Retomo
la perorata de Mario donde la dejé, pero antes, para los que estén un poco
perdidos, les recuerdo que Mario aseguró que iba a hablar sobre teología del
cuerpo y jubileo, y también que previamente quería explicar qué se entiende por
condescendencia divina…
Lo que
sigue no lo explica, pero es lo que viene a continuación de la última frase de
la entrada anterior:
«Como he
dicho antes, el Señor entrega a Moisés las dos tablas con las Diez Palabras,
¿por qué les da las Diez palabras? Porque son el camino de la vida, para no
caer en el abismo del fuego. “Pongo delante de ti dos caminos: el camino de la
vida y el camino de la muerte; escoge tú”. Esto nos lo dice a todos nosotros, también
en esta convivencia. Hemos visto que algunos hermanos están al borde,
tienen que decidirse: O seguir en el pecado y en el infierno, o seguir a Dios».
A lo
mejor algunos creéis que eso de ser los últimos y los peores lo dicen por
humildad, pues no, lo dicen porque incluso en las primeras comunidades hay
algunos que siguen en el pecado y en el infierno. Son los que han interiorizado
que Dios les quiere pecadores.
A
continuación, Mario cuenta que los israelitas reniegan de su Dios, quien, juguetón
con ellos, permite que vayan al exilio. Durante un par de párrafos se va por
las ramas con historias de la pureza e impureza ritual y luego vuelve al tema
del pueblo en el exilio.
«Durante
el exilio, gracias a la predicación de los profetas, había un grupo que
esperaban el consuelo del Nuevo Moisés, y que comienzan a reconocer que el
pueblo se encuentra en exilio a causa de sus pecados, infidelidades. …
Y el
Señor de la Misericordia reconstruye el templo y profetiza, comienza a
profetizar una pureza ya no ritual. Ésa es la misión de Elías, la primera
misión de Elías que va al monte Sinaí, para recuperar el culto interior del
corazón y no exterior de los sacerdotes, que ofrecían sacrificios de los ricos
y maltrataban a los pobres y se aprovechaban del pueblo y hacían ritos».
Voy a
intentar aclarar esto. Mario, como neocatecúmeno de postín, debe de disponer de
una bola de cristal y de la capacidad de viajar en el tiempo, por eso se lía, o
quizá desconozca que el profeta Elías (siglo IX a.C.) es ANTERIOR a los dos
grandes exilios de Israel y Judá y a la primera destrucción del templo (siglo VI a.C.).
«Y
entonces comienzan a hablar de una alianza nueva. “Ya no pondré mi ley en
tablas, sino que la pondré en vuestro espíritu”».
Esta vez
Mario acierta, la profecía de Ezequiel es contemporánea del destierro en
Babilonia, si bien hasta ahora nada de lo que ha contado tiene que ver con la
presunta temática de su arenga.
«Entonces,
¿todo esto por qué? ¡Muy simple! Cuando viene Jesucristo, ¿qué viene a hacer?
¡A cumplir toda la obra del Padre! ¿Y cuál es la obra del Señor,
principalmente? Jesucristo, ofreciéndose a sí mismo por nuestros pecados,
tomando nuestros pecados, nuestras rebeldías, las de todo el pueblo de Israel,
ofrece su vida y dirá antes de ser crucificado: “Destruid este templo y yo lo
reconstruiré en tres días”. …
Él ha
venido a hacer el nuevo templo que es Cristo, cabeza, y nosotros, su cuerpo:
para hacernos templos de Dios. Y como la sexualidad es una parte integrante de
toda nuestra personalidad, como hombres y como mujeres, estamos llamados a
vivir como templos del Señor, como resultado de lo que somos».
¿Alguien
entiende cuál es “la obra del Padre”? ¿Es lo mismo que “la obra del Señor” o es
otra cosa? ¿Esa obra es ofrecerse por “las rebeldías del pueblo de Israel” o es
hacer el nuevo templo? ¿Qué tiene esto que ver con la sexualidad? Todo lo
precedente era paja innecesaria y de repente Mario se lanza a mezclar churras y
merinas con desenfreno: Que Juan Pablo II decía que la Trinidad es familia (lo
que no tiene nada que ver con la sexualidad), que san Pablo exhorta“a
mantener la unidad del Espíritu mediante el vínculo de la paz” (lo que tampoco
se refiere ni de lejos a la sexualidad), que san León Magno tiene unas homilías
sobre el Adviento bellísimas (bien por él, pero de nuevo, no es el tema que
Mario dijo que iba a tratar)…
Y así,
entre desvaríos, se cierra la primera parte del rollo pezzimo, que se retoma al
día siguiente, después de las laudes. Y al arrancar la segunda parte del rollo
dice Mario:
«Aprovecho
para deciros que este verano he tenido un bajón, los que tienen una cierta edad
saben qué son los bajones, así que ya no tenía la lucidez, ni la capacidad
sintética que tenía otros años y por eso no he preparado este año la catequesis
hablada con citas, porque no he podido. Hacemos lo que podemos».
No me
alegra su bajón, pero no tiene nada extraordinario a su edad, y con sinceridad,
las citas entremezcladas de otros años nunca facilitaban la lectura, y la
capacidad sintética que menciona jamás la he encontrado en los tostonazos de
Mario. Para capacidad sintética y dominio de las citas bien llevadas, el Papa
Benedicto XVI, que sí sabía enseñar, explicar y exponer, Mario no sirve para
esto, no ya ahora, tampoco antes.