Sigue
el discurso que interrumpe “los” laudes.
«Dios, que
ama al hombre -Adán y Eva-, que no quiere que muera, le da la ley, le dice lo
que puede hacer y lo que no puede hacer, porque si lo hace experimentará la
muerte: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la
ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él,
morirás sin remedio". Es decir: "Puedes hacerlo todo. Pero hay una
cosa que no puedes hacer: decidir lo que está bien y lo que está mal; eso me
toca a Mí, que soy Dios. El conocimiento de lo que está bien y de lo que está
mal me corresponde a Mí"».
Aunque entrecomillado, esto último no es
una cita, es palabrería de Kiko, que centra el discurso en la prerrogativa que Dios
se da a sí mismo; en cambio, la Biblia lo centra en la criatura, en todo lo que
está a su disposición, lo único que le está vedado y lo que le pasará si
desobedece.
«De eso
modo Dios le está mostrando al hombre que Él es Dios, que el hombre no lo es,
que es sólo criatura de Dios».
En el verdadero mensaje bíblico, centrado
en la criatura y no en la prerrogativa divina, Dios muestra a Adán que está en
un sitio estupendo donde puede vivir muy bien. El aviso de Dios no hace de
menos a la criatura, le ofrece todo y le advierte del único riesgo a evitar.
«Pero el
tentador, el demonio, usa precisamente eso para seducir a Adán y Eva, para
engañar al hombre: "¡Si coméis del árbol del conocimiento del bien y del
mal, de ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que
comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del
bien y del mal!"».
Dios no se ha regodeado ante Adán y Eva de
que solo él tiene potestad de conocer el bien y el mal. Es el tentador quien
utiliza ese lenguaje. Es el tentador quien les hace sentir que ellos son tan
poca cosa que no se dan cuenta de que no ven. Y Kiko, como el tentador, tergiversa
la Palabra de Dios.
«¿Qué es el
pecado? ¡Querer ocupar, usurpar, el lugar de Dios, querer hacerse rey de una
nueva cosmogonía, quererse hacer cabeza de una nueva religión, de una nueva
ética!
Por
ejemplo, si una mujer embarazada no quiere tener más hijos y aborta, ¿qué está
haciendo? Está comiendo del árbol del conocimiento del bien y del mal, que
pertenece únicamente a Dios, está decidiendo ella qué es lo que está bien y qué
es lo que está mal. ¡Actuando así se está haciendo dios, le está quitando el
lugar a Dios, que es el único que puede decidir lo que está bien y lo que está
mal! Los que estudiáis en la universidad veis cómo tantos de vuestros
compañeros, que ya no creen en nada, tienen su propio código moral, se han
fabricado su propia ética, su propia religión. Y lo mismo hacen muchos
compañeros de trabajo vuestros».
Una mujer que aborta ni por asomo se plantea
ser cabeza de una cosmogonía, una religión o una ética. A lo mejor ni siquiera
es la principal responsable del aborto. ¿Acaso no tenía padre su hijo?
Para quien quiera comprobar que no siempre es culpable la embarazada, aconsejo
la lectura del cuento breve Colinas como elefantes blancos, de Hemingway.
«¡Hermanos,
el que peca ocupa, usurpa, el lugar de Dios, y así mata a Dios dentro de sí
mismo, estropea la imagen de Dios que lleva dentro, mata al Hijo de Dios dentro
de sí mismo! El demonio, mentiroso desde el principio, te tienta con esta
mentira primordial: "De ninguna manera morirás! Dios sabe muy bien que si
pecas serás dios, porque decidirás por ti mismo lo que está bien y lo que está
mal. ¡Dios no te ama! ¡Tiene celos de ti, por eso te limita!"».
Aunque tenga comillas, lo precedente vuelve
a ser verborrea kika, no una cita bíblica. A lo mejor Kiko tiene tanta relación
con el demonio que puede citarle palabras no registradas en la Biblia.
«Éste es el
sofisma perverso que el demonio nos propone frente al pecado: pecar, comer del
fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, nos hace querer ser dios,
nos hace hacer la experiencia no sólo del bien sino también del mal, decidir
por nosotros mismos sobre el bien y sobre el mal, no tener que obedecer ya a
nadie, ser autónomos respecto a Dios, ser dios de nosotros mismos.
Adán y Eva
cayeron en la tentación, creyeron en la mentira, en el sofisma del demonio, y
pecaron. ¿Qué pasa entonces? Que el pecado consumado engendra la muerte, como
dice Santiago. ¡El pecado consumado -no basta la tentación, el deseo de cometer
el pecado; hay que consumarlo- engendra la muerte dentro del hombre!
Como
sabéis, este pecado original, este pecado primordial -que es ser dios, ser como
Dios, no querer obedecer a Dios, dudar del amor de Dios- se ha transmitido a
toda la humanidad, a todos los hombres, a todos nosotros».
Aquí una nota a pie de página explica mucho
mejor que Kiko la “herencia” del pecado original: «Sabemos por la Revelación
que Adán había recibido la santidad y la justicia originales no para él solo
sino para toda la naturaleza humana: cediendo al tentador, Adán y Eva cometen
un pecado personal, pero este pecado afecta a la naturaleza humana, que transmitirán
en un estado caído (cf Concilio de Trento: DS 1511-1512). Es un pecado que será
transmitido por propagación a toda la humanidad, es decir, por la transmisión
de una naturaleza humana privada de la santidad y de la justicia originales.
Por eso, el pecado original es llamado "pecado" de manera análoga: es
un pecado "contraído", "no cometido", un estado y no un
acto».
«¡Pero Dios
no se ha quedado indiferente ante nuestra situación de miseria, de muerte, de
esclavitud al pecado!
Un primer
ángel, el ángel caído, el demonio, hizo una primera "anunciación",
mentirosa y perversa, a la mujer, a la
primera Eva; ésta, diciendo "¡Sí! ¡Amén!" a este anuncio, o sea,
pecando, aceptó que la paternidad del demonio engendrase en ella un hijo, un
fruto de muerte, que ha sido transmitido a todos nosotros y que destruye la
imagen de Dios en nosotros».
Kiko parece olvidar que Adán cayó en la
misma falta que Eva. Y quizá desconozca que Eva fue engañada por el demonio, no
aceptó engendrar nada, puesto que el demonio mintió sobre las consecuencias.
«Pero Dios,
en su infinita misericordia, para salvarnos a todos del pecado y de la muerte,
envió un segundo ángel, el arcángel Gabriel, a hacer un segundo y nuevo anuncio
a la segunda y nueva Eva, la Virgen María. María, la nueva Eva, le dijo al
ángel: "¡Fiat! ¡He aquí la esclava del Señor; que se realice en mí tu
anuncio, tu palabra!", y dio a luz un hijo, al Hijo de Dios, Jesucristo,
el salvador del mundo, el que muriendo ha destruido el pecado y la muerte, y
resucitando nos ha dado la vida nueva, la naturaleza divina, la vida de hijos
de Dios. ¡Dios no se ha limitado a reconstruir en nosotros su imagen; nos ha
dado su propia naturaleza divina!
¿Y cómo se
realiza esto en nosotros? Jesucristo
envía a un tercer ángel, al apóstol, a anunciar el kerigma, la Buena
Noticia de la muerte y de la resurrección del Señor».
Falso. Jesucristo envía a sus amigos, a sus
discípulos, no envía ningún ángel, por más que Kiko se quiera dar tales
ínfulas.