No ha acabado todavía el rollo improcedente que impide a los neocatecúmenos tener una liturgia de laudes como la Iglesia dispone.
Si recordáis, Kiko se lio con la tontería de que vicios y pecados proceden de la libido, no de tu voluntad, sino de tu libido, que actúa por su cuenta (y habrá kikos tan inmaduros que se lo creerán). Y tras soltar tales mentecatadas, Kiko trae el remedio fetén a los que estén dominados por la libido.
Algunos dicen: "¡No hay nada que hacer! ¡Yo ya no le quiero a mi mujer!".
No es baladí recordar que Kiko habla a neocatecúmenos que ya están en el paso del Padre nuestro, es a ellos a quienes presenta escenas de su vida cotidiana, como el haber dejado de querer a la esposa. Estos son hecho concretos de esos neocatecumenos que desprecian a los religiosos de misa de 12.
Dicen eso porque se creen que el amor es dejarse llevar por los sentimientos. No es cierto. ¡El amor es algo mucho más serio que tiene el poder de encauzar los sentimientos, de ponerlos a su servicio!
Por aclararlo. Para Kiko el amor de una madre por su bebé es puro sentimentalismo neurótico y pernicioso, tan pernicioso que la madre suele estar dispuesta a poner a su bebé por delante de la comunidad. Del mismo modo, el amor de los novios es sentimental y libidinoso, sobre todo si uno de ellos no camina. El verdadero amor kikil se expresa en la dependencia neurótica de la comunidad por encima de todos y de todo, solo después se puede amar kikilmente al cónyuge, a la familia, a los amigos y al otro, que es Cristo solo en cuanto no interfiera con las cosas del Camino.
¡Digo todo esto porque el Señor querría que pusiésemos toda nuestra libido afectiva, todo nuestro afecto en Él! Si eso se da, no solo conseguiremos ordenar nuestras concupiscencias, sino que, amando a Jesucristo, conseguiremos amar ordenadamente a la mujer, a los hijos, a los amigos, etc. ¡Jesucristo nos enseñará a amar a todos, partiendo del amor a Él! Por eso veis que, si en un matrimonio cada uno de los cónyuges está unido verdaderamente a Jesucristo, tienen entre sí un amor impresionante, que les es dado por Cristo.
Si en un matrimonio cada cónyuge está unido verdaderamente a Jesucristo, ninguno de los dos tiene el menor problema en ir a la misa de los religiosos de domingo, porque a lo que van es a encontrarse con su Amigo. Pero cuando Kiko usa en vano la expresión “estar unido verdaderamente a Jesucristo” quiere decir padecer una dependencia neurótica de la comunidad, por eso se refiere a un matrimonio en el que las cosas del Camino están por encima de todo.
Y perversamente, sabiendo que los padres aman a sus hijos, va a usar a estos contra ellos, amenazando con males sin fin y con la destrucción de todos los hijos, a menos que se sometan a él:
Hermanos, si no amamos a Jesucristo, amamos a los demás muy mal: ponemos nuestra afectividad neurótica y posesiva en los demás y tratamos de ligarlos afectivamente a nosotros poniéndonos histéricos, haciéndoles chantajes afectivos, etc. ¡Cuando el otro se da cuenta nos manda a hacer gárgaras y todo se transforma en un follón! Todos habéis experimentado esto, ¿no? No os digo qué pasa, por ejemplo, cuando una madre trata de hacer que su hija se ligue afectivamente a ella… ¡Su hija procurará hacer siempre exactamente lo contrario de lo que quiere su madre y su relación se convertirá en un infierno!
¡Solo se puede amar verdaderamente, con amor verdadero, si se tiene libertad afectiva! ¡Y esta libertad sólo puede venir del Señor! Él nos dice: "Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres!". ¿Qué verdad nos ha dado a conocer Jesucristo? ¡El amor gratuito e inmenso que Dios nos tiene! ¡El que ha conocido y experimentado el amor de Jesucristo e, impelido por este amor, ha empezado también él a amar al Señor, ve satisfechas así todas sus necesidades de amor y puede amar a los demás libremente, con total libertad! Ya no necesita el afecto de los demás; puede amarles gratuitamente en el Señor, sin exigencias, sin chantajes, sin tácticas, etc.
Si no es esto lo que se realiza en ti, ¿qué te pasa entonces? Tu hijo, por ejemplo, empieza a chillar, a 11orar, para hacerte chantaje; ¡entonces tú te identificas neuróticamente, paternalistamente, con su sufrimiento, y él hace contigo lo que quiere! Si sigues estando apegada neuróticamente a tus hijos, a mantenerlos cogidos de tu falda, nunca podrás amarles verdaderamente ni podrás, por tanto, educarles y corregirles; no podrás hacer lo que el Señor hace contigo. Porque dice la Epístola a los Hebreos: "¿qué hijo hay a quien su padre no corrige? Si quedáis sin corrección, señal de que sois bastardos y no hijos. Dios nos corrige para provecho nuestro".
Y vuestros hijos necesitan que vosotros seáis libres, firmes en el Señor. El Señor os ofrece esa libertad; Él os dice hoy: "¡He hecho de ti mi templo! ¡Ámame y serás libre para amar a los demás gratuitamente! ¿Tienes un problema con tus hijos? ¡Habla conmigo! ¡Háblame de ellos! ¡Yo te ayudaré!".
A Kiko le gusta muchísimo disponer lo que Dios te dice hoy y mañana y cada día. Mal asunto. Dios habla personal e individualmente a cada hijo suyo, si a ti no te habla, puede que, en efecto, no seas hijo. Y si no lo eres pero quieres serlo, mejor es que te apartes de uno que jamás te va a liberar para que sigas a Dios, sino que siempre va a pretender tener él la palabra de Dios para ti. Huye de ese, porque no quiere tu bien, solo defiende su propio provecho.
Me acuerdo que (sic) una vez vino a mí una mujer toda angustiada porque tenía un problema con un hijo. Enseguida vi que estaba ligada neuróticamente a ese hijo y le dije: "Mira, lo único que puedes hacer es amar un poquito al Señor, es rezarle a Dios por tu hijo". Así lo hizo y poco a poco empezó a deshacerse el lazo psicológico con su hijo y todo se solucionó.
¿Ves que fácil? Sométete a Kiko, haz siempre lo que el diga y solo lo que él diga y todos tus problemas se solucionarán magikikamente, sin necesidad de ningún dios salvador que, por cierto, fue el que te trajo esos problemas que tanto sufrimiento te provocan.

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