Tras la publicidad y las tediosas presentaciones de los asistentes, por si después de sesenta años no se conocen, comienzan las laudes (Viernes XXVI del T.O.), por llamarlo de alguna forma, porque los largos discursos de Kiko rompen por completo cualquier posibilidad de hacer pasar lo siguiente por tiempo de oración.
Lo que según el mamotreto publicitario es la “monición” al salmo invitatorio del rezo de Laudes (“monición” que, dicho sea de paso, sobra a quienes presuntamente llevan décadas rezando las laudes a diario) es un compendio de mantras usuales kikiles:
«Hoy Dios ha predispuesto para ti y para mí una Palabra: pero podemos resistirnos a la gracia, a la acción del Espíritu Santo» porque «yo hoy soy un instrumento para ti y tú mañana serás un instrumento para otros».
«El juicio por la negligencia de un hermano impide la conversión. Escandalizarse por un pecado [ajeno] destruye la conversión». Toma nota: sus pecados no impiden la conversión, es el escándalo, el pensar con soberbia que el otro es peor, es lo que la impide, pero tu pecado es una nimiedad sin importancia. Y se queda tan fresco.
«Es una gracia que tú estés aquí. ¿Por qué tanta gente está en la cárcel o en el hospital y tú no?».
«Hay tanta gente desesperada que no tiene a nadie que le diga una palabra buena y no entienden y no conocen la vía que lleva a la vida».
«Solo los que Dios en su predestinación ha pensado de configurar a Cristo, reproducir en ellos la imagen de su Hijo, estos son los cristianos».
En resumen, no te esfuerces más que en escuchar y obedecer a Kiko, que él, a su tiempo (que no llega nunca) te dará tu diploma de cristianito.
A continuación, más mantras con la excusa de monitar el salmo 50:
«Todo lo que sucede en nuestra vida tiene una única finalidad que es luchar contra nuestra soberbia, el gran pecado, el orgullo».
«Se sabe que tu corazón está lleno de soberbia porque no se te puede corregir, no se te puede decir nada, no lo soportas». Como Kiko cuando se le dice que sus dibujos son horrorosos, o como cuando les corrige el Papa, que miran para otro lado y fingen que no va con ellos.
«El orgullo y la soberbia hacen de nosotros hijos del demonio, y hacemos el mal; entonces nos tienen que pasar hechos de sufrimiento, nos tienen que pasar para salvarnos: enfermedades, problemas, conflictos. … Si entendéis esto, entendéis todo del Cristianismo y el porqué del sufrimiento». Me da que quien no entiende el Cristianismo es Kiko, por eso hace a Dios responsable de todos los males y del sufrimiento de los inocentes.
El segundo salmo se proclama sin tostón previo, que se deja para después, con la excusa de monitar el canto ¡Oh, Jesús, amor mío! La monición en sí consiste básicamente en destripar el canto y solo tiene un detalle interesante:
«Cristo se ha dejado despojar por mi avaricia para que yo reciba el abandono de las riquezas de Él, o sea el vivir libre. Solo Él me puede dar esta libertad sobre el dinero». A ver si se la da de una vez -la libertad sobre el dinero- para que deje de sangrar a sus huestes.
Tampoco hay rollo ni antes ni después del tercer salmo, a continuación se proclama la lectura breve y después Kiko vuelve a soltar consignas como “monición” al canto “María, casa de bendición”.
«Os puedo decir que estoy verdaderamente muy contento de esta convivencia, porque lo que expresa este canto se realiza en nosotros. María ha visto en las bodas de Caná que faltaba el vino y … solo en la obediencia Cristo puede transformar nuestra agua en vino nuevo».
Esto es muy confuso. En las bodas de Caná María no obedece a Cristo, más bien le pone en un aprieto y Él, atrapado, hace lo que ella desea. Además el agua, en sí, no es mala, es sanísima, pero suponiendo que lo que el canto intente transmitir es que Cristo es fiel y asiste a los suyos -a los que le obedecen a Él no al kikotista- cuando estos necesitan que el agua se transforme en vino, entonces he de puntuar que lo que dice el Evangelio es que ese vino era de excelente calidad, no dice que fuera nuevo, dice que era bueno, mejor que el provisto por el novio.
Kiko sigue perorando:
«La familia cristiana se basa en el vino, símbolo de la entrada en la tierra prometida que Cristo realizará con su resurrección». ¿Cuándo la leche y la miel han dejado de ser símbolo de la tierra prometida? ¿Cuándo han sido sustituidos no por un gran racimo de uvas frescas sino por vino?
«Solo el que tiene dentro vida eterna, el que participa de la victoria de Cristo sobre la muerte, puede morir al marido, morir a la mujer, morir a los problemas con los hijos, puede vivir verdaderamente esta aventura. Hablo de la familia, pero también en el trabajo, en la comunidad, también en los equipos itinerantes, también en la convivencia con el otro, también en el seminario». Ya sabes, si hay follones la culpa es tuya, que no tienes vida eterna.
«Nosotros somos indignos del hecho que Dios nos haya llamado, pero nos ha llamado El, nos ha elegido y nos confía una misión para el mundo verdaderamente impresionante».
«Rechazar las tentaciones o rechazar el sufrimiento significaría traicionar nuestra misión, porque Dios nos da una misión de salvación para todos los hombres».
Ese es el profundo problema kikil, él no está por la labor de ser un simple instrumento inútil al servicio de Cristo, quiere ocupar su lugar y ser el administrador de la salvación.

