sábado, 29 de noviembre de 2025

La pamplina kika de la ketubá

 

Ketubá

Se ha mencionado en otra entrada que en sus inicios Kiko aseguraba que la maduración de la fe era un proceso que abarcaba unos siete años. Siete, no veinte, ni treinta, ni toda la vida.

Era otra época. O quizá era la zanahoria que presentaba a los párrocos y obispos, muchos de ellos llenos de demonios, para convencerles de que le dejasen experimentar en las parroquias.

Ya sabéis como se suponía que iba la cosa:

El primer año un interrogatorio para sacar a la luz tu cruz, es decir, lo que te machaca, lo que no aceptas, lo que te destruye y te hace dudar del amor de Dios. Y una promesa: con su receta mágica esa cruz se volvería gloriosa, aunque para ello era imprescindible hacer lo que Kiko ordenase, sin cuestionamientos.

Y la primera orden era desprenderte de los bienes.

Después venía la rendición de cuentas sobre lo vendido. Porque mucho insistir en que tu mano izquierda no supiese lo que hacía la derecha, pero a la hora de la verdad o contabas ante todo el mundo de qué te habías desprendido o no había nada que hacer.

Más tarde se suponía que te enseñaban a rezar… que es una forma de corregir a Cristo, cuya enseñanza sobre ese tema concreto se ha transmitido hasta nuestros días gracias a sus apóstoles.

Y después adquirías la capacidad de descubrir la obra de Dios en tu historia, es decir, de reinterpretar toda tu historia bajo el prisma kikil; y no solo eso, no solo se te abrían los ojos para ver lo que los kikotistas dispusieran fueran intervenciones de Dios en tu favor, sino también se te abría la boca (¡efatá!) para proclamarlo en la asamblea y donde hiciese falta.

Pero entonces Kiko te declaraba infecto hijo de demonio, si bien tan afortunado que Dios le había enviado a él en tu rescate. Así pues, eras un elegido no por tus méritos, sino por tu sumisión a Kiko, al camino y a la comunidad.

Y una vez bien kikotizado, el rito final era la “renovación” de Bautismo.

Poco a poco se inventaron otros pasos para perder más el tiempo y también se inventó -sin ningún amparo en el estatuto que es el marco normativo que deben seguir fielmente- un viajecito hiper caro al que llaman matrimonio espiritual, cuyo culmen es la firma de la ketubá, hebraísmo innecesario para referirse a un contrato matrimonial que, en el caso del “matrimonio espiritual” de los neocatecumenales, carece de garantía y de validez legal.

 

Y ahora, una explicación sobre la ketubá tomada del blog italiano:

Ketubá significa "documento" y servía para proteger a la novia, ya que contenía por escrito todos los deberes del esposo y la cantidad que debía pagar a la familia de ella en caso de divorcio.

En la ketubá que recibimos (en el kiko rito del matrimonio espiritual), en primer lugar, no está escrito en ninguna parte que se le llame ketubá. Simplemente se transmite verbalmente y se repite mucho para llenar la boca, como es usual entre discípulos de Kiko, pero quienes la emplean no entienden lo que dicen, sino que solo repiten como loros. Es decir, todo lo que toman del judaísmo es únicamente superficialidad insulsa que solo busca tener el "efecto" de un retorno a los orígenes.

La ketubá que recibimos contiene únicamente el pasaje evangélico de Lucas 6,20-49, el Sermón de la Montaña paralelo al de Mateo, escrito en dos columnas con letras grandes. Al pie de la primera columna figura el nombre de la comunidad que lo recibe -no los nombres de los hermanos- y la firma del responsable. Bajo la segunda columna están las firmas de los kikotistas, y en el centro de la hoja, al pie, la firma de quien celebró la Eucaristía en el Cenáculo; en nuestro caso, el vicario del Patriarca latino de Jerusalén.

Eso es todo, no hay nada más escrito, pero el mensaje subyacente es muy contundente: a partir de hoy, la comunidad se compromete a llevar a cabo el Sermón de la Montaña, y cada hermano es responsable tanto del bienestar de la comunidad como de la salud material y espiritual de los demás hermanos. Esto es lo que se repite en las reuniones vespertinas tras las excursiones del día.

Sin embargo, en ese viaje, mi esposa y yo vivimos en primera persona que lo que decían nuestros kikotistas nada tenía que ver con lo que hacían. Pues para entonces ya les habíamos manifestado de forma reiterada, nuestras muchas preocupaciones y ellos nos ignoraron, pues atendernos no estaba en el guion memorizado. No hubo respuestas, consuelo ni apoyo, al contrario, ¡un año después Kiko decretó nuestra expulsión!

Este es el respeto kikil a la ketubá, que intentaron vender como un compromiso de por vida.

Porque un momento crucial del viajecito -carísimo- del matrimonio espiritual es la Eucaristía en la basílica de Caná, en la que se invita a los esposos a renovar sus votos matrimoniales, a lo que se añade, como vínculo para toda la vida, la promesa de fidelidad a la comunidad como a la esposa.

¿Se entiende ahora el objetivo de este rito adicional?

—Ante el fracaso y falta de estímulo de quienes han terminado el camino y siguen sin oler lo que es la adultez en la fe;

—Dado que la comunidad entra en un estado de estancamiento total;

—Ante la decepción de los hermanos que ven que las promesas de Kiko eran agua de borrajas;

—Dado que muchos comienzan a comprender que han pasado casi toda su vida en una horrenda secta;

Los neocaminantes se niegan a admitir que han cometido un error, sobre todo porque escandalizaría a los familiares, amigos y conocidos que ellos mismos han traído al Camino, y tendrían que reconocer ante sí mismos y ante los demás que han perdido una parte fundamental de sus vidas. Así que esgrimen el arma del matrimonio como ley moral que impide el divorcio: incluso si las cosas salen mal, "TÚ" prometiste amar a tu cónyuge en las buenas y en las malas "¡hasta que la muerte os separe!"

 

jueves, 27 de noviembre de 2025

Kiko el expulsor

 

Quítate de en medio, que paso yo


Rescato el testimonio de un “Veterano” para explicar de dónde viene cierta práctica expulsora vigente en Kikónides.

 

Seguí este camino durante treinta y cinco años, porque creía firmemente en el poder liberador de Dios para cambiar la vida de las personas.

Al principio, no se hablaba en absoluto de la Virgen, ni tampoco de esta obediencia que hoy se ha convertido en una obsesión de los capos y se recuerda a cada oportunidad. Si me lo hubieran mencionado solo una vez al principio del camino, sin duda no habría permanecido aquí treinta y cinco años, me habría distanciado y habría quemado los puentes tras de mí.

La obediencia es a la Palabra de Dios y a las "Diez Palabras de Vida", ¡no a quienes las interpretan para sus propios intereses y afán de poder! Por eso, es una blasfemia usurpar el lugar de Dios para exigir la obediencia que solo se le a Él.

Cuando entre, los iniciadores decían que el camino duraría unos siete años; recuerdo con precisión que dijeron que sería un año por cada paso, y que al concluir, te integrabas en la parroquia como todo feligrés, sin catequistas, porque todos seríamos muy conscientes de ser cristianos y sabríamos dar testimonio de ello. Se trataba de ser luz, sal y fermento, todos habrían de ver en nosotros los signos de la fe, que son el amor y la unidad. Solo amor y unidad, porque todo lo demás es engañoso, y el demonio sabe disfrazarse de "ángel" de luz. Terminado el Camino, cada uno obedecería a su propia conciencia, porque si tu guía es Cristo, ¡no necesitas que ningún otro te diga qué hacer!

Todo fueron mentiras.

No voy a entrar en detalles, baste decir que en todos estos años las consignas básicas no cambiaron, pero sí la actitud de quienes subían en la escala de poder / responsabilidades: la arrogancia de los kikotistas crecía, y cuanto más ascendían en la jerarquía, más exageraban.

En mi ingenuidad pensé que se comportaban así por ignorancia, y que tan pronto como entendieran la Palabra de Dios y el mensaje evangélico en su verdadera dirección, ¡se convertirían!

En el CNC, la ingenuidad y el ir a cara descubierta se paga. Viví la última etapa desde una perspectiva muy crítica porque empezaban a surgir en mi mente muchas dudas sobre la validez del Camino.

Cuando empezamos, ¡ya estaba convencido de que este era mi matrimonio espiritual con Cristo! Claro que esta relación debe crecer cada día, como en cualquier matrimonio, pero seguía siendo una correspondencia espiritual que nadie podría separar jamás. Pueden imaginarse mi desconcierto cuando, después de treinta años de camino y tras “revivir” las promesas bautismales, se nos anunció un paso adicional del que nunca se había oído hablar: el "Matrimonio Espiritual". De inmediato pensé: ¿Hemos vuelto al punto de partida?

En este paso, no escuché nada nuevo, no me aportó nada… y después el mismísimo Kiko me expulsó de la comunidad y del Camino. La expulsión vino de Kiko, no de otros kikotistas que, cabría suponer, no mueven ficha sin el conocimiento de los iniciadores.

La “razón” del “destierro” de la senda de los elegidos fue que podía confundir y subvertir a los hermanos con mis cuestionamientos, por ejemplo, sobre por qué necesitábamos kikotistas tras acabar el Camino o el motivo de la obediencia ciega -siendo ya cristianos adultos capaces de discernir por nosotros mismos-, además de mis reiteradas negativas a ir a las misiones en las plazas y otras iniciativas similares que en cualquier otro grupo de la Iglesia son opcionales, mientras que en el Camino todo se vuelve "obligatorio", y si no lo haces, tienes que dar cuenta y hacer penitencia, porque has incurrido en “pecado grave”.

Preguntas para neocaminantes: 

1) Si la Eucaristía del sábado por la tarde está abierta a todos, ¿cómo puede Kiko negarme el acceso?

2) En el matrimonio espiritual -invento no aprobado que busca el compromiso de por vida de los hermanos con la comunidad-, a cada uno se le pregunta si hay alguien en la comunidad a quien no soporta, y si a partir de ese momento está dispuesto a cuidar -hasta dar la vida- incluso de aquellos que "no le gustan", entonces, ¿por qué no se ha interesado ninguno de “mis hermanos” en mi caso? ¿Cómo se puede renovar el matrimonio con Cristo en la basílica de las bodas de Caná, seguido de una catequesis sobre la indisolubilidad del matrimonio que se trata de equiparar al hecho de que la comunidad es para siempre y que cada hermano debe cuidar del otro, y luego, por orden de Kiko, uno de ellos es expulsado?

3) Ya que el Camino se identifica con la Iglesia, ¿con qué autoridad me reclama Kiko que no vuelva a sus encuentros?  

 

Quedan muchas preguntas por hacer, pero si aún conservan la capacidad de razonar y el inestimable poder del libre pensamiento, serán ustedes quienes se las formulen y también se las hagan a sus kikotistas, quienes los enviarán pronto adonde yo estoy. ¡Bienvenidos al mundo de la libertad!

martes, 25 de noviembre de 2025

Padre nuestro - parte 2 (XIII)

 


«MONICIÓN AL CANTO DESPUÉS DEL PRIMER SALMO

Cantemos ahora el salmo 34: "Bendeciré al Señor en todo tiempo". Dice S. Pablo: "Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios".

El salmista continúa: "Yo me glorío en el Señor; ¡lo escuchen los humildes, los pobres, los que sufren en el mundo, y se alegren conmigo!" Si sólo hubiese este mundo, si no existiese el cielo, si no existiese Dios, sería injusta, triste y absurda la vida de los pobres, de los que no tienen dinero, de los que no tiene belleza, de los que no tienen nada, de los que tienen una vida de miseria, que han nacido cojos, subnormales, feos».

Mejor aclaro una cosa, por más que tendría que ser obvia para cualquiera que se diga cristiano: el que exista el cielo no convierte en justos ni a quien pasa necesidad ni a quien acapara y no reparte. “Tener una vida de miseria” no es garantía de salvación, ni ser de la élite privilegiada implica condenación automática. Kiko debería echar un ojo a la doctrina social de la Iglesia.

«Por eso dice el salmista: "Que me escuchen y se alegren todos los que ahora están siendo humillados en el mundo porque tienen lepra o porque son pobres o porque son viejos: ¡Dios existe!"».

Falso. El texto entrecomillado solo lo dice Kiko y lo repiten sus loros. Lo que dice el salmo 34 es: «en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!». No menciona a los humillados, leprosos, pobres ni viejos, que pueden serlo sin tener ni una pizca de humildad; solo se dirige a los humildes, sin importar si son humillados o ensalzados, leprosos o sanos, pobres o ricos, viejos o jóvenes. Ya he mencionado que Kiko miente muchas veces sobre la Palabra de la Biblia.

«El salmista dice esto porque lo ha experimentado, porque ha tenido de ello una experiencia real, verdadera. Los salmos no hablan de Dios haciendo disquisiciones teóricas sobre Él, sino siempre partiendo de los hechos de la vida».

Lo que el salmista, David, ha experimentado es que, en un momento en que su vida peligraba, se ha hecho el loco y la estratagema ha funcionado y ha quedado libre de sus enemigos. Y tiene el buen criterio de no enorgullecerse de su astucia, sino que agradece a Dios haber escapado.

«Dice el salmista: "!Cantad conmigo al Señor, porque le he buscado, le he llamado, he gritado a Él, y me ha respondido!" ¿Y por qué le ha llamado al Señor? Porque tenía un sufrimiento tal que ya no podía más. ¿Y por qué ha visto que Dios existe? Porque le ha librado de esa angustia horrible en la que se encontraba. El salmista dice que Dios existe, que es bueno, porque ha venido a socorrerle en el sufrimiento.

Dios es Aquel que interviene en nuestra vida, que viene en nuestra ayuda. Por eso dice el salmista: "¡Gustad y ved qué bueno es el Señor! ¡Muchas son las pruebas que le esperan al justo, mas de todas le libra el Señor!"».

Por supuesto, Kiko no tiene delante el texto auténtico del salmo, sino la versión poco rigurosa del kikirikanto. El verdadero texto del versículo que cita dice: «Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh». La palabra prueba se puede interpretar como tentación, pero David no se refiere a eso, él habla de desdichas, de problemas de otra índole. Por eso, lo que sigue a continuación distorsiona en lugar de centrar el salmo.

«Las pruebas y las dificultades llegan a nuestra vida como a oleadas; nos asedian tentaciones afectivas, sexuales, de orgullo, dificultades con los hijos, problemas en el matrimonio, sufrimientos de todo tipo. Pero el Señor está siempre dispuesto a ayudarnos, a luchar a favor nuestro, a librarnos, de manera que podamos conocerle más profundamente. "¡Muchas son las pruebas que le esperan al justo, mas de todas le libra el Señor!" Hermanos, las pruebas nos son necesarias para que experimentemos existencialmente que Dios existe. Cuando en tu vida llega la prueba, el sufrimiento, la tentación, un problema con un hijo, una dificultad con tu mujer que ha entrado en crisis, grítale al Señor; vete solo a una capilla, levántate por la noche, y grita con fe desde lo profundo de tu corazón: "¡Señor, sálvame, ayúdame!" Verás cómo el Señor oirá tu grito, verás cómo esa dificultad que te parecía insuperable se solucionará. "¡Los justos gritan y el Señor les escucha y los libra de todas sus angustias!"».

Hago notar que David exulta después de haber sido ayudado. Porque si los neocatecúmenos solo claman a Dios cuando truena, ¿en que se diferencian de los paganos que rezan para que llueva o deje de llover?

«El ángel del Señor acampa en torno a aquellos que le temen, y les salva. Cada uno de nosotros tiene un ángel de la guarda enviado por Dios para protegernos, si tenemos temor de Dios que es el principio de la sabiduría, si tenemos temor de pecar. ¡Es triste la vida del hombre que piensa que sólo existe lo que él ve! Pero nosotros sabemos que la vida no es un juego, una casualidad, un absurdo; a nosotros el Señor nos ha dado la clave del sentido de la vida, por eso tenemos que bendecirle en todo tiempo, porque nos ama, porque nos libra de todo miedo».

No, ni por asomo. La clave está en la Iglesia y en quienes son hijos de ella, no en un grupo al margen.