jueves, 10 de enero de 2019

No son profetas de tu historia, son agoreros


Comenté en una entrada anterior, que a los kikotistas les gusta mucho declararse a sí mismos profetas de tu historia. De la tuya. No les creas, porque lo que sucede es que en ellos se cumple el dicho «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».

No son profetas puesto que no predican a Dios ni hablan en nombre de Dios, solo predican el kikismo y solo repiten como loros el contenido de unos mamotretos. Pero la afirmación, aunque falsa, no es gratuita, sino que responde a una estrategia: la de convencerte de que si les desobedeces a ellos, desobedeces al mismo Dios.

Ese es el objetivo, ahora me interesa hablar de los mimbres que emplean para engatusar a quien se deja.


El primero y fundamental es recabar información.

 No hay nada inocente ni casual en que el paso del primer escruticidio tenga por cometido hacerte declarar tu cruz. Ya sabes: aquello que te hunde, lo que te destruye, aquello con lo que no puedes, lo que esté más allá de tus fuerzas. Da igual lo que sea –que no tienes trabajo, que no tienes dinero, que no tienes novia, que tu hermano mayor es el preferido y tú tienes unos celos que te mueres, que no puedes tener hijos, que tienes una enfermedad crónica…-, pero cuanto más morboso mejor. Si tienes un pasado con borracheras, drogas, fornicaciones, intentos de suicidio o latrocinios, o una familia que se trata a mordiscos, luce más. Por el contrario, quienes pasan por el primer escruticidio sin declarar amantes ni hurtos ni pendencias ni vicios, no son bien vistos.

 Por si solo ya es bastante sospechoso. Un grupo que se dice parte de la Iglesia Católica pero que se relame con los vicios, problemas, dificultades y defectos de quienes capta. ¿Algún otro movimiento actúa así?

 Entonces, lo primero es reunir información sobre el captado y sobre su situación personal y familiar y apuntarlo todo en el cuaderno negro del kikotista.

 A cambio, lo que te dan es el pomposo anuncio de que Dios hará gloriosa tu cruz, la que hayas contado, la que quede apuntada en el cuaderno. Es decir, en su mala doctrina, Dios no puede actuar ni puede hacer nada si tú no entras por el aro de darle poder al kikotista. Por eso es por lo que, según ellos, si no cuentas tu cruz ante toda la comunidad, no podrá ser sanada ni se volverá gloriosa.

Lo siguiente es atribuir al grupo, es decir, al Camino, cualquier cambio positivo. Si dejas de beber, es gracias al trípode y a la comunidad; si dejas de tener un amante, lo mismo; si sigues cascando a la esposa de vez en cuando, es porque eres un pobrecillo que solo puedes ser amado en tu realidad de pecador por tu comunidad, etc. Y el kikotista seguirá tomando notas en su cuaderno: de qué ídolos eras esclavo antes y de que ídolos sigues siendo esclavo aun hoy.

Es importante la información. Es lo que el kikotista podrá usar como palancas para despertar tu sentimiento de culpa por lo que hiciste o dejaste de hacer, y de miedo por lo que puedas volver a hacer o a dejar de hacer si se apartas del camino que ellos te marquen puesto que insistirán mucho en que fuera de ellos solo hay llanto y rechinar de dientes. Es decir, que son ellos los que dan la salvación a quienes se les someten.

Por supuesto, es necesario tener cierta práctica para soltar semejantes embustes sin sonrojarse. Ya conté en este blog el caso de una catecúmena que había obedecido a los kikotistas y se había desprendido de sus bienes confiadísima de recibir el ciento por uno y que, en cambio, se había encontrado con que la despidieron del trabajo y el novio cortó con ella. En su escrute, esta persona reclamó a los kikotistas que no se había cumplido lo que le habían prometido.

Automáticamente, el kikotista la declaró endemoniada. Porque hay que saber cómo actuar en cada circunstancia. Y la primera regla es que el kikotista nunca se equivoca, nunca se disculpa, nunca se arrepiente y nunca da su brazo a torcer. Por lo tanto, es evidente que si alguien viene a reclamarles es que ese alguien ha sido engañado por el maligno.

Lo dicho, hay que conocer el mantra kikil que aplica en cada circunstancia. Lo importante es que la última palabra siempre corresponde al kikotista, para tapar y acallar cualquier otra.

Y otro detalle importante, que tiene que ver con la habilidad del CNC para sostener una cosa y su contraria. Afinan tan hábilmente con el uso de la palanca de la culpa y el miedo que no he visto a ningún kikotista mostrar ni culpa ni miedo por las consecuencias en los demás de la obediencia que ellos imponen. Todo lo contrario, cuando la obstinada realidad se empecina en demostrar que lo que ordenaron fue erróneo y las consecuencias nefastas, lo que siempre hacen es culpabilizar a la víctima por su falta de fe, por estar endemoniada, por haber dudado, por no haber sido fiel…

Pero no hay ninguna contradicción en ello. Porque una de las primeras cosas que tratan de inocularte en Kikónides es que el que obedece no se equivoca. Y por tanto el que obedece no puede ser culpable de nada. Así que los kikotistas, en cuanto que loros que solo repiten lo que el sumo líder dice, no pueden ser responsables ni culpables de todo el mal que provocan.

También es cierto que otra consecuencia es que no todos valen para kikotistas. Yo renuncié para seguir viviendo en paz con mi conciencia. Otros tomaron ese mismo camino antes que yo. Otros muchos lo habrán tomado después. En su libro, Steve Hassan comenta que cuando se adoctrina a alguien se le hace pensar «que las personas abandonaban el grupo SIEMPRE por razones equivocadas, porque eran débiles o indisciplinadas, o porque querían caer en el materialismo». Pero resulta que hay tantas o más razones «correctas» para abandonar algo malo.

Hay que tener un estómago especial para tragar tanta mierda y no vomitar.


martes, 8 de enero de 2019

Control mental. ¿Algo que ver con el Camino Neocatecumenal? (XVI)



Dado que la mayor parte de las personas no comprenden en qué consiste el control mental y las prácticas de las sectas destructivas, les es muy fácil caer en patrones de comportamiento que no resultan eficaces a l intentar ayudar al ser querido a que recupere su personalidad original.

El problema más común consiste en que la familia experimenta el típico exceso de culpa y vergüenza. La gente parece estar constantemente acusándose a sí misma por el ingreso de un ser querido en una secta. La gente ha de saber que la culpa no ha sido suya. Las sectas existen. El control mental existe.

Otro problema emocional bastante común es que las personas olvidan sus propias necesidades. La mejor manera de ayudar a alguien es estar seguro de que uno se preocupa de sus propias necesidades. La participación en la secta tiene que situarse en la perspectiva correcta. La gente sólo puede hacer lo que está dentro de su capacidad. La vida tiene que continuar. Las personas terminan por dañarse a sí mismas y a los seres que aman cuando no son capaces de descansar, relajarse y hacer otras cosas que necesitan para seguir adelante. La gente se quema cuando cae presa de la obsesión, y a menudo acaba afectando a los otros familiares que intentan ayudar. Por ejemplo, es común castigar sin darse cuenta a sus otros hijos debido a que dedican demasiada energía inútil al que ha sido captado.

Otro error que se repite es que las personas reaccionan emocionalmente en exceso a la integración en una secta. Esto puede llegar a ser más peligroso que no hacer absolutamente nada. Una persona puede sentirse impulsada a comprometerse todavía más en un grupo por culpa de discursos histéricos y la utilización indebida de palabras como «secta» o «lavado de cerebro». Comportarse de una manera emocionalmente agresiva con el miembro de una secta casi siempre produce un efecto contrario.

También otra equivocación frecuente es que los familiares intenten persuadir a la persona para que abandone su compromiso utilizando una actitud condescendiente y antagónica. A menos que usted sea una persona muy bien preparada, con grandes dotes para la comunicación y muy afortunada, intentar convencer a una persona para que abandone una secta mediante una aproximación directa es algo condenado al fracaso. Las discusiones racionales no tienen ninguna aplicación con alguien que ha sido adoctrinado por medio del control mental.

No se debe culpar a una persona que ha sido reclutada por una secta destructiva. Póngase furioso con las sectas. Grite contra todas las sectas destructivas de control mental. ¡Pero no se enoje con la persona que ha sido víctima de ellas! No es culpa de ella.

Cómo prepararse para una intervención eficaz
Atienda a sus necesidades emocionales
Aprender a no esperar resultados inmediatos y saber repartir el esfuerzo para el largo camino que tiene por delante le ayudará a mantener una perspectiva equilibrada.

La vida de su familia debe continuar, sobre todo cuando el individuo lleva mucho tiempo como adepto.

Consolide sus recursos
Implique en la intervención a la mayor cantidad posible de familiares y amigos con los que usted pueda trabajar sin dificultades, y ayúdeles a informarse. Invítelos a que participen en una reunión preparatoria. Póngase en contacto con aquellos presbíteros que pueden tener conocimiento del tema, con profesionales de la salud mental, ex miembros de la secta, familias que han pasado por el mismo problema, y con cualquiera que esté en condiciones de ofrecerle apoyo.

Organícese y trace un plan
Comience por enterarse de todo lo que pueda. Una buena preparación es la clave del éxito. Estudie al «enemigo» (la secta determinada) y a otros grupos similares. Aprenda cómo piensan y cómo trabajan. Conviértase en un conocedor del control mental. Cuanto mejor lo comprenda, mucho más fácil le resultará explicarlo a otras personas, y en especial, cuando llegue el momento, a la persona atrapada en la secta.

Organice un archivo, haga copias de todos los artículos y notas importantes para compartirlos con las personas implicadas. Haga copias de todas y cada una de las cartas escritas al adepto y de toda la correspondencia que éste ha recibido. Esto puede resultar muy importante durante o después de la intervención. En muchas ocasiones he enfrentado a los adeptos con cartas escritas por ellos en las que formulaban promesas que no se cumplían, e incluso algunas en las que mentían descaradamente a su familia.

Tenga al corriente de cuanto sucede a todas las personas que participan en la intervención. Una comunicación constante con el adepto es siempre mejor que un contacto esporádico. Envíele una tarjeta o una nota una vez por semana, todas las semanas; es muchísimo mejor que escribirle un día una carta de catorce páginas y después pasarse un mes sin decir palabra. Pida al adepto que le llame cada vez que sienta necesidad de hablar; en el momento que sea y desde donde sea.

Cómo ayudar al miembro de una secta a cambiar y a madurar como
persona
Puede parecer que conseguir que el adepto de una secta pase por un cambio de personalidad antes de lograr su abandono del grupo es dar un rodeo muy largo.

Es de una importancia vital entender que la única forma de poder sacar para siempre a una persona de las manos de una secta destructiva es ayudarla a que vuelva a establecer contacto con su personalidad auténtica, y echarle una mano para que comience a madurar mediante unas nuevas metas personales que signifiquen algo para ella.

Todos los que se han comprometido a ayudar al adepto deben centrar su atención en tres importantes objetivos a corto plazo. El primero es establecer una relación de mutua confianza. Si no hay confianza, nada de lo que usted haga resultará eficaz. El segundo objetivo es recoger información, acerca de cómo piensa, siente y ve la realidad el miembro de la secta. El tercer objetivo es utilizar técnicas específicas para sembrar la duda sobre la secta y alentar una nueva perspectiva.

Establecer una relación de mutua confianza
Adoptar una postura de curiosidad un tanto preocupada es la actitud más efectiva que se puede tomar en la relación con el miembro. Resulta relativamente fácil establecer una relación de mutua confianza cuando usted se muestra curioso, porque lo único que hace es formular preguntas sin una intención critica. Usted se preocupa por la persona, por lo tanto es lógico que desee saber todo aquello que es importante para ella.

Muestre aprobación y respeto por el individuo, sus ideales y su talento. Sin embargo, hágale saber que usted se reserva la opinión final sobre el grupo hasta no conocer todos los detalles.

Si el miembro de la secta intenta atribuir al grupo los méritos por las cosas buenas en su vida, como haber dejado el alcohol o la marihuana, dígale que esto es fantástico, pero recuérdele que es él quien merece los elogios por las buenas acciones y no el grupo.

Recuerde que si el adepto establece muchas relaciones con personas que no pertenecen a la secta, le resultará mucho más fácil abandonarla. Siempre se sentirá más unido a unas personas que a otras, pero todo el mundo deberá hacer un esfuerzo para estrechar sus relaciones con él. Coordine el flujo de comunicación. No le resultará natural que, de pronto, diez personas le envíen cartas al mismo tiempo. A usted no le interesa despertar sus sospechas.

Reúna información valiosa
Cuanta más información pueda usted reunir, en mejores condiciones estará para saber qué está pasando en la mente del miembro. Comuníquese con él lo más regularmente que pueda. Si usted puede reunirse con él, hágalo, si es posible, a solas. Resulta muy difícil llegar a alguna parte si tiene que hablar con dos o más adeptos a la vez.

Tenga presente que llegará un momento en que le invitará a que hable con miembros más antiguos o con los líderes. Demore este encuentro todo lo que pueda. Dígale a la persona que usted se preocupa por él y le tiene confianza, que no está interesado en hablar con desconocidos. Usted quiere que él se encargue de explicárselo todo. Si le responde que no conoce las respuestas a todas sus preguntas, usted puede hacerle notar, con mucha discreción, que le preocupa el hecho de que si él no conoce todas las respuestas, tal vez se haya comprometido con el grupo antes de estar capacitado del todo para hacerlo.

Sugiérale que podría no seguir adelante, de momento, y alejarse unas cuantas semanas para reflexionar sobre el grupo de forma objetiva. Si es un grupo legítimo; ¿qué podría perder con ello?

La perspectiva: son líneas paralelas, pero no lo parecen
Desarrolle habilidades específicas para promover una nueva perspectiva
El último paso es desarrollar las habilidades y estrategias para minar o eludir el control mental utilizado por el grupo. Son demasiadas personas que intentan llegar a este último paso sin haber alcanzado los otros dos. Esto es un error muy grave. Sólo cuando se han establecido las bases se puede actuar de un modo eficaz.

Recuerde que lo que usted desea es establecer contacto y fortalecer la verdadera personalidad del individuo, no la de la secta. Hacerle rememorar las experiencias positivas de su vida anterior es una de las maneras más eficaces para conseguirlo.

Por ejemplo, si el adepto le dice a uno de sus viejos amigos que echa mucho de menos el ski, y este amigo se lo dice a la familia, ésta estará en condiciones de organizar un viaje a la nieve e invitar al amigo a que vaya con ellos. El miembro de la secta puede pensar que se trata de una coincidencia o que estaba fijado en el destino. Incluso en el caso de que no se le permita ir, ayuda a despertar en él un deseo muy fuerte.

Siempre que se establezca una comunicación, tenga presente que debe concentrarse en uno o dos puntos cada vez. Es mejor dejar bien asentada una cuestión que intentar el método del «bombardeo». Una vez más, el seguimiento es de una importancia crítica. Por ejemplo, si usted en una carta le dice al miembro que ha visto a uno de los líderes del grupo en un programa de televisión, y que éste ha declarado que los adeptos pueden ir de visita a su casa cada vez que les apetezca, usted puede mencionar, como de pasada, que recuerda una conversación que mantuvo con él unos meses antes, en la que dijo que «tenía que pedir permiso para ir de visita». Si se olvida de responder a esta pregunta en su próxima carta o conversación telefónica, pregúntele otra vez. Hágalo amablemente pero con firmeza: «¿Por qué se produce esta aparente contradicción? ¿El líder ha dicho una mentira? ¿Eras tú el que mentías? Ayúdame a aclarar las cosas porque estoy un poco confuso». Hay muchísimas personas que consiguen establecer buenos puntos, pero después no aprovechan la ventaja. Tal vez porque encuentran muy difícil formular las preguntas que vienen a continuación sin que suenen amenazadoras, esas preguntas que obligan al miembro a pensar en la contradicción.

No envíe artículos que formulen críticas, si no se los han pedido. Estas informaciones siempre hacen más mal que bien. Si usted cree que su relación con el miembro es muy buena, intente sostener una discusión personal. Si va a pasar cierto tiempo antes de ver de nuevo al individuo, hable con él por teléfono sobre el artículo y su contenido. Si expresa interés en leerlo, dígale que se lo enviará por correo, siempre y cuando le prometa discutirlo con usted punto por punto. Hay demasiadas personas que no se preocupan por conseguir primero el permiso, y si lo hacen se olvidan de seguir el tema.


¿Qué haría usted si esta misma noche recibe la llamada del miembro de una secta y le dice que mañana irá a hacerle una larga visita? Por sorprendente que pueda parecer, este tipo de episodios por sorpresa (tal vez una llamada de auxilio) se repiten una y otra vez.

domingo, 6 de enero de 2019

El carisma de kikotista



Si alguien pregunta, se le dirá que caminar consiste en hacer el trípode y se le intentará convencer de que haciéndolo diligentemente y sin desmayo, poniendo el trípode por encima de todo y de todos, su vida cambiará.

Es menos usual que los “kikos” reconozcan que eso de “hacer el trípode” es solo una –la primera- de las muchas órdenes y disposiciones que se reciben en el Camino, porque la auténtica base del mismo es la obediencia al kikotista. Así que hay que hacer el trípode simplemente porque los kikotistas lo mandan.

Bueno, pensará alguno, no hay nada malo en el trípode y además todos los movimientos –ups, que no, que ellos no son un movimiento, ellos son un itinerario- tienen su dinámica particular y ser parte del movimiento implica, entre otras cosas, sumarse a dicha dinámica.

No sé como es en otros movimientos –o itinerarios-, sé como es en el Camino, que es de lo que escribo. Sé que en el Camino se vende la burra de que el kikotista habla en nombre de Dios porque es un profeta de tu historia.

Y si es el mismo Dios quien te dice que un chico no te conviene, o que debes dejar a tu padre enfermo y hospitalizado para irte a una chorrada de convivencia perfectamente prescindible, o que debes buscar otro trabajo porque el que tienes interfiere con las cosas de la Comunidad, o que has de obligar a tus hijos a caminar, o que Dios te pide que entres en el seminario, o… lo que sea, tú agachas la cabeza y obedeces.

agachas la cabeza y... ¿obedeces?
Porque de lo contrario desobedecerías a Dios.

He visto a kikotistas disponer sobre las vidas y sobre las haciendas de otros, con total impunidad y –lo que es peor- con absoluta carencia de remordimientos. Les he visto romper relaciones, disponer como había de vestir una persona concreta, decidir para otra como debía ser llamada porque no les gustaba el apodo familiar que empleaba, hacer que alguien renunciase a una afición de años porque le quitaba tiempo para la comunidad, meterse en la educación de los hijos de otras personas, decirle a un marido como tenía que actuar con su esposa, decirle a una esposa que su obligación era estar abierta a la vida por encima de su salud y de sus circunstancias. Hablan de lo que no saben ni conocen, porque ni analizan ni profundizan ni les importan las consecuencias de lo que dicen y lo que ordenan.

Y no les importa porque van con orejeras. Son loros de repetición. Se han aprendido los mantras de los mamotretos y han indagado sobre la vida pasada y presente de los captados. Por eso les gustan tanto las historias truculentas de almas apresadas en el vicio y las desgracias. Porque es más fácil aplicar los mantras en estos casos y declarar pomposamente que ya ves a donde te ha llevado desobedecer a Dios, a revolcarte en el lodo. Y que si rechazas la nueva oportunidad que Él te da, tu destino será peor todavía.

Así es como tratan de imponerse a la gente, con las palancas del miedo y de la culpa.

En uno de mis escrutinios –previamente yo había desobedecido los designios de mi kikotista y estaba rindiendo cuentas de como me había ido tras hacerlo- me espetó un «¡Ay de aquel que escandaliza!». Yo seguía viva y tan campante después de la desobediencia, así que había que dejar claro que mi destino sería espantoso, para que nadie más pensase en seguir la misma senda.

¿Alguno se escandaliza?
Se me abrieron los ojos como platos. Yo había actuado según mi conciencia y al tipo que tenía delante le traía sin cuidado todo lo que no fuese que no me había sometido a él, así que me declaraba escándalo para mi comunidad.

Lo peor es que se creen con poder para hablar en nombre de Dios. “Carisma” lo llaman. Pero es falso. Los verdaderos carismas que vienen del Espíritu Santo no se imponen a los demás, no encadenan a otros, no fuerzan la conciencia de nadie y en especial, no maldicen ni vaticinan desgracias personales.

Pienso que ellos se lo creen de verdad, porque de otra forma había que ser muy, muy malvado para no tener remordimientos ni cargo de conciencia por el daño que provocan. Y no lo tienen porque otro mantra kikil dice que no importa lo más mínimo si aciertan o se equivocan, puesto que Dios actuará para arreglar lo que haga falta. Faltaría más que Dios no estuviese al servicio del Camino. Así que ellos se dejan llevar por la inspiración y el ardor del momento, es decir, por la simpatía o antipatía que sientan hacia la persona con la que hablan, y disponen lo que se les antoja, haciendo responsable a Dios de encauzar lo que haga falta para que el menda en cuestión no agarre una depresión y determine suicidarse.

Desgraciadamente no exagero con lo del suicidio.

Esa es también la razón por la que nunca, en tantos años como les observo, he visto a un kikotista pedir perdón. Si es Dios quien habla a través de ellos, entonces ellos no se pueden equivocar, es imposible. Y si es imposible el error, jamás se debe pedir perdón. Sean las que sean las consecuencias sobre el otro. Al fin y al cabo, ya sabrá Dios porqué ha permitido esas consecuencias y a ver quien se atreve a pedirle explicaciones a Dios.

Pues eso, un kikotista jamás tiene que dar explicaciones por sus palabras y jamás se disculpa.

Usurpan el lugar de Dios. Y están tan ciegos que no lo ven.

Y si un ciego guía a otro ciego…

sábado, 5 de enero de 2019

Sobre encubrimientos y consentimientos




http://www.ansalatina.com/americalatina/noticia/papa_vaticano/2019/01/02/santa-sede-conoce-abusos-de-maciel-desde-fines43_81b93fe3-a923-4f10-bb7a-809e9ba9ea1a.html



Sin duda no es la entrada más alegre para una noche de reyes, pero retrata a ciertos pastores, sin necesidad de globitos ni de manifestaciones callejeras.