viernes, 27 de mayo de 2022

Iglesias, Sagrarios y presbíteros del Camino

 

Érase una vez una iglesia antigua y elegante a la que llegó un presbikiko ignorante. 

Santa María, en Plainfield, Nueva Jersey, tal y como era

Como ha sucedido más de una vez y en más de un lugar por todo el haz de la tierra, el presbikiko, era un siervo inútil, pero obediente y fiel a sus maestros amaestradores, de modo que cuando estos visitaron la iglesia antigua y elegante y torcieron el gesto ante lo que veían, al presbikiko se le abrieron los ojos del entendimiento y comprendió que el edifico había envejecido mal, que lo que era adecuado en otra época, había devenido en espacios caducos con un estilo inapropiado e incluso indigno, y que para salvar a esta generación tan necesitada de predicación era necesario estar dispuesto a mancharse las manos para realizar grandes obras, literalmente.

Iglesia de Santa María, en Plainfield

En honor a la verdad, el presbikiko, cuya alienación no era completa, se resistió al principio, pues le parecía inmoral ejecutar una reforma total sin informar de ello a la feligresía que iba a pagarla, pero los sesudos, adultos, inspiradísimos y libérrimos maestros amaestradores le explicaron con misericordia, paciencia y algunos gritos, que la opinión de los religiosos de misa de doce no interesa a nadie, que ni siquiera la opinión de un borriquillo cretino, por muy presbikiko que fuese, interesaba a nadie, y que él había sido enviado allí por Dios para callar, acatar y servir a sus maestros amaestradores.

Gracias a su discernimiento, ellos sabían qué era lo que Dios quería para esa construcción. Para Dios poca o ninguna importancia podía tener el hecho de que la primera piedra hubiese sido colocada en 1875, que la obra, diseñada por el arquitecto Jeremiah O’Rourke y de estilo gótico alto victoriano, quedase finalizada en 1880 o que en 1985 fuese incluida en el Registro Nacional de Lugares Históricos. Nada de eso tiene importancia ni valor cuando uno conoce la voluntad de Dios.

Santa María en enero de 2018. Ya hay moqueta verbenera, pero todavía hay Sagrario
 Así que la reforma se llevó a cabo, como en otros tantos lugares, con resultados igual de deprimentes y deplorables.

Para empezar, algo que los maestros amaestradores con su gran moisés al frente no pueden resistir es la presencia de un altar tridentino. No pueden con ello; ante la mera visión del tabernáculo dorado encima del altar les entra un sudor frío, les crujen los dientes y les da cagalera.

Otra panorámica del interior

Tampoco soportan los comulgatorios, no les gustan los reclinatorios, prefieren los murales antes que las imágenes de santos, los suelos enmoquetados, también tienen su propio estilo en lo que se refiere a sitiales, aunque tengo entendido que Kiko prefiere llamarlos syntronos, que suena más primitivo… En suma, había muchísimo trabajo que hacer.

Y se hizo por etapas.

Aquí ya hay mural y alfombras, redistribución de bancos -sin reclinatorio- y ha desaparecido el balaustre
 En la etapa intermedia, mientras alguien pintaba un churro que luego otro firmaría, el tabernáculo seguía a la vista de todos, en el lugar central. Y también, aunque recortado, seguía parte del balaustre que se empleaba de comulgatorio. Pero ya se había afeado el presbiterio con moqueta de color chirriante.

Por último, se cambiaron los sitiales
 Más adelante se completó el desastre. El Sagrario desaparecido, la vidriera medio tapada y opacada, el balaustre, por histórico que fuera, convertido en astillas para la caldera y se completó el desastre estilístico con una piscina central para salmonetas y salmonetes.

¿A que el resultado es muy kiko, digo, muy kuko? ¿A que esos colores chillones no invitan al recogimiento, el silencio o la oración? ¿A que el gran mural es un churro que solo puede gustar al vanidoso del firmante y a su cohorte de lamebotas?

Pues de eso se trata.

¡La invasión de la moqueta alcanza toda la iglesia!

P.D. Conviene que se sepa que la pobre parroquia devastada dispone y disponía de salas de usos múltiples -por lo menos de una- para que los amigos del tenebrismo cutre decorativo hicieran sus reformas estetikikas, y de hecho las hicieron, como se ve a continuación. 

Otro enmoquetado salón de usos múltiples. Sin embargo, falta el metacrilato

Ellos, los amigos de lo cutre tétrico tenebroso estilístico, se juntan en esas salas tan feas, pero eso no era suficiente, porque también se sienten llamados a imponer su neoestetikika al mundo entero. Por eso destrozaron otra iglesia histórica. Una más.

 

miércoles, 25 de mayo de 2022

Traditio symboli (CXXVIII)

 

Kiko: ¿Cómo te llamas? ¿Por qué estabas ciego?

T.: La ceguera mayor era el concepto que tenía del Cristianismo y el concepto de Jesucristo. Para mí, el Cristianismo era un conjunto de normas morales que había que seguir; Cristo era un ejemplo que debía imitar. Yo tenía un sentimiento de pecado continuamente, a causa de la educación del colegio de sacerdotes, etc.; sin embargo el pecado era más que nada la manifestación de las cosas, sea el sexo o la pereza o la envidia; es decir, no creía en el Dios del perdón.

Kiko: ¿No veías el amor de Dios? ¿Veías el castigo?

T.: Veía el castigo y veía el premio. Yo iba a confesarme todas las semanas y volvía contento. Pensaba que Dios me perdonaba cada vez, pero en un sentido muy diferente, muy moralista.

¿Alguien lo entiende? La incoherencia es marca de kasa Kiko, pero lo de este escrutado es demasiado. No descifro a qué se refiere con eso de que no creía “en el Dios del perdón” y, a la vez, pensaba que cada vez que se confesaba allí se operaba el perdón de Dios. Para mí que lo que pasa es que no se preparó bien em discurso para agradar al gran gurú y por eso le quedó así de forzado y desquiciado.

Kiko: ¿Cómo te ha abierto los ojos el Señor?

T.: Bueno, no con acontecimientos convincentes muy fuertes, pero puedo decir que han sido constantes durante todo el camino. No un Dios deslumbrante, sino a través de la predicación, la palabra, el camino y los hermanos. La última fue ayer: como ha dicho mi mujer, nos tocaba preparar las lecturas de la Eucaristía. Fue una maravilla, tanto la lectura del profeta como la del Evangelio. Yo tenía mucho miedo de ir por las casas, pensaba: “¡No sé si podré!”, sobre todo por respeto humano, porque me conoce todo el barrio. Me gusta pasar más o menos desapercibido y tenía una especie de terror, una sensación interior de impotencia. Pero después de la convivencia he pensado todo al revés: esto me ha sucedido siempre. “Tú eres débil pero Yo te ayudaré”; y ahora digo que sí.

Y a mí que me da la sensación de persona inmadura y veleta que gira hacia donde le indica el viento…

Kiko: El Señor te ha puesto barro en los ojos, te ha hecho ver tus pecados. ¿Qué pecados has visto?

Siempre la misma cantinela, nada de ver la misericordia de Dios, nada de ver lo positivo, siempre hay que ver vicios, defectos, pecados, miserias… El acusador nunca descansa.

T.: El pecado del egoísmo. Yo no acepto lo que no pasa por mi razón, soy muy amante del dinero, de la comodidad, del aburguesamiento, del prestigio: así me lo hace ver el hermano que ha hablado antes por afinidad de profesión: mi deseo de despuntar en cosas de ciencia, tener una cátedra...

(Con esta pareja habló después de Kiko muy seriamente sobre vender los bienes, diciéndoles que el Señor los amaba mucho, haciendo que Kiko y Carmen también los amaran. Les dijeron que habían pasado el segundo escrutinio "por un pelo" en la esperanza de que en este tiempo el Señor los iluminase, ahora se les pide un signo muy serio con el que arriesguen la propia vida y la de sus hijos. Antes del rito hablaron con los catequistas y pasaron).

¿Libertad? Lo que yo te diga. ¿Responsabilidad, madurez, adultez? Ni la huelen.

CUANDO HAN HABLADO TODOS LOS HERMANOS, SE HACE UNA ORACIÓN ESPONTÁNEA Y SE ANUNCIA EL DÍA DEL RITO, HABLANDO DEL AYUNO E INVITANDO A UN RESTAURANTE PARA CENAR JUNTOS DESPUÉS DEL RITO.

Sí, sí, “invitando” con el dinero de los “invitados”.