jueves, 25 de junio de 2020

«Donde hay rigidez NO ESTÁ el Espíritu de Dios»


Buenas tardes, Gloria

La otra semana tuvimos visita de los kikotistas y te cuento cómo fue, sencillamente una puñetera vergüenza que esto se permita bajo la tutela de la Iglesia Católica.

Nada más empezar, para no alargar y no salirse del guion -o bien porque les importan un bledo sus catecúmenos- "los catequistas" insisten en que la visita es exclusivamente para ver si cumplimos lo que se nos mandó tras el paso de  la "Iniciación a la Oración", por lo que quien tuviese dudas, problemas, noticias, acontecimientos… que se los comiese con patatas, que ellos no estaban allí ni para consolar ni para reírle las gracias a nadie, sino para dejar claro quién manda y poner orden.

En otras palabras, que no tenían el menor interés por saber cómo hemos vivido estos meses de confinamiento, solo fueron a comprobar si rezamos lo que se nos ha dicho y como se nos ha mandado (porque obedecer es lo primerísimo que hay que hacer cada día, es más, hay que levantarse antes para obedecer) y si hacemos el Camino como Dios, digo como Kiko quiere y ordena, con especial énfasis en el tema del diezmo, pues el interrogatorio no solo indagaba si lo das o no, también había que confesar si das el 10 % o das menos.

El interrogatorio empieza como no, por el respon que como buen subordinado responde acorde a lo que quieren y desean los pregunto… digo, kikotistas. El respon es el ejemplo que "los catequistas" quieren para el resto de la comunidad.

Llegó mi turno y ante la pregunta de si hacía la oración como se nos ordena y manda dije que no. Yo tengo el hábito de rezar a distintas horas del día, especialmente cuando conduzco, en casa cuando surge con mi familia (no necesariamente las laudes del domingo y el sábado) y cuando he estado más necesitado

pues quizás cojo el rosario o el salterio y rezo unas vísperas con mi mujer y mis hijos si se quieren adherir.

Como no sabían que soltarme porque ¿acaso actúo mal como cristiano, señores censores? se limitaron a reconocer que todo eso está muy bien, pero que tengo que experimentar que al señor -se referirían al señor Kiko, ¿no?- lo pongo lo primero, por encima de todo. ¿Perdona? ¿por no rezar laudes a las 6:00 de la mañana todos los días no pongo a Dios lo primero? ¡Ah, claro! Es que lo pongo después del café y del afeitado. Va a ser eso. No, espera, no es correcto. Primero porque ninguno de ellos está en mi mente y segundo porque según apago el despertador doy gracias a Dios por la vida y la familia que tengo.

De la homilía del papa Francisco el 15 de mayo de 2020 (un año providencial): «Eran metódicos y también rígidos. De ellos, Jesús había dicho, de sus maestros, de los doctores de la Ley: “Ay de vosotros que recorréis cielo y mar para hacer un prosélito y cuando lo encontráis lo hacéis peor que antes. Lo hacéis hijo de la Gehena”. Más o menos así dice Jesús en el capítulo 23 de Mateo (cfr. v. 15). Esa gente, que era “ideológica” –más que “dogmática”, era “ideológica”– había reducido la Ley, el dogma, a una ideología y “hay que hacer esto, y esto, y esto”: una religión de prescripciones, y con eso quitaban la libertad al Espíritu. Y la gente que les seguía era gente rígida, gente que no se sentía a gusto, no conocía la alegría del Evangelio. La perfección del camino para seguir a Jesús era la rigidez: “Hay que hacer esto, esto, esto, esto…”. Esa gente, esos doctores “manipulaban” las conciencias de los fieles, o los volvían rígidos… o se iban».

¿Es que el agradecimiento que brota del interior de uno no vale ni como veinte mientras que las laudes mandadas y ordenadas valen como cien? ¿Eso quién lo dice, unos kikotistas? Porque la Iglesia no se mete en ese terreno, no impone qué ni cuánto ni cuándo rezar, no dispone si antes o después de quitarse el pijama y vestirse. Ya puestos igual no tiene el mismo valor una oración en pijama y zapatillas que una con los cordones de los zapatos bien atados, ¿no?

De la homilía del papa Francisco el 15 de mayo de 2020: «Yo digo que la rigidez no es de buen espíritu, porque cuestiona la gratuidad de la Redención, la gratuidad de la Resurrección de Cristo. Y eso es algo viejo: durante la historia de la Iglesia, esto se ha repetido. Pensemos en los pelagianos, en esos rígidos famosos. Y también en nuestros tiempos hemos visto algunas organizaciones apostólicas que parecían muy bien organizadas, que trabajaban bien… pero todos rígidos, todos iguales uno al otro, y luego hemos sabido de la corrupción que había dentro, incluso en los fundadores».

Carta publicitaria de Pentecostés 2020: «Juntos durante tantos años, todos con el mismo lenguaje».

Me planteo lo siguiente, si tan importante y vital fuese rezar solo lo que dice Kiko y como dice Kiko, entonces ¿por qué en el CNC no se propone esto desde el comienzo?

Los kikotistas siguieron con su verborrea de que si rezo tal como ellos me dicen notaré un cambio a mejor en mi vida y veré frutos. De nuevo actuando como gurús de la vida de la gente, haciendo creer que si obedeces la vida te irá de frutísima madre. Luego resulta que las enfermedades, los problemas y las "mal dadas" ,como dicen en mi tierra, vendrán independientemente de si obedeces a cuatro "pobrecillos sin idea de nada" o si llevas tu fe según enseña la Iglesia Católica y los catequistas de verdad.

De la homilía del papa Francisco el 15 de mayo de 2020: «Donde hay rigidez no está el Espíritu de Dios, porque el Espíritu de Dios es libertad. Y esa gente quería dar pasos quitando la libertad del Espíritu de Dios y la gratuidad de la Redención: “Para ser justificado, debes hacer esto, esto, esto, esto…”. ¡La justificación es gratuita! ¡La muerte y la Resurrección de Cristo son gratuitas! No se paga, no se compra: ¡es un don! Y estos no querían hacer eso».

Carta publicitaria de Pentecostés 2020: «Juntos durante tantos años, todos con el mismo lenguaje».

Pero lo mejor de todo es la insistencia con el diezmazo.

Llega la pregunta clave: ¿Das el diezmo? Eso después de recalcar unas veinte veces que se llama así porque hay que dar el 10 % del total de ingresos y no otra cantidad aleatoria.

De la homilía del papa Francisco el 15 de mayo de 2020: «El espíritu de rigidez siempre te lleva al malestar: “¿Esto lo he hecho bien? ¿No lo he hecho bien?”. El escrúpulo. El espíritu de libertad evangélica te lleva a la alegría, porque es eso lo que Jesús hizo con su Resurrección: ¡trajo la alegría! El trato con Dios, el trato con Jesús no se basa en “hacer cosas”: “Yo hago esto y Tú me das esto”. Un trato –que el Señor me perdone– comercial: ¡no! Es gratuito, como es gratuito el trato de Jesús con los discípulos. «Vosotros sois mis amigos» (Jn 15,14). “Ya no os llamo siervos, os llamo amigos” (cfr. Jn 15,15). «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15,16): eso es la gratuidad».

Yo les contesté que no lo daba. Su reacción fue hacer ver a la comunidad que soy un ávaro y egoísta que no quiero compartir mis bienes con la comunidad, lastrando así a un hermano que lo pueda necesitar.

Ahí ya me planté. Les contesté que yo de mis bienes doy lo que puedo y creo necesario en la parroquia a la que pertenezco, ya sea a Cáritas o a las necesidades de la parroquia, y que a ellos ni les va ni les viene lo que yo dé o deje de dar, pues es un acto voluntario y personal con Dios, Él será el que tenga que juzgarme y no ellos, que en la parroquia no me preguntan a la hora de echar en el cepillo si estoy dando X o Y, porque ni le va ni le viene, es un acto voluntario y de caridad. En segundo lugar les dije que yo en la comunidad ayudo cuando sé que alguien lo necesita, que al final nos conocemos todos y todos sabemos quién pasa dificultades y/o tiene problemas y que ya me encargo yo de ayudar a ese hermano de forma anónima o a través del respon. 

De la homilía del papa Francisco el 15 de mayo de 2020: «Pidamos al Señor que nos ayude a discernir los frutos de la gratuidad evangélica de los frutos de la rigidez no-evangélica, y que nos libre de toda molestia de los que ponen la fe, la vida de la fe bajo prescripciones casuísticas, prescripciones que no tienen sentido. Me refiero a las prescripciones que no tienen sentido, no a los Mandamientos. Que nos libre de ese espíritu de rigidez que te quita la libertad».

Se quedaron sin palabras, porque ¿actúo como un mal cristiano? Bueno, pues se limitaron a decir que estar en el CNC tiene unas normas que no nos podemos saltar, que si no veía esas normas pues que no tenía sentido seguir en una comunidad. Aquí se ve claramente como estos kikotistas lo único que quieren es inducir al ganado a sus "normas" y a todo el que se sale se le muestra la puerta. Esto es algo que ya experimenté en los 2º escrutinios, pues a todo aquel que no contestaba ni había puesto en práctica lo que te ordenan hacer (vender tus bienes y dárselo a las pobres según ellos te dicen, no vale llevar el dinero a Cáritas, por ejemplo), le mandan a la comunidad anterior en la cual no tienes arraigo, no conoces a ningún hermano y, al final, el 99% de los que no pasan abandona el CNC.

Mi pregunta es: ¿Por qué se permiten estos abusos?  ¿Por qué se llama a esta gente catequistas si lo único que hacen es inducir a los pobres hermanos a obedecer a lo que Kiko dicta, a seguir sus estrambóticas y anticristianas normas y ya? ¿Por qué un "catequista" del CNC, ante una persona que no muestra signos de no ser cristiano ni de no seguir lo que dicta la Iglesia Católica, le insta a irse?

martes, 23 de junio de 2020

Ocultismo neocatecumenal de candelabros


Entre los primeros cristianos es posible que el empleo de cirios y candeleros -no confundir con candelabros- en la liturgia respondiera a una necesidad de iluminar el lugar. Es posible. Pero es indudable que incluso allí donde no faltaba luz, la liturgia dispuso que se siguiesen empleando los cirios, por lo común en número par.

La razón es simbólica: los cirios representan que Cristo es la Luz del mundo. Por eso no pueden faltar los candeleros -que no candelabros- en la liturgia dominical.

Es fácil de entender y no tiene nada que ver con los candelabros judíos, que no representan a Cristo ni pintan nada en su pesaj, que se podría decir que es lo más parecido que tienen a la Pascua cristiana, de la que bebe la celebración litúrgica de la misa.

Sin embargo, he encontrado una página donde un liante, a base de incoherencias, trata de remontar el uso de los candeleros cristianos -que no son candelabros- hasta las lámparas del templo de Salomón o cosa por el estilo. Un absurdo.

El menda en cuestión lo plantea así:

«En las Eucaristías del Camino Neocatecumenal es habitual ver colocado en el altar un candelabro de 7 o de 9 brazos, que se sitúa en el centro del mismo, y del que se desconoce a menudo su significado y tradición, vinculándolos, por error, a una mera reminiscencia judaica o simple arqueologismo que nada tiene que ver con la fe católica. Sin embargo su uso y significado permearon también en la Iglesia primitiva y en numerosas circunstancias a lo largo de los siglos, extendiéndose su uso y arraigo en las distintas tradiciones litúrgicas de la Iglesia».

Mal empieza, puesto que si algo identifica las “ukas” neocatecumenales es su predilección por las mesas de patas abatibles frente a los verdaderos altares, por lo que lo acertado hubiese sido reconocer que es habitual ver colocado sobre la mesa un pegote de candelabro con reminiscencias judaicas que -aquí le ha traicionado el subconsciente y ha mentado justo lo que intenta ocultar- nada tiene que ver con la fe católica.

Así luce la mesa de una 'uka'


Además afirma que su uso permeó en la Iglesia, lo que es falso, e incoherente con lo que el propio autor sostiene poco después:

«En los primeros siglos de la Iglesia, aunque se utilizaban luces en las celebraciones litúrgicas, y en especial cerca del altar, los candeleros no se colocaban sobre el altar, sino que eran suspendidos del techo o fijados a las paredes laterales, o eran colocados sobre pedestales. No tenemos ninguna evidencia documental de que los candeleros fuesen colocados sobre el altar durante la celebración del Santo Sacrificio de la Misa antes del siglo X».

Si hay que esperar nada menos que diez siglos para encontrar alguna referencia, es patente -para cualquiera que no tenga las neuronas destrozadas por la kikotina- que los primeros cristianos jamás emplearon candeleros -ni candelabros- sobre el altar. Pero más importante es el reconocimiento implícito de que jamás se empleaban candelabros, lo que se usaba eran candeleros. En suma, que en la Iglesia, primitiva y no primitiva, no permeó nada de nada el uso de candelabros judaizantes.

Así desaparece el candelabro pegote cuando estaba presente Apuron

El mismo autor indica que «La costumbre de colocar candeleros y velas en el altar se generalizó en el siglo XVI. Ordinariamente sólo se utilizaban dos, pero en fiestas solemnes se usaban cuatro o seis». Y aquí patina al emplear el tiempo verbal en pasado, porque la Instrucción General del Misal Romano, libro que los neocatecumenales están obligados a seguir fielmente por decreto papal de enero de 2012, dice literalmente:

«117. Cúbrase el altar al menos con un mantel de color blanco. Sobre el altar, o cerca de él, colóquese en todas las celebraciones por lo menos dos candeleros, o también cuatro o seis, especialmente si se trata de una Misa dominical o festiva de precepto y, si celebra el Obispo diocesano, siete, con sus velas encendidas».

Otra  desaparición... Es que hay gente mirando

Es decir, lo dispuesto, también para el presente, es que se usen dos candeleros -no candelabros-, cuatro (en las fiestas) o seis (en los domingos y solemnidades). Y solo se contempla la posibilidad de uno más «si celebra el Obispo diocesano», o sea, el que tiene la jurisdicción en la diócesis. Si un obispo oficia fuera de su jurisdicción no se encienden las siete luces, al igual que no porta báculo.

La página Liturgia papal explica el motivo de las siete luces que corresponden al obispo diocesano de la siguiente forma: «La razón de esto es porque el número siete, en las Escrituras, simbolizan la perfección. Siete son los días de la semana, siete los diáconos para el servicio terrenal, siete los sacramentos, siete los dones del Espíritu, y el Apocalipsis habla de siete lámparas ardiendo delante del trono. De esta forma, se usan siete velas para destacar la plenitud del sacerdocio de la que participa el obispo. Es un signo que expresa la preeminencia episcopal».

Se volvió a perder el candelabro contrario a la IGMR que los kikos deben seguir fielmente

Esa es la explicación que da la Iglesia. Pero para los adictos a la kikotina eso no aporta nada. Además, ¿desde cuándo se han molestado ellos por informarse y conocer lo que diga la Iglesia? Le puede dar por decir misa, nunca mejor dicho, que a ellos les trae al pairo. Ellos, si están bien kikotizados, solo atienden a lo que diga el kikón supremo.

Por eso no es de extrañar que en la página kika mencionada al principio, se saquen de la manga -de la túnica blanca de los bebedores de chupitos bendecidos- la peregrina y falsísima teoría de que los siete candeleros del obispo -solo el diocesano- enlazan con el candelabro judío de siete brazos. Viene a ser como si a alguien le da por decir que los siete brazos del candelabro judío hacen referencia a los siete mares o a los siete magníficos o a los siete pecados capitales: una chorrada sin otro fundamento que el hecho de que la cifra es la misma en los cuatro casos.

Se perdió también en la domus Galilaeae cuando pasó por allí el obispo

Pero esa supina memez no es suficiente para explicar el esperpento del candelabro de nueve brazos, que solo existe en el kikismo, pues ni entre los judíos existe eso.

Así que en un esfuerzo baldío por justificar lo que no tiene justificación, el autor se lanza a un tratado esotérico de numerología aderezado / enmascarado con citas del AT. Y como indubitablemente nueve es lo mismo que 3 x 3 o que 3 + 6 o que 8 + 1, queda matematimágicamente justificado para las mentes kikiles que diosito ha dispuesto la presencia de un pegote de mueve brazos en el centro de la parte delantera de la mesa disfrazada de altar… Por eso, cuando aparece por la domus Galilaeae un obispo que entiende de estas cosas, el pegote de candelabro numerolomágico se pierde.