Hace 18
años que entré en el camino, uno que salí.
Desde el minuto uno me avisaron
(nada menos que dos de mis alumnos de confirmación) que era una
"secta" y con las manos juntitas, me rogaron que no entrara a sus
filas.
A pesar de estas advertencias y de algunas de religiosas de la parroquia,
entré, quería comprobar por mí misma si era verdad lo que se comentaba y
aseguraba.
Tengo que destacar el esmero que tuvieron los itinerantes para captar mi
atención y curiosidad, no escatimaron esfuerzos, se mostraron escandalosamente
amorosos, y no aceptaban un no por respuesta. Ya mis padres habían entrado años
atrás y me llamaba la atención el "cambio" que se notaba en ellos.
Desde el primer momento me nombraron corresponsable. No hice ni el huevo por
dos años. Lo que sentía era "rechazo", ante tanta presión y
fanatismo. Cuando tomaba vacaciones desaparecía el mes completo... Esa
sensación de desagrado me acompañó el resto de mi caminar en el CNC, aunque
debo reconocer que este malestar fue "in crescendo" a medida que
sumaba años dentro.
A los dos años nos anunciaron el 1er. Escrute. Recuerdo especialmente bien que a
la catequista a quien le tocó el tema del "desprendimiento", el
"ve y vende todo lo que tienes y dáselos a los pobres", le colgaban
del cuello cadenas de oro y en sus muñecas pulseras de oro macizo, lo cual, fue
un "escándalo" para todos los presentes. Y lo más notable es que no
todo quedó ahí: La que ostentaba oro, se atrevió a decir a "gritos
pelaos" que debíamos vender todos nuestros bienes y si era necesario ¡vivir
debajo de un puente!
Y esta
es la riqueza de haber estado caminando por varios años, saber de qué va la
cosa y que nadie puede refutar la experiencia que da luz a tantos incautos que
caen sin ser advertidos sobre la magnitud de esta "secta" que te va
envolviendo y acaparando todo tu vida, tus bienes y tus pensamientos.
Fui salmista y catequista. Fui "fanática" en muchos aspectos por
querer hacer las cosas bien y debo pedir disculpas a muchas personas dentro, a
las cuales falté en amor. Pero en este punto debo mencionar la impresionante
fuerza que tienen con su adoctrinamiento. La maquinaria de
"programación" es potente y te convierte en prepotente a fuerza de
machacar.
Dentro del grupo dije siempre lo que sentía, nunca me amilané. Pero otra cosa
era en "la presencia" de los catequistas, estos no te permiten decir
la verdad, ni quieren escuchar problemas, no se decantan por la justicia, al
contrario, defienden al "responsable" aún en sus posiciones
equivocadas e injustas, lo único que desean es obediencia y al final el
"policía fiel" es el responsable y su equipo de catequistas.
Los mamotretos son su "biblia", su doctrina "la religión" y
su papa no fue J.P.II, ni B.XVII ni muuuuuucho menos el actual Papa Francisco,
es Kiko Argüello. Y dudo mucho que esas orientaciones catequísticas fuesen
revisadas. Estoy segura de que enviaron los suavizados por ellos.
Esta de más decir que comparto todo lo que señalan los que tienen como servicio
avisar, alertar sobre los riesgos de formar parte de estos grupos. Y me sumo en
la tarea de "abrir los ojos" de mucha gente que desconoce el
trasfondo del mundo de las sectas que separan, dividen y aniquilan por dentro. ¿Qué
me salvó?...
La
propia Palabra de Dios, que nos llama a anunciar el amor de Jesucristo al mundo
y a "denunciar" los dogmas y circunstancias que nos alejan del Evangelio.
«En
aquel tiempo vio Jesús que se acercaba Nataniel y dijo de él “ahí tenéis a un israelita
de verdad en quien no hay engaño”. Nataniel le contesta “¿de qué me conoces?”. Jesús
le responde “antes de que Felipe te llamara cuando estabas debajo de la higuera
te vi”.
Nataniel
respondió “rabí, tú eres el hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”.
Jesús
le contestó “¿por haberte dicho que te vi debajo de la higuera crees?, has de
ver cosas mayores” y añadió “en verdad en verdad os digo, veréis el cielo
abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el hijo del hombre”».
Palabra
del señor
Lo
siguiente es la propaganda proselitista de sí mismos que hizo un presbikiko
tras la proclamación del Evangelio.
Podéis sentaros,
hermanos. Una fiesta maravillosa hoy los santos arcángeles.
Sabéis que en
la jerarquía celestial, en la en la iglesia celeste, podemos decirlo así, hay
ángeles y hay arcángeles, hay querubines, depende de la misión que tengan. Hay
una… Yo no sé aquí, en Colombia, porque se ha metido el utilizar a los ángeles
en la santería, en la superstición, hechicerías, ¿no? Tú vas al indio
amazónico y lo mezclan todo, los ángeles, la angelología… Y hay que tener
cuidado con eso.
¿Le
salió la venilla racista al presbi o es puro desdén hacia el indígena?
Y algunos se
inventan nombres de ángeles. No, no, arcángeles, que sepamos, solo son los tres:
Gabriel, Miguel y Rafael. Ni Uriel ni Manuel ni Joriel, nadie, que se inventan
nombres para todo. Gabriel, fortaleza de Dios, fuerza de Dios significa; Miguel,
quien como Dios. Miguel es el jefe, el general, digamos, del ejército celeste,
quien vence, veíamos en la primera lectura, al gran dragón, a la serpiente
antigua, dice, al diablo, a Satanás, y Rafael, qué quiere decir medicina de
Dios, el médico, que cura a Tobit.
Los ángeles,
hermanos, no tienen alas ni vuelan. Los ángeles están con nosotros, tenemos
todos un ángel de la guarda, ya celebraremos dentro de poquito la celebración
de los ángeles de la guarda, los ángeles custodios, pero depende de la misión
toma el nombre el ángel.
Digo que no
tienen alas y no vuelan porque yo os puedo contar mi experiencia Dios me ha
enviado a mí ángeles, y me imagino que a ti también. Ángeles de carne y hueso
que te han ayudado, ¿verdad? Ángeles de carne y hueso.
Los
ángeles de verdad, esos que “no tienen alas y no vuelan”, tampoco tienen carne
ni hueso.
Ángel quiere
decir enviado. La palabra ángel -ággelos- quiere decir enviado, enviado a
anunciarte algo.
Ángel
quiere decir mensajero. Un enviado no tiene por qué llevar ningún mensaje. El ciego de nacimiento fue enviado a lavarse, nada más, no tenía que trasmitir nada a nadie. Un
ángel es un mensajero.
Yo he tenido
enviados a mi vida y me estoy acordando de dos que han marcado mi vida y tengo
presente el día, tengo presente el momento, cómo estaba yo, dónde estaba yo, qué
estaba viviendo… Uno fue… Bueno, fueron dos catequistas, mira tú por dónde, y
ninguno de los dos era cura, para que veas, para que evitemos todo el
clericalismo que hay: solo el padre tiene palabras de vida eterna. No.
Dos catequistas.
Uno que solamente me hizo una pregunta, una pregunta tonta, una pregunta que
puede pasar así, rápido, desapercibida y sin darle mayor importancia. Se acercó,
se llama… En España tenía un apodo: Ximo.
Habrá
que recordarle al presbi sus palabras, solo se conocen tres nombres de ángeles:
Miguel, Gabriel y Rafaél. Ni Uriel ni Joriel ni Ximo ni Chimo. Que tú vas al
consumidor de kikotina y lo mezcla todo, los ángeles, el Ximo, las churras, las
merinas… Hay que tener cuidado.
Este catequista,
que tengo en mis oraciones siempre, porque me ayudó muchísimo cuando yo tenía diecisiete
o dieciocho años. Nunca, nunca, pero es que ni se me había pasado por la cabeza
ser presbítero, ni se me había pasado por la cabeza nunca jamás. O sea, era una
cosa, la última, la última que se me hubiera venido, y este hombre me hizo una
pregunta y me dijo, mira qué pregunta tan tonta: ¿tú qué crees que quiere Dios
de ti?
Qué pregunta
tan tonta. Pues ya ves tú. Se la pueden hacer a cualquier otro y de pronto dices
“pues no sé” y listo. Pues a mí esa preguntita, esa preguntita ya empezó a
suscitar en mí, desde ese momento, la llamada del Señor, esa pregunta tonta que
me hizo, y no le di respuesta. Y no le supe responder, pero ya me quedé yo
rumiando, rumiando como las vacas, que rumian, rumiando esta preguntita: qué
cree que quiere Dios de mí, qué quiere Dios de mí. Nunca me lo había planteado.
Pues quizás
gracias a ese ángel que envió Dios estoy hoy acá.
Y otro ángel
que me anuncio el 30 de abril de 2005 el amor tan grande que Dios me tenía. Desde
ese día 30 de abril de 2005, hermanos, mi vida se parte en dos y lo puedo decir
así, se parte en dos. De no sentirme amado por nadie a sentirme amado por Dios.
Y ese ángel me dijo una cosa maravillosa, me dijo “Dios te ama como eres”.
Y yo sabía muy
bien cómo era. Porque quizá lo difícil es que te des cuenta de lo que tú
eres para que Dios te pueda amar ahí.
¿Acaso
si no te das cuenta “de lo que tú eres” Dios no puede amarte ahí? La frasecita
es típica jerga kikiana y carece de sentido, pero la repiten mucho como si
fuese una gran revelación teológica.
Yo sabía muy
bien lo que yo era, odiaba mi historia, tenía conflictos afectivos con mis
padres, una sexualidad desordenada, yo sabía muy bien lo que yo era, y ese
ángel me dijo que Dios me amaba como yo era, así. Un ángel.
Desde ese día, mi
vida puede tener más pecados, menos pecados, más sufrimientos, menos
sufrimientos, pero hay algo que nadie me quita y es el amor del Señor a mi vida.
Punto. Eso no me lo quita nadie por este ángel que envió.
El
amor de Dios no depende de tú se lo reconozcas o lo dejes de reconocer, te lo
anuncien o te lo dejen de anunciar, pero los kikos siempre dan todo el mérito y
el crédito al mensajero, que a Dios no le hace falta.
Y como a mí -te
pongo mi ejemplo, que yo no puedo hablar por ti, pero tú sí puedes hablar por
ti-, el Señor habrá enviado ángeles, personas… Además es curioso, porque los
ángeles vienen, te ayudan y se van. Y se van. Llega un momento que se van,
desaparecen o se mueren o se van a otra misión o se van a otro lugar o lo que
sea. Ángeles que el señor pone en nuestra vida, ángeles que nos abren el cielo.
¿Te has fijado en este evangelio maravilloso? Dice: “veréis el cielo abierto”. Veréis
el cielo abierto.
Hoy el mundo nos ha cerrado el cielo. El cielo no existe, existe esta vidita
y lo que tú te goces aquí y lo que la pases bien aquí. Punto. Y salud, dinero y
amor. Tres cosas hay en la vida, el resto, carretera. No sirve para nada. Esto
es la vidita que tenemos aquí, por eso nos da tan duro cuando nos dicen que nos
vamos a morir.
Pero Dios a través de su hijo Jesucristo ha abierto ese cielo, lo ha abierto.
Dice que veremos los ángeles subir y bajar. ¡Qué maravilloso! Subir y bajar
sobre el hijo del hombre. Esto, Cristo en la cruz muriendo y resucitando, sobre
todo resucitando, ha abierto el cielo, lo ha abierto para nosotros. O sea, que
tú ya puedes experimentar el cielo, tú puedes experimentar el cielo en lo que
estás viviendo hoy, en el sufrimiento concreto que tienes, sí, porque el cielo
no es no sufrir, el cielo es estar alegre y feliz. ¿Se puede estar alegre y
feliz con un sufrimiento? Sí. Sí, porque ¿qué es lo contrario de la alegría? No
es el sufrimiento, lo contrario de la alegría ¿qué es? La tristeza, la tristeza.
Sufrimiento tenemos todos, hermanos, creas en Dios o no creas en Dios, seas
ateo o seas creyente, vengas a misa o no vengas a misa, estes casado o estés
soltero, tengas noventa años o estés recién nacido, todos tenemos nuestros
sufrimientos, nuestra cruz. Ahora hay una cosa que el cristiano tiene que no
tiene un no cristiano, que el sufrimiento es salvífico, que el sufrimiento te
salva, que Dios ha hecho el sufrimiento santo. ¡Mira tú qué maravilla! Esto
es santo. El sufrimiento es santo.
El sufrimiento no salva, solo Dios salva.
A ninguno nos gusta sufrir, pero un cristiano está alegre como veíamos ayer
a Job en medio del sufrimiento y no reniega del Señor, antes al contrario
bendice a Dios. Y esto, hermanos, gracias también a los ángeles que Dios nos
pone.
Pidamos al señor por estos ángeles que Dios nos ha puesto, como le puso a
la virgen María a Gabriel, como le puso a Tobit a Rafael, como puso a Miguel,
también a nosotros nos ama el Señor y por eso nos envía ángeles. Pidamos
también la intercesión de estos tres arcángeles para que nuestra vida de fe se
vaya fortaleciendo, se vaya llenando del Espíritu Santo, del espíritu de Jesucristo,
del espíritu de amor, de amor a todos los hombres, especialmente a nuestros
enemigos.