Como comenté en la primera entrada sobre el
mamotreto de la tercera parte de la etapa del Padre nuestro, es feroz el ataque
que Kiko dirige contra el Sacramento más precioso del Catolicismo, el que le da
sentido. Dios se hace presente en el pan y el vino consagrado, Dios, pero según
Kiko eso no es bastante, eso no salva, eso es para religiosos naturales, al
cristiano adulto le hace falta una no-asociación coercitiva.
«Hoy vivimos en medio de una sociedad cada
vez más anticristiana. ¿Qué resistirá en esa situación? ¡El cristianismo
adulto! Por eso nosotros les decimos a los curas: no bastan las misas; hay que
evangelizar de verdad, formar cristianos adultos, con fe adulta, cristianos
verdaderamente convencidos, capaces de dar testimonio en su vida concreta, en
el trabajo, etc.».
Ya queda poco, y como siempre, antes de
cerrar la boquita, Kiko asegura que sabe lo que Dios quiere hacer, si se dejan
(porque los hay que no escuchan a Kiko), con los presentes en la convivencia
(para resaltar que los que no hayan ido se lo pierden para siempre, porque Dios
se quiere encontrar con ellos en la convivencia y en ningún otro sitio).
«Bien, hermanos. Estaba diciendo que
esperamos que en esta convivencia pase el Señor y nos cure a todos, también a
mí, de manera que podamos salir de aquí dando gloria a Dios. En esta convivencia el Señor nos quiere dar
gratuitamente la paz. Espero que os dure. Es una cosa estupenda tener
paz y felicidad en medio del combate y del mal que tiene cada día de nuestra
vida.
El
Señor viene aquí. ¿Hay algo
más maravilloso que poder acoger al Señor? Un día iremos definitivamente al
encuentro del Señor. Ese día, el día de tu muerte, se hará la oscuridad y tú
estarás sólo: no estará tu mujer, tu marido, no estarán tus hijos. Todos nos
tenemos que morir. Ya estamos envejeciendo -gracias a Dios-; ya tenemos el pelo
blanco. Envejecemos y no sabemos cuándo nos vamos a morir. Sólo el necio no se
da cuenta de que tiene que morir; piensa que no se va a morir nunca.
Entonces, hermanos, pongámonos en esta
convivencia en manos de Jesucristo. Dios ha preparado para nosotros, en esta convivencia, un
tesoro de gracias; si las acogemos, podremos volver a casa llenos de riquezas,
contentísimos, felicísimos. Esta convivencia puede ayudaros profundamente; sus frutos pueden durar a lo
largo de vuestra vida».
Aquí cambia de tema para explicar por
n-sima vez lo que es un lucernario.
«Ahora vamos a hacer la celebración del
lucernario. Despertaos los que os estáis durmiendo, porque el cristianismo es
una vigilia. Nos dice el Señor: "Entendedlo bien: si el dueño de casa
supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa.
También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá
el Hijo del hombre".
Por eso es muy importante este signo del
lucernario. El lucernario, el rito de la luz, es un rito antiquísimo que la
Iglesia ha conservado hasta hoy en la Vigilia Pascual. Los hebreos inician el sabbat
encendiendo las velas; y, como sabéis, la mujer de la casa hace una oración
dándole gracias al Señor por la luz, porque Dios es la luz, la vida. En la
antigüedad, los primeros cristianos, cuando anochecía y encendían la primera
vela de la noche, lo hacían en homenaje a Cristo resucitado».
En la antigüedad no había electricidad, así
que con la llegada de la oscuridad había que encender lámparas de aceite o de
lo que hubiese a mano. Para los cristianos (lo que hicieran los judíos me trae
sin cuidado), la llegada de la noche señalaba la hora del rezo vespertino y el
primer rito, ligado a esa oración, era el encendido de una luz.
Lo importante es que en la antigüedad no
había que esforzarse por “hace tinieblas”, estas llegaban de forma natural; y
en la vigilia pascual tampoco se toman medidas especiales para que todo esté en
tinieblas, solo se apagan las luces, en el CNC, en cambio, se procura una
tiniebla artificial con persianas, cortina y cuanto se pueda, de modo que es el
CNC el que trae consigo la tiniebla.
«Empezaremos el lucernario, como siempre,
haciendo oscuridad en esta sala durante algunos minutos. Todos nosotros
estábamos en la oscuridad, en las tinieblas del pecado. Quizá hoy alguno de
vosotros todavía está a oscuras; es posible que el demonio le haya cegado de
nuevo y esté en tinieblas, sin ver. ¿Qué significa estar a oscuras, en
tinieblas? No ver el amor de Dios en nuestra historia ni ver el amor a los
hombres. Aquéllos de vosotros que no veis el amor de Dios estáis a oscuras, en
tinieblas, en la oscuridad más total».
Y ahora cuenta la batallita de que nadie,
ni uno solo, veía el amor de Dios hasta que entró a ser no-miembro de una
no-asociación.
«Mucha gente tiene los ojos enfermos,
viciados, y piensa que su vida es una maldición; por eso muchos se quitan la
vida. Hay gente que no ve ni el amor de Dios ni el amor de los demás. Si uno no
ve el amor de Dios, es evidente que tampoco ve el amor del prójimo. ¡Y decidme
cómo se puede vivir sin el amor del prójimo! Vivir en tinieblas es durísimo; se
sufre mucho en las tinieblas.
Pero a nosotros, que estábamos en ese
situación, nos llegó un día una luz pequeña, débil, como la del cirio que va a
entrar hoy aquí. Esta luz, Cristo resucitado que se hizo pequeño, humilde, por
nosotros, ha empezado a iluminar nuestra vida. Cuanto entre aquí el cirio
pascual, signo de Cristo resucitado, su débil luz empezará a iluminarnos, a
mostrarnos el ambón, a hacernos ver a los hermanos, etc. La luz de Jesucristo
nos hace entender que vivimos junto a otros e ilumina nuestra vida, nuestra
historia.
Como sabéis, cristiano adulto es el que ve,
el que tiene discernimiento. El
pecado mortal ciega los dos ojos del hombre: ya no ve ni el amor de Dios
ni el amor de los hombres».
Es suma, la tesis de Kiko es que todos
todos todos estaban en pecado mortal antes de pasar a ser no-socios en una
comunidad. ¿Por qué juzgas a tus hermanos, Kiko? Preocúpate mejor de tus
pecados y deja en paz a los demás.
«El pecado nos destruye, nos ciega, nos
hace entrar en la soledad. El hombre que vive en el pecado está solo, como el
hombre que está en las tinieblas y que no siente más que su respiración en
medio de un mundo tenebroso. Así vive tanta gente, en un infierno espantoso.
Por eso, no es que el cristianismo sirva sólo para la otra vida; ¡sirve ante
todo para ésta! Por eso: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!".
Los que no tienen una antropología evangélica, no tienen ningún deseo de
evangelizar, porque no ven que quien está en el pecado está muerto; ven a los
pecadores y dicen: "Están perfectamente vivos; ¿para qué
evangelizar?" Jesucristo, sin embargo, los ve muertos y dice: "Deja
que los muertos entierren a sus muertos. ¡Tú, sígueme!"».
Esto es tan profundo como la fosa de las
Marianas, y más absurdo que profundo: hay uno que opina que el pecado no
conduce a la muerte, por lo que no hay que hacer nada. Es la actitud del
kikotista que rechaza las quejas de las esposa y le reclama a ella que perdone
a su marido una y otra vez, porque no pasa nada, el marido está vivo y no hay
que evangelizarlo ni corregirlo, lo que pasa es que ella es una sentimental y
una rebelde que no quiere someterse.
«El día de vuestra muerte (algunos hermanos
que habían empezado el Camino con nosotros ya han muerto), veréis hasta qué
punto ha sido importante este Camino. Tal vez ahora ni os dais cuenta».
Hay que empezar a animar a la gente a que
deje su herencia al CNC, que esperar al día de la muerte puede ser un poco
tarde para esos negocios de vivos muy vivos que dicen que no cobran nada.
«Dios me ha llamado a mí, ha llamado a
Carmen y al P. Mario, por amor a vosotros. Dios me ha "desviado" de
la pintura, de hacer exposiciones, de hacer tantísimas cosas, para que dedicase
mi vida a vosotros, a quienes no conocía, sin que me paguéis nada, sin ningún
contrato. Quiero decir con esto que Dios tiene un designio maravilloso de amor
para vosotros. Y vosotros podéis frustrarlo, porque sois libres».
Una seña de identidad del CNC es que
siempre presenta la libertad de los hijos de Dios bajo un halo negativo: puedes
frustrar el plan de Dios. Pues yo os digo, el plan de Dios es que sus hijos
sean libres; si eres libre, no frustras el plan de Dios, sino que se cumple en
ti.
«Ahora, cuando apaguemos las luces,
pensemos todos verdaderamente en lo que significa vivir en tinieblas, en el
pecado. Este signo que hacemos nos hace presente lo que es de verdad nuestra
realidad. La muerte y el infierno existen, hermanos. ¡No son cosas inventadas!
Muerte, juicio, infierno y gloria, son los novísimos de los que habla la
Iglesia».
Aquí no puede echar manos de los amados
hermanos judíos, porque muchos de ellos negaban la vida después de la muerte,
no creían en el juicio ni en el cielo ni en el infierno.
«Algunos os moriréis antes de acabar el
neocatecumenado».
¡Pobrecitos! ¡Qué desgracia morir sin haber
pasado por el matrikikonio espiritual!
«Inmediatamente después de la muerte todos
seremos juzgados. Todos tenemos que pasar ante Dios y seremos juzgados por Él
según nuestras obras. Nosotros somos "nosotros y nuestras obras". El
filósofo español José Ortega y Gasset decía: "El hombre es él y sus
circunstancias". Nosotros decimos: el hombre es él y las obras que le
acompañan. En el juicio veremos la maravilla que ha sido nuestra historia: por
qué un día te encontraste con aquel katekista, por qué te has casado con esa
mujer, por qué has tenido esos hijos, etc. Todo tiene un porqué. Veremos toda
nuestra historia iluminada; Dios, en efecto, ha escogido la historia para
revelarse en ella, para actuar en ella».
Kiko es un narcisista, por eso se imagina
el juicio como una película de su vida en la que todo es brillante y rutilante
para él… Me parece que se equivoca, que el juicio no tiene nada que ver con
eso.
Y a continuación, una vez más, el uso del
nombre de Dios para vender una no-asociación inútil.
«Hay la posibilidad, hermanos, de que
abandonemos a Jesucristo y de que entremos de nuevo en las tinieblas más
espantosas. Si alguno de vosotros está en tinieblas, está en pecado, ¡ánimo!,
porque Dios le ha traído
aquí para que vuelva a ver la luz de su Hijo, que nos ilumina
interiormente y nos hace ver el amor gratuito de Dios por nosotros.
Todos necesitamos abrirnos a la luz de
Cristo, para que esa luz sea cada vez más radiante dentro de nosotros, para que
un día podamos llegar a la visión de la luz de Dios en el cielo. En el monte
Tabor, Jesucristo se transfiguró en luz delante de tres apóstoles, Pedro,
Santiago y Juan, que se quedaron boquiabiertos. Dice el Evangelio que el rostro
de Jesús brillaba como el sol y que sus vestidos se volvieron blancos como la
luz. Jesucristo es una luz inmensa, es el amor de Dios actuando en nuestra
vida, Él, que es el único infinitamente misericordioso.
Por eso, cuando veamos que entra el cirio
pascual, el cirio que nos recuerda la Pascua, que es Cristo muerto y resucitado
por nosotros, acojamos la
luz de Cristo que viene a nosotros, que viene a esta convivencia para
destruir todas nuestras tinieblas, para mostrarnos su amor, el amor de Dios, y
cantemos: "¡Cristo Jesús es nuestra luz y nuestra salvación!
¡Aleluya!"
De
pie».
Aquí
tras el tremendo rollo, tendría lugar el lucernario de todos los pasos (original no es).