Hojear (y ojear) el libro de Emiliano Jiménez Hernández sobre el Credo me ha servido no solo para descubrir errores garrafales sobre los antecedentes de esta oración, sino también para comprobar que dentro del CNC hay quien sabe y entiende el error que comenten las comunidades…, aunque no muevan un dedo para corregirlo.
Me refiero en concreto a que hay quien entiende la imposibilidad de que se dé lo que tanto ambiciona uno muy sensible:
«Hoy más que nunca es necesario dar testimonio del Amor (sic)y de la Unidad (sic) en nuestras comunidades» (del tostón publicitario en tiempo de Pascua del año 2023, pero puede sacarse una cita casi igual de casi cualquier tostón publicitario de los últimos años).
La explicación de por qué es imposible el amor y la unidad en el CNC, en palabras impresas de Emiliano, es la siguiente:
«En un mundo dividido por todo, la Iglesia es el signo y el instrumento de la unidad que supera y une naciones, razas y diferencias sociales, culturales y generacionales. La unidad de la Iglesia es fruto del único Espíritu, que hace de ella el Cuerpo de Cristo. La unidad del Espíritu crea el vínculo entre los cristianos dispersos por el mundo».
«La comunión en lo santo nos une a los creyentes en la comunión de los santos. La comunión en las cosas santas crea la comunión de los santos: las personas unidas y santificadas por el don santo de Dios. La Iglesia es, pues, la comunidad que vive la comunión de» la Eucaristía.
Nota: Aquí he hecho una enmienda, porque el autor, por un tic neocatecumenal, solo menciona el banquete eucarístico, quizá sin caer en la cuenta de que la Eucaristía es mucho más que un banquete y, desde luego, no es la mesa.
«El Don Santo de Dios -no tiene otro- es el Espíritu Santo. Con este Don nos colma de dones santos, pero todos para la edificación de la Iglesia. Todos los dones del Espíritu están destinados a crear la comunión eclesial en la comunidad de los creyentes (1Co, 12 14).
De esta comunión nacen los lazos de afecto entre los hermanos».
No creo que sea preciso añadir nada para que se entienda lo que explica Emiliano. Pero lo plasmaré en negro sobre blanco para los lentos de entendimiento.
El Amor y la Unidad de los cristianos son dones del Espíritu Santo, el Espíritu de Dios.
El Espíritu Santo reparte sus dones para la edificación de la Iglesia, no de las pequeñas comunidades que consideran una enormisisisisisisisísima tragedia que un Papa que ya tardaba en morirse les obligarse a juntarse con los parroquianos a secas para celebrar la única Liturgia de la Iglesia de todos.
Quienes voluntariamente se excluyen de la Iglesia, se excluyen de los dones de Dios.







