«Si
sabéis de alguien que tenga más poder sobre la muerte, decídmelo, porque nosotros
confesamos que quien ha vencido a la muerte, quien ha sido rescatado de la
muerte es Jesucristo resucitado, que ha sido constituido Señor de la Muerte.
Porque
los hombres pueden dar su vida por la patria, por un ideal político, por una
carrera, por algo que les construya y les edifique, por algo que les da alegría
y placer. Pero ningún hombre puede dar su vida por lo que le destruye: que niega
su ser. Nadie puede dar la vida por el enemigo. Nadie puede amar lo que no vale,
lo que no sirve para nada. Aquí, precisamente, se funda el cristianismo: en que
Jesús dio su vida por nosotros no cuando éramos sus amigos, sino cuando éramos
sus enemigos.
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| Quita de en medio, burgués infame por quien no daré la vida |
San
Pablo dice así: uno puede dar la vida por algo bueno, por el jefe del Estado, por
un poeta, por uno que tiene hijos... pero ¿quién da su vida por los soberbios, por
los burgueses infames, por los asesinos, por los que deberían quitarse de en
medio? ¿Quién dará la vida por ellos?
En
el Salmo 21, que es lo que Jesús recita en la cruz, cuenta sus desgracias: han traspasado
mis manos y mis pies, se pueden contar todos mis huesos, me rodea una jauría de
mastines que abren sus fauces como leones devoradores, todos los que me ven de
mí se mofan, tuercen los labios y sacuden la cabeza, como el agua sucia que se
vierte por el suelo, mi corazón se consume como la cera, queman mis entrañas, está
seco mi paladar como una teja y mi lengua pegada a la garganta, etc. Pero luego
dice: Alaba al Señor, casa de Jacob, glorifica a Dios, estirpe de Israel.
¿Sabes
por qué dice eso? Porque Dios ha sido el único que no ha tenido asco de este
miserable.
Allí,
donde la humanidad ha dicho: ¡mátalo! Es un asesino que no merece vivir; allí,
donde todos han dicho: es un lujurioso y un adúltero, un hipócrita y un
farsante, un traidor a su patria, a los ideales, sacrosantos; allí, donde todos
los hombres han dicho: ¡acabad con él! Dios no ha tenido asco de él. Dios lo ha
amado».
Hay mucha doblez en el párrafo precedente. El salmo 21se refiere a Cristo, no a un asesino, lujurioso, adúltero, hipócrita, etc. Y no se trata de que Dios tenga asco del asesino, lujurioso, adúltero, hipócrita, etc. Se trata de que si no se arrepiente, está muerto, por más que Dios lo haya amado.
«En
Jesús estábamos nosotros. Por eso la noticia que te damos es que Dios te ama a
pesar de que tú seas lo que seas, un pecador, un lujurioso, sexual, burgués,
apoltronado, egoísta, que siempre intentas sacar ventaja, que siempre miras por
tus intereses, que aceptas a los otros sólo cuando te construyen o te ayudan,
que te consideras el rey del mundo. Dios te ama así, te quiere aunque seas un
pecador, a pesar de que seas un enemigo».
Falso. Dios no te ama así, Dios no te ama por el mal que haces, sino que Dios te ama a pesar de que seas así.
«Este
es el amor que tuvo Jesucristo, el Espíritu lo llevó a amar a los hombres hasta
el punto de dar su vida, respondiendo al mal con bien, dejándose matar, respetando
a los demás como son, no juzgando a los hombres aunque era el juez, porque era
Dios, comprendiendo a los hombres hasta el punto de decir a los que querían
matarlo: puedes matarme, yo te perdono y sigo amándote. Todos nosotros hacemos
todo lo contrario: nos pasamos la vida juzgando todo y a todos, y tratamos de
cambiar todo.
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| Uno que ha experimentado esto ¿tendría esta cara? |
Dios,
de este asesinato que cometimos con Él, trae nuestra salvación. Dado que, el
hecho de haber matado a Jesucristo, ha traído nuestra redención».
Omite, no por casualidad, la libertad humana que puede rechazar la redención.
«Uno
que ha experimentado esto, ¿cómo podría no hacer una Beraka, una celebración,
una Eucaristía, una bendición a Dios?
El
día que lo experimentéis podréis hacer una verdadera Eucaristía en la que el presbítero
eleve, en nombre de toda la asamblea, la máxima exultación a Dios. Por esto no
hay cristiano que no sea teólogo, que haga un canto de júbilo de las maravillas
de Dios, del acontecimiento que Dios ha dado a conocer. Porque el Espíritu
Santo en nosotros es como un manantial que nunca deja de brotar, que no cesa de
anunciar y decir las maravillas del amor de Dios hacia ti. Cuando no se da esta
teología, no hay ni Espíritu ni cristianismo. Entonces necesitamos libros que nos
lo expliquen y tenemos que estudiar mucho. En cambio, Santiago dice:
"regocijaos, porque el Espíritu os lo dirá todo".
Este
amor es signo para el mundo. Y hay que darlo.
Pero
ahora ¿dónde está este amor? ¿Dónde está el amor que es Dios mismo en medio de
los hombres, el Espíritu Santo? No se ve en estas estructuras máximas, donde la
gente va a misa por la religiosidad natural.
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| La imposición de manos no logró la unidad |
El
segundo signo es la UNIDAD. Jesús dice: amaos unos a otros como yo os he amado,
porque en este amor todos reconocerán que sois mis discípulos. Y también:
Padre, que yo viva en ellos y Tú en Mí, para que sean perfectamente uno como Tú
y Yo somos Uno, para que el mundo crea que Tú me has enviado.
Si
hay crisis de fe, es porque hoy el mundo ya no cree. ¿Qué debemos hacer
entonces para que la gente crea? Lo que Jesús dice: amarnos como Él nos ha
amado y ser uno como Él y el Padre son Uno. Así la gente creerá que Jesús es el
enviado del Padre. Si hay un grupo de hombres que se aman así, más allá de la
muerte, es porque Cristo Resucitado está en medio de ellos, porque Jesucristo
ha vencido a la muerte en ellos. Si no, no se puede amar así. Si os amáis, la
gente verá que Cristo está aquí. Y si sois perfectamente uno, la gente creerá
que este Jesucristo que está en medio de ellos es el enviado por el Padre. Si
alguien cree esto, está cerca del Reino de Dios, ha encontrado el camino porque
estaba iluminado. Si cree que Jesucristo, que está vivo y presente en medio de
los cristianos, es el enviado de Dios para salvar al mundo, prácticamente ha
conocido el camino de la salvación. Que se acerque tarde o temprano, a la
Iglesia, a la comunidad, es sólo cuestión de tiempo. Pero este hombre ya ha
sido iluminado, ha visto la luz».
Cuando se trata de amar a los demás, nunca emplea la primera persona, siempre es algo que deben hacer otros, no él.
«Hoy
debemos retornar a estos signos porque sólo dando estos signos la Iglesia en el
mundo actual es misionera.
Hemos
leído en el texto del Sínodo que estas pequeñas comunidades deben ser el
fermento de todo el espíritu misionero de la Iglesia. Porque ponen a la Iglesia
en situación de misión.
Ha
pasado tiempo desde que se escribía "Francia país de misión". España
es ahora también país de misión, porque hay un porcentaje elevadísimo de gente
que vive sin pisar la Iglesia. La masa de los trabajadores no va a Misa. Toda
Europa es tierra de misión.
En
Escandinavia han metido el cristianismo en los museos y te cuesta 50 libras
verlo. Por ello nos encontramos con que hoy tanto en Europa como en África se
deben dar los signos de la fe, para que la Iglesia sea misionera, de modo que dé
signos que llamen a la gente a la fe, para anunciar a Jesucristo a los hombres».
¿Libras en Escandinavia? ¿Han
sido colonizados por ingleses?
«Entonces,
¿cuál es la respuesta que el Espíritu Santo ha dado a esta situación de la
Iglesia a través del Concilio?
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| Renovar la liturgia no es inventársela, como piensa alguno |
Para
un proceso de Dios en nosotros, respondió con la renovación de la liturgia. Y
se lío parda ¡Qué follón: nos cambian nuestra religión...! pensaron muchos. Esta
es la prueba de nuestra catequesis infantil, de nuestro verticalismo total, de
la absoluta división en nosotros entre lo sagrado y lo profano. Nuestro
escándalo ante la renovación lo demuestra; cuando en el cristianismo primitivo
no había nada de eso. Dios estaba en la comunidad, en la Iglesia, que es el
cuerpo visible de Jesucristo. El Padre es accesible a través de Cristo, y
Cristo a través de la Iglesia. Todo esto no es teoría, es realidad viva.
Si
leéis a S. Pablo veréis que toda su teología se basa en la Iglesia como Cuerpo
de Cristo. La gente en comunión, en koinonía, son el Cuerpo de Cristo, quien
toca a un cristiano toca a Cristo, quien acoge a un cristiano acoge a
Jesucristo y no quedará sin recompensa. "Quien a vosotros os escucha, me
escucha a mí", dice Jesús.
Y
a S. Pablo, en el camino de Damasco, le dice: "Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?" Se identifica con los cristianos porque son su Cuerpo».





