viernes, 10 de abril de 2026

Fieles al kikismo

 

Engaño que es parte de la praxis del CNC

A veces conviene expresar lo obvio: ante situaciones de abuso por parte de presuntos guías espirituales, el escándalo verdadero no es hablar... es tapar y callar lo que se ha convertido en praxis habitual.

En las “pequeñas comunidades” existen normas no escritas que son las que rigen el funcionamiento de esos grupos, de tal modo que si alguien no las acata, es invitado a marcharse para no volver, y si comete el error de no querer irse, es amorosamente expulsado de la no-asociación de no-miembros.

Tales normas arcanas no están en los estatutos, al contrario, los contradicen; tampoco están en los Evangelios, ni en la tradición y documentos de la Iglesia, pero son de obligado cumplimiento dentro de las comunidades, por encima de la razón (crucifica la razón, hermano), de las circunstancias personales (fíate de Dios, no te dejes engañar por el maligno), de la ética y de la mera caridad para con el prójimo.

Cuántas veces ha sucedido que si tu hijo homosexual vive contigo, no puedes pasar el segundo escrutinio. Te exigen que lo eches de tu casa, que también es la suya. Lo más miserable es que el kikotista que lo reclama no echó de casa al hijo que durante años bebía demasiado y causaba problemas. Nunca se le reclamó dar ejemplo -hubiese sido un moralismo- y ahora, con su casa "en orden", impone a otros cargas que él no soportó. Esta hipocresía sí es causa de escándalo, pero ten cuidado con echársela en cara al kikócrita o te acusarán de soberbio y endemoniado.

Una kikotista conocida por su dureza en las correcciones públicas a los demás, demandó por una cifra con muchos ceros a la derecha al servicio médico que no pudo evitar que su esposo muriese en la pandemia… ¿No dicen los kikotistas que el cristiano no denuncia y que deja la justicia a Dios? ¡Por supuesto!, si eres neocatecúmeno de a pie,  a ella “la autorizaron sus kikotistas itinerantes” a poner la demanda. Pero ella jamás autorizaba a nadie, por ejemplo, a usar métodos naturales para espaciar embarazos, por más que la salud de la madre se resintiese.

Son ejemplos reales para visibilizar patrones de la praxis real del CNC: el abuso de poder que inevitablemente lleva a decisiones sesgadas y erradas.

Porque, en teoría y según el estatuto, el Camino camina con la Iglesia, ya que el verdadero guía, el Espíritu Santo, fue enviado por Cristo a la Iglesia, no a las chabolas de Palomeras, pero la verdadera praxis se fundamenta en las siguientes normas:

El criterio del kikotista, loro de Kiko, está por encima del Magisterio de la Iglesia. “Somos tus kikotistas, ¿nos vas a obedecer? El que no quiera obedecer que se vaya”.

La tradición de Kiko y Carmen la de categoría superior vale más que la enseñanza del Evangelio. En consecuencia el “en el Camino siempre se hace así” reemplaza al discernimiento pastoral.

¿Dónde queda el Catecismo? ¿Dónde el Código de Derecho Canónico? ¿Dónde la misericordia?

La Iglesia dice: nadie puede ser expulsado de la Eucaristía. En el Camino no se admiten invitados en esas ukas pascuales a puerta cerrada en las que se degusta leche y miel.

La Iglesia asegura: nadie puede ser excluido de una parroquia sin un proceso que garantice que se respetan los derechos de los implicados. Nadie puede ser juzgado en base a rumores y chismes. ¡Qué se lo digan al padre Eugenio!

Kiko el excomunilgador no se ha sometido en toda su vida a la Iglesia y no va a empezar a hacerlo ahora. Él dicta la ley del Camino y si decreta que se expulse a un no-miembro no-expulsable, se le larga. Y punto.

Y los loros imitan los hechos concretos de su projeta. Y así sucede que quieres acaparan cargos dentro del Camino (recuérdese que por orden de Francisco tales cargos tienen fecha de caducidad que el CNC se pasa por el arco del triunfo) hacen uso de su posición para situar a hijos y amigos, y para castigar y humillar a quienes no les simpatizan, aun a costa de machacar, quizá de por vida, a familias enteras.

¿Cuántos neohermanos han necesitado y siguen requiriendo tratamiento psicológico para superar los traumas provocados por la nefasta praxis del CNC?

Kiko se lamenta de que muchos hermanos se van después de acabado el Camino, incluso después de la pantomima del matrikikonio espiritual, y como los hijos del demonio no son capaces de reconocer sus errores, dice que quienes abandonan la comunidad lo hacen por soberbia, porque no quieren obedecer, porque no aceptan la humillación.  ¡Necio, saca primero la viga de tu ojo!

Uno de los mecanismos de control es el silencio forzado, el impedir que quienes son agraviados expongan sus quejas y motivos. Te impiden dialogar, porque si mencionas errores de los kikotistas, aunque sean públicos, es porque “eres un soberbio”, “eso viene del demonio”, “eso es un juicio”, “no te has enterado de nada”, “te resistes al mal” y no perdonas, el malvado eres tú.

¿Entonces dónde puede defenderse y buscar ayuda un hermano que sufre por los abusos de poder de otros amados hermanos? ¿Dónde puede expresar dudas, injusticias o contradicciones? En ninguna parte. Está prohibido denunciar los errores. “El que obedece y calla no se equivoca”.

No existe un procedimiento dentro del Camino para tratar estos problemas. No hay quien revise o audite. Los obispos se inhiben. Los párrocos se inhiben o bien son presbikikos sometidos a los kikotistas. No hay espacios ni mecanismos de prevención de abusos o de control de estos cuando ya se han producido. Quien no se calla es considerado traidor al Camino, que no es una asociación, pero igual se expulsa a los traidores. Quien ve los abusos y calla, es considerado fiel.

¿Fiel a qué?

Al kikismo.

 

miércoles, 8 de abril de 2026

Camino escandaloso

 


Desde su arranque, el Camino Neocatecumenal se presentó como un itinerario de redescubrimiento del Bautismo. Con tal objetivo ni se orientaba ni podía orientarse a la missio ad gente, es decir, la Evangelización de los paganos, sino que su propuesta era la formación espiritual de gente oficialmente cristiana pero con un conocimiento deficitario de su fe. Por eso el itinerario no conducía al Bautismo, sino al redescubrimiento de este.

Al ser su audiencia “natural” gente con un bagaje doctrinal insuficiente, pues de otro modo no necesitarían redescubrir el primero de todos los sacramentos de la iniciación cristiana, sería razonable que los participantes en tal itinerario (no confundir con miembros de una asociación) no se tuviesen por una élite espiritual.

Lo que pasa es que la razón y el razonamiento están muy mal vistos en el itinerario neocatecumenal.

Por eso, en las parroquias donde el itinerario se asienta, lo que en sí mismo es un oxímoron, se implanta una anticristiana casta neocatecumenal de segunda o tercera generación que mira a los demás (los otros, los de fuera, los religiosos de misa de 12, los que Kiko llama alienados, los clericalistas perseguidores) por encima del hombro.

Otro signo de la existencia de la casta neokika es la tendencia a convertir los pasos del itinerario en filtros sociales, morales y afectivos. Los padres que aconsejan al hijo alejarse de los compañeros de colegio no neocatecumenales, los kikotistas que previenen a los neocatecúmenos sobre esos novietes que no quieren hacer las kikotesis, la esposa que es enviada a su casa para convertir al marido no caminante, la soltera que, por serlo, es encaminada a hacer una experiencia en un convento de clausura… Pueden parecer consejos sin malicia, pero son muy graves.

Y hay situaciones peores.

Hermanos que, por la causa que sea, se vuelven incómodos para algún jefecillo y son excluidos o silenciados sin posibilidad de defensa, sin una corrección fraterna ni un discernimiento real. Al contrario, se usa el chisme y la maledicencia del “me han dicho que” para causar escándalo que “justifique” apartar a estos hermanos precisamente “para proteger a los pequeños”.

El escándalo real, según el Evangelio, es ver al prójimo tirado al borde del camino y pasar de él “para no incurrir en impureza”.

Pasos como el segundo escrutinio son una dictatorial aduana moral que no se pasa por la fe, por frutos visibles, ni por deseo de conversión. Se pasa —o no— según criterios inconfesables pero sabidos:

* Si eres hijo de alguien “con responsabilidad” dentro del itinerario, pasas aunque blasfemes de Dios.

* Si eres compadre de algún kikotista, pasas aunque zurres a toda la familia.

* Si tu situación personal no se ajusta a la normalidad impuesta (soltero sin compromiso pese a tener empleo, casado sin hijos o con pocos hijos, novio de alguien ajeno al CNC…), probablemente no pases.

* Si tienes una posición económica holgada (o que los kikotistas consideren holgada), posiblemente no pases, pues alguien con el discernimiento de una lombriz considerará que no te has probado suficientemente en los bienes.

* Y si no se sabe qué hacer contigo, se recurre a “nuestros kikotistas ya están al tanto. Ellos decidirán” para cerrar cualquier asunto.

Esto no es discernimiento. Es un sistema de reglas, una normativa, un guiaburros para kikotistas sin formación, pero con poder absoluto.

Porque lo que sí causa escándalo y es indicio de sistema abusivo es la asimetría entre el poder que sobre la vida de otros ejercen los kikotistas y el conocimiento y formación de que carecen.

Quien reclama para sí un presunto derecho a ser informado acerca de la vida de otro, a opinar sobre las circunstancias de ese otro y a dictaminar e imponer cómo debe proceder el otro, como mínimo debe tener herramientas teológicas, pastorales y humanas que faciliten no dañar al otro, no avergonzarle, no humillarle.

La realidad es todo lo contrario.

Con frecuencia, el segundo estropicio parece un concurso por ver qué kikotista hace más daño, a ver quién hace llorar a más hermanos, a ver quién suelta la imposición más anticristiana:

* Déjate de método Billings, que es un engaño del demonio, tú te vas al tálamo con tu marido y si te quedas embarazada, da gracias a Dios, y si te mueres en la sexta cesárea será que eso es lo mejor para tu familia.

* Te hemos dicho que tú tienes que dar el diezmo lo primero de todo, y si luego tu sueldo no alcanza hasta fin de mes y tus hijos se pasan una semana a pan y agua es que eso es lo que Dios quiere para ellos.

* Si tu novio no quiere hacer las kikotesis, es porque no te quiere. ¿Qué haces tú con un novio que no te ama? Explícamelo, ¿qué es lo que haces con un novio que no viene de Dios? So necia, que estás cambiando la primogenitura por el plato de lentejas.

Así una y otra y otra vez. Frases hirientes y mensajes errados cuando no malvados, frutos de la ignorancia, la improvisación del momento y la presunción de superioridad moralikikante.

Además, donde el Camino toma el control de la parroquia, la corrupción espiritual se multiplica.

* Se ignora la realidad de los fieles que no neocatecúmenos (Iba a poner los que no pertenecen al Camino, pero nadie pertenece al Camino, porque no es una asociación ni tiene miembros).

* Se tapan los abusos internos, en particular si son cometidos por algún kikotista. Con la excusa, de nuevo, de no escandalizar, se machaca a las víctimas y no se elevan denuncias al obispado.

* No se obedece al obispo, se obedece al kikotista de zona, que puede o no estar en sintonía con el obispo.

 

Esta es la praxis real del CNC. ¿Te parece escandaloso que se publique lo que con tanto ahínco tratan de ocultar?

Escandaloso es que se normalizar la coacción y la violencia espiritual bajo el falso nombre de la santa obediencia.

Escandaloso es que la voz del hermano sufriente sea desacreditada con la argucia de chismes esparcidos por los verdugos.

Escandaloso es que no se permita corregir al kikotista que mete la pata.

Escandaloso es que desee la muerte del que ordena correcciones muy pertinentes.

Escandaloso es que se expulse de la no-asociación a quien, lejos de dejarse pisotear en silencio, cuenta lo que le hacen.

Escandaloso es que se denuncie a alguien con la excusa de unos kikirikantos de los que Kiko no es el compositor.

¿Qué hay hoy en el CNC que no sea escandaloso?