Kiko: ¿Cómo te llamas? ¿Qué no veía antes del Camino?
En otras palabras, de todas las consignas que os han dado, ¿cuáles has asumido como tuyas?
H.: No veía que estaba ciega, porque yo era muy buena persona, estudiosa, desapegada; en casa me consideraban un modelo y me esforzaba por ser buena porque siempre me habían predicado al Dios de los bastonazos.
Ha asumido que el esfuerzo y el sacrificio son moralismos horrorosos y que quien los practica no vive en la libertad de los hijos de Dios -que hacen lo que les da la gana sabedores de que Dios los ama así-, sino que vive como esclavo, temeroso de disgustar al amo y que este le castigue.
¿Dónde está la trampa en ese razonamiento? La incoherencia es la siguiente: quien guía su vida con el fin de no ser castigado no se tiene por muy bueno, si acaso, se tiene por muy eficaz.
Kiko: ¿Te ha puesto barro en los ojos?
H.: Por medio del camino. a través de la comunidad. Por ejemplo, me enamoré perdidamente y esto me hizo sufrir muchísimo, para mí fue una cruz muy grande.
¿Qué tendrá que ver la comunidad con el enamoramiento? Parece uno de esos casos en los que la comunidad y los lorokistas se entrometieron y dieron al traste con la relación.
Pero he visto cómo la cruz salva y que es verdad que la vida se encuentra a través del sufrimiento.
Kikada de marca mayor. La vida se encuentra a través de Dios, que no es masoca ni gusta de enviar tragedias a nadie.
Veo que no guardo rencor porque en el fondo esta experiencia ha sido buena para mí.
Me reafirmo en el supuesto: hubo intromisión lorokética que dio al traste con el noviazgo, pero la chica, debidamente kikotizada, no guarda rencor a quienes dispusieron de su vida y decidieron de quien no podía enamorarse.
También veo que todos estos matrimonios de la comunidad son una mierda, pero se aman; y veo en mi casa que mi padre soporta a mi madre; veo que la actitud de mi madre es aguantar y sufrir y yo siempre se lo reprocho.
Así son los matrimonios en el CNC: mierdas en las que lo que impera es soportar, aguantar y sufrir. Es lo que pasa cuando el otro es tu enemigo que te destruye y te hace la vida imposible.
Kiko: El Señor te ha hecho ver tus pecados; ¿qué pecados te ha mostrado?
H.: Mi egoísmo, querer ser la primera. Después me ha hecho ver un pecado que tuve cuando me metiste en el equipo de catequistas y yo no me sentía en comunión con el equipo porque yo era la última y cantaba hasta mal; me sentí acusada de ser orgullosa por querer ser la primera, por querer sobresalir.
Quede claro que no se elige a personas con formación para ser lorokistas, sino a los más kikotizados.
Más tarde, en la convivencia de catequistas, también me di cuenta de que era una adúltera, una asesina, una ladrona, etc.: He sentido todo esto.
Ahora se entiende que un catecúmeno rehúya la confesión sacramental con un cura. Hay que ser kikopresbi para que venga una chica a contar que es virgen pero adúltera y no le entren ganas de espabilarla.
También me había burlado de las personas que duermen en la celebración, y ahora... ¡soy yo quien se duerme! Sentí una gran tristeza en la convivencia de la Traditio porque me quedé dormida en el lucernario. Incluso cuando la gente decía que no rezaba, yo siempre pensaba que a mí no me pasaría porque todos los días me levantaba y rezaba un cuarto de hora, y lo hacía bien, me vestía y… ¡todo! Ahora, cuando rezo, el cuarto de hora lo hago en la cama porque me da vergüenza que me vean mis hermanas, y en la cama no me molestan.
El diosito kiko no valora igual rezar en zapatillas que con zapatos de salón. Tampoco vale lo mismo rezar con los religiosos naturales que hacerlo como ordene Kiko, faltaría más.
Kiko: ¿Tú estás viendo el poder, la gloria de Dios, sobre estos pecados?
H: Sí, porque he caído y ahora veo que el Señor es poderoso para levantarme. Porque Cristo murió por mis pecados. A veces tengo dudas y creo que todo es casualidad, y por eso tengo miedo de anunciar esto por las casas. ¿Sabes lo que quiero decir?
Kiko: Te entiendo muy bien: lo importante es que hoy estés convencida de que Dios te ama.
H.: Sí. También he tenido un hecho muy importante que ha sido mi novio. Siempre pensé que estando en este camino sería difícil comunicarse con la gente de afuera; después de salir con él durante una semana, le dije a este chico dónde estaba y qué estaba haciendo. Me dijo que estaba conforme e ha hecho la mitad de la catequesis, no ha podido hacerlas todas porque es médico y trabaja fuera de la ciudad. He experimentado como el Señor me daba fuerzas para decirle esto, es decir, que él era muy importante para mí pero que yo tenía algo aún más importante.
Eso es hablar claro: la comunidad siempre será más importante que cualquiera. Es fácil de entender, el otro siempre es el enemigo que te destruye y tal -ya lo he escrito antes-, mientras que la comunidad es el grupo de terapia donde te desahogas y cuentas las intimidades que debieras guardar en privado, sin avergonzar al otro ni a ti misma.
Kiko: ¿Experimentas también que el Señor te da fuerzas para aceptar a tu padre y a tu madre?
H.: A mi madre la soporto mejor porque soy más libre con ella, puedo discutir con ella, y con mi padre, no. En el segundo escrutinio me dijiste que estaba muy unida a mi padre y me di cuenta de que es verdad, con el siempre estoy bien, nunca le echo cosas en la cara; si dice "vamos para aquí o para allá" yo siempre salgo muy contenta...
Esto es una familia neocatecumenal: los padres enfrentados entre ellos, sufrientes y resignados a aguantarse, nada de amarse, y los hijos venga a discutir con los progenitores pensando que así “son más libres”. En suma, una jaula de grillos.
Kiko: ¿Estás dispuesta a predicar?
H.: Tengo mucho miedo.
Kiko: ¿Dispuesta a que Jesús te acompañe a las casas, a perder la vida, a ser testigo de la resurrección?
¿Testigo de qué? Si no es capaz de aceptar a su madre, si no tiene una relación abierta y sincera con sus hermanas, si piensa que todos los matrimonios son una mierda…
H.: Sí.