domingo, 10 de mayo de 2026

Lo que dice Kiko (y II)

 




Retomo las cositas que dijo Kiko durante la publicidad de Pascua 2026.

Hay en el mamotreto, al menos en dos ocasiones (lo leí en diagonal, no aseguraré haber percibido todas las veces que recurre a la misma treta), menciones a presuntas novedades implantadas por “el Concilio” (para los kikos solo existe un concilio) que distan de ajustarse a la realidad.

Dice Kiko:

«Hace falta prepararnos con un ayuno. Ya sabéis que el Concilio dice que el ayuno del viernes santo se puede continuar durante el sábado santo, como hacía la Iglesia primitiva. Nosotros comenzamos el ayuno después de la comida del Viernes Santo y lo rompemos con la eucaristía de la Vigilia. Y después la cena pascual, la fiesta con los hermanos».

Espero que lo que en realidad ya sepáis es que el ayuno pascual, del que existen registros desde la antigüedad, no se había perdido con el paso de los siglos, sino que fue regulado en el siglo IV y se mantenía y se mantiene en la Iglesia desde entonces, por lo que “el Concilio” no tuvo que reintroducirlo ni decir sobre el mismo nada diferente a lo que ya se hacía.

El ayuno pascual no es, por tanto, ni solo de la Iglesia primitiva (siglos I y II) ni solo posterior a “el Concilio”, sino práctica sostenida por los beatorros de misa de 12 de todos los tiempos del Cristianismo.

 

La otra ocasión en la que Kiko recurre a la treta de contar las cosas de modo que la audiencia se quede con la perniciosa idea de que entre la Iglesia primitiva y “el Concilio” solo hubo un paréntesis vacío es la siguiente:

«Hay que saber decir a los niños y además inculcar a la asamblea por qué estamos esperando esta noche. Por eso la renovación del Concilio Vaticano II ha puesto en la Eucaristía “Maranatha, Ven Señor Jesús”».

Por partes.

La aclamación de la asamblea “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús” forma parte de las plegarias eucarísticas de la misa.

Esas plegarias aparecen en el misal de Pablo VI, que se llama de Pablo VI y no del Concilio Vaticano II por la muy simple razón de que nada en la Sacrosanctum Concilium (Sacrosanctum concilium n. 23: «Solo se harán innovaciones si la utilidad de la Iglesia las exige verdadera y ciertamente») conducía a lo que resultó ser el misal novus ordo.

Así que, a poco que se investigue un poco, queda claro que el nuevo misal del rito romano no es fruto de ningún concilio, por más que quienes lo idearon recurriesen al argumento de autoridad del famoso concilio para justificar cualquier cosa.

Además, en el caso concreto de la aclamación “Anunciamos tu muerte…” su inclusión resulta forzada porque en medio de una oración dirigida a Dios Padre, de repente, bruscamente, la asamblea se dirige al Hijo. Y el “Ven, Señor Jesús” cuando se está tratando de la presencia real del cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo en la Eucaristía parece una invocación “consagradora”.

Ahora bien, lo de maranatha, en arameo, no aparece ni en el concilio ni en el misal de Pablo VI, aunque en algunos sitios se añade en Adviento. Y eso me hace cuestionar si es lícito añadirlo fuera del tiempo de Adviento.

 

Lo tercero que quiero comentar viene a cuenta de la siguiente frase:

«La raíz de la palabra fe es “emunaj”, apoyarse, apoyarse en aquello que está firme».

Supongo que es un lapsus. “emunah” no es la raíz de la palabra fe, es la traducción de la palabra fe al hebreo, que para nada es lo mismo. Fe, para quien no lo sepa, no procede del hebreo, sino del latín fides, cuya raíz es fide (de ahí derivan fidelidad, fideicomiso, fiduciario, confianza, fe…).

Y la raíz de la palabra hebrea emunah es amán, de la que procede la palabra amén, y también de ella proceden las palabras, también hebreas, em, omén y omenet que traducidas significan madre, adoptante masculino y adoptante femenino, respectivamente. Es decir, en hebreo, las palabras usadas para definir a la persona que cría a otra tienen una raíz común cuya traducción es confianza total.

Al margen de corregir el error lingüístico de Kiko, quiero destacar lo que sigue:

«¿Qué es fe? Apoyarse, confiar en que Dios me quiere. Y si Dios me quiere no tengo miedo, si tengo puestos mis pies sobre la roca que es este amor que Dios ha mostrado en Cristo. Mira a Cristo, nunca dudó del Padre, sino que en su humanidad ha comprendido que cuando el Padre permitía la maldad, sacaría del mal el bien, transformaría el pecado en salvación. Este es el camino de la Pascua».

No os dejéis engañar. Tener fe no hace a nadie inmune al sufrimiento. Eso es una kikada absurda. La fe no evita el dolor por la muerte de un ser querido, la fe no evitó a Jesús sudar gotas de sangre antes de ser prendido. La fe no insensibiliza ni impide el dolor, la fe es la certeza de que Dios hará justicia. Y no, la fe no consiste en pensar que magikikamente el pecado se vuelve salvación, sino en la certeza de que Cristo ha derrotado a todos sus enemigos, entre ellos el pecado.

Y aquí lo dejo.

Hay, como siempre, una sección de avisos a cargo de Ascen, pero no tienen interés, salvo uno que refleja la libertad total de los padres neocatecumenales para obedecer ovejunamente las consignas recibidas.

Se trata de que alguno propuso que ya que los chicos van participar en los actos de la venida del Papa, se suprima este año el preceptivo kiko-kampamento con el que se visitan kiko-lugares y se les hace salir de dos en dos sin bolsa ni zapatos para kikotizar pueblerinos. Pues no cuela. La decisión del jefe supremo es que los chicos no tienen bastante con la visita del Papa, que además “necesitan” el kiko-kampamento de kikotización inmersiva.

 

viernes, 8 de mayo de 2026

Lo que dice Kiko (I)

 


Hubo algunos comentarios en la reunión publicitaria de Pascua 2026 que no mencioné en las entradas dedicadas al mamotreto de dicha reunión, pero que no quiero pasar por alto, porque requieren aclaración.

En un momento de su discurso, Kiko dice:

«Es muy importante para la comunidad la celebración del Jueves Santo. Dice San Juan: “El que detesta a un hermano no tiene la vida eterna”; vamos a la Pascua reconciliados con los hermanos».

En este párrafo, la mención que Kiko hace a “la celebración del Jueves Santo” da lugar a equívoco.

Sabéis, quizá incluso los no-miembros de cierta no-asociación lo sepan, que lo que la Iglesia celebra y conmemora el Jueves Santo, y lo hace con gran solemnidad, es la institución de la Eucaristía.

Repito, la institución de la Eucaristía.

Y además la Iglesia recomienda a todos que hagan uso del sacramento de la Reconciliación antes de participar en las celebraciones del triduo pascual. Antes.

Pero cuando Kiko menciona lo importante que es “para la comunidad” la celebración del Jueves Santo no se refiere a la conmemoración solemne de la institución de la Eucaristía, en la que por lo general no se ve a ningún no-miembro de la no-asociación comunitaria, se refiere a un kiko-rito privado que tiene lugar en salones de usos múltiples de puertas cerradas y que coincide en el tiempo, no en el espacio, con la celebración de la Iglesia de la institución de la Eucaristía.

El kiko-rito consiste en que los no-miembros se laven los pies unos a otros. Y lo fundamental es que lo hagan como signo visible y manifestación de que el que lava “tenía un juicio” contra el lavado, al que de ese modo pide perdón.

Por eso dice Kiko a propósito de la importancia del lavatorio comunal: «vamos a la Pascua reconciliados con los hermanos».

Los religiosos de misa de 12, alentados por la Iglesia, recurren al sacramento de la Reconciliación para ponerse en buena disposición antes del triduo pascual. Pobrecillos, no tienen ocasión de humillarse en comunidad lavando los pies a quienes les han injuriado o dañado de cualquier forma. Los neocatecúmenos no son invitados a la confesión porque sería un despropósito que la víctima confesase el pecado ajeno de quien la ha ofendido, de modo que se recurre a un lavatorio desvirtuado que imita de forma pérfida el Lavatorio de Cristo a sus discípulos.

Y si en sí eso ya es malo, peor es que Kiko pretenda atribuir capacidad reconciliadora a esa pantomima.

Quede claro que no hay sacramento en el teatro del lavatorio kikil, así que tampoco hay perdón de los pecados. Y si no hay perdón de los pecados, ¿qué reconciliación puede darse?

No penséis que lo que expresa Kiko es un error sin importancia que aquí se magnifica; dejo para otra entrada un caso de lapsus linguae que también registra el mamotreto de la publicidad de Pascua 2026, pero en este caso no se trata de un lapsus, es una idea que los iniciadores del CN ya reflejan en el mamotreto de las kikotesis de inicio, es decir, es una idea básica del CN.

Y dicha idea es que el sacramento de la Reconciliación solo es la rúbrica que la Iglesia, la muy clericalista, exige, rúbrica que de nada sirve sin la conversión interior. Y la prueba de autenticidad de la conversión es que te humilles -en público, en privado tampoco vale- ante el que te ha hecho un mal; luego ya, si te viene bien, puedes cumplir el expediente del sacramento de la reconciliación, pero el meollo es lo de antes. Por eso en la Iglesia primitiva no hacían tanto paripé con los confesionarios, las penitencias y el sigilo sacramental, las cosas se decían a la cara y en público, como Kiko manda.

Entendedlo bien. Kiko no puede impedir el secreto sacramental que obliga a los presbikikos (aunque algunos tiran de la lengua durante la confesión para tener cosas que contar a los kikotistas), por tanto lo que le queda es desprestigiar el sacramento y pretender que lo importante y eficaz es "sacarlo todo a la luz" en la comunidad.  

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXXVIII)

 


¡Dios siempre manda acontecimientos y personas para desinstalar al hombre! Un escriba le dice a Jesús: "Maestro, te seguiré adonde quiera que vayas". Y Jesús le contesta: "¡Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza!". ¿Dónde reclina la cabeza Jesucristo? ¡En la cruz!

Desde su nacimiento, Jesucristo no tiene sitio donde reclinar la cabeza … El que Jesús esté acostado en un pesebre profetiza que no será reconocido ni aceptado por su pueblo, sino que será rechazado por él.

El Arca de Dios, la "shekhiná" de Dios, fue transportada con varales y caminó vagando bajo una tienda, para que todos supiesen que Dios no se instala permanentemente en un lugar, sino que está siempre de paso. Y nosotros, hermanos, seguimos a uno, Jesucristo, que ha sido rechazado y odiado por el mundo, que ha sido crucificado por los poderosos y sabios de este mundo. ¡Por eso el que quiere compaginar su vida burguesa, su amor al mundo, con el cristianismo es un hipócrita! Lo único que hará es dormirse durante las katekesis y las celebraciones esperando que acaben; estará siempre en la tibieza, sin entender nada de nada, porque tiene su corazón embotado y pesado.

Me pregunto cómo aplica esto a Kiko que viaja en primera clase, se aloja en hoteles de muchas estrellas y en su dieta abundan las mariscadas, además de manejar los billetes de 50 € con una dadivosidad que demuestra que no le faltan.

Tenemos que estar dispuestos a todo, a coger nuestro equipaje y a partir a cualquier parte; no tenemos aquí una casa permanente, no tenemos aquí nada permanente. Desnudos venimos a este mundo y desnudos nos iremos de él: nos meterán en un ataúd y no podremos llevarnos absolutamente nada de aquí. Por eso dice la Escritura que es una locura acumular dinero; otros se lo gastarán como les dé la gana. Tenemos que usar las cosas de este mundo rectamente y sabiendo que tendremos que dejarlas.

Es decir, lo que no hay que hacer es poner denuncias a nadie por cantar kikirikantos en una red social. Primero, porque si la letra de esos cantos está tomada de la Biblia no le pertenecen ni a Kiko ni al CN; segundo, porque es de dominio público que los pocos cantos que merecen la pena son de G. Filippucci y otros, por lo que Kiko no es autor de la letra porque ha copiado la Biblia y tampoco de la música. En suma, reclamar derechos de autor es una triquiñuela para cobrar ese dinero que dice que es una locura que los demás acumulen.

Me acuerdo de un hermano de una comunidad, cónsul en París, que tenía una casa magnífica, con muebles y alfombras preciosos, que siempre acogía a los itinerantes, y que tenía una relación muy libre con aquella casa y con todos sus muebles, que no eran suyos, sino del consulado, y sabía que se quedaría allí solo un tiempo y que luego se tendría que ir a otro sitio. Disfrutaba de las cosas con gran libertad y las ponía a disposición de los hermanos de una manera extraordinaria.

¡Qué majo! Pero no sé si tendría derecho a disponer, como si fuese suyo, de lo que no lo era, para mí que no obraba muy rectamente.

El que sabe que todo lo que tiene debe dejarlo pronto, por ejemplo, dentro de un año, vive de manera muy distinta al que ha comprado las cosas "para él", pensando que nunca tendrá que dejarlas; éste defiende todo con uñas y dientes y dice siempre: "¡Esto es mío! ¡Mío!". ¡Necio! ¡Un día tendrás que dejarlo todo!

Para vivir bien de verdad, con desapego y libertad, hace falta un cambio radical de mentalidad, una gran sabiduría. Hay que saber que usamos las cosas, que participamos de ellas, pero que no las poseemos. Dice S. Francisco de Asís que el que posee no puede amar, porque el que posee algo siempre defiende lo que posee; y que por eso no hay cristianismo sin pobreza: el que no posee nada no defiende nada. Y esto no solo en el aspecto material; algunos quizá no poseen bienes materiales, pero están apegadísimos a sus proyectos, a sus ideas, a su honor, a sus manías, etc.

Kiko, necio, aplícatelo a ti mismo y déjate de derechos de autor de lo que bien sabes que no es tuyo.

El que no es pobre es rico. Rico es aquel que posee algo y por tanto lo defiende. El rico considera que su mujer es "algo suyo"; está lleno de celos, agobia a su mujer, no le deja ni respirar. Y así en todos los ámbitos.

Menudo follón neuronal tiene Kiko con el matrimonio y la relación hombre-mujer. No atendáis a sus sandeces. ¿No dice san Pablo que el matrimonio son dos en una sola carne? No es que el cónyuge sea “algo”, es que ambos son la ayuda adecuada del otro, lo que necesitan, y más vale que ambos sepan apreciarlo y que lo defiendan con uñas y dientes. Lo contrario es lo que no es sano.

La cosa es muy sencilla: el que posee algo, tiene miedo de perderlo y por eso lo defiende del que se lo quiere robar; y, en la medida en que se defiende de alguien, se hace enemigo de ese alguien, sea quien sea, y ya no puede amarle. Hay algunos, por ejemplo, que son ricos de su tiempo libre: no soportan que nadie se lo robe, ni sus hijos, ni su mujer; por eso no saben amar ni a sus hijos ni a su mujer. Los que no son pobres, humildes, libres, siempre defienden algo y se hacen enemigos de todos los que quieren tocarles lo que defienden. En cambio, el que dice: "¡No tengo nada! ¡No merezco nada!, es el más libre de todos.

La cosa es muy sencilla: quien no es pobre ni humilde no sabe amar, se cree propietario del CN y cuando el Papa le reclama que las comunidades adultas se unan a las parroquias, se revuelve y le desea la muerte. No tiene más.

Hermanos, el Señor quiere ayudarnos a desarraigarnos, a desinstalarnos, a desaburguesarnos. Es lo que hizo en el episodio de la torre de Babel: mandó un espíritu de confusión de las lenguas y dispersó a todos por la tierra, para que los hombres se diesen cuenta de que se estaban alienando completamente, de que querían hacerse dioses de sí mismos, cuando en realidad su vida no era nada. Cuando el hombre se hace dios de sí mismo, ya no comprende ni a su mujer ni a sus hijos ni a nadie; ya no comprende la lengua de nadie; sólo comprende el lenguaje de las concupiscencias de su carne y lo único que sabe hacer es darse gusto y placer; y cuanto más gusto y placer se da, más vacío encuentra en sí mismo y en las cosas. Cuanto más uno corre en pos del placer, tanto más el placer se aparta de él, en una especie de círculo vicioso satánico, absurdo, que lleva al hombre a vivir sin ningún freno: ¡desenfrenadamente!

Y la vida del pequeño burgués no es mejor. Empequeñece su vida, vive pensando siempre en el dinero, nunca arriesga nada y vive siempre en la mediocridad, en la mezquindad y en la tibieza.

Traducción: te van a reclamar que te gastes cuanto tengas y aún más en una perekikación carísima porque los que tendrían que dar ejemplo de desprendimiento son, precisamente, los que van a viajar a costa tuya. Y además ellos serán los que se queden con las mejores habitaciones, no tú; comerán en mesas aparte (y posiblemente menú distinto), y planificarán el viaje a su conveniencia, no a la tuya.