martes, 24 de octubre de 2017

Segundo escrutinio (VII)




«Monición al canto.
En respuesta a esta Palabra, quiero enseñaros un canto nuevo, el salmo 94, que dice: "Si hoy escucháis su voz", si verdaderamente sientes que esta voz que viene a vosotros es la Palabra de Dios, es la voz del Señor que os llama personalmente, no endurezcáis el corazón.
Canto: Salmo 94
Monición a la III lectura
Terminaremos esta celebración con una palabra muy breve; entiendo que estáis cansados, pero tal vez no os dais cuenta del privilegio de estar sentado aquí, de ser convocado aquí por el Señor para escuchar esta Palabra.»
Tal vez sea conveniente aclarar a los kikotizados que escuchar los tostones de Kiko no es escuchar a Dios. Y que para recibir la palabra de Dios lo mejor es no perder el tiempo escuchando tostones.
«Está claro que las palabras que yo puedo deciros no son nada si el Señor no las hace resonar en vuestro interior, si el Espíritu Santo no os urge interiormente y os dice que esto es realmente Dios y os da de comer, os hace asimilarla de modo que se haga carne en vosotros, os hace ver, entender.
Sabéis que la parábola del sembrador dice: La semilla que cae en el camino es como aquellos que oyen la Palabra de Dios y no la entienden, vienen los gorriones y se la llevan. Aquellos que escuchan la Palabra y la entienden son como la semilla que cae en tierra buena y da fruto, algunos 60, otros 40, y otros 100.
Quisiera deciros una palabra: el Señor nos invita a convertirnos y nos invita a convertirnos inspirándonos en esto: nos invita a meditar sobre el sufrimiento de la tierra. Nos dice, esa señora que conoces, que sabes que tiene cáncer, que es una buena persona, de una familia buena, maravillosa, ¿por qué crees que tiene cáncer y sus hijos se quedarán sin madre y su marido estará desesperado?, ¿crees que es un castigo de Dios? ¿Crees que le pasó a ella porque es peor que tú? Aquellos que viven hoy destruidos, que sufren hambre, que tienen al marido que se emborracha, los que tienen los hijos que consumen drogas y se destruyen, o aquellos otros a los que suceden estas cosas, o aquellos otros sobre los que cayó la torre de Siloé -como dice la Palabra- y los masacró a todos (para Israel todos los acontecimientos son permitidos por Dios y cuando Dios lo permite que tal vez significa que tenían algún pecado tremendo que tuvo que ser castigado, porque para un israelita es muy importante morir en una liturgia, con la sinagoga, con los sacerdotes, no morir de forma tan terrible en un accidente, y la gente entonces piensa que debían ser grandes pecadores, ya que Dios permitió que muriesen de esa manera), ¿crees que eran más pecaminosos que vosotros? O que hizo algo aún más terrible que aquellos que mezclaron la sangre de un pagano con la sangre de los sacrificios, haciendo un sacrilegio. Cuando Dios ha permitido para ellos esta cosa espantosa de seguro que tenían que ser grandes pecadores. ¿Pensáis que eran más culpables que vosotros? Yo os digo que no.
Os doy mi experiencia, hermanos: estuve durante tres años en un poblado y durante un año en otro. Una de las cosas que más me espantó fue esto: fui a vivir a un poblado porque la mujer que hacía las tareas domésticas en la casa de mis padres un día de Navidad empezó a llorar y le pregunté por qué. Ella me contó su vida, que su hijo estaba en la cárcel, y yo quedé consternado, tal vez yo fuera ingenuo, tonto, se me cayeron los brazos cuando ella me contó lo que le sucedía, sin exagerar. Esa mujer estaba casada con un hombre cojo que se emborrachaba todas las noches, llegaba a las dos de la noche, cogía un bastón y la golpeaba cada noche, había intentado violar a los hijos y otras cosas horribles. ¿Por qué le pasaba esto a esa mujer? Se levantaba a las cinco de la mañana para ir a limpiar casas.»
Es decir, todas las noches después de las 2 de la noche recibía bastonazos y a continuación se dormía plácidamente hasta las 5. Y yo me lo creo.
«¡Explícamelo! Quiero saber por qué. Porque esa mujer tenía una vida de infierno y a mí me parecía una santa. ¿Qué pecado había cometido? Me fui a vivir con ella, tenía diez hijos y yo intentaba ayudar al marido y a los hijos...
El Señor me permitió, viviendo allí, ponerme en contacto con el siervo de Yahvé, me encontré cara a cara con el siervo sufriente y me quedé mudo y dije: aquí no se salva nadie, cuando venga el Señor que no me encuentre lejos de esta gente pobre, voy a vivir en una chabola, voy a vivir como un monje pobre a sus pies, para lavarlos, para decirles que soy un pecador.
Eso es lo que hice en mi vida. He visto cosas impresionantes, personas con enfermedad de Parkinson, obligadas a pedir limosna, ladrones, etc.
Os invito, hermanos, con esta Palabra, a meditar esta noche sobre vuestra realidad. Os invito a ver que todas las cosas que suceden, que suceden a vuestros familiares, no son castigos de Dios sino que son acontecimientos que el Señor  permite para vuestra conversión, para haceros un discurso mucho más profundo, para no permitiros permanecer sentados burguesamente en vuestra realidad. La vida del hombre es algo serio, somos peregrinos aquí, nuestra vida tiene que caminar en tensión hacia algo y Dios no puede soportar a ese matrimonio con la panza así de grande, sentados ante el televisor, con su hermoso coche, con casa junto al mar, con sus hijos pequeños, que no quiere ningún problema. Dios no tolera que uno reduzca a esto la vida y envía ladrones y envía enfermedades para que el hombre no encoja su vida y la transforme en una porquería, cuando la vida es una cosa muy seria e importante.»
Por descontado nadie mejor de Donki puede saber lo que agrada a diosito y lo que no tolera. Y como es un diosito muy desagradable, nada de raro tiene que se complazca enviando muerte y destrucción. El kikismo es así.
«Aquellos que tienen unos cuantos años más y que hicieron la guerra saben lo que es la vida, que es realmente seria. La vida está en función de algo, por  eso hay algo en la vida que se llama tiempo, envejecimiento; bendito sea el Señor que envejecemos, bendito sea el Señor que morimos. ¡Qué aburrida sería la vida si no! Estos hechos nos obligan a reflexionar sobre la vida, hacia dónde vamos, sobre lo que realmente es nuestra existencia. El Señor te trae aquí porque quiere traer tu existencia a algo.»

5 comentarios:

  1. Si tanto detestan al Camino, porque los bloggeros siguen en él? o se desviven por averiguar cómo va?

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    1. Lo de detestar a todo lo que se mueva es muy del cnc. Y también es muy del cnc hacer juicios sobre las intenciones de los demás.

      Es lo que aprenden en la comunidad. Por sus frutos les conoceréis.

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  2. "Está claro que las palabras que yo puedo deciros no son nada si el Señor no las hace resonar en vuestro interior, si el Espíritu Santo no os urge interiormente y os dice que esto es realmente Dios y os da de comer, os hace asimilarla de modo que se haga carne en vosotros, os hace ver, entender." - San kk de las fuentes consoladoras.

    Ahora resulta que el Espíritu Santo es el vehículo para la lavativa de koko.

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    1. Claro, el que no hace kaso a kk, no tiene espiritu, y aquel que es desobediente y no hace caso a las palabras de kk o le lleva la contraria a los kateks estan engañados por el del moño.

      Christian Py

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