Por ser el día que es, hoy no tocan kikadas.
A mí personalmente se me antoja que el relato de
los magos de Oriente está cargado de misterios. Por supuesto entiendo que la
interpretación cristiana es que Dios quiso manifestar que la salvación que
traía su Hijo abarcaba a toda la humanidad de todos los tiempos, no solo a los judíos,
pero no deja de ser sorprendente todo cuanto sucede alrededor de esos magos que
viajan desde algún lugar del Oriente en seguimiento de una estrella que
desaparece al llegar ellos a Judea, o tal vez a Jerusalén.
Los magos eran gente ilustrada, sabios de la
época. Muy excepcional debía de ser la estrella que les convenció de que
acababa de producirse un acontecimiento de alcance mundial. Pero ellos,
acertadamente, lo interpretaron así, es más, interpretaron que Dios estaba en
ese acontecimiento, pues de otro modo no tendría sentido que se apresurasen a viajar
con intención de adorar a un recién nacido.
Cuando la estrella desaparece, los viajeros
asumen que han llegado a su destino: el bebé que buscan ha nacido en una tierra
conquistada por los romanos.
Entonces, en lugar de irse a preguntar a los
dominadores, los sabios magos cuentan el motivo de su viaje al rey Herodes. Imagino
que pensaron que los judíos, que incomprensiblemente no habían visto la
estrella o no habían entendido su significado, se alegrarían de saber que el
Libertador que llevaban siglos esperando había nacido ya.
También es misterioso que, tras consultar con
escribas y doctores de la Ley, el rey no mande a una comitiva de funcionarios
con los magos extranjeros, los deja solos. Les da una pista valiosa, pero no se
mueve, no parece dispuesto a cambiar su vida por nada ni nadie. Y los sacerdotes,
tampoco.
Y a continuación, cuando ya saben dónde ir,
resulta que la estrella aparece de nuevo y de nuevo guía a los magos hasta la
casa concreta donde está el Niño. No se trata de una cueva con animales ni de
un pesebre, José y María ya han conseguido refugio en una casa, pero no dejaría
de ser una casita corriente y ellos gente corriente y el Niño un bebé
corriente. Pero los magos, que son gentiles, es decir, paganos, no se dejan engañar por la apariencia y reconocen en Él
lo que ni Herodes ni sus ilustrados sabios han reconocido, y por eso lo adoran.
Para mí que ellos adoren a un bebé es mucho más
misterioso que sus regalos, porque los magos no han tenido la visita de un ángel,
no han sido avisados, no han recibido mensaje ni explicación, solo han visto
aparecer una estrella.
Y ha sido suficiente para ellos, habituados a buscar
y ver a Dios en la creación.
Los magos de Oriente fueron los primeros que reconocieron
en Jesús Rey al del universo. Y Dios se vale de ellos para que llegue a Israel la noticia de que el niño que ha nacido es igual a Él en su naturaleza y se le debe la misma adoración. Desde el principio fueron avisados, pero hoy todavía no lo han comprendido.