Hace
años el tiempo de verano era ocasión propicia para desconectar de la comunidad
y sus kikadas. Se hacía una ‘uka de fin de curso’ de valor centenario y
kategoría extra a la que ‘estaban invitados’ los kikotistas de una zona y a
partir de ese momento se pasaba a la programación veraniega: todas las
comunidades se juntaban en una sola reunión de palabra y una misma 'uka'
sabatina.
Pero
eso era antes.
Luego comprobaron
que muchos hijos y muchos jóvenes se les escapaban, muchos hacían amistades
fueran del Camino, se juntaban con los hijos de los cananeos y las cananeas y
descubrían que hay vida fuera del tenebrismo neocomunitario, y vida abundante.
Entonces
decidieron incorporar actividades específicas para niños y jóvenes que bajo la
apariencia de pastoral parroquial –catequesis de postconfirmación y grupos de
jóvenes- buscaba que las nuevas generaciones neocatecumenales hiciesen amigos
sin salir del gueto.
Una de
estas falsas formas de pastoral parroquial –que ni tiene lugar en la parroquia
ni es catequesis- es la conocida como pastoral de postconfirmación para chicos
entre los 13 y los 18 años, es decir, mientras son menores de edad y están
sometidos a la patria potestad de los padres, lo que para los kikotizados
significa que no es algo opcional, sino que a los hijos se les debe imponer
obligatoriamente su asistencia a los grupos de padrinos, porque de lo contrario
diosito se enfadaría con ellos y su reacción podría ser terrible para todos –son
‘ansí’ de supersticiosos-.
La
praxis de los grupos de padrinos consiste en reunir a un grupo de chicos en la
casa de un matrimonio kiko para que hablen de sí mismos y de sus familias, lo
envuelven con algunos rezos y con una cena, pero de lo que se trata es de que
los chicos hablen, porque la información es poder. Y además, en verano, se
organiza un campamento en el que los monitores no son tales –en el sentido de
que la mayor parte de ellos ni ha hecho el curso de monitor ni tiene la
acreditación oficial-, pero son kikos, que es lo que cuenta.
Podría
ser, me dicen, me cuentan, que en alguna zona del levante español, al campamento
además de ir los padrinos va un
Pero
hay algo más. En los campamentos kikos hay establecido un tiempo para ‘escrutar
la palabra’. Sí, desde los trece años, si no antes, se enseña a los niños la
práctica de la bibliomancia, que tan importante es en el Camino. Y por supuesto,
también está la práctica de los ecos o experiencias.
Eso es
lo que hace especiales estos campamentos. Los niños son jaleados para que -micrófono
en mano a ser posible- ante todos los padrinos, monitores y compañeros, entre
los que suele haber hermanos de sangre, primos, tíos y demás parentela, cuenten
‘cómo han visto a Dios en su vida’, lo que traducido significa que son empujados
a hablar de dificultades con los hermanos, con los padres, entre los padres…
bien sea para concluir con el manido mantra de que Dios lo permite para que
descubran lo que de verdad hay en su corazón o bien para concluir que Dios lo
está sanando ‘en la comunidad’. Porque para ellos es imposible que Dios actúe
fuera de la comunidad, no lo conciben.
En
suma, se trata de contar problemas y dificultades domésticas y personales. El
niño al que se le ocurra decir que no tiene problemas con sus hermanos y que sus
padres no se tratan a gritos ni insultan a los hijos, será mirado con
conmiseración por su ceguera, si tiene suerte, o con desagrado, por estar engañado
por el maligno. Porque conforme al ideario kikil, de lo que se trata es de
sacar las tinieblas a la luz para que puedan ser disfrutadas por todos, digo,
sanadas. Lo malo es que con la receta neocatecumenal, jamás se curan de nada.
Pero
aún hay más.
A la
vuelta del campamento neocatecumenal –con o sin piojos-, se organiza una
reunión especial para todas las comunidades en las que el espectáculo lo
proporcionan los niños y jóvenes recién llegados que una vez más son invitados
a poner en común –para edificación de todos, dicen- lo que han visto –con la
ayuda de sus padrinos- que Dios está haciendo con ellos y con sus familias.
En
resumen, de lo que se trata es de lograr la kikotización intensiva desde los
trece años.
P.D. Entretenimiento veraniego.










