miércoles, 12 de enero de 2022

Vueltas alrededor de sí mismos

 

Uno de los argumentos que utilizan los kikos cuando tratan de plantar la bandera en una parroquia es la de ofrecerse al párroco para llevar a cabo una pastoral “para los alejados”. Su publicidad dice que ellos están dispuestos a ir, en nombre de la parroquia, de casa en casa en busca de ovejas perdidas, y hacer saraos en las plazas para llamar a la gente, en especial a los jóvenes, y llenar la iglesia cada vez que haga falta…

Ojito con ellos. Conviene tener presente la advertencia que hizo el Papa Francisco el pasado 16 de septiembre de 2021: «Muchas veces nos encontramos con los llamados "agentes de pastoral"; sean obispos, sacerdotes, monjas, laicos… Pero nos encontramos con algunos que confunden el camino del Evangelio con un viaje turístico o con dar vueltas alrededor de sí mismos sin avanzar».

Esta frase describe especialmente bien al Camino Neocatecumenal.

Cuando unos lorokistas llegan a una parroquia y aseguran que su gran compromiso es «dar a conocer al señor a los alejados, a los que después de hacer la primera comunión no volvieron», lo que quieren decir es dar a conocer al señor Kiko, sus mamotretos, sus ideas trasnochadas, sus apabullantes errores dogmáticos y doctrinales, sus kikirikantos, sus kikonos, su tenebrosa neoestetikika, sus dichos, su sensibilidad e incluso esa sinfonía que lastima los oídos inocentes.

A mí se me presentaron como augures, me aseguraron que ellos conocían el sentido de mi vida, la mía y la de todos, pero para alcanzar ese misterio que solo estaba en posesión de ellos había que hacer las kikotesis.

Las hice, como también pasé por todos los pasos hasta llegar al final del camino que no lleva a ninguna parte, así que sé de qué escribo.

Los lorokistas aseguran a los captados que si han sido elegidos. Todos ellos, los primeros como dirigentes, los segundos como obedientes súbditos. En el CNC todos son elegidos, de modo que su vida tiene un sentido y un porqué querido por “el señor” desde antes de la creación del mundo. Pero cuando indagas y tratas de aterrizar en “hechos concretos” esa elección del “señor” resulta ser intrascendente, con suerte, y si no hay suerte, es una elección que cosifica a quien la recibe.

Hay mujeres, no una o dos, sino montones de ellas, a quienes esos que dicen hablar de parte del “señor” les cuentan el cuento de que han sido elegidas para dejar el trabajo, someterse al marido y tener un hijo tras otro. Es decir, ellas no tienen el menor valor, no han sido elegidas por sí mismas, sino para traer al mundo a otros y para servir a uno en particular. Y ese era todo el sentido de la vida de estas mujeres, revelado por “el señor” a unos más kikotizados que ellas. Y tenían que aguantarse, perdón, que abrazar la cruz si no querían que “el señor” se enojase y las vomitase de su boca.

Por lo general, ellos salen mejor parados que ellas a la hora de que los lorokistas les asignen un sentido a su vida que solo quienes están en posesión de un discerni-miento sideral pueden refrendar como correcto y propiciado por “el señor”, pero no por ello dejan de ser víctimas. A muchos les dicen que el sentido de su vida es el CNC y nada más, sea como presbikikos, lorokistas, familias en misión, plagiadores de los churros de Kiko…

La capacidad para saber lo que “el señor” ha dispuesto para la vida de cuantos entran en el Camino lleva a los lorokistas a decidir y disponer que noviazgos son conformes al designio del “señor” y cuales son un error y un engaño del maligno. Y lo mismo aplica a determinados estudios -a una de la comunidad que preparaba las oposiciones para juez le dijeron que un kikiano no podía ser juez. Ella ya había pagado la academia, pero a quién le importa las estrecheces de los padres de ella para pagar unas clases a las que dejó de ir por imperativo del “señor”-, trabajos -a varios que trabajaban en fin de semana y no podían tripodear como “el señor” exige les dijeron que se despidieran, que “el señor” proveería algo mejor-, aficiones -toda afición que interfiera con las muchas horas que hay que dedicar al tripodeo viene del demonio-, amistades -toda amistad que no haga las kikotesis y que te aparte del tripodeo viene del demonio-… 

Incluso he visto a los lorokistas disponer y decidir, con su discernimiento procedente del “señor”, sobre la forma en que debía vestir una hermana de comunidad, porque no les gustaba su estilo. Y también he visto como trataban de influir a unos padres sobre el nombre que le convenía recibir al hijo todavía nonato. Y como disponían que el apodo cariñoso de una chica no era apropiado para ella y que tenía que empezar a usar su nombre, sin diminutivos ni tonterías.

En suma, tratan a los neocatecúmenos como a eternos críos chicos. O como a mascotas.

En mi opinión, el origen de tanta aberración tiene mucho que ver con la incapacidad de Kiko y sus adláteres para entender el designio divino de crear al ser humano dotado de raciocinio y libertad.

Lo del raciocinio lo tienen pillado con pinzas, de tal modo que actúan como si creyeran que por repetir mil veces una mentira pudiesen obligar al “señor” a convertirla en verdad.

Lo de la libertad, directamente, los supera.

Solo así se entiende que para ellos la elección de Dios consista en que los elegidos están obligados, lo quieran o no, a renunciar a pensar y someterse.

A ver, chicos, que no, que no es así, que Dios no te va a obligar a salvarte, que la elección divina no te asegura la salvación, que te puedes condenar por más que tripodees y más que te gastes y te desgastes en lo que no llena ni sacia ni salva.

La elección divina consiste en que Dios te ha creado por amor y su amor es inmutable, hagas lo que hagas y seas como seas, pero si te empeñas en cambiar a Dios por un “señor” de pacotilla, Él no te lo va a impedir, su elección no te va a salvar ni a librar del engaño de unos aprovechados, su elección solo te asegura que el día que quieras volver a la verdadera casa del Padre, Él te recibirá con los brazos abiertos.

Pero eres tú quien tiene que querer volver, Dios no te va a impedir que te mates en una comunidad que no sirve ni salva, porque eres libre. En eso consiste el verdadero amor, en no esclavizar, ni disponer quienes han de ser tus amigos, tus aficiones, qué has de estudiar, qué trabajo has de tener, cómo has de vestir… El amor es aceptarte tal y como eres, sin imponerte el molde kikiano.

 

lunes, 10 de enero de 2022

Traditio symboli (CXVII)

 

Kiko: ¿Tú estabas ciega antes del Camino? ¿Qué no veías?

Es importante no equivocar jamás esta pregunta. Conviene que en el cerebro del interrogado entre la falsa premisa de que lo que tiene poder para curar la ceguera no es Dios, ni los Sacramentos, ni la predicación, es el Camino, el gran ídolo del kikismo.

G.: La gratuidad del amor de Dios. Yo me esforzaba por ser buena para que me quisieran. No veía ningún sentido a mi vida, pensaba que Dios lo había hecho mal conmigo.

G esboza dos temas típicos.

Uno es el de la gratuidad del amor de Dios: No hay que esforzarse por ser bueno, eso es un moralismo. Dios hace caer la lluvia sobre buenos y malos, y no quiere sacrificios, ofrendas ni oblaciones. Francamente, que tantos captados recurran a este tópico indica que o bien es un comodín muy usado para salir del paso o bien que se pesca mejor entre los que tienen unas nociones de Cristianismo muy muy escasitas. O ambas.

El otro tema es el de que Dios lo ha hecho mal con uno. También es un tópico. Piensas que hay un Dios responsable de todo lo que te pasa -así tú no tienes ninguna responsabilidad sobre los acontecimientos de tu vida-, pero resulta que ese Dios todo lo ha hecho mal contigo. Entonces ¿a cuento de qué tanto esfuerzo por agradarle? Para que te cambie la vida de forma milagrosa.

En suma, una religiosidad infantil que se potencia en el CNC, donde hay que esforzarse mucho y tripodear sin descanso y llenar bolsas sin fin para ganarse el favor de diosito.

Kiko: ¿Cómo te ha abierto los ojos?

G.: Me puso barro por medio de su Palabra: he visto que iluminaba mis pecados, que yo tenía los mismos pecados que los demás y también he visto que la Palabra me hablaba de la misericordia de Dios.

La respuesta es un poco floja. No concede todo el mérito a la comunidad. Menciona la palabra, cierto, pero la palabra no se la ha inventado el Camino, pertenece a la Iglesia desde su fundación.

Además, me parece obvio que alguien que asegura que se esforzaba por ganarse el agrado de Dios tendría que conocer sus pecados. ¿Cómo podría ser que tuviera que esforzarse, es decir, ir contra sus impulsos y defectos, y no conocerlos? Pero en Kikónides la incoherencia no penaliza, es más, diría que da puntos.

Kiko: ¿Qué ha hecho Dios con tus pecados?

G.: Dios los ha crucificado en la cruz y ha muerto por mis pecados. Yo he visto verdaderamente que Dios lo ha resucitado y está vivo en la Iglesia, porque veo cómo pierdes tu vida por mí y cómo la Iglesia ha sobrellevado mis pecados.

Esta respuesta, en cambio, tiene el tono adulador correcto.

A ver, da la vida quien a cambio no tiene un casoplón gratis ni le invitan a convites ni le llenan los bolsillos para que pueda soltar cincuenta euros al pobre de la esquina a diario ni le aguantan estropicios estetikikos lúgubres ni sonatas que hacen sufrir los oídos inocentes. Kiko es un burgués pagadísimo que no pierde la vida por nadie.

Kiko: Lo que Cristo ha hecho una vez para siempre lo está haciendo hoy, presente en la Iglesia, perdona nuestros pecados a cada uno de nosotros, soporta que seamos pecadores. Aquí nadie nos echa a la calle: has contado pecados gravísimos y aquí nadie se escandaliza. Todo esto es porque Jesucristo está presente en su Iglesia.

En el CNC se echa a la calle al que disiente, al que hace demasiadas preguntas, al que pide explicaciones, al que reclama conocer el destino del dinero recaudado. A esos se los declara anatema. Los pecadores pueden quedarse tranquilos en su pecado, a Kiko no le importa.

G.: Además, he visto cómo Dios ha tenido mucha misericordia conmigo porque le ha dado sentido a mi vida.

Espero que no haya encontrado el sentido de su vida en tripodear sin desmayo. La vida es demasiado breve para desperdiciarla así.

Kiko: ¿Estás dispuesta a predicar esto?

¿El qué? ¿El CNC?

G.: ¡Sí!