domingo, 30 de agosto de 2026

Realidades del Camino

 


Otro testimonio.

«Soy de Italia, dejé el Camino Neocatecumenal hace casi 15 años, pero todavía tengo algunos amigos allí.

Una de las razones por las que me fui es porque cuando tenía unos 30 años y estaba soltero me sugirieron encarecidamente (primero de forma sutil, luego de forma explícita) que fuera a un centro vocacional (obviamente dirigido por el Camino Neocatecumenal). Mientras estuve vi tanto bodas arregladas como gente empujada a consagrarse a Dios.

Contaré solo algunas de las historias que presencié.

  • Un tipo fue convencido de ir al seminario dejando la universidad, pasó 4 años allí y luego salió sin nada en las manos, con más de 30 años. Le arreglaron una boda con una chica del Camino Neocatecumenal, le ayudaron a encontrar trabajo y cuando el trabajo fracasó, lo convencieron de ir a una misión (no lejos de casa, por supuesto, porque ella es de una familia importante en el Camino Neocatecumenal). En la misión, por lo que sé, viven de las providentes bolsas negras.
  • Una chica rompió con su novio y en pleno duelo por la ruptura se levantó en un “encuentro” con Kiko y su comunidad la convenció para entrar en un convento.
  • Un matrimonio con cinco hijos fue enviado a una misión en un lugar terrible. Ella desarrolló una enfermedad y tuvieron que regresar porque necesitaba asistencia médica y cuidados imposibles de recibir en el lugar de misión.
  • En mi comunidad, se ponía como ejemplo de matrimonio ideal a unos con once (11) hijos a la edad de 33/34 años. La chica tiene tantos problemas de salud que los médicos del hospital no querían atenderla después del quinto. 

Solo ejemplos que conozco en primera persona».

viernes, 28 de agosto de 2026

Sentimiento de kikotista

  


Un buen kikotista es el que además de saberse el último y el peor de todos presume de ello, como en el siguiente testimonio.

«Nací en el Camino. Durante años fui obligado a ir a la eucaristía, también se me forzó a ir a la peregrinación a Brasil (no fuimos a la JMJ, sino a escuchar a Kiko), durante más de dieciocho años me obligaron a seguir el Camino en una comunidad. Desde la pandemia dejé de ir, aunque mis padres y mis hermanos me fastidian para que regrese.

Hay muchos momentos y episodios del Camino que se me han quedado grabados, pero uno que me impactó tuvo lugar en una sala de un hotel al que fuimos para una convivencia de paso (no recuerdo cual de ellos). Había varias comunidades reunidas y quien dirigía el cotarro era un catequista de otra parroquia. Se puso de pie para hablar. 

Las primeras palabras que salieron de su boca, potentes, fueron: "Odio a mi esposa".

Señaló a la mujer más miserable y sombría que he visto nunca. No había vida en ella, ni alegría ni felicidad mientras miraba a su marido. Me imagino que no pueden separarse para no ser rechazados por el CNC, pero la profunda oscuridad en la expresión de esa mujer me hizo entender que el marido no exageraba, la odiaba y la hacía sumamente desdichada.

Tengo grabada su cara, su dolor, su pesar, su impotencia. Esta fue una de las muchas cosas que refuerzan mi decisión de no volver jamás, por más que insista mi familia».

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Carta abierta a Kiko Argüello

 

Espinoza y Mogrovejo

De Ana María a Kiko

(Tomado de aquí). 

 

«Estimado Kiko Argüello: Le escribo con el alma rota, con las lágrimas de una madre que no encuentra consuelo, pero con la fuerza inquebrantable que Dios da para defender a un hijo. Le escribo desde Quito (Ecuador), no para hablarle de leyes humanas, sino para confrontar su corazón de padre y fundador con el dolor más profundo que una familia puede soportar: mi hija menor de edad, miembro de la comunidad en la Parroquia Santa Cruz de Casitagua, fue ultrajada por el presbítero Jimmy Antonio Mogrovejo Castro.

Como madre, mi dolor es doble. Mi hija fue abusada por este sacerdote que, usando de manera perversa el nombre de Dios, la amenazaba con castigos divinos, si no cedía a sus pretensiones. Y el dolor se vuelve insoportable, al ver que la comunidad que nos acogió, en lugar de ser un refugio de misericordia, se ha convertido en una guarida que protege al agresor y pisotea a la víctima.

Este presbítero aceptó con su propia boca, por más de dos veces, que había abusado de mi hija. Me lo confesó a mí en su despacho llorando y pidiendo perdón. Luego, me envió un mensaje de texto implorando perdón en el nombre de Jesucristo. Finalmente, él mismo organizó una reunión citando a los catequistas del sector de La Concepción encargados del norte de Quito y a los hermanos responsables. Existe un audio irrefutable donde se escucha al propio sacerdote confesar textualmente: "Yo organicé. Yo pedí aquí a los catequistas, a los hermanos para pedir perdón. Yo acepto que soy culpable".

La respuesta de los hermanos del Camino en el norte de Quito ante su propia confesión ha sido una crueldad que no viene de Dios. Los catequistas de La Concepción, en lugar de proteger a la menor, trataron de tapar el pecado diciendo que "fue el demonio quien lo hizo" y se dedicaron a humillar a mi hija, exigiéndonos silencio bajo el argumento de buscar la "justicia divina". Mis propios responsables (un matrimonio de esposos), a pesar de haber escuchado la confesión del presbítero, hoy lo respaldan y se van a presentar en la audiencia judicial como testigos a favor del agresor, para cometer perjurio ante un tribunal civil.

Pero la perversión de este hombre va más allá de los muros de la iglesia. Este presbítero vive en su casa con una mujer adulta y la hija de ésta (una señorita), a quienes presentaba falsamente ante todos como sus "hermanas de sangre" sin serlo. Esta red familiar ha sometido a mi hija a un infierno: la mujer adulta amenazó directamente a mi hija, diciéndole que es una cualquiera , revelándole además de forma aberrante que el sacerdote pretendía "formar una familia" con mi hija. Y dando a conocer que ya era acostumbrado hacer esas cosas que no era la única muchacha.

Al mismo tiempo, la hija de esta mujer se ha dedicado a intimidar a mi hija en su propio colegio, sometiéndola a acoso sistemático, burlas, humillaciones y amenazas, tanto dentro como fuera de la institución educativa para silenciarla.

KIKO ARGUELLO, en el Camino se nos enseña a no "acabar con el hermano". Pero en Quito, bajo el amparo de subalternos de la Curia y con la vergonzosa presencia del propio ex Canciller del Arzobispo en la sala del tribunal el pasado 19 de agosto del 2024, están apadrinando una red de mentiras, amenazas a menores y encubrimiento judicial para salvar la estructura. Están sacrificando a una menor de edad, a una adolescente que es inocente para tapar el escándalo de un sacerdote.

Le pregunto con el corazón en la mano: ¿El sufrimiento de mi hija vale menos que la reputación de la zona de La Concepción? Si usted realmente predica que Cristo es la verdad, no puede quedarse de brazos cruzados viendo cómo los catequistas, los responsables de mi comunidad y el entorno clandestino de este sacerdote usan la fe y el terror para amordazar a una madre, proteger la mentira y testificar falsamente en un juicio criminal.

Le exijo, ante Dios que todo lo ve, que intervenga inmediatamente. Que se destituya a esos catequistas de La Concepción, que sean ellos mismos quienes también salgan a declarar a favor de mi hija, porque ellos escucharon como el aceptó el daño que le hizo, y la prueba real que es mi hija y sean llamados los simpatizantes del presverito que pertenecen a distintas comunidades traer paz a no acabar y humillar a la víctima, también que se investigue el entorno con el que convive este sacerdote.

Camino Neocatecumenal deje de respaldar a este hombre en los juzgados de Ecuador. El clamor de esta madre no se va a apagar. Llevaré la verdad hasta las últimas consecuencias. Espero de usted una respuesta de pastor, no de burócrata. Mire el dolor de mi hija y de una familia, actúe. En la dolorosa espera de su conversión y acción».