Los judíos no creen en la existencia de un adversario de Dios, es decir, no creen en el demonio como ángel caído que guerrea contra Dios. Al contrario, en el judaísmo, el demonio es un fiel servidor de Yahvé que jamás hace nada sin el beneplácito de Éste.
Lo que pasa es que el Dios de los judíos no es omnisciente y, en consecuencia, para enterarse de lo que hay en el interior del hombre, de cualquier hombre, tiene que enviarles pruebas y barrabasadas y observar la reacción de cada uno. Un pobre tipo el Dios de los judíos.
A lo que iba. Al carecer de omnisciencia y también de escrúpulos, el Dios de los judíos manda lepra a algunos para ver qué hacen, a otros los hace ciegos de nacimiento, otras veces manda una pandemia mundial y se queda a mirar a ver qué pasa o incita a sus criaturitas a pecar y pecar sólo por entretenerse. Pero no se ocupa personalmente de maldecir a nadie con padecimientos variopintos, para eso está Satán, su buen amigo, su servidor, que es el que se ocupa de chinchar y meter el dedo en el ojo, siempre por encargo del diosito sin omnisciencia ni ética ni pundonor.
Así de tristes son las cosas en el judaísmo. No merece la pena pasarse la vida entera intentando agradar a Dios, porque el día que Él decida averiguar de una vez qué es lo que tienes dentro, te envía un cáncer o algo peor y se queda tan fresco.
¿Os suena?
Espero que sí, porque el kikismo es, en parte, una copia mala de errores del judaísmo.
Por eso el diosito del kikismo es el que mandó la cóvid, el que hace que haya tanta adicción a la pornografía entre las filas del CNC, el que les tiene dando vueltas y más vueltas sin alcanzar jamás la tierra prometida de la conversión.
Ahora ya sabéis que el diosito del kikismo no es el Dios de los Cristianos, solo es un sucedáneo.
El verdadero Dios, el que predicó Cristo y predica la Iglesia, no necesita enviar penurias para saber lo que cada quien lleva dentro. El verdadero Dios es el que nació de María.
Dicen que Eva fue formada de la costilla de Adán, carne de su carne y hueso de su hueso; pues Cristo fue formado de María y en María, y comparte su carne y su sangre.
El verdadero Dios es el que, expulsado el hombre del paraíso por haber intentado lo de “seréis como dioses”, se arremanga y se abaja hasta nosotros a fin de poder elevarnos a la dignidad de “hijos de Dios”; el verdadero Dios es el que decide, gratis total y sin diezmos ni bolsas negras, enviar a su Hijo hecho hombre para que el hombre adquiera, por adopción, la divinidad.
En el Cristianismo el demonio no es un peón de un diosito sádico que juega a hacer tropezar a sus criaturas, en el Cristianismo el demonio goza de la misma libertad que el ser humano y, en su libertad, es él quien ha decidido ser sádico y hacer tropezar a todo el que pueda.
En el kikismo, en cambio, es diosito quien manda todos los males cuando le peta y porque le peta, y es entonces cuando aparece el demonio para probarte, para averiguar si te revelas contra el diosito maldecidor o no. Ese es su papel, muy semejante a lo que cuentan los judíos.
Y todavía dicen que no son judaizantes.


