasioso-o como prefiráis llamarlo-aparición". Esto es sublime. Es para enmarcarlo. Carmen no dijo haber tenido un sueño, que sería lo que cualquier persona normal habría relatado después de haber ido a la cama a dormir y, como es natural, haberse quedado dormida. Cualquier persona como tú o como yo, en su sano juicio y con plenas facultades mentales, habríamos interpretado solo éso: tuve un sueño. Pero no. 

Carmen no tuvo un sueño normal. En todo caso, ella lo valora como un sueño fantasioso, que no sabemos si es un tipo de sueño distinto a todos los demás, pues no hay sueños reales y sueños fantasiosos. Hay sueños y punto. Como diría nuestro Calderón de la Barca: "y los sueños, sueños son". 

Carmen, la Suprema, añade su pizca de sal: "o como prefiráis llamarlo". Vamos, que le importa tres pepinos si quien la escucha lo califica de blanco o de negro, que da lo mismo con qué palabra quiera nadie catalogarlo porque ella lo tiene clarísimo: "el Señor me hizo una aparición". Asunto zanjado.

 

2. ¿En qué consistió la aparición del Señor a Carmen? Según ella ambos hablaron, es decir, ambos interactuaron, hubo intercambio de mensajes verbales: que me sigas, que te sigo...que me tiro ventana abajo, que desciendo...y atención: "Viví una sensación parecida a la de caerte en el vacío, sin paracaídas". 

Cualquier persona normal puede experimentar la sensación de caer al vacío durante determinadas fases del sueño. Parece ser que esa sensación está relacionada con un pequeño desfase entre los sistemas vestibular y el cinestésico. Es algo bastante común.

Una explicación sencilla, ligera, sin grandes requerimientos científicos previos, sobre dicho fenómeno puede encontrarse aquí.  También en la Wikipedia puede leerse sobre el fenómeno conocido como parálisis del sueño


Parece mentira que Carmen, la científica, fuese tan poco racional cuando de sus propias experiencias subjetivas se trataba. En realidad, la falta de rigor y la escasa autocrítica son constantes en la vida de Kiko y Carmen. Capaces de diseñar y perfeccionar los escrutinios que se llevan a cabo en el Camino para someter la vida de los demás al más terrible y humillante examen público en busca de sombras y dudas, resulta que ambos líderes se han mostrado siempre incapaces de analizar siquiera desde el más puro sentido común sus visiones y milagros. Patético.

Aquí no hay voces de ultratumba que estudiar, ni fenómenos extraños ni sucesos paranormales. Nada de nada. La Iglesia lo va a tener muy fácil si finalmente se inicia un proceso oficial de canonización, trámite meramente burocrático del que Kiko y los suyos prescinden olímpicamente, tal como ya hemos comentado en otros post, porque "Carmen es una santa de categoría superior" (Kiko dixit).

Carmen era así de -¿cómo decirlo con educación?- campechana, sin interés por las ceremonias y formulismos. Ella ve al Señor, que se le aparece, y no pierde ni medio minuto en describirlo. No suena su experiencia a lo que otros santos y santas narran después de tener un encuentro supranatural con Jesucristo. El misticismo de Carmen es llamativamente ramplón en ese sentido.

 

Vayamos por fin al desenlace de la escena que Carmen nos describe: 

"Entonces noté cómo, cuando aceptas seguirlo, empieza un cambio radical, empieza un ascenso. Yo soy muy devota de la Ascensión porque la he vivido en mi propia carne. Entrar en una ascensión no tiene comparación con ningún goce sexual; es algo que sabe a eternidad; es entrar en Dios. Yo lo único que podía decir en ese momento era: `¡Basta, Señor, basta!"

La Ascensión de la Virgen María a los cielos es un dogma de la fe católica que fue aprobado por el Papa Pío XII mediante la Constitución Munificentisimus Deus el 1 de noviembre de 1950. 

O sea, que Carmen ha despotricado por activa y por pasiva de toda la historia de la Iglesia hasta el Vaticano II, ha criticado y despedazado a los beatorros de misa de 12 que rezan el Rosario y sienten devoción por el Sagrado Corazón de Jesús y similares y resulta que se declaraba "muy devota" de la Ascensión porque tuvo "un sueño fantasioso o como queráis llamarlo" (sic) que ella interpretó como la vivencia de la ascensión en su propio pellejo. 


No hay coherencia ni intelectual ni espiritual en Carmen. No se puede estar contra la devoción del Sagrado Corazón de Jesús y en cambio ser la devota number one de la Ascensión. No se puede estar contra el rezo del Rosario y en cambio ser la devota number one recitando el Shemá Israel, oración judía que por ahora no forma parte de las oraciones católicas contenidas en el Catecismo de la Iglesia. 

Carmen era devota de lo que a ella le parecía digno de devoción porque sí, igual que no era devota de otras cosas porque no le daba la gana. Y punto. Es algo típico en personas tan drásticas y extremistas. Carmen tan pronto insultaba a un cardenal en el Vaticano porque no era partidario del Camino que exigía a todo neocatecumenal obediencia absoluta hacia su persona como primera catequista del mundo mundial.  Capaz de dar coces verbales a cualquier pobrecillo que se le pusiera por delante, se derretía hablando de no sé qué crucifijo románico de un museo perdido en no sé qué ciudad.

Pura contradicción y pura incoherencia. Exactamente como la que demuestra en su experiencia de SU ascensión. La compara con la vivencia de la eternidad, de la plenitud de Dios, por supuesto muchísimo mejor que el goce sexual. Señora mía, ¡si Vd. no experimentó en su vida el goce sexual! Es como si yo describo algo como siendo mucho mejor que el subidón que ofrece la cocaína, sustancia que no he probado en mi vida y que espero no probar jamás. Por favor, seamos un poco rigurosos. 

Tampoco me parece creíble su actitud de "basta, Señor, basta", como si Dios fuera un bromista travieso al que ella, tan recatada, tiene que parar los pies. ¿No decía que estaba gozando? Entonces, ¿por qué le pide que cese? ¿Es algo cómun que los santos y santas que han experimentado el gozo místico le pidieran a Dios que cesara dicha experiencia? Me temo que ahí hay otra grave contradicción. 

¿Qué pensar, pues, de alguien que opina de lo que no ha vivido y toma como experiencia mística sobrenatural un sueño? ¿Por qué tragarse a esta señora como profetisa? ¿Por qué tragarse la campaña de marketing organizada por Kiko y sus neocatecumenales para venderla como "santa subito ipso facto"? 



Doña Carmen Hernández fue un ser peculiar, eso no lo niego, que encontró a otro ser tan o más peculiar que ella, Don Francisco José Gómez Argüello. Ambos eran -el uno para el otro- la horma de su zapato. Volvamos al artículo de Virginia Drake:

"A Carmen, que representaba la parte más ‘progresista’ de la Iglesia al respaldar en aquellos años el Concilio Vaticano II, Kiko le pareció "un rancio", pero cuando él mencionó lo de mandar itinerantes a otros países, le empezó a interesar el discurso. "Yo ya había hecho eso con los jesuitas, cuando íbamos de dos en dos, sin dinero… Y pensaba: ‘Yo quiero una misión de evangelización y Kiko quiere hacer comunidades. Esto puede funcionar’". Así es como, en 1967, Carmen y Kiko empiezan a impartir catequesis en el cinturón más deprimido de la ciudad. Con todo, la pareja no habría sobrevivido sin un mediador: el arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo" (fuente: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=16386).

Para mí no hay duda alguna: "Dios los cría y ellos se juntan", como dice el refrán. Dos emprendedores de lo espiritual que se encuentran y montan un lío. O sea, dos liantes. Carmen, la ricachona monja desobediente que justifica su expulsión de la orden a la que pertenecía como la voluntad de Dios. Kiko, un eterno adolescente pijo que se aburre de su vida burguesa y necesita ser líder en una especie de Woodstock religioso en la España franquista. 

Para mí, el verdadero milagro habría sido que Kiko hubiera ido en pos de una Teresa de Calcuta. Y que Carmen se hubiera quedado en un convento perdido de España haciendo croquetas como una don nadie, sin pena ni gloria en el mundo terrenal. Pero que dos personalidades como las suyas -tan fuera del límite de lo convencional- hayan proyectado algo que se sale de lo normal a mí no me sorprende tanto. Esta extraña pareja ha sabido estar en el momento oportuno cerca de las personas oportunas. Nada más.