martes, 3 de marzo de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXX)

 


Sigue el rollo insertado en el rezo de laudes. Por si alguien no lo sabe, destrozar la liturgia de las horas con este tipo de discursos es un abuso no autorizado, jamás ha sido ni será autorizado.

Lo que quería haceros presente esta mañana, hermanos, es el don enorme y maravilloso que el Señor nos ha hecho: transformarnos en su templo y llamarnos a realizar en él un culto espiritual. ¡Dios ha hecho de nosotros su templo, ha puesto dentro de nosotros su Espíritu que nos hace hijos de Dios, amigos de Dios, santos, para que realicemos con nuestro cuerpo un culto nuevo, un culto espiritual, en el amor, para que hagamos de nuestra vida una liturgia de santidad.

Aquí, una nota al pie recuerda que «si nosotros vivimos santamente, el nombre divino es bendecido; pero si vivimos mal, es blasfemado» (cf. Rm 2,24). Los kikotistas deberían estar muy preocupados por toda la gente a la que han dañado, suya es la responsabilidad de que el nombre de Dios sea blasfemado.

Hermanos, no hemos recibido un espíritu de esclavos para recaer en el miedo -la religiosidad natural está basada enteramente en el miedo a Dios-…

Falso. La religiosidad natural se basa en el sentido innato de trascendencia que tiene el ser humano.

…sino que hemos recibido un espíritu de hijos adoptivos por medio del cual gritamos: "¡Abbá, Padre!". El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestra debilidad e intercede por nosotros con gemidos inefables.

Hemos sido llamados a acercarnos a Jesucristo, piedra viva, como piedras de un templo espiritual, para realizar en él un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales agradables a Dios, por medio de Jesucristo, sufriendo en nuestro cuerpo, porque somos miembros suyos, lo que falta a su pasión, en favor de su cuerpo que es la Iglesia.

¡Hermanos, poder estar asociados a los sufrimientos de Cristo es para nosotros una gloria inmensa! ¡Cada sufrimiento que tienes durante el día tienes que unirlo a la cruz de Cristo y ofrecerlo con abnegación por el bien de la Iglesia y por la salvación del mundo! El que no quiera negarse a sí mismo, el que no quiera padecer ni siquiera un poco de sufrimiento por amor a Cristo, es mejor que no diga que es cristiano. Si no soportas ni un poco de cruz en tu vida, si reniegas de la cruz de Cristo en los hechos concretos de tu historia, si en cuanto te viene un poco de sufrimiento te refugias en el pecado, eres sal que ha perdido su sabor: ¡ya no sirves para nada más que para ser tirado afuera y pisoteado por los hombres!

Por ejemplo, uno que no soporta que critiquen su pintarrajos (que encima pintan otros y él firma) y dice que lo de los críticos es odio propiciado por el demonio; uno que no acepta que sus cantos (muchos de los cuales son de otros autores, aunque él se los haya apropiado) sean cantados en internet sin pagar por ello, porque han sido registrados; uno que denuncia redes sociales de otros porque le molesta lo que se dice en ellas… Esto es ejemplo de sal que solo sirve para ser pisoteada.

¿Tienes que levantarte por la noche porque un hijo tuyo está llorando? Ofrécele ese pequeño sufrimiento a Jesucristo diciendo: "Señor mío, Tú has sufrido tanto por mí… ¡Te quiero! ¡Estoy contento de sufrir también yo un poquito por amor a Ti!". ¡No tienes que levantarte de la cama como una obligación, sólo porque la niña lo necesita, sino por amor a Jesucristo, para ofrecerle ese pequeño sacrificio al Señor!

Pero no se te ocurra no ir a tripodear a la comunidad porque la niña está enferma. ¡Eso no es amor a Jesucristo, eso es idolatría! ¿Ves qué fácil es entenderlo? La comunidad es lo primero, la niña te puede necesitar de noche, pero solo a partir de las 11:00, cuando ya hayas vuelto de la comunidad, no antes, si te necesita antes y tú se lo consientes, entonces eres un sentimental y un afectivo y te vas a cargar a tu hija con tu proceder, porque lo que tienes que hacer es dejarla con la niñera, aunque se derrita de fiebre, y marcharte a la comunidad, que es tu señor.

¡Ofrecerle al Señor cada sacrificio, hasta el más pequeño, eso es vivir como cristiano! El cristiano vive todo el día como sobre un altar, que es la cruz de la propia historia. En ese altar hay una víctima: ¡Cristo y yo, una sola carne, ofreciéndonos por el mundo! E1 cristiano no retrocede ante la cruz, porque el Señor le de fuerzas y le ayuda.

"Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes" [Evangelio que se proclamó antes de que Kiko rompiese las laudes con un discurso improcedente]. Jesucristo entra en el templo y expulsa a los vendedores. Su casa no puede ser convertida en una cueva de ladrones: Antiguamente los ladrones vivían escondidos en cuevas en las que guardaban lo que robaban; se llevaban allí prostitutas y vivían en la inmundicia.

¿Será por eso por lo que Kiko se niega a obedecer y no se integra en las parroquias como comunidad parroquial? ¿Será que se opone porque no quiere convertir la casa de Dios en una cueva de ladrones, últimos y peores?

Esta palabra, hermanos, es para nosotros hoy. El señor ha hecho de nuestro corazón su casa, su templo. ¡Si él ve que lo único que hay en tu corazón es la preocupación por el dinero, atento, hermano mío, porque eso Dios no lo soporta!

¡Si el Espíritu Santo te ve inquieto, angustiado, siempre pensando: ¿Qué comeremos, qué beberemos, con qué nos vestiremos, cómo vamos a pagar las deudas?, como delicada paloma volará lejos de ti y te encontrarás completamente solo con tus deudas, con tus angustias, desesperado, lleno de cólera, lleno de ira! Cuando en el "sancta sanctorum", en el templo de Dios, que es el corazón del hombre, se instala el afán de dinero, la preocupación por el dinero, comienza el final del hombre!

Entonces el final se acerca, porque los cefas están pendientes de cobrar derechos de autor por unos cantos que no son de Kiko, Ascen la caducada da indicaciones a los itinerantes para no pagar impuestos y todos están preocupados por el dinero.

Por eso la primera cosa que tiene que hacer el que quiere convertirse es despreciar el dinero, aunque esté endeudado. Si el Señor ve que desprecias el dinero, te solucionará los problemas económicos. ¡Fijaros cuántos hermanos de las comunidades, que constantemente se están probando con el dinero y lo echan en las colectas para los hermanos de la comunidad, para los pobres, para la parroquia, para la evangelización, etc., tienen un coche cada vez mejor, una casa cada vez más grande!

Eso, fijaos, fijaos. Así os daréis cuenta de adónde va a parar el dinero de las bolsas.

El que deja todos los bienes y pone a Dios en primer lugar, tendrá a Dios y tendrá todos sus bienes centuplicados, aquí en este mundo, con persecuciones. En cambio, el que deja a Dios por el dinero, vive siempre preocupado y angustiado cuando su mujer le pide dinero, inmediatamente pone cara de perro y empieza a gritar: ¡Ya te di dinero ayer! ¿Qué hiciste con él? Y su mujer le tira a la cara la cuenta de ayer del supermercado y le dice: ¡Ahí tienes! Hoy la compra la vas a hacer tú. Y cosas como esta una detrás de otra.

Los hijos, que oyen hablar a los padres siempre de dinero, discutir siempre por asuntos de dinero, se quedan traumatizados y escandalizados. Ven que sus padres van a la comunidad, pero están convencidos de que la verdadera religión de sus padres es el dinero.

En resumen, que la comunidad y el CNC no sirven para nada.

Un día ese matrimonio viene y nos dice: Kiko, nuestro hijo ya no va a la comunidad. Y nosotros tenemos que decirles: ¿habéis pensado seriamente qué le habéis enseñado a vuestro hijo no con palabras, sino con vuestras actitudes, con los hechos concretos, con vuestras obras?

Mirad que vuestros hijos no son cretinos; os observan para "mamar" de vuestras actitudes, de vuestra vida concreta. En sus células se va almacenando todo lo que aprenden de vosotros que sois sus padres: el egoísmo, el apego al dinero, la violencia, etc. ¡Si tú no quieres vivir como cristiano, díselo claramente a tus hijos, así tal vez por lo menos no les escandalizarás!

Hermanos, si en una familia los padres presumen de cristianos y ponen el dinero en el centro de su vida, es algo tremendo.

Con los hechos concretos, no con los discursos aprendidos de memoria, los kikotistas, que tanto presumen de cristianos, me han enseñado una y otra vez su enoooorme desconocimiento de Dios.

¡No, hermanos! El dinero tiene que ser siempre lo último y el Señor es el que tiene que ser verdaderamente el centro de vuestra casa: Si en tu casa les hablas de Dios a tus hijos a todas horas con hechos, con actitudes concretas, eso dará su fruto. En cambio, si en el centro de tu vida concreta no tienes al Señor, sino otras cosas, ¡tus hijos enseguida se dan cuenta y aprenden!

Así que si pones la kikotina como centro de tu vida, tus hijos se dan cuenta. Y la kikotina solo es un ídolo que debería estar todavía más último que el dinero.


domingo, 1 de marzo de 2026

¿Sectas o movimientos religiosos? (y II)

 


El informe sobre las sectas resume como sigue las causas del éxito de las sectas:

La crisis de las estructuras sociales ha dejado a muchos individuos confundidos, desarraigados, inseguros y, por lo tanto, vulnerables.

Muchas personas sufren por esto. Se sienten inquietas por ellas mismas (crisis de identidad), por el futuro (desempleo, peligro de guerra nuclear). Problemas acerca de la verdad y su fundamento; incertidumbre y falta de confianza en la política; dominio económico e ideológico; significado de la vida, de uno mismo y de los demás, de los acontecimientos, de las situaciones, de las cosas, del más allá.

No tienen una directiva: falta de orientación, falta de participación en la toma de decisiones, falta de respuestas válidas a sus problemas reales. Tienen miedo a causa de las varias formas de violencia, conflicto, hostilidad, miedo de un desastre ecológico, de la guerra y del holocausto nuclear, de los conflictos sociales, de la manipulación.

Se sienten frustrados, desprotegidos y sin sostén y, consecuentemente, sin motivación, abandonados en la familia, en la escuela, en el trabajo, en la sociedad, perdidos en el anonimato, en el aislamiento, en la marginación, en la enajenación, es decir, se dan cuenta de que no pertenecen a nada, que son mal entendidos, traicionados, oprimidos, decepcionados, ignorados, no considerados, no escuchados, no aceptados, no considerados seriamente.

Están desilusionados de la sociedad tecnológica, de las grandes empresas, del trabajo, de la explotación, de los sistemas educativos, de las leyes y prácticas eclesiásticas, de la política del gobierno.

Posiblemente hayan aprendido a considerarse a sí mismos como “agentes” conscientes, no inútiles personas sin rumbo u oportunistas, que se buscan a sí mismos, pero que con frecuencia no saben qué hacer, ni cuándo actuar.

En resumidas cuentas, se podría decir que estos síntomas constituyen frecuentemente formas de alienación (de uno mismo, de otros, de sus orígenes, de su cultura, etc.). Se podría decir que sus necesidades y aspiraciones son la búsqueda de una “presencia” (para consigo mismo, para con los demás, para con Dios). Quienes se sienten perdidos quieren ser hallados.

Y tras analizar los factores que llevan a tantos a acercarse a ellas, se atiende también a las técnicas de formación y reclutamiento y los procedimientos de adoctrinamiento.

Dice el informe:

Quienes son atraídos generalmente desconocen, en primer lugar, que este acercamiento ha sido preparado con antelación y, en segundo lugar, ignoran la naturaleza de esta conversión manipulada a la que ellos están sometidos. Esto está en neto contraste con el método de la Iglesia, que requiere pleno conocimiento y capacidad.

Tanto los jóvenes como los adultos sin bases sólidas son víctimas fáciles de estas técnicas y métodos, que frecuentemente son una mezcla de afección y decepción que gradualmente van llevando a un determinado tipo de control mental, con el uso de técnicas de cambio abusivo de la conducta.

Se han enumerado los siguientes elementos:

·        Hábil proceso de iniciación, el captado no descubre lo que son en realidad sus anfitriones hasta más adelante.

·        Uso de técnicas dominantes: “bombardeo de amor”, invitación a “ágapes para amigos”; técnica de las “fiestas-pesca” (“salmonetas” como método de reclutamiento).

·        Imposición de respuestas y decisiones ya tomadas.

·        Empleo constante de la adulación.

·        Exigencia de una abnegación incondicional al iniciador.

·        Aislamiento de las personas, control del proceso racional del pensamiento, eliminación de información e influjo externo (familia, amigos, redes sociales, especialistas en salud, etc.) que puedan romper el proceso de asimilación de los modelos y de las actitudes del captado.

·        Reformulación y reinterpretación de las vivencias pasadas, resaltando cualquier pasado comportamiento desviado, como el uso de la droga, desviaciones sexuales, etcétera.

·        Utilización de métodos sociológicos que alteran la conciencia y producen disturbios intelectuales, “bombardeos” intelectuales, uso de sofismas, sistemas logísticos cerrados, restricción del pensamiento reflexivo.

·        Mantener al reclutado constantemente ocupado y nunca solo, exhortación y entrenamiento constantes para llegar a un “estatus” espiritual exaltado, alteración de la conciencia, sumisión automática a las directivas; supresión de la resistencia o negatividad.

·        Importancia atribuida al líder; algunos grupos rebajan la de Cristo para aumentar la del líder

 

Conclusión

Es obvio que no siempre podemos ser conciliadores. Hemos analizado suficientemente la acción de las sectas para darnos cuenta de que las actitudes y los métodos de algunas de ellas pueden ser destructores de la personalidad, quebrantadores de la familia y de la sociedad y de que sus principios tienen que ser removidos con la enseñanza de Cristo y de su Iglesia. En muchos países, sospechamos, y en algunos casos estamos ciertos, una potente fuerza ideológica, así como intereses económicos y políticos, están trabajando a través de las sectas, que son totalmente extrañas a un genuino interés por lo “humano” y se sirven de lo “humano” para fines y propósitos inhumanos.

Es necesario informar a los fieles, especialmente a los jóvenes, para que estén alertas, proporcionarles una ayuda profesional, aconsejarles, darles asistencia y protección legal.

Sabemos también por experiencia que es generalmente imposible un diálogo con las sectas.

Ahora bien, si queremos ser sinceros con nuestra fe y con nuestros principios —respeto a la persona humana, respeto a la libertad religiosa, la fe en la acción del Espíritu que trabaja en los impenetrables designios del amor divino para toda la humanidad, para cada individuo—, no podemos contentarnos con condenar y combatir a las sectas, o hacer que se las prohíba o se las expulse, o “rescatar” a determinadas personas contra su propia voluntad. El “desafío” consiste en estimular una mayor eficacia pastoral.

 

Esta es la conclusión del informe. Pero ¿cómo van a estimular la eficacia pastoral, la formación e información a los fieles y su protección si no sacan los grupos sectarios parásitos de las parroquias?