«Monición al Evangelio (Kiko)
Estoy persuadido de que Aquel que comenzó en vosotros
esta obra buena la llevará a su cumplimiento
en el día de Cristo Jesús.
Dice San Pablo que Jesús volverá para juzgar todas
las cosas. Para la iglesia, para esta novia, este juicio ya ha sido anticipado
para nosotros. Todas nuestras cosas, nuestras injusticias están perdonadas.
Cristo ha venido a traernos el tiempo de la misericordia. Dice San Pedro:
"Algunos dicen: 'Pero tarda mucho en venir este Jesús'".»
¡Cuánta
afición a manipular las citas! ¿Verdad, Mónica? Se permite declarar una amnistía sideral porque le peta.
«Dice San Pedro: "Para Dios mil años son como
un día". El Señor quiere dar tiempo a cada generación. Nosotros estamos
ahora, pero dentro de cien años no estaremos aquí, habrá otra generación.
Quiero deciros una
cosa: este año hemos invitado a 20 equipos de itinerantes de toda España a
todas las ciudades donde todavía no hay este camino, para anunciar el Kerygma,
el Siervo de Yahvé, para predicar a los párrocos y para predicar a los obispos. Es
impresionante que de estos 30 obispos que han visitado, llamándolos a la
conversión como tres pobres, para decirles que esta es la única verdad, la
actitud de Jesucristo: "Tal vez hasta ahora habéis sido llamados a apoyaros
en las personas, en el éxito, en
el dinero... y en tantas otras cosas. Nosotros, en el nombre del Señor, te
decimos: conviertete, porque Dios ha resucitado a Su Siervo Jesús como la única
verdad. Esta es la única verdad, el único que vive". El
resto morirá y verás que esta generación, todo el mundo, vive en la mentira
porque todas nuestras actitudes se basan en cosas contrarias, es decir, el siervo
de Jahvé es una locura, es un absurdo. Bien,
los Obispos han aceptado impresionadísimos a estos profetas que les llaman a la
conversión a este Siervo. Incluso rogaron
la bendición a estos tres pobres.»
Del cuentecito sólo saco una conclusión: en 20 equipos de itinerantes, sólo hay tres individuos. Los demás deben ser fantasmas.
«A cada hombre de esta generación tiene que llegar un
itinerante, uno de vosotros que le anuncie esto. Sabéis que en la traditio anunciaréis a esta gente la
verdad, de casa en casa, que Jesucristo viene, que Dios ha resucitado a Su
Siervo, que vosotros sois testigos. Yo, hermanos, soy testigo de esto, que
Jesucristo vive, que esto no es una mentira, una utopía, no es una estupidez;
que es cierto que Jesucristo vive, que yo me he encontrado con Él, que ha
cambiado mi vida, que viene y que Dios os llama a conversión. Aquellos que no quieran
convertirse, perecerán»
No podía
faltar el vil recurso de la amenaza, la palanca del miedo, a sabiendas de que
el hecho de que alguien no quiera escuchar a uno que vende “kikotina” no significa
que no quiera convertirse ni que no esté convertido, pues tal vez su fe sea más
adulta que la de uno que no sabe distinguir entre catolicismo y “kikisno”.
«Y el Señor vendrá a juzgar a los vivos y a los
muertos porque esta forma de amor, de este Cordero que quita los pecados de los
demás, es la verdad. El amor no es forzar al otro a hacer justicia, a que cumpla
con la ley. No, el amor es cargar con los pecados de los demás. Este es el amor de
Dios. Él ha revelado en Jesucristo una luz radiante de sí mismo, como Dios nos
ama. Él nos ama sin resistirse al mal. Dios nos ha amado cuando éramos sus
enemigos. Aquí hay muchos enemigos de Cristo, muchos, yo también soy un enemigo
de Dios. No respeto la naturaleza que Dios ha creado, no respeto a las personas
que Dios ama. Él ama incluso al último desgraciado de esta tierra. Él ha dado la
Sangre de su Unigénito en rescate por nosotros. Y yo he pecado. Y él me perdona
una vez, dos veces, me sigue llamando. No se resiste mal, cuando peco, que
destruyo la vida, Cristo se deja matar porque Cristo murió por todos los
pecados que yo cometeré, no sólo por aquellos que ya he cometido. Si Dios me ha amado así, cuando era su enemigo, Él quiere que ame
también a los enemigos, que no me resista al mal de los otros, de manera que los
demás vean en mí de forma práctica que Dios existe.
¿Cómo me ama Dios? ¿Pensáis que cuando soy malo, Dios me castiga? Enviándome enfermedades,
terremotos... esas cosas. Ayer escuchamos en el Evangelio que no es cierto que
las enfermedades, los terremotos sean castigos. Eso lo puede pensar nuestra
razón, el hombre que quiere racionalizar todo lo que no entiende.»
Nada más
alejado de la verdad. El hombre que quiere racionalizar lo que no entiende,
investigará el origen de los movimientos de tierra, estudiará las fallas, la tectónica
de placas, y aprenderá la causa de los terremotos. Eso es racionalidad. Lo otro
son los cantos de sirenas que tanto gustan a los ‘sensibles’.
«Entonces, hermanos, ¿qué está haciendo Dios en ti? Hermanos, Dios está abriendo en vuestra parroquia un camino de salvación
porque después tenemos que recorrer la tierra.»
El único
camino de salvación es Cristo. Cualquier otro que pretenda tener la exclusiva
de la salvación es ladrón, que no pastor.
«En esta generación no debe quedar una persona que
no conozca la verdad. Si no quiere acogerla es otra cosa. Pero cuando tú anuncies
a la gente que la verdad es que este Amor y te digan: "Pero si este amor
es la verdad, entonces estoy en la mentira, porque hago lo contrario todos los
días. Entonces, ¿qué tengo que hacer? Soy impotente. Cuando mi mujer me levanta
un poco la voz, me destruye; cuando los niños no estudian, me destruyen. ¡Lo
que he sufrido porque no me dan el sueldo que quiero! ¡Hago todo lo contrario! ¿Qué
debo hacer?"
Cuando S. Pedro predicaba, decía: "Hermanos, habéis
renegado del Justo aunque por ignorancia, habéis dicho que la verdad es un
asesino, Barrabás".»
Nueva
tergiversación y manipulación de una cita bíblica. No podía ser de otro modo,
para que se manifieste su afición por el engaño, la simulación y la trampa.
«Dice San Pedro: "Bueno, sé que lo hicisteis
por ignorancia, pero Dios lo ha resucitado para vosotros, y nosotros somos
testigos". ¿Qué deberíamos hacer? Pedro responde: "Convertíos, arrepentíos
y bautizaos, y recibiréis el don de este mismo Espíritu". Bien, cuando vayáis
de casa en casa llamando a la puerta como profetas, como enviados de Dios a esa
familia, para que la gente deje de ser pecadora... En el pecado está la
penitencia, sabéis que los pecados no se castigan después: aquí está el
castigo, aquí se castigan los pecados. El pecado es abandonar a Dios, significa
abandonar la vida; y vivir en la muerte, y experimentar el odio, la envidia,
los celos, la muerte... No experimentar la paz.»
De todo eso
saben mucho los neocatecumenales, no hay más que ver que no se quitan el odio
de la boca ni del teclado.
Cuando la gente os diga: "¿Qué tenemos que
hacer?" Entonces: "Bautizarte". Pero, ¿dónde? ¡Si no
hay un camino donde se reciba el Espíritu Santo! Bueno, lo primero es abrirlo y
llevarlo a las parroquias y las naciones vendrán de un exilio, y Dios lo quiere
hacer en esta generación.»
Falsedad
absoluta. Hay que estar muy kikotizado para tragarse que hasta que llegaron
ellos no apareció el Espíritu Santo, que es precisamente lo que ha dicho.
«Estamos preparando el terreno del Señor para que
estos hombres puedan entrar; muchos se rehusarán, se reirán, pero muchos están esperando este
anuncio, esta predicación.
Estamos llamados a correr sin descanso por toda la
tierra, porque hay poco tiempo; podemos morir pronto: a mí tal vez que queden dos
años, no sé qué tiempo me dará el Señor. Tal vez 3 años o 5, no lo sé. Ya ves, me
falta un riñón, el otro lo tengo mal... ¡No sé! Tal vez un auto o un avión se caiga
en uno de estos viajes que tengo que hacer. No lo sé, no sé nada. Este mundo
pasa y todos pasaremos.»
Y nadie es
imprescindible para traer la salvación a los demás, salvo Cristo, por más que
el pobrecito ignorante pretenda ser indispensable.
«Bueno, hermanos, el Señor nos dice en el Evangelio:
"Hay aquí una voz que clama en el desierto, diciendo: 'Preparad el camino al
Señor, allanad sus senderos, porque viene el Señor, cada valle será allanado,
cada colina será rebajada, lo tortuoso se enderezará recto".
Entonces, hermanos, abajad vuestras murallas, vuestras
defensas para que el Señor pueda entrar, para que el Señor pueda salvarnos. En pie para cantar el canto al Evangelio.»
No se llama
canto al Evangelio, se llama Aleluya.
El
Evangelio era Lc 3, 1-6