jueves, 27 de noviembre de 2025

Kiko el expulsor

 

Quítate de en medio, que paso yo


Rescato el testimonio de un “Veterano” para explicar de dónde viene cierta práctica expulsora vigente en Kikónides.

 

Seguí este camino durante treinta y cinco años, porque creía firmemente en el poder liberador de Dios para cambiar la vida de las personas.

Al principio, no se hablaba en absoluto de la Virgen, ni tampoco de esta obediencia que hoy se ha convertido en una obsesión de los capos y se recuerda a cada oportunidad. Si me lo hubieran mencionado solo una vez al principio del camino, sin duda no habría permanecido aquí treinta y cinco años, me habría distanciado y habría quemado los puentes tras de mí.

La obediencia es a la Palabra de Dios y a las "Diez Palabras de Vida", ¡no a quienes las interpretan para sus propios intereses y afán de poder! Por eso, es una blasfemia usurpar el lugar de Dios para exigir la obediencia que solo se le a Él.

Cuando entre, los iniciadores decían que el camino duraría unos siete años; recuerdo con precisión que dijeron que sería un año por cada paso, y que al concluir, te integrabas en la parroquia como todo feligrés, sin catequistas, porque todos seríamos muy conscientes de ser cristianos y sabríamos dar testimonio de ello. Se trataba de ser luz, sal y fermento, todos habrían de ver en nosotros los signos de la fe, que son el amor y la unidad. Solo amor y unidad, porque todo lo demás es engañoso, y el demonio sabe disfrazarse de "ángel" de luz. Terminado el Camino, cada uno obedecería a su propia conciencia, porque si tu guía es Cristo, ¡no necesitas que ningún otro te diga qué hacer!

Todo fueron mentiras.

No voy a entrar en detalles, baste decir que en todos estos años las consignas básicas no cambiaron, pero sí la actitud de quienes subían en la escala de poder / responsabilidades: la arrogancia de los kikotistas crecía, y cuanto más ascendían en la jerarquía, más exageraban.

En mi ingenuidad pensé que se comportaban así por ignorancia, y que tan pronto como entendieran la Palabra de Dios y el mensaje evangélico en su verdadera dirección, ¡se convertirían!

En el CNC, la ingenuidad y el ir a cara descubierta se paga. Viví la última etapa desde una perspectiva muy crítica porque empezaban a surgir en mi mente muchas dudas sobre la validez del Camino.

Cuando empezamos, ¡ya estaba convencido de que este era mi matrimonio espiritual con Cristo! Claro que esta relación debe crecer cada día, como en cualquier matrimonio, pero seguía siendo una correspondencia espiritual que nadie podría separar jamás. Pueden imaginarse mi desconcierto cuando, después de treinta años de camino y tras “revivir” las promesas bautismales, se nos anunció un paso adicional del que nunca se había oído hablar: el "Matrimonio Espiritual". De inmediato pensé: ¿Hemos vuelto al punto de partida?

En este paso, no escuché nada nuevo, no me aportó nada… y después el mismísimo Kiko me expulsó de la comunidad y del Camino. La expulsión vino de Kiko, no de otros kikotistas que, cabría suponer, no mueven ficha sin el conocimiento de los iniciadores.

La “razón” del “destierro” de la senda de los elegidos fue que podía confundir y subvertir a los hermanos con mis cuestionamientos, por ejemplo, sobre por qué necesitábamos kikotistas tras acabar el Camino o el motivo de la obediencia ciega -siendo ya cristianos adultos capaces de discernir por nosotros mismos-, además de mis reiteradas negativas a ir a las misiones en las plazas y otras iniciativas similares que en cualquier otro grupo de la Iglesia son opcionales, mientras que en el Camino todo se vuelve "obligatorio", y si no lo haces, tienes que dar cuenta y hacer penitencia, porque has incurrido en “pecado grave”.

Preguntas para neocaminantes: 

1) Si la Eucaristía del sábado por la tarde está abierta a todos, ¿cómo puede Kiko negarme el acceso?

2) En el matrimonio espiritual -invento no aprobado que busca el compromiso de por vida de los hermanos con la comunidad-, a cada uno se le pregunta si hay alguien en la comunidad a quien no soporta, y si a partir de ese momento está dispuesto a cuidar -hasta dar la vida- incluso de aquellos que "no le gustan", entonces, ¿por qué no se ha interesado ninguno de “mis hermanos” en mi caso? ¿Cómo se puede renovar el matrimonio con Cristo en la basílica de las bodas de Caná, seguido de una catequesis sobre la indisolubilidad del matrimonio que se trata de equiparar al hecho de que la comunidad es para siempre y que cada hermano debe cuidar del otro, y luego, por orden de Kiko, uno de ellos es expulsado?

3) Ya que el Camino se identifica con la Iglesia, ¿con qué autoridad me reclama Kiko que no vuelva a sus encuentros?  

 

Quedan muchas preguntas por hacer, pero si aún conservan la capacidad de razonar y el inestimable poder del libre pensamiento, serán ustedes quienes se las formulen y también se las hagan a sus kikotistas, quienes los enviarán pronto adonde yo estoy. ¡Bienvenidos al mundo de la libertad!

martes, 25 de noviembre de 2025

Padre nuestro - parte 2 (XIII)

 


«MONICIÓN AL CANTO DESPUÉS DEL PRIMER SALMO

Cantemos ahora el salmo 34: "Bendeciré al Señor en todo tiempo". Dice S. Pablo: "Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios".

El salmista continúa: "Yo me glorío en el Señor; ¡lo escuchen los humildes, los pobres, los que sufren en el mundo, y se alegren conmigo!" Si sólo hubiese este mundo, si no existiese el cielo, si no existiese Dios, sería injusta, triste y absurda la vida de los pobres, de los que no tienen dinero, de los que no tiene belleza, de los que no tienen nada, de los que tienen una vida de miseria, que han nacido cojos, subnormales, feos».

Mejor aclaro una cosa, por más que tendría que ser obvia para cualquiera que se diga cristiano: el que exista el cielo no convierte en justos ni a quien pasa necesidad ni a quien acapara y no reparte. “Tener una vida de miseria” no es garantía de salvación, ni ser de la élite privilegiada implica condenación automática. Kiko debería echar un ojo a la doctrina social de la Iglesia.

«Por eso dice el salmista: "Que me escuchen y se alegren todos los que ahora están siendo humillados en el mundo porque tienen lepra o porque son pobres o porque son viejos: ¡Dios existe!"».

Falso. El texto entrecomillado solo lo dice Kiko y lo repiten sus loros. Lo que dice el salmo 34 es: «en Yahveh mi alma se gloría, ¡óiganlo los humildes y se alegren!». No menciona a los humillados, leprosos, pobres ni viejos, que pueden serlo sin tener ni una pizca de humildad; solo se dirige a los humildes, sin importar si son humillados o ensalzados, leprosos o sanos, pobres o ricos, viejos o jóvenes. Ya he mencionado que Kiko miente muchas veces sobre la Palabra de la Biblia.

«El salmista dice esto porque lo ha experimentado, porque ha tenido de ello una experiencia real, verdadera. Los salmos no hablan de Dios haciendo disquisiciones teóricas sobre Él, sino siempre partiendo de los hechos de la vida».

Lo que el salmista, David, ha experimentado es que, en un momento en que su vida peligraba, se ha hecho el loco y la estratagema ha funcionado y ha quedado libre de sus enemigos. Y tiene el buen criterio de no enorgullecerse de su astucia, sino que agradece a Dios haber escapado.

«Dice el salmista: "!Cantad conmigo al Señor, porque le he buscado, le he llamado, he gritado a Él, y me ha respondido!" ¿Y por qué le ha llamado al Señor? Porque tenía un sufrimiento tal que ya no podía más. ¿Y por qué ha visto que Dios existe? Porque le ha librado de esa angustia horrible en la que se encontraba. El salmista dice que Dios existe, que es bueno, porque ha venido a socorrerle en el sufrimiento.

Dios es Aquel que interviene en nuestra vida, que viene en nuestra ayuda. Por eso dice el salmista: "¡Gustad y ved qué bueno es el Señor! ¡Muchas son las pruebas que le esperan al justo, mas de todas le libra el Señor!"».

Por supuesto, Kiko no tiene delante el texto auténtico del salmo, sino la versión poco rigurosa del kikirikanto. El verdadero texto del versículo que cita dice: «Muchas son las desgracias del justo, pero de todas le libera Yahveh». La palabra prueba se puede interpretar como tentación, pero David no se refiere a eso, él habla de desdichas, de problemas de otra índole. Por eso, lo que sigue a continuación distorsiona en lugar de centrar el salmo.

«Las pruebas y las dificultades llegan a nuestra vida como a oleadas; nos asedian tentaciones afectivas, sexuales, de orgullo, dificultades con los hijos, problemas en el matrimonio, sufrimientos de todo tipo. Pero el Señor está siempre dispuesto a ayudarnos, a luchar a favor nuestro, a librarnos, de manera que podamos conocerle más profundamente. "¡Muchas son las pruebas que le esperan al justo, mas de todas le libra el Señor!" Hermanos, las pruebas nos son necesarias para que experimentemos existencialmente que Dios existe. Cuando en tu vida llega la prueba, el sufrimiento, la tentación, un problema con un hijo, una dificultad con tu mujer que ha entrado en crisis, grítale al Señor; vete solo a una capilla, levántate por la noche, y grita con fe desde lo profundo de tu corazón: "¡Señor, sálvame, ayúdame!" Verás cómo el Señor oirá tu grito, verás cómo esa dificultad que te parecía insuperable se solucionará. "¡Los justos gritan y el Señor les escucha y los libra de todas sus angustias!"».

Hago notar que David exulta después de haber sido ayudado. Porque si los neocatecúmenos solo claman a Dios cuando truena, ¿en que se diferencian de los paganos que rezan para que llueva o deje de llover?

«El ángel del Señor acampa en torno a aquellos que le temen, y les salva. Cada uno de nosotros tiene un ángel de la guarda enviado por Dios para protegernos, si tenemos temor de Dios que es el principio de la sabiduría, si tenemos temor de pecar. ¡Es triste la vida del hombre que piensa que sólo existe lo que él ve! Pero nosotros sabemos que la vida no es un juego, una casualidad, un absurdo; a nosotros el Señor nos ha dado la clave del sentido de la vida, por eso tenemos que bendecirle en todo tiempo, porque nos ama, porque nos libra de todo miedo».

No, ni por asomo. La clave está en la Iglesia y en quienes son hijos de ella, no en un grupo al margen.

 

domingo, 23 de noviembre de 2025

¿Por qué lo llaman discernimiento vocacional si es coacción?

 


Tomado de aquí.

Buenas noches.

Quería compartiros una pequeña experiencia que tuve en el Camino Neocatecumenal, donde, mirando hoy hacia atrás, viví literalmente en una realidad paralela, sin darme cuenta del daño que me provocaba.

En particular, cuando asistí al centro vocacional [centro neokiko, por supuesto] de mi zona, tras levantarme para sacerdocio en un encuentro vocacional, pocos meses después de entrar en el camino. Pronto noté que los supuestos formadores intentaban por todos los medios cambiar mi perspectiva sobre el "discernimiento de la vocación". De hecho, según los hermanos de la comunidad, los catequistas y los formadores, yo estaba allí porque Dios me llamaba al sacerdocio. Varias veces intenté argüir que el discernimiento ha de ser personal, no comunitario; por desgracia, aún no había comprendido que detrás de este término que tanto emplean se esconde un nudo que se aprieta en cada encuentro. Por eso, en los “centros vocacionales” del camino, todo el que llega está llamado a ser presbítero mientas no se demuestre lo contrario, al revés que en los centros vocacionales diocesanos.

Así, además de la habitual culpa neocatecumenal que DEBE poseerte si no asistes a algún encuentro del centro vocacional (organizados en grupos de tres domingos, dedicados a Eucaristía, scrutatio y ágape, con descanso el cuarto domingo), la rumorología y las expectativas que se generan en torno al candidato a sacerdocio tiene el efecto de bloquear en este el pensamiento crítico, lo hace menos lúcido e influye en su capacidad decisión.

Aún más grave es que, para "facilitarme" la decisión, recibí parabienes de parte de personas ajenas a la comunidad y al propio camino, cuando ni yo ni mis seres queridos se lo habíamos mencionado a nadie.

Cuando el anterior párroco (que no pertenecía al Camino Neocatecumenal) agonizaba en el hospital, el presbítero neocatecumenal (entonces vicario) me impuso comunicarle mi decisión. Lo consideré fuera de lugar y protesté, y me dijo que «no había nada que ocultar» y que «ante Dios veía conveniente que él fuese informado». Mi decisión no era firme, estaba en proceso de discernir lo que Dios quería, pero se me presionó, dada la precaria salud del anciano, a ir a informarle como si el proceso de discernimiento estuviese cerrado y mis ideas clarísimas. Qué mezquino, visto desde la perspectiva actual. Qué miserable. ¿Son estos los verdaderos cristianos?

Otro episodio de esa infeliz etapa fue que, tras mi primer año en el centro vocacional, los catequistas regionales me invitaron a la misión de dos en dos. Me tomé muy en serio el asunto, siguiendo al pie de la letra las instrucciones (sin teléfono, sin dinero, sin ropa de repuesto ni comida, solo la Biblia, para entregarse por completo a la obra de Dios). Me decepcionó bastante que, una semana antes de partir, nos pidieron pagar 340 € para cubrir la logística (cuatro noches en el típico alojamiento sórdido de convivencia neocatecumenal).

Lo más grave fue que unos días antes de partir mi madre fue ingresada de urgencia en el hospital. Entonces, ante mi vacilación y preocupación por mis padres (gracias a Dios no caminantes, sino cristianos dominicales), se me dijo que "dejara que los muertos enterrasen a sus muertos" y que, como dice el Evangelio, "quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí".

Me avergüenza reconocer que, pese a que la vida de mi madre peligraba, les dejé y me fui. Mi madre se recuperó bastante rápido y, como no sabía a qué parte de Italia me había ido, llamó al formador del centro vocacional y amenazó con avisar a la policía si no le decía dónde estaba yo. Siempre le estaré agradecido por esto.

Regresé nada más concluir la “misión”; no me quedé los dos últimos días, en los que te dan su interpretación de la experiencia, porque sentía un profundo malestar interior y di por concluida la experiencia vocacional en el camino a la luz de las muchas distorsiones que había advertido y de una creciente incomodidad al presenciar repetidamente interrogatorios sobre temas extremadamente íntimos y privados.

Por supuesto, si yo hubiera sido un hijo del Camino, ¿cómo habría podido reaccionar libremente a esa incomodidad, o simplemente manifestar mi verdadera voluntad, si habría tenido a toda la familia y círculo social aplaudiendo? Recuerdo el caso de un chico que “se levantó” y entró al seminario porque su comunidad le instó a ello.

Recuerdo haber leído este blog en aquel entonces, y muchos de los comentarios me ayudaron a comprender el mundo del CN, sembrando en mí una semilla que creció y me llevó, tras unos años de vacilación, a abandonar la secta. Sin embargo, muchas veces, al leer las experiencias aquí publicadas, pensé que eran casos esporádicos, aislados, nada que ver con mi parroquia. Más tarde comprendí que la soga que mencioné es su modus operandi, lo que se llama chantaje moral.

Me entristece ver que la jerarquía eclesial aplaude al CN, pero ¡non praevalebunt!
Saludos,
Samuel Beckett