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| Feísmo tenebroso típico de Kiko |
Testimonio que he recibido por correo.
«Ingresé al camino en junio de 2025; una vecina me invitó a las charlas y me dio pormenores de lo que se hacía en el “itinerario” (termino usado por ella, todo lo que ponga entre comillas son sus términos, frases y palabras), me contó que en su parroquia estaba la primera comunidad que había terminado el camino. Asistí a la primera “catequesis” y debo decir que parecía una reunión de alcohólicos anónimos, donde cada persona a cargo de la charla contaba su historia y el antes y después de su vida [antes y después del CNC].
Me sorprendió que había un seminarista que era el quinto de once hermanos, al comienzo pensé que era una broma, más adelante doy más detalles.
No asistí a ninguna otra catequesis, porque debía atravesar media ciudad o más y no vi la necesidad, ya que al lado de mi casa hay una iglesia a la cual asistía todos los domingos (soy católica).
Un mes después me encontré a mi vecina y me preguntó sobre las catequesis a lo que respondí que la distancia era mucha y que no tenía tiempo, insistió en que fuera porque era la última semana e iba a haber un retiro de fin de semana; le cuestioné si era una secta, un multinivel, si debía pagar algo, si era católico, si me iban a vender algo... planteé mil dudas a lo que ella respondió que era algo “que vendrá en mi ayuda para mi salvación”.
No asistí al retiro de fin de semana o “convivencia” (luego me enteré que así lo llaman), pese a lo cual mi vecina muy alegre me dice que ella habló con los catequistas, que eran de su comunidad, y que no veían ningún problema en que yo perteneciera a la comunidad recién nacida, que asistiera el sábado a la celebración de la Eucaristía en la cual se iba a festejar el nacimiento de dicha comunidad. Acepte a ir porque ella y su esposo me llevarían hasta allá y me regresarían a mi casa; me presentaron a los catequistas y al responsable de la nueva comunidad quien me tomó datos y me ingresó a un grupo de WhatsApp.
La Eucaristía me produjo un choque de emociones tanto positivas como negativas ya que me sorprendió que se proclamaran las lecturas del domingo, a cada lectura le hacían una introducción que no entendí muy bien la relación con la lectura (hablaban de lo malos que somos y que Dios nos ama así), me chocó el cuestionario del cura a los niños (aquí vi que son normales dentro de este movimiento las familias numerosas, puesto que dos de los niños entrevistados eran el mayor de cinco hijos y el otro el décimo de trece hijos), al rato empezaron a hablar las personas más grandes, y al fin escuché al cura en una homilía larguísima sobre el porqué los carmelitas no están de acuerdo con el CNC, en fin; luego vino la paz donde se formó un desorden, besos, abrazos, risas, chismes, música, aplausos... Sigue la comunión en el puesto, al concluir el cura no pudo dar la bendición final porque los catequistas debían presentar a la comunidad naciente, nos pusimos de pie, aplausos y más desorden, finalmente la bendición y luego una danza, más desorden, más aplausos, más risas, más faltas de respeto hacía la Eucaristía... Luego hubo un “ágape” y conocí a los que eran miembros de la naciente comunidad (treinta en total, de los cuales diecisiete eran niños de catorce años, hijos de familias con muchos hijos, 11, 10, 8, 14 hijos). ¿De qué viven?, pensé.
Al salir de allí hablé con mi vecina y le realicé muchas preguntas sobre lo que acababa de presenciar, a lo que respondió que todo estaba en los estatutos aprobados por el Papa. No hubo otra respuesta por parte de ella, su esposo me dijo que el tiempo me iría iluminando las respuestas, pero que en la medida de lo posible asistiera a una convivencia de fin de semana para entender todo. No volví.
El grupo de WhatsApp de la comunidad quedó archivado y nunca lo consultaba porque mandaban obscenidades y chistes de mal gusto, por pura casualidad un día vi que me mencionaron en el grupo y era para preguntar si asistiría a una convivencia de inicio de curso, y sería un fin de semana completo; accedí porque me generó algo de curiosidad, y pensé que obtendría respuestas... Aquí viene lo turbio.
En la “convivencia” estábamos dos comunidades lideradas por el grupo de catequistas, en total unas setenta personas de las cuales unas cincuenta eran menores de edad; entre los adultos habría quizá cinco matrimonios y el resto solteros.
El catequista comenzó el viernes por la noche hablando de fornicación, sexo, masturbación, pornografía, erotismo, castidad y virginidad. Hizo un comentario horrible frente a cincuenta menores de edad: "la sexualidad es un regalo de Dios para los matrimonios, nada me une más a mi esposa que el que ella me espere con las piernas abiertas cada noche..." no entendí muy bien a que iba todo esto y perdón por mi ignorancia pero el esposo de mi vecina me dio a entender que en estas convivencias de fin de semana se hablaba de la Eucaristía, de allí mi confusión...
Me acomodaron en una habitación compartida con dos niñas de 14 años, lo cual me pareció inapropiado porque soy una mujer adulta y no tenían por qué colocarme a dos menores de edad en la misma habitación, además no las conocía, así que protesté. No sirvió de nada, me dijeron que debía obedecer y que no había más habitaciones. Eso sí, me pusieron de niñera y me dieron las llaves solo a mí y solo yo podía tenerlas.
La noche fue un caos. Las dos niñas se escaparon por la ventana, yo no estaba para cuidar a nadie, era más de medianoche y el sueño me pudo... A las 3 de la mañana y en vista de que las niñas no volvían y el frío era insoportable cerré la ventana; a las 5 de la mañana escuché las voces del par de infantes y de una catequista, quien no dudo en golpear la puerta a esa hora de la madrugada. NO soy una mujer paciente y me levanté de muy mal humor, hubo gritos de mi parte, porque sencillamente desde el minuto 1 manifesté que no era apropiado imponerme semejante tarea, y que la responsabilidad de esos cincuenta menores de edad era de sus respectivos padres o del equipo catequizador que había asumido llevárselos de “convivencia”. Fui acomodada en otra habitación, si bien me dijeron que tenía que asumir un costo adicional (me extrañé, porque mis vecinos dijeron que no había un costo fijo y que "podía" pagar lo que Dios me pusiera en el corazón).
El sábado en la mañana desayunamos en un silencio sepulcral, porque esa era la orden. Pues bien yo no supe cuando dijeron eso, así que muy amable saludé a quienes se sentaron en mi mesa y les ayudé a servir su desayuno (éramos todos adultos y un par de ellos eran ya mayores); susurramos un poco sobre el ruido de la noche, hasta que la misma catequista de la madrugada levantó la voz para regañarnos por ser unos incapaces para guardar silencio.
Después del desayuno, que fue a las 8 de la mañana, hubo una larga jornada de catequesis y penitencial, la catequesis era sobre Sansón y que no debíamos hablar con el demonio, que era Dalila. Soy diabética y en ningún momento me dijeron que el almuerzo se atrasaría hasta las 5 de la tarde, me puse grave de salud, y el responsable de los catequistas dijo que mi mareo era Dalila y que yo no debía dialogar con él, se acabó, todo solucionado… salvo que me desmaye a eso de las 3 de la tarde. Solo entonces me pusieron atención y me dieron alimentos. Mi mal genio no me permitió seguir aquel día en las charlas, llegada la noche fue la Eucaristía y me pidieron asistir, estaba emocionada porque pensé que por fin iba a tener una explicación sobre la Eucaristía, no fue así, y terminó pasada la medianoche.
Esta segunda noche fue peor que la anterior, el ruido de los menores de edad era insoportable, se sumaron gritos de los catequistas y el cura, se escuchaban golpes de puertas, risas, regaños y un olor fuerte a marihuana.
Me levanté, empaqué mis cosas y al llegar a la puerta del lugar me dijeron que no podía salir porque la orden de los catequistas era esa; discutí con la mujer y le explique que debía ausentarme porque no quería estar allí, además como mujer adulta tenía todo el derecho de salir; en esas se acercó uno de los catequistas (uno que apenas participó, todo lo abarcaron el que solo hablaba de sexualidad y la gritona, los otros tres, o sea la esposa predispuesta a abrirse de piernas del primero y otro matrimonio no participaron mucho), él me dijo que de querer irme debía hacerlo en la mañana, que tratara de descansar que ya todo se había solucionado.
Pues bien, fui a dormir y al amanecer me disponía a salir, trataron de persuadirme, dije que si no podía irme no quería escuchar nada más, la esposa del catequista aberrante habló conmigo y me pidió que diera buen ejemplo, que no escandalizara a nadie, en fin, después de solo hablar de sexo se acabó la “convivencia” y el catequista soltó que el dinero era el demonio y que debíamos dejar todo allí.
Salí de allá decidida a no volver nunca y buscando información encontré está página y de buenas que puedo contar mi testimonio».

