domingo, 24 de diciembre de 2023

¡FELIZ NAVIDAD!

 

 

 


 

 

Immanuel Emmanuel (de Miguel Card)


A sign shall be given Una señal os será dada
A virgin will conceive Una virgen concebirá
A human baby bearing Una criatura humana que es
Undiminished deity Enteramente Dios.
The glory of the nations La gloria de las naciones,
A light for all to see Una luz para que todos vean
And hope for all who will embrace Y esperanza para todos los que abrazarán
His warm reality Su cálida realidad


Immanuel Emmanuel
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros.
And if God is with us Y si Dios está con nosotros,
Who could stand against us ¿Quién podría estar contra nosotros?
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros
Immanuel Emmanuel


For all those who live in the shadow of death Para todos los que viven a la sombra de la muerte
A glorious light has dawned Una luz gloriosa ha amanecido,
For all those who stumble in the darkness Para todos aquellos que tropiezan en la tiniebla
Behold your light has come Mirad, vuestra luz ha llegado


Immanuel Emmanuel
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros.
And if God is with us Y si Dios está con nosotros,
Who could stand against us ¿Quién podría estar contra nosotros?
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros
Immanuel Emmanuel


So what will be your answer? Entonces, ¿cuál será tu respuesta?
Will you hear the call? ¿Escucharás la llamada?
Of Him who did not spare His son De Aquel que no perdonó a Su hijo
But gave him for us all Y lo entregó por todos nosotros.
On earth there is no power En la tierra no hay poder
There is no depth or height No hay profundidad ni altura
That could ever separate us Que pueda separarnos
From the love of God in Christ Del amor de Dios en Cristo


Immanuel Emmanuel
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros.
And if God is with us Y si Dios está con nosotros,
Who could stand against us ¿Quién podría estar contra nosotros?
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros
Immanuel Emmanuel


Immanuel Emmanuel
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros.
And if God is with us Y si Dios está con nosotros,
Who could stand against us ¿Quién podría estar contra nosotros?
Our God is with us Nuestro Dios está con nosotros
Immanuel Emmanuel



Grabado en la catedral de Chester, en Cheshire.

Madre de todos

 Un precioso cuento navideño encontrado en internet.


El suave sonido del arrullo de Miriam atraía la mirada de Yosef una y otra vez. No podía dejar de mirar hacia ella, hacia ellos, hacia los dos, pero aunque sus ojos se desviasen, sus manos continuaron con la labor que tenía que hacer.

Con un par de ramas que había juntado acabó de barrer las cagarrutas de cabra y los insectos muertos del suelo, alimentó el fuego de la hoguera, juntó a un lado toda la paja que pudo y dispuso encima el maltrecho manto que usaba a modo de silla sobre el pollino que los había llevado hasta aquel refugio de pastores.

El lugar era una cueva natural poco profunda y con una gran boca cerrada en parte por un murete de ladrillos cocidos que la defendía del viento. A un lado del acceso, una zona hundida, ennegrecida y rodeada de piedras marcaba dónde se prendía la hoguera; al otro lado un buey viejo los contemplaba con poco interés, pero no había puesto ningún impedimento a compartir su espacio con ellos y con el pollino de Yosef.

Tampoco se había alarmado ni preocupado al ver a Yosef ir de un lado a otro, ni al escucharlo mascullar entre dientes. Nervioso como estaba no había dejado de removerse ni de estorbar mientras Miriam paría. Había traído agua y ramas secas, había encendido un fuego, había calentado agua en un viejo perol, había deshecho el parco equipaje con que viajaban. Al rememorar las vueltas y paseos y la cantidad de cosas que había movido de un sitio a otro, tenía la impresión de haber hecho bastantes cosas, pero no le abandonaba la impresión de sentirse inútil y desbordado mientras Miriam se hacía cargo de todo.

Ella sola había parido. Claro, eso no podía hacerlo Yosef por ella, pero también había sido ella quien había recogido al niño, lo había lavado con el agua tibia preparada por él, le había cortado el cordón y lo había fajado antes de recostarlo contra su cuerpo, envuelto en su propio manto. Y después se había puesto a cantar suavecito, y el niño, que al principio hacía ruiditos de animalillo perdido y asustado, se había callado.

Corrió al lado de Miriam, recostada contra la roca en el extremo más oscuro del refugio.

Yosef la tomó en brazos con muchísimo cuidado y la trasladó al sitio que había adecentado junto a la hoguera, para que estuviese caliente, para que ambos estuviesen calientes. A continuación le echó por encima su propio manto, la envolvió bien y se quedó allí, a su lado, con la mirada atrapada entre los ojos y la sonrisa de ella y la cabecita morena de pelillo húmedo que asomaba entre los brazos de Miriam, sobre su pecho.

Ella ahuecó y apartó las sucesivas capas de ropa para mostrarle al niño dormido. Estaba desnudo salvo por la faja de lino puro que ceñía su cuerpo, con las piernitas y los bracitos encogidos, los ojillos cerrados y la boquita entreabierta. Yosef lo miró anonadado, y aunque varias veces abrió la boca para decir algo, la volvió a cerrar sin acertar a encontrar las palabras. Miriam volvió a tapar al crío y lo abrazó.

–¡¡Es un bebé!! –consiguió articular Yosef.

Miriam se rio. Tenía que estar muy cansada, pero se veía feliz, sus ojos chispeaban y su dicha la hermoseaba como nunca.

–¡Claro que es un bebé! –Y un momento después, por si él no se había fijado, añadió–: Es un niño.

Yosef tragó saliva y trató de decir algo que, para variar, no lo dejara como un idiota. Dudaba de su capacidad para conseguirlo.

–Pero no refulge, no brilla, no tiene enormes alas blancas en la espalda. Es… normal.

Miriam se puso seria.

–Es enteramente humano, como tú y como yo. –Acarició el moflete gordezuelo del bebé con un dedo y añadió en voz más baja–: Es nuestro hijo.

Sus palabras, en especial las últimas, atravesaron a Yosef y lo cambiaron. No era la primera vez que le sucedía. Él se chocaba con un muro de apariencia infranqueable que ella deshacía con su voz, porque cuando ella lo decía todo sonaba razonable.

Por supuesto que era normal, porque así es como tenía que ser su hijo.

Guiado por la nueva seguridad que había anidado dentro de él, Yosef apoyó su manaza sobre la cabecita del niño.

–Yeshúa bar Yosef –pronunció alto y claro–. Nuestro hijo. –Se sintió el padre más dichoso de la tierra, se sintió bendecido por Dios en su familia–. Se parece a ti –dijo con una gran sonrisa.

–¿De verdad? –preguntó Miriam, que elevó un poco al niño para contemplar su carita.

–Sí. Esas cejas son iguales a las tuyas y la forma de la cabeza, también, pero cuando sea mayor tendrá una buena barba y todos dirán que se parece a mí –bromeó.

–Espero que sí. Tiene un padre muy guapo.

Eso hizo que Yosef la mirase alelado durante unos instantes. Solo hacía unos meses que estaban casados, pero ya no podía concebir la vida sin esa mujer a su lado.

–Estuve a punto de repudiarte, ¿sabes? –Nunca habían hablado de aquello, del día que él descubrió que ella estaba preñada, pero ahora sintió que debía sincerarse para que Miriam supiese que su compromiso era firme y de por vida–. Lo tenía ya decidido cuando apareció un ser de luz y… él me habló, me lo explicó…, pero cuanto mejor entendía yo mi papel de esposo y padre protector más argumentos en contra esgrimía. –Buscó los ojos de Miriam y los encontró fijos en él. Escuchaba atenta, sin interrumpir ni intervenir, comprendía lo importante que esta confesión era para él y respetaba su ritmo y sus vacilaciones–. Hasta que me di cuenta de que era una petición.

»Delante de mí había un ser majestuoso, vestido como ningún emperador podría hacerlo, rodeado de luz. No se mostró altanero. Su actitud era amistosa y fue muy paciente conmigo, respondió a todas mis quejas, y te aseguro que me quejé y protesté porque pensé que estaba todo decidido y, si de todos modos se iba a hacer la voluntad de Él, quería dejar constancia de mi oposición…

»Y entonces me di cuenta de que me lo estaba pidiendo. Entiéndeme, no había nada servil en la actitud del enviado de Él, pero supe que era una petición y que podía negarme y Él respetaría mi decisión.

Miriam extendió una mano para acariciar la suya. Una manita blanca, suave y blanda posada sobre una manaza oscura, encallecida y velluda. Sin una palabra, ella entrelazó sus deditos con los de él, gruesos y bastos en comparación.

»También a ti te lo pidió –concluyó Yosef. No fue una pregunta, sino una deducción–. Pudiste negarte, pero aceptaste esto.

Con la mano libre -no tenía ninguna prisa por soltar la mano de su esposa- hizo un gesto que los abarcaba a ellos, al lugar donde estaban y, casi, al mundo entero.

–Gabriel, el enviado, me dijo que a través de este bebé tan normal y que se parece a mí, yo sería madre de todos los pueblos –dijo, tan segura como si lo que estaban viviendo tuviese sentido lógico.

–¿Nunca dudas, Miriam? ¿No te da miedo saber que tienes poder para estropear los planes de Él?

–Me da confianza.

–¿Confianza dices?

–Sí, porque es una prueba de Su amor. Si Él no nos amase, no respetaría nuestra libertad de decidir, incluso si lo que elegimos es lo peor para nosotros. Pero como nos ama, nos guía, sin obligarnos, pero nos muestra el buen camino. Por eso me fie y por eso someto mi criterio al Suyo.

Yosef meditó en silencio durante un momento, luego fijó sus ojos en el niño dormido. Volvió a acariciar su cabecita y una arruga de preocupación atravesó su frente.

–¿Y Yeshúa, Miriam? ¿También Yeshúa será libre para mandarlo todo a paseo?

–Sin duda –afirmó con contundencia. Sus manos seguían entrelazadas, y ella apretó con algo más de fuerza la de él–. El libre albedrío es indisoluble de la naturaleza humana, y Yeshúa es enteramente hombre, por eso nuestra misión es enseñarle, para que ame al Todopoderoso y le obedezca en todo.

–Nuestra misión –repitió Yosef. La duda había desaparecido de su expresión para dar paso a la convicción–. ¡Menos mal que Él nos guía! Tenemos la misión más hermosa y de mayor responsabilidad de toda la humanidad.

viernes, 22 de diciembre de 2023

Y acampó entre nosotros

 

Los primeros cristianos no celebraban la Navidad, celebraban la Pascua de Resurrección, muy diferente de la pascua judía, que se basa en una alianza ya muerta, frente a la Pascua del Mesías, que les dio una alianza nueva sellada con su carne y su sangre.

La Navidad empezó a celebrarse allá por el siglo IV, cuando el Cristianismo no solo se legalizó, sino que pasó a ser la religión del emperador romano, en occidente, el político más importante e influyente de la época.

Según el calendario romano, el 25 de diciembre marcaba el nacimiento del sol invicto, la victoria de la luz sobre la noche más larga, porque a partir de esa fecha los días crecían y las noches menguaban (en el hemisferio llamado norte).

Los cristianos, insertos en la sociedad de su época, también hacían fiesta en ese día, y puesto que el motivo de celebración era la luz, ellos referían la fiesta a Cristo, día sin ocaso y luz que brilla en la tiniebla.

Entonces a alguien se le ocurrió que estaría bien fijar el nacimiento de Dios como hombre en esa fecha, que era tan buena como cualquier otra, puesto que no existe la menor evidencia histórica sobre el momento y el lugar del nacimiento de Jesús.

El Adviento surgió poco después de que los cristianos convirtiesen la fiesta del sol en la Navidad. Y en los siglos sucesivos se fueron añadiendo más y más elementos: la corona de Adviento, el calendario de Adviento, el árbol de Navidad, los villancicos, las comidas y dulces típicos, los regalos, el belén, el esmerado adorno de las casas y las calles, las tarjetas de felicitación…

El Cristianismo cambió por entero el fondo y la forma de la antigua celebración pagana. Y la extendió e hizo de ella una fiesta mundial.

Ahora bien. ¿Por qué se hizo hombre la segunda persona de la Trinidad?

La respuesta del Catecismo dice algo así como que entregado el ser humano a la muerte a causa del pecado de Adán, Dios se hizo uno de nosotros para salvarnos.

Quizá a quienes son más inteligentes que yo esta respuesta les aclare todo, yo no encontraba la relación de causalidad entre ambos hechos.

Veamos: el demonio, ese ser tan popular en el CNC, se vale del engaño para que Eva y Adán coman del fruto del árbol prohibido. Dios les había dejado muy claro que la consecuencia de comer ese fruto era la muerte, pero la serpiente les aseguró que Dios mentía. ¿Había otra forma de comprobar quién decía la verdad más que comiendo?

Eso es lo que sostienen los neocatecumenales: tú no debes hablar de lo que no conoces, primero tienes que sumergirte hasta lo más hondo y solo tras experimentarlo hasta el fondo podrás opinar.

Hay varias incógnitas en el relato del Génesis: ¿qué hacía el demonio en el paraíso? ¿Por qué se le permitió que se acercase y hablase con Eva? ¿Por qué se le sigue permitiendo que campe a sus anchas por el mundo? ¿No es evidente para Dios que todo ser humano está indefenso ante las argucias del maligno?

No tengo respuestas.

Eva cayó, Adán cayó y en ellos cayeron todos sus hijos hasta el fin de los tiempos. Con una sola excepción: María.

Porque al ser expulsados del paraíso, Dios les anuncia un salvador. Y María, desde su concepción, forma parte del misterioso plan de salvación de Dios.

Pero vuelvo a la primera duda. Dios es todopoderoso; podría simplemente haberse cargado a la serpiente y haber disculpado a Adán y Eva, puesto que fueron víctimas de un engaño.

Esta opción cuadra con el estilo neocatecumenal por dos motivos. Primero, porque su diosito se dedica a destruir a quienes le caen mal; segundo, porque están adiestrados para no asumir la responsabilidad de sus actos, siempre es otro quien los permite, los causa, los provoca…

Pues no. Dios nunca causa muerte y destrucción, ni siquiera la del demonio; y la responsabilidad de vivir es personal. Es más, el primero que asume la responsabilidad de sus actos es el mismo Dios.

Creó a los ángeles, creó al ser humano a su imagen y semejanza. Libre. Dotado de entendimiento y voluntad. No será Dios quien trivialice la vida humana, no convertirá al hombre en una marioneta y tampoco privará de libertad al demonio. Dios respeta las reglas del juego.

Pero también interviene en el juego. Eso es lo que anunció a Eva a Adán y a la serpiente en la expulsión del paraíso.

Y puesto que la muerte fue la consecuencia de una desobediencia personal, Dios talló en piedra no perecedera la norma de vida que debía seguir todo aquel que quisiera alcanzar la Vida eterna, para que nadie ignorase qué quería de ellos el Santo. Me puedo imaginar que en el paraíso esa norma se reducía a un solo mandamiento, el más importante de la ley, pero fuera del paraíso hubo que añadir algunos más…

El caso es que Dios proporcionó a su criatura las instrucciones para lograr la Vida eterna. Y el demonio, siempre envidioso, se aseguró de que ninguna lo lograse. Aunque quizá María sí lo logró, y por eso la tradición popular sostiene que ella no murió, ella se durmió y su hijo se la llevó al Cielo en cuerpo y alma.

El problema, de nuevo, es que aunque una lo lograse, su logro sería personal e intransferible.

Hacía falta una alianza nueva por medio de la cual el logro de uno solo se extendiese por siempre y desde siempre a todo el que quisiera acogerse a él. Conque tenía que ser hombre para cumplir la ley y ganar la Vida Eterna y tenía que ser Dios para poder sellar la nueva alianza con la humanidad.

...Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros a fin de ofrecernos a todos la salvación.