Retomo las cositas que dijo Kiko durante la publicidad de Pascua 2026.
Hay en el mamotreto, al menos en dos ocasiones (lo leí en diagonal, no aseguraré haber percibido todas las veces que recurre a la misma treta), menciones a presuntas novedades implantadas por “el Concilio” (para los kikos solo existe un concilio) que distan de ajustarse a la realidad.
Dice Kiko:
«Hace falta prepararnos con un ayuno. Ya sabéis que el Concilio dice que el ayuno del viernes santo se puede continuar durante el sábado santo, como hacía la Iglesia primitiva. Nosotros comenzamos el ayuno después de la comida del Viernes Santo y lo rompemos con la eucaristía de la Vigilia. Y después la cena pascual, la fiesta con los hermanos».
Espero que lo que en realidad ya sepáis es que el ayuno pascual, del que existen registros desde la antigüedad, no se había perdido con el paso de los siglos, sino que fue regulado en el siglo IV y se mantenía y se mantiene en la Iglesia desde entonces, por lo que “el Concilio” no tuvo que reintroducirlo ni decir sobre el mismo nada diferente a lo que ya se hacía.
El ayuno pascual no es, por tanto, ni solo de la Iglesia primitiva (siglos I y II) ni solo posterior a “el Concilio”, sino práctica sostenida por los beatorros de misa de 12 de todos los tiempos del Cristianismo.
La otra ocasión en la que Kiko recurre a la treta de contar las cosas de modo que la audiencia se quede con la perniciosa idea de que entre la Iglesia primitiva y “el Concilio” solo hubo un paréntesis vacío es la siguiente:
«Hay que saber decir a los niños y además inculcar a la asamblea por qué estamos esperando esta noche. Por eso la renovación del Concilio Vaticano II ha puesto en la Eucaristía “Maranatha, Ven Señor Jesús”».
Por partes.
La aclamación de la asamblea “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús” forma parte de las plegarias eucarísticas de la misa.
Esas plegarias aparecen en el misal de Pablo VI, que se llama de Pablo VI y no del Concilio Vaticano II por la muy simple razón de que nada en la Sacrosanctum Concilium (Sacrosanctum concilium n. 23: «Solo se harán innovaciones si la utilidad de la Iglesia las exige verdadera y ciertamente») conducía a lo que resultó ser el misal novus ordo.
Así que, a poco que se investigue un poco, queda claro que el nuevo misal del rito romano no es fruto de ningún concilio, por más que quienes lo idearon recurriesen al argumento de autoridad del famoso concilio para justificar cualquier cosa.
Además, en el caso concreto de la aclamación “Anunciamos tu muerte…” su inclusión resulta forzada porque en medio de una oración dirigida a Dios Padre, de repente, bruscamente, la asamblea se dirige al Hijo. Y el “Ven, Señor Jesús” cuando se está tratando de la presencia real del cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo en la Eucaristía parece una invocación “consagradora”.
Ahora bien, lo de maranatha, en arameo, no aparece ni en el concilio ni en el misal de Pablo VI, aunque en algunos sitios se añade en Adviento. Y eso me hace cuestionar si es lícito añadirlo fuera del tiempo de Adviento.
Lo tercero que quiero comentar viene a cuenta de la siguiente frase:
«La raíz de la palabra fe es “emunaj”, apoyarse, apoyarse en aquello que está firme».
Supongo que es un lapsus. “emunah” no es la raíz de la palabra fe, es la traducción de la palabra fe al hebreo, que para nada es lo mismo. Fe, para quien no lo sepa, no procede del hebreo, sino del latín fides, cuya raíz es fide (de ahí derivan fidelidad, fideicomiso, fiduciario, confianza, fe…).
Y la raíz de la palabra hebrea emunah es amán, de la que procede la palabra amén, y también de ella proceden las palabras, también hebreas, em, omén y omenet que traducidas significan madre, adoptante masculino y adoptante femenino, respectivamente. Es decir, en hebreo, las palabras usadas para definir a la persona que cría a otra tienen una raíz común cuya traducción es confianza total.
Al margen de corregir el error lingüístico de Kiko, quiero destacar lo que sigue:
«¿Qué es fe? Apoyarse, confiar en que Dios me quiere. Y si Dios me quiere no tengo miedo, si tengo puestos mis pies sobre la roca que es este amor que Dios ha mostrado en Cristo. Mira a Cristo, nunca dudó del Padre, sino que en su humanidad ha comprendido que cuando el Padre permitía la maldad, sacaría del mal el bien, transformaría el pecado en salvación. Este es el camino de la Pascua».
No os dejéis engañar. Tener fe no hace a nadie inmune al sufrimiento. Eso es una kikada absurda. La fe no evita el dolor por la muerte de un ser querido, la fe no evitó a Jesús sudar gotas de sangre antes de ser prendido. La fe no insensibiliza ni impide el dolor, la fe es la certeza de que Dios hará justicia. Y no, la fe no consiste en pensar que magikikamente el pecado se vuelve salvación, sino en la certeza de que Cristo ha derrotado a todos sus enemigos, entre ellos el pecado.
Y aquí lo dejo.
Hay, como siempre, una sección de avisos a cargo de Ascen, pero no tienen interés, salvo uno que refleja la libertad total de los padres neocatecumenales para obedecer ovejunamente las consignas recibidas.
Se trata de que alguno propuso que ya que los chicos van participar en los actos de la venida del Papa, se suprima este año el preceptivo kiko-kampamento con el que se visitan kiko-lugares y se les hace salir de dos en dos sin bolsa ni zapatos para kikotizar pueblerinos. Pues no cuela. La decisión del jefe supremo es que los chicos no tienen bastante con la visita del Papa, que además “necesitan” el kiko-kampamento de kikotización inmersiva.

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