lunes, 12 de enero de 2026

Id y haced discípulos...

 


Con cumplidora asiduidad visita el blog uno que tiene toda la pinta de ser kikillo placentario, es decir, nacido en el cnc, de padres kikotistas y él mismo aspirante a kikotista mayor. Este elemento sigue ofuscado con la idea de que puede provocarme con sus comentarios cargados de falacias.

Ya despertará del sueño, que fiel y poderoso es Dios para lograrlo.

El caso es que esta persona, versada en kikadas pero no en la verdadera doctrina de la Iglesia, confunde el sentido del último encargo que Jesús da a sus discípulos, que también son sus amigos, ante quienes antes de su Pascua, ha transformado el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre y les ha encargado que ellos hagan lo mismo en conmemoración suya.

Por cierto que los Evangelios no comentan que Jesús volviese a celebrar ninguna Eucaristía con ellos antes de su Ascensión. Y ahora, ante su inminente ascenso al Cielo, reunido por última vez con los once, les da sus últimas instrucciones y también una promesa:

«Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

De ninguna manera niego el sacerdocio común de todo cristiano, en virtud del cual está llamado a evangelizar en sus circunstancias, en su casa y en su oficio. Pero es obvio, salvo para los kikotizados, que son los que antes recibieron la misión de consagrar el pan y el vino los que ahora reciben la tarea de evangelizar y bautizar.

Y son ellos, que recibieron el encargo directo de Jesús, quienes a su vez pueden designar a otros para dicha misión. Una misión que no consiste en acomodarse y aburguesarse en un lugar distinto y distante al de procedencia, sino en no tener otra patria ni otro hogar que el del Maestro.

Es importante a quién se da el encargo y también lo es el para qué: para transmitir al mundo entero todo lo que Jesús enseñó a sus discípulos. No para repetir como loros las consignas de uno muy sensible, sino para enseñar lo que Dios mismo por medio de su Hijo enseñó que es el único camino verdadero para tener Vida Eterna.

Lo que hacen los neocatecumenales que se las dan de misioneros itinerantes suele ser muy diferente. Los que mandan entre ellos, aunque presuman de lo contrario, no lo dejan todo ni se quedan sin nada, sino que se instalan en otro país con todas las comodidades posibles y desde su instalación se dedican a la repetición de los dichos y errores del sensible, a fin de captar nuevos ingresos. Ellos no van en busca de ovejas perdidas ni les interesa llevar nuevos hijos a la Madre Iglesia, su meta son las arcas que nutren su cómoda instalación.

Sin embargo, por dar un barniz de catolicidad o porque saben que la misión corresponde a la Iglesia por deseo divino, que el Espíritu Santo solo está en la Iglesia y que va con aquellos a quienes la Iglesia envía, a Kiko y los suyos les gusta comprometer a los obispos y al mismo Papa en sus envíos de kikotistas, por más que los tales jamás se han planteado ni están dispuestos ni preparados para ser evangelizadores, sino meros loros repetidores de kikadas.

No son capaces de ver que del mismo modo que el hábito no hace al monje, el envío del Papa no es ni puede ser eficaz más que para la evangelización, y no funciona ni puede funcionar para obligar al Espíritu Santo a colaborar en la kikotización.

No entienden que no pueden obligar al Espíritu Santo a someterse a Kiko.

 

sábado, 10 de enero de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXI)

 


Todavía no acaba el discurso.

«¡El que cree en la predicación y es bautizado, muere al pecado, deja en las aguas del bautismo el cuerpo del pecado, y renace como nueva criatura; es hecho hijo de Dios, partícipe de la naturaleza divina! Por eso dice S. Juan: "Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es".

Entonces, hermanos, ¿cómo es posible que, habiendo recibido el don de la paternidad divina, habiendo recibido la naturaleza de los hijos de Dios, todavía queréis la paternidad del demonio, dejáis que él sea vuestro padre? Por eso Jesús os ha dicho a vosotros, que habéis creído en Él: "Tratáis de matarme, porque mi Palabra no prende en vosotros. No podéis escuchar mi Palabra. ¡Vosotros sois de vuestro padre el diablo y queréis cumplir los deseos de vuestro padre!"».

Aquí hace un refrito del discurso que viene en el Evangelio de San Juan y lo aplica a neocatecúmenos que están casi al final del Camino, para que quede claro que tanto trípode no les ha servido de nada.

«Es muy importante que sepas quién es el padre de tus acciones, de tus obras de murmuración, de rebeldía, de odio, de envidia, de lujuria, de egoísmo. ¿Quién es el padre de todo eso? ¡El demonio! ¡El siembra en ti ese germen de muerte que mata a Cristo, que mata dentro de ti la vida nueva de hijo de Dios!».

Insisto, su audiencia son neocatecúmenos casi adultos en la fe, dicen, pero Kiko les acusa de murmurar, odiar, envidiar, ser lujuriosos, ser rebeldes, ser egoístas… Una de dos, o Kiko les calumnia o él es el primero que sabe que el CNC no sirve para hacer cristianos adultos. En cualquiera de los dos casos, lo procedente, si de verdad se quiere seguir a Cristo, es irse del CNC sin demora.

«Por eso hoy Jesucristo os dice lo que les dijo a aquellos judíos que habían creído en Él: "Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. ¡Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres!".

¿Qué quiere decir esto? Escuchad lo que dice S. Pablo: "Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, con ser dueño de todo; sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo fijado por el padre. De igual manera, también nosotros, cuando éramos menores de edad, vivíamos como esclavos bajo los elementos del mundo. Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se ha1laban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios". Dice S. Pablo que la ley ha sido dada para una generación esclava, sometida al pecado, sometida al demonio».

Falso. Y es una falsedad muy gorda. Lo que dice San Pablo es que la ley fue dada a modo de tutor; del mismo modo que el heredero, mientras es niño, necesita un maestro que le guíe. Así que la ley fue dada como directriz para no caer en las acechanzas del demonio, no para mantener a nadie sometido al pecado. La ley es el camino recto para mantenerse a salvo, otra cosa es que nadie lo siga a la perfección.

 «Los esclavos son gobernados con la ley, con la vara. Dice también que los niños necesitan tutores; mientras el hijo es pequeño y no sabe distinguir por sí mismo el bien del mal, no se le puede dejar hacer lo que quiere, de lo contrario comete cosas horribles, peca; necesita un tutor que tiene la misión de corregirle, también con la vara. Pero cuando llega a adulto, ya no necesita tutores».

Kiko siempre elige pintar escenarios demenciales. El niño pequeño no es una máquina de cometer cosas horribles, hay que controlarlo ante todo por su seguridad, para que no se lastime o se pierda, no para proteger al universo de sus acciones.

«Por eso nos ha dicho Jesucristo: "Todo el que comete pecado es un esclavo. Y el esclavo no se queda en casa para siempre; mientras el hijo se queda para siempre. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres". Es decir, un criado, a pesar de los años que ha servido en una casa, no se queda en la casa, porque no es suya; es un criado, un asalariado con contrato. El hijo, en cambio, aunque mientras es pequeño está bajo tutores, es de la casa; y cuando es mayor lo hereda todo.

Sólo el Hijo de Dios, Jesucristo, nos hace hijos, nos hace libres. Si vosotros vivís aún bajo el régimen de la ley, bajo el yugo de la ley, es decir, si todavía vivís la fe, el cristianismo, como una obligación moralista, no sois libres; todavía sois criados, esclavos. La ley está siempre ahí sólo denunciándote: "¡Eres un sinvergüenza, un adúltero, un homicida! ¡Mira: ya has adulterado otra vez; ya has matado de nuevo!". Vivís bajo una capa de hierro, bajo un tutor que constantemente os está denunciando: "¡No cumples la ley: has robado, has deseado la mujer del otro!"».

A Kiko no se le han ido los resabios anarquistas de la generación del 68. La ley, además de afirmar a Dios como Señor de todos, son normas sociales, normas de convivencia, de humanidad. Expresa las líneas que no se deben cruzar por respeto y amor al prójimo. No es una denuncia es un marco de convivencia. ¿Qué clase de diosito predica Kiko que da a su pueblo una ley “solo para que les denuncie”?

«Por eso dice también S. Pablo: "El precepto, dado para vida, me fue para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión por medio del precepto, me sedujo, y por él, me mató. Me complazco en la ley de Dios según el hombre interior, pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros"».

San Pablo dice que la ley es buena. Lo que pasa es que una vez que conoce la ley, ya sabe lo que es bueno y lo que es malo, es decir si obra el mal no es por ignorancia, es de forma consciente. Por eso dice que el pecado se valió del precepto para matar. No dice que la ley solo sirva para denunciar, sino que con la ley, cada quien es responsable de sus actos.

 

jueves, 8 de enero de 2026

¿Por qué?...

 

 


Espero no descubrir nada a nadie con lo siguiente: hay ciertas vestiduras que solo deben emplearse en la Liturgia, desde la más básica, el alba, hasta la más historiada, como puede ser la capa magna.

El alba es una túnica blanca, de ahí su nombre, que se ajusta a la cintura con el cíngulo, que puede tener forma de cordón o de cinta.

Sobre el alba se coloca la estola, una banda larga de un solo color que representa la autoridad del consagrado. Los sacerdotes la llevan sobre ambos hombros, pasada tras el cuello, y los diáconos atravesada desde el hombro izquierdo hasta el costado derecho.

Si la liturgia es más solemne, como la misa, sobre estas prendas se pone la casulla. A veces, con alba y estola es suficiente.

Lo que quiero resaltar es que son vestiduras litúrgicas y no deben emplearse fuera de la liturgia.

¿Por qué llevan alba y estola unos que solo están mojando cabezas de señores ya bautizados y también ordenados sacerdotes?

¿Juegan a bautizar, como si los sacramentos fuesen un chiste?