Llave
No. 5: Conseguir que el adepto contemple la realidad desde perspectivas muy
variadas
Cada vez
que el miembro de una secta considera una perspectiva distinta, el dominio que
ejerce la secta sobre él se debilita un poco. Además de pedirle a la persona
que recuerde quién era antes de ingresar en el grupo, también puede ser muy
valioso pedirle que se imagine el futuro. ¿Cómo será él dentro de un año, de
dos, de cinco o de diez? Con toda sinceridad, ¿qué se ve haciendo en el futuro?
¿Seguirá vendiendo flores en una esquina? Si no es así, ¿cómo se sentiría si
continuase sin poder hacer nada más que vender flores por la esquinas durante
los próximos diez años?
Otra
perspectiva muy valiosa puede ser la opinión sobre el líder del grupo. Yo le
pregunté a una mujer: «Si usted fuera el Mesías, ¿viviría de la misma manera
que el señor Moon, una mansión que es casi un palacio, tendría dos yates de
250.000 dólares cada uno, coches de gran lujo, etc?». Ella me respondió: «¡Claro
que no! Daría todo mi dinero para ayudar a los pobres. Viviría de una manera
muy sencilla». Al escuchar su respuesta, pude preguntarle qué pensaba ella de
que él lo hiciera. Me dijo: «Esto es lo que me preocupa. ¡Siempre me ha
preocupado!».
Cada vez
que un miembro es capaz de salir de su personalidad y ponerse en el lugar de
otra, ya sea la de un miembro de otra secta, o incluso la de sus padres o su
líder, está debilitando su rigidez psicológica. De hecho, alentar psicológicamente
al adepto para que adopte otra perspectiva le permitirá poner a prueba su
realidad. En este proceso, la información con que fue programado es considerada
bajo otro prisma.
El medio
para suprimir la fe ciega es introducir nuevas perspectivas.
Llave No
6: Evitar los procesos de interrupción del pensamiento mediante una forma
indirecta de suministrar información
Todas
las personas que forman parte de una secta han sido programadas para interrumpir
todos los pensamientos «negativos» acerca del líder, la doctrina o la
organización, y también han sido adoctrinadas para creer que este grupo es superior
a todos los demás grupos y diferente a todas las demás sectas.
El
proceso para interrumpir el pensamiento se desencadena cada vez que se produce
un «ataque frontal», o, en otras palabras, cuando la persona advierte que
alguien ataca la validez del grupo. De esta manera, la interrupción del pensamiento
actúa como un escudo que debe levantarse contra cualquier enemigo que se
aparezca.
Sin
embargo, el adepto no emplea la interrupción del pensamiento cuando no hay una
percepción del «peligro». Dado que el miembro del grupo cree que no está
integrado en una secta, pero que existen otros grupos que sí son sectas, es relativamente
fácil mantener largas y detalladas conversaciones sin que él tenga, en ningún
momento, la sensación de que usted está atacando al grupo o a su líder.
En
consecuencia, la forma de comunicarse con el adepto es a través del
acercamiento indirecto. Si es miembro de El Camino Internacional, no se sentirá
amenazado en lo más mínimo cuando usted le cite a los Moonies. Si habla con un
adepto de los Moonies, él no se sentirá amenazado si le habla de El Camino. Él
piensa que su grupo es muy diferente, muy superior a todos los demás, De esta
forma, se puede obtener una idea de los procesos de control mental y técnicas específicas
utilizadas por este otro grupo de una manera muy sutil y apacible.
Usted
estará suministrando al inconsciente de la persona (su identidad "Juan
Juan") los marcos de referencia imprescindibles para que comience a
analizar lo que le ha sucedido a él.
Este
método indirecto de transmitir información evita los mecanismos de interrupción
del pensamiento.
Llave
No. 7: Visualizar un futuro feliz para vencer las fobias del adoctrinamiento
Las
fobias del adoctrinamiento o el miedo a dejar alguna vez el grupo residen, por
lo general, en el inconsciente. La identidad «sectaria» jamás piensa en abandonar
el grupo. Ni que decir que está siempre feliz, entusiasta y obedece a sus
líderes. Es «Juan Juan» el que está esclavizado.
A menudo
le pregunto al adepto: «Si usted no hubiera conocido jamás a este grupo, e
hiciera ahora lo que deseaba poder hacer, ¿qué sería?».
Después
de unos instantes de confusión y resistencia, por lo general tengo que repetir
la pregunta varias veces, «Imagínese tan sólo que usted hace exactamente lo que
deseaba hacer, de tal forma que es completamente feliz, que se siente
espiritual y personalmente gratificado; y que desconociera por completo la
existencia del grupo, ¿qué estaría haciendo ahora?»
Cuando
la persona ha verbalizado su fantasía, procuro que se meta en la visualización
de su nueva vida, y la estimulo para que se involucre emocionalmente con la
misma.
Al dar
este paso, estoy en condiciones de comenzar a neutralizar los sentimientos
negativos programados. Éstos disponen que el miembro no puede hacer ninguna
otra cosa que no sea ser un adepto. Una vez establecido un punto de referencia
positivo, la imagen generada por el grupo sobre una vida oscura y llena de
desastres fuera de la secta comienza a modificarse. Cuando la imagen positiva
está en su lugar, se tiende un puente hacia otras posibilidades. Se considera a
la gente ajena al grupo como personas buenas y cariñosas, hay muchísimas cosas
de las que disfrutar, puede lograrse la gratificación religiosa y espiritual.
Cuando el mundo exterior se llena de experiencias positivas, el grupo pierde el
control total sobre el sentido de la realidad del adepto. Este estará entonces
en, una posición más ventajosa para decidir si quiere permanecer donde está, o
cruzar el puente y hacer algo personal que sea más valioso y gratificante.

Llave
No. 8: Ofrecer al adepto definiciones concretas sobre el control mental y las
características de una secta destructiva
En mi
caso, hasta que mis asesores no me enseñaron lo que los comunistas chinos
habían comenzado a practicar en 1950, no fui capaz de entender con claridad el
proceso del «lavado de cerebro» Y también cuando ellos pudieron demostrarme que
todas las sectas destructivas estaban estructuradas de la misma manera
autoritaria que la Iglesia de la Unificación, dejé de creer que los Moonies
eran por completo diferentes a todos los otros grupos.
También hago
ver que yo me había entregado al grupo, y que había escogido abandonarlo por
las razones «correctas». Pretendía poner en duda lo que le habían dicho en su
adoctrinamiento: que las personas abandonaban el grupo por razones equivocadas,
porque eran débiles o indisciplinadas, o porque querían caer en el
materialismo. Quería que supiera que yo había dejado el grupo debido a mi
integridad y fuerza de voluntad.
Abandoné
el grupo porque había llegado a comprender de forma objetiva lo que había
estado haciendo. Me había dedicado a una «fantasía» creada por el adoctrinamiento
de los Moonies en sus talleres de trabajo. Pensaba que seguía al Mesías, la
persona que sería capaz de acabar con las guerras, la pobreza, las enfermedades
y la corrupción, y que establecería el Reino de Dios en la Tierra. No me
importaba sacrificarme en aras de estos nobles ideales. Pensaba que, como
adepto, enseñaba a la gente los modelos más elevados del amor y la verdad, y a
llevar una vida ejemplar.
En
cambio, para mi horror, me di cuenta de que había aprendido a comprometer mi
integridad en nombre de Dios. Me di cuenta de que cuanto más alto ascendía en
la organización, y cuanto más cerca estaba de Moon, me volvía cada vez más
obsesivo. El poder casi se convirtió en adicción, y empecé a tomar decisiones
con miras a defender y ampliar mi poder, no para defender lo que era moralmente
correcto.
Abandoné
cuando comprendí que el engaño y el control mental no podían nunca ser parte
integrante de ningún movimiento espiritual auténtico: con su utilización, el
grupo había creado un virtual «Infierno en la Tierra», un reino de esclavos.
Cuando advertí que, a pesar de que yo quería creer que era verdad (que
Moon era el Mesías y el Principio la Verdad) mi fe lo convertía en verdad, comprendí
que aunque me quedara en el grupo cincuenta años más, la fantasía por la cual
me estaba sacrificando no sería nunca verdadera.
El hecho
de que me dieran unas cuantas definiciones concretas del control mental me
permitió ver con claridad que habían hecho de mí una víctima y que había
aprendido a convertir a otras personas en víctimas. Personalmente, llegué a un
acuerdo con mis propios valores, creencias e ideales. Cuando lo conseguí, a
pesar de lo mucho que había puesto de mí en el grupo, de haberme convertido en
un líder y haber establecido fuertes vínculos con muchos miembros, no pude
continuar en él. Nunca podría reintegrarme en su seno para volver a convertirme
en un «auténtico creyente».