Con vistas a facilitar la
comprensión de los kikotretos, exponemos seguidamente el sentido que da el CNC
a ciertas palabras y expresiones profusamente usadas por los iniciadores de la
realidad eclesial que ni quiere juntarse con el resto de la Iglesia ni entiende
el cristianismo como una religión.
| Precariedad |
Precariedad: Este término se aplica con
dos finalidades típicas.
Según la primera acepción
kikokética, Precariedad es tu realidad de pecador, es lo que no te gusta,
lo que te hace morder el polvo, lo que te hace ver que “tú no eres”; en suma,
se usa la palabra precariedad para referirse a todo aquello que nos supera y que
nos lleva a humillarnos reconociendo que “no aceptamos vivir en precariedad”.
Consecuencia directa de la
precariedad de nuestra vida, de aquello con lo que no podemos, es que: “La
comunidad carga con nuestros pecados”. Porque la precariedad es
individual, pero sus consecuencias son comunitarias. En el CNC, todo tiene
consecuencias comunitarias: el pecado es individual, pero repercute sobre toda
la comunidad, la salvación es individual, pero sólo se alcanza en comunidad, el
sueldo es personal e individual, pero la bolsa es comunitaria…
En su segunda acepción, se
recurre a la precariedad para alabar a Dios es que quien “nos quiere como somos, pecadores” y lo
demuestra porque es Él quien “provee en nuestra precariedad”. Es decir,
si inesperadamente o por descuido, sale de ti, que eres malo (en concreto, eres
“el último y el peor de todos”, en palabras de Pako), una obra buena, estaría
muy feo que te engrieses por ello. Lo que hace todo buen kikín es propalar a
los cuatro vientos su logro, pero haciendo saber que no ha sido obra suya, sino
de Dios a través suyo, casi, casi, que Dios le ha forzado a hacer lo que de
ninguna forma quería hacer, por eso manifiestan su precariedad e incapacidad
para obrar el bien, para destacar que ha sido Dios quien ha actuado sobre dicha
precariedad personal.
Y esto nos lleva al siguiente
término, en este caso expresión:
| Dios provee... aunque a África no llegan provisiones |
Dios provee: Esta recurrente expresión va
inseparablemente unida a la noción de ‘no
está en tus fuerzas’. No está en tus fuerzas amar al otro, no está en tus
fuerzas no ser egoísta, no está en tus fuerzas no usar a los demás en tu propio
beneficio, no está en tus fuerzas seguir a Cristo… Asúmelo, tú no puedes, ni
ahora ni nunca, pero no pasa nada, porque tú ya sabes que todo lo que pasa,
pasa porque Dios quiere, es decir, que vas a seguir siendo malvado y pecador
mientras Dios quiera y cuando Él quiera te dará el dejar de serlo, Porque es Dios
quien provee, sin el menor
esfuerzo ni interés por tu parte.
Y
se quedan tan anchos.
Pero
hay hermanos muy recalcitrantes, muy dominados por el moralismo de la
religiosidad natural que les han inculcado sus progenitores, esos a los que en
el CNC te enseñan a odiar siempre que te intenten apartar del camino
(neocatecumenal, se entiende), que no ven así las cosas. Y se esfuerza y se
afanan por ser mejores.
Son
los típicos hermanos que ayunan sin que se lo diga el kikotista, que rezan sin
ser enseñados a rezar por los kikotistas, que cooperan en su parroquia antes de
que se lo diga el kikotista (además el kikotista nunca les dirá que participen
en su parroquia, sino en aquella en la que caminen, que no tiene por qué ser la
suya), que se confiesan con frecuencia, que hacen novenas y adoraciones
nocturas o romerías y procesiones o… En fin, un horror.
Con
esos hermanos, la comunidad está llamada (por Diosito el de Pako, claro) a:
Poner en la verdad al hermano: que significa decirle de todo
menos bonico, para lo cual invariablemente el hermano decidor se sitúa en un plano de presunta superioridad moral fruto de su también presunto superior discernimiento.
Y
la primera cosa que se le debe decir, es que lo suyo se llama:
| Alienación |
Alienación: La alienación, según la
doctrina kikótica, es el hábitat natural de los religiosos naturales. Que son
seres que se buscan muchas actividades con las que ocuparse todo el día para
evitar pensar en lo fundamental que, como todos deberíamos saber, son
cuestiones del estilo: ¿Quién soy yo? ¿Para qué existo? ¿Estamos solos en el
universo? ¿Qué habrá querido decirme Dios permitiendo que se quemen las
lentejas? ¿Lloverá el jueves o no lloverá? Esteeee, que me despisto.
La
alienación, según la teoría kikótica, impide que los ajenos al CNC se den
cuenta de que son desgraciadisisisisisisisisísismos a más no poder, porque lo
son, porque es imposible no caminar y ser feliz, pero ellos no se dan cuenta.
La
alienación es malísima nocivísima de la muerte, porque como no te das cuenta de
que sufres como un maldito no buscas cura a tu padecer, es decir, no pides
entrar en el CNC. Y si no entras, no te salvas…
| Proceso de desalienación kikil en plaza |
Por
eso, por pura bondad de su corazón generoso, que no por proselitismo ¿eh?, los
kikines se afanan mucho por atrap… digo,
enganch… este, por hacer ver a los alienados la alienación que padecen.
A
veces, cada vez menos, cae alguna presa en sus redes, digo, pica alguien, digo,
dan con alguien que se deja seducir. Ese alguien suele ser un alma atormentada
que se siente perdida en un desierto existencial.
Desierto: la crisis, que es fruto de tu
debilidad, de tu pecado, nunca provocada por otros, en especial, es imposible
que la haya provocado el CNC. Esta es la base para decirte después que en
realidad, tú te veías "buenecito", porque vivías en el engaño. Cuando
empiezas a percibir tu realidad de pecador, tu naturaleza herida en lo profundo
por el "pecado original", el engaño profundo del maligno, te espantas
y viene la crisis. Entonces lo que tienes que hacer es fiarte más que nunca de
tus kikotistas, los únicos guías capaces de llevarte a Jesucristo, que, a su
vez, es el único que puede liberarte de tus esclavitudes. Es decir, el único
que puede sacarte del desierto, de la crisis.
Porque
el desierto hay que pasarlo, es ley de vida, pero los alienados nunca llegan a
la tierra prometida, que está reservada sólo a los elegidos.
| Baile ritual de los guías de los Apalaches |
Ahora
bien, la travesía del desierto es larga y dura incluso si se viaja con los
mejores guías de los Apalaches, es decir, con los kikotistas que saben más que
cualquier sacerdote de la Iglesia. Por ello, conviene saber que no todos lo
consiguen, no todos llegan al final, pero que la culpa de que algunos no
lleguen siempre es de los propios interesados, nunca de los guías, que son
infalibles e irreprochables como ellos solos.
Y
es que para poder alcanzar la tierra prometida es im-pres-cin-di-ble la puesta
en práctica del siguiente término:
Tomar la vida en peso: Esta expresión resume para un kiko
lo contrario a la alienación. Es decir, estar el mundo pero sin ser del mundo,
sino del CNC.
![]() |
| El peso del CNC |
Porque
hemos dicho que para salvarse hay que entrar en el CNC, pero en realidad no
basta con entrar, hay que entrar y quedarse… quedarse y caminar… quedarse, caminar
y dar el diezmo… quedarse, caminar , dar el diezmo y crucificar la sesera…
quedarse, caminar, dar el diezmo, crucificar la sesera, obedecer el todo a los
kikotistas, participar en todas las bolsas, preparar cada vez que toque, asumir
el carisma que toque (sea el de salmista, hostiario, responsable, didáscalo,
padrino…), etc. Etc. En suma, un trajín de vida que no deja tiempo para pensar
en las cuestiones fundamentales de la existencia, porque día a día, cada día y
todos los días reservas todas las fuerzas para la actividad de la comunidad que
toque ese día, sea preparación, celebración, salida por las casas, bailoteos en
una plaza… lo que sea.
Pero
siempre con la conciencia de que un día sin comunidad es un día perdido. Quien
rechaza o abandona a su familia de sangre por el CNC, en cambio, es quien sabe
tomar la vida en peso, es decir, vivirla con todo el insoportable peso que
impone el CNC sobre las espaldas. A ese peso se refieren.
Para saber más, consultad aquí.



