Ser cristianos, hermanos, es ser confesores de la fe, es ser apóstoles, es participar del carisma profético de Cristo, porque Jesucristo es profeta.
Un momento. Los profetas anunciaban al Mesías, Cristo es más que un profeta, Cristo es el Mesías y resulta que no pasó anunciándose a sí mismo, sino que anunciaba el Reino de Dios.
Habéis estudiado lo que significa el profeta que esperaba a Israel, este profeta del que Dios había dicho a Moisés: “El que le escuche vivirá y el que lo rechace será erradicado del pueblo”.
Otra cita inventada. O será que la biblia de Kikónides no es la Biblia de la Iglesia Católica.
Este profeta de quien fue profetizado que el que le escucha vivirá. Muchísima gente no lo ha escuchado; muchos tienen la idea de que si sois buenos Dios os ama y si sois malos os castiga.
Hay catecúmenos que se tragan que si haces trampas con el diezmo diosito te pedirá cuentas, y si llega a oídos de un kikotista y este te maldice, te morirás en menos de un mes, por defraudador. Lo contó varias veces uno en sus comentarios en el blog para defender lo partidario de los diezmos que es diosito.
No conocen la misericordia que se ha manifestado en Jesús, y Dios quiere que lo mostréis vosotros en esta generación, porque sabéis que por el Bautismo sois profetas, sois sacerdotes y sois reyes. Hoy vais tomando conciencia de vuestro Bautismo, por vuestro Bautismo sois profetas, apóstoles, "enviados", estáis asociados a la misión de Cristo y la misión de Cristo es dar vida en esta generación a todos los hombres. Este es el profeta que da vida: "Yo suscitaré para vosotros, en medio de vosotros, un profeta: el que lo escuche vivirá y el que no lo escuche será extirpado del pueblo, morirá".
¿A alguien le extraña que los neocatecúmenos piensen que si son buenecitos Dios los quiere, pero si son malos y no escuchan, serán castigados?
Pero lo que dice la verdadera cita es: «Yo les suscitaré, de en medio de sus hermanos, un profeta semejante a ti, pondré mis palabras en su boca, y él les dirá todo lo que yo le mande. Si alguno no escucha mis palabras, las que ese profeta pronuncie en mi nombre, yo mismo le pediré cuentas de ello. Pero si un profeta tiene la presunción de decir en mi nombre una palabra que yo no he mandado decir, y habla en nombre de otros dioses, ese profeta morirá» (Dt, 18, 18-20). Es decir, lo que Dios anuncia es que suscitará profetas tal y como pidió el pueblo en el desierto, que no querían volver a escuchar a Dios por temor a morir de espanto y preferían intermediarios. No anuncia a Cristo, anuncia a profetas semejantes a Moisés. Cristo, insisto, es mucho más que Moisés, incluso si Kiko, que se tiene por un nuevo Moisés, no lo entiende.
Hoy, en esta generación. debemos llevar esta palabra de vida. Esto es ser profetas: llevar esta palabra que da vida, porque el hombre no vive solo de pan, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios. Y la Palabra que salió de la boca de Dios y se hizo carne es Jesús, nuestro Señor.
Hay un fallo evidente en ese razonamiento: nadie puede dar de lo que no tiene.
Os invito a vivir esta fiesta con alegría, a estar presentes en ella: en los cantos, en las oraciones que haremos, en la palabra que escucharemos. Nos preside el Vicario Episcopal de esta zona con los demás vicarios: en esto vemos que es una celebración maravillosa. Están aquí con nosotros vuestros respectivos párrocos, los presbíteros itinerantes; hoy la Iglesia está presente como vuestra madre, que os está ayudando, gestando en la fe, que os hace redescubrir, revivir los tesoros impresionantes de vuestro Bautismo. Lo está haciendo ahora, como se comprometió con vosotros a través del padrino; este compromiso hoy se cumple a través de este neocatecumenado. Lo que vuestro padrino dijo el día del bautismo (os prestó su fe y se comprometió con esa respuesta a desarrollar lo que significaban esos signos, lo que significaba ese sacramento) hoy lo está haciendo la Iglesia a través de este proceso de gestación, lo está haciendo con cada uno de vosotros.
Mucha farfolla a fin de enmascarar los engaños, porque es falso que la Iglesia esté detrás de los desmanes del kikismo, aunque los consienta con la inacción de los malos pastores.
Que hoy, por vuestra adhesión a este signo, el Espíritu Santo crezca en vosotros y haga crecer vuestra fe: nos haga crecer hasta la altura de la cabeza, hasta la medida de nuestra testa, la medida en que el mundo ve al Padre -porque quien ve al Hijo ve al Padre- y la Iglesia se convierte en Sacramento de Salvación para que el mundo vea el amor que Dios tiene por cada uno de ellos. Acojamos a Cristo que viene a nosotros -el Vicario con sus apóstoles, los presbíteros- que viene a tomarnos como su Esposa, viene a tomarnos como una madre, como el esposo que viene para darnos lo que más quiere, lo que da origen a la vida; el ser de la vida, el esperma del Espíritu que no ha abandonado a la Iglesia: el kerygma, el Credo, el símbolo de nuestra fe.
Se le da bien hacer lío. Ya no se sabe si la Iglesia es el esposo, la madre, la madre del esposo o el marido de la madre. Ni si viene a dar o a recibir. Y, en caso de dar, antes Kiko aseguró que los catecúmenos que llegaban a este ritual había escuchado infinidad de veces el kerigma, pero jamás habían oído el símbolo de la fe, por lo que mezclar ambas cosas solo es hacer más lío.
La Iglesia viene con una riqueza enorme, viene a invitarnos a predicar, viene a asociarnos a Cristo, a incorporarnos a su vida.
Esa afirmación, hecha a bautizados, es totalmente incorrecta.
Si el Señor nos hace comprender esto, la grandeza, la belleza, la maravilla que es todo esto. Espero que el Señor, con su Espíritu presente aquí en medio de nosotros, nos haga participar a todos.
Ya sabes, si te quedas igual que entraste siempre va a ser culpa tuya por no comprender, por no participar, por no seguirle el jueguecito a uno muy sensible.
Recibimos a Cristo, el Presidente de la asamblea, y a todos los presbíteros cantando "Te verán los reyes".








