Prosigue el rollo, ahora con una serie de imposiciones que no son de la Iglesia, sino de Kiko. Porque santo y bueno es que el creyente rece todos los días, a la hora que quiera y según Dios le inspire, la Iglesia solo regula con precisión cómo rezar a los consagrados, que para eso lo son y para eso su oficio es la intercesión. El oficio del seglar no es la intercesión, aunque sea buenísimo que la practique a diario.
"Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes". Para realizar el culto espiritual con vuestra vida, para poder hacer de vuestra vida una liturgia de santidad, es imprescindible que os mantengáis firmes cada día en la oración litúrgica y personal. Tenéis que empezar siempre el día con la oración de Laudes, añadiendo las dos lecturas del oficio de Lecturas y los quince minutos de oración silenciosa; y por la noche tenéis que hacer Vísperas. ¡No podéis dejar de hacer esto cada día! ¡Es un culto que hacemos por todo el mundo! La oración que hacemos por la mañana y por la noche no es solo por nosotros, sino también por el mundo. Tenemos en este sentido un "oficio", un deber. Como sabéis, la Liturgia de las Horas se llama también "oficio divino", porque la bendición de Dios es el oficio de los cristianos, y no podemos faltar a ese oficio, a ese deber. La oración es fundamental.
Pero el Señor nos ha dicho en el Evangelio que hemos escuchado: "Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis". Pero con una condición: que cuando os pongáis a orar, si tenéis algo contra alguno, le perdonéis, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas. ¡Esto es otra cosa importantísima! ¡Muchos hermanos se creen que rezan y en realidad no rezan en absoluto, porque rezan pero no perdonan a los demás!
En justicia -que es algo que da mucho repelús a Kiko- en el camino que no lleva a ninguna parte los primeros «hermanos se creen que rezan y en realidad no rezan en absoluto» son los que humillan a otros, los que se aprovechan y abusan de la buena de fe de otros. Pero Kiko nunca se refiere a esos, tan abundantes por desgracia, sino solo a las víctimas de esos.
Y hay otro problema más.
Sí, hay otro problema que es la voracidad sin medida del CNC. Por más que hagan, entreguen y den los neocatecúmenos nada es suficiente para la bestia, siempre reclamará más: tu dinero, tus bienes, tu familia, tu razón, tu vida entera. Serás un pelele y no será suficiente.
Algunos tenéis siempre el espíritu árido, seco. ¿Y por qué? ¡No hemos sido llamados a tener siempre nuestro espíritu seco, árido, a oscuras! Si te sucede eso es porque en realidad estás lejos de Dios; te crees que amas a Dios, pero en realidad haces como hacen algunos ricos: le das al Señor sólo lo que te sobra; ¡no te has entregado al Señor por entero! Le das al Señor algo, es cierto; vas a la comunidad; pero sólo para ver si recibes algo a cambio; quizá nunca te has dado al Señor tú mismo. ¡Aunque uno haya dado todos sus bienes, si no le ha dado su voluntad a Dios, no le ha dado nada!
Y si para ablandarte hay que inventarse que Dios se indigna contigo y se plantea maldecirte, Kiko se lo inventa, que le gusta decidir lo que su diosito tendría que decirte a ti.
Hermanos, Dios no se contenta con recibir de nosotros solo lo que nos sobra. Por eso Jesucristo nos da el signo de la higuera. La higuera existe para dar higos; la vid, para dar uva; ¡y tú existes para amar a Dios, para dar frutos de amor a Dios! Por eso el Señor te dice hoy: "¿A Mí no quieres darme frutos? ¿No quieres amarme a Mí, que te he creado y te he salvado? ¿A quién le quieres dar frutos entonces? ¿A quién quieres amar en lugar de Mí? ¿A tus hijos? ¿A tu mujer? ¿El dinero? ¿Las prostitutas? ¡Si es así, que ya nunca nadie pueda comer tus frutos!".
En este texto del Evangelio de S. Marcos hay una cosa sorprendente: dice que no era tiempo de higos. ¿Cómo va el Señor a buscar frutos en la higuera cuando no era tiempo de higos? Con esta paradoja S. Marcos resalta la seriedad de la visita del Señor a nuestra vida. El Señor tiene hambre de nuestro amor. ¡Cuando llega a nuestra vida, quiere cosechar frutos de amor!
Kiko, en su ignorancia o indiferencia, trivializa un texto que ha dado muchos quebraderos de cabeza a los estudiosos de la Biblia, en la que la higuera representa al pueblo de Israel, no a los cristianos, que aún no existían. Pero el trasfondo es demasiado extenso para que lo condense aquí, quizá en otra entrada.
El texto paralelo de este pasaje de la higuera es la parábola de los talentos.
Falso. El paralelo es el episodio de la higuera relatado por Mateo y, si acaso, el de la higuera estéril relatado por Lucas.
¿Qué es lo que quiere cosechar Dios en nosotros? El amor. Dios, que es amor, está sediento de nuestro amor. El Señor viene a nosotros, a su templo, al templo que está construyendo en nosotros. Viene a nosotros su Reino, el Reino de los Cielos. Nos visita la vida celeste, el Cielo. ¡No hay otra felicidad para nosotros en este mundo que amar a Dios y a los hermanos! ¡El resto es vanidad!
Vanidad es ofuscarse en imponer la propia voluntad por encima de la del Papa que reclama unidad y obediencia.
No hay otra felicidad para nosotros en este mundo que amar a Dios, vivir constantemente con nuestra mente y con nuestro corazón en Él. Jesús te dice: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: 'Dame de beber'…". Basta solo que hagas un poquito de esfuerzo para mantenerte constante en la oración y que ofrezcas cada día algún sacrificio al Señor, por amor, y experimentarás que inmediatamente Él te da el ciento por uno, porque el Señor es buenísimo.
Aquí una nota aclara la verdadera postura de la Iglesia: «Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios: conviene también que el siervo alborotador o que anda yendo de un lado para otro, o el que se encuentra sirviendo en la cocina [...], intenten elevar la súplica desde lo más hondo de su corazón» (S. JUAN CRISÓSTOMO, De Anna, sermón 4, 6). Jamás ha impuesto la Iglesia a los seglares que sea obligatorio rezar laudes con x minutos de oración estática y también vísperas, pueden rezar “mientras pasean”, por ejemplo. Los rollos de Kiko no vienen de la Iglesia y, por tanto, no vienen del Espíritu de Dios.
A partir de aquí, la perorata degenera hacia una pseudo conferencia sobre la libido, que parece ser que los neocatecúmenos la tienen muy alterada.
Lo dejo para otra entrada.

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