lunes, 5 de octubre de 2026

Diseño "liturgikiko"

 


En esta ocasión, un artículo tomado de aquí.

Por crecer en el Camino Neocatecumenal, me vi inmerso en una narrativa específica y rígida que definía la asamblea de los fieles como el único templo verdadero del Espíritu Santo. La teología del Camino se fundamenta en el rechazo de lo que denominan «religiosidad natural», un concepto que consideran una intrusión del paganismo en la fe cristiana.

Para ellos, el desarrollo de altares de piedra, arquitectura sagrada y templos permanentes representaba una ruptura con la iglesia primitiva e itinerante de los primeros siglos. Nos enseñaron que los primeros cristianos celebraban una liturgia sencilla alrededor de una simple mesa (la mesa de la cocina, por ejemplo, una mesa no dedicada, sino multiuso), imitando la Última Cena, y que el uso de alfombras en los salones neocatecumenales era un signo deliberado de un pueblo peregrino que no poseía un lugar estable en la tierra, algo así como que la alfombra representa la tienda que se monta y se desmonta y se lleva de un lado a otro.

En el hecho de prescindir de los elementos arquitectónicos tradicionales de la Iglesia Católica, los neocatecumenales afirmaban restaurar un culto auténtico, preconstantiniano, que favorecía la contemplación espontánea y la experiencia comunitaria, un culto superior al de las "piedras muertas" del "sacrificio" pagano de la sociedad romana del siglo IV.

Sin embargo, a medida que el Camino se expandía y aumentaba sus recursos financieros, presencié una profunda contradicción entre esta teología declarada y su práctica real, la famosa praxis. A pesar de que de boca persiste la insistencia en que la asamblea es el único templo y que los espacios sagrados permanentes son anticristianos, en cuanto contó con medios para ello el Camino se apresuró a establecer sus propios catecumeniums permanentes y centros "domus".

Estas estructuras no son los espacios temporales y neutrales que su teología sugería. Se trata, en cambio, de octógonos brutalistas-modernistas muy específicos, diseñados con panorámica 360 grados, con una enorme mesa de piedra en el centro y filas de asientos tipo anfiteatro más propios de un centro de espectáculos que de un lugar de culto cristiano, puesto que carecen de reclinatorios. Cada pared está decorada con vidrieras e iconos al inconfundible estilo basto de su iniciador, Kiko Argüello.

Este giro hacia la construcción de elaborados espacios sagrados permanentes revela la inherente falta de sinceridad de la crítica neocatecumenal a la «religiosidad natural». Si realmente creyeran que los altares de piedra y los templos profusamente decorados son contrarios al Evangelio, se habrían mantenido en las sencillas salas multifuncionales que defendieron al principio.

Esta contradicción no solo sirve como hecho concreto de la falta de coherencia del Camino, también ofrece una perspectiva lógica para comprender la historia de la Iglesia. El Camino Neocatecumenal arguye que, al obtener su reconocimiento legal, la Iglesia primitiva fue reprimida por la imposición de la «religiosidad natural» y el paganismo romano de los neófitos. Sin embargo, la propia conducta del Camino sugiere lo contrario.

En cuanto recibieron el permiso y los recursos económicos, los cristianos de aquel tiempo construyeron templos que se ajustaban perfectamente a su teología específica. Si la Iglesia primitiva hubiera practicado una liturgia en torno a una mesa comunitaria circular, cabría esperar que esa teología se reflejara en el registro arqueológico de la época en que los cristianos tuvieron libertad para construir. Si el modelo «primitivo» hubiera sido un círculo, las primeras grandes iglesias del siglo IV se habrían construido como anfiteatros o comedores circulares.

Pero al examinar las reliquias históricas y las ruinas más antiguas de la arquitectura cristiana, no aparecen iglesias circulares. En cambio, encontramos la basílica: un edificio lineal y direccional que orienta a la asamblea hacia un altar y un Oriente sagrado.

Por lo tanto, esta ausencia histórica confirma que la liturgia "primitiva" del CNC es una invención moderna, no una restauración. Los primeros cristianos no construían iglesias circulares porque su teología no se centraba en el círculo cerrado de la comunidad, sino en el sacrificio del altar y la espera del regreso de Cristo.

El hecho de que un movimiento que se declara tan ideológicamente opuesto a los "templos" finalmente sucumbiera a la necesidad humana de construirlos demuestra que el giro hacia la arquitectura sagrada en la Iglesia primitiva no fue una corrupción pagana, sino una expresión natural y auténtica de la fe, que el Camino Neocatecumenal no ha sido capaz de "descubrir".

 

sábado, 3 de octubre de 2026

Padre nuestro - última parte (II)

 


Como comenté en la primera entrada sobre el mamotreto de la tercera parte de la etapa del Padre nuestro, es feroz el ataque que Kiko dirige contra el Sacramento más precioso del Catolicismo, el que le da sentido. Dios se hace presente en el pan y el vino consagrado, Dios, pero según Kiko eso no es bastante, eso no salva, eso es para religiosos naturales, al cristiano adulto le hace falta una no-asociación coercitiva.

«Hoy vivimos en medio de una sociedad cada vez más anticristiana. ¿Qué resistirá en esa situación? ¡El cristianismo adulto! Por eso nosotros les decimos a los curas: no bastan las misas; hay que evangelizar de verdad, formar cristianos adultos, con fe adulta, cristianos verdaderamente convencidos, capaces de dar testimonio en su vida concreta, en el trabajo, etc.».

Ya queda poco, y como siempre, antes de cerrar la boquita, Kiko asegura que sabe lo que Dios quiere hacer, si se dejan (porque los hay que no escuchan a Kiko), con los presentes en la convivencia (para resaltar que los que no hayan ido se lo pierden para siempre, porque Dios se quiere encontrar con ellos en la convivencia y en ningún otro sitio).

«Bien, hermanos. Estaba diciendo que esperamos que en esta convivencia pase el Señor y nos cure a todos, también a mí, de manera que podamos salir de aquí dando gloria a Dios. En esta convivencia el Señor nos quiere dar gratuitamente la paz. Espero que os dure. Es una cosa estupenda tener paz y felicidad en medio del combate y del mal que tiene cada día de nuestra vida.

El Señor viene aquí. ¿Hay algo más maravilloso que poder acoger al Señor? Un día iremos definitivamente al encuentro del Señor. Ese día, el día de tu muerte, se hará la oscuridad y tú estarás sólo: no estará tu mujer, tu marido, no estarán tus hijos. Todos nos tenemos que morir. Ya estamos envejeciendo -gracias a Dios-; ya tenemos el pelo blanco. Envejecemos y no sabemos cuándo nos vamos a morir. Sólo el necio no se da cuenta de que tiene que morir; piensa que no se va a morir nunca.

Entonces, hermanos, pongámonos en esta convivencia en manos de Jesucristo. Dios ha preparado para nosotros, en esta convivencia, un tesoro de gracias; si las acogemos, podremos volver a casa llenos de riquezas, contentísimos, felicísimos. Esta convivencia puede ayudaros profundamente; sus frutos pueden durar a lo largo de vuestra vida».

Aquí cambia de tema para explicar por n-sima vez lo que es un lucernario.

«Ahora vamos a hacer la celebración del lucernario. Despertaos los que os estáis durmiendo, porque el cristianismo es una vigilia. Nos dice el Señor: "Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre".

Por eso es muy importante este signo del lucernario. El lucernario, el rito de la luz, es un rito antiquísimo que la Iglesia ha conservado hasta hoy en la Vigilia Pascual. Los hebreos inician el sabbat encendiendo las velas; y, como sabéis, la mujer de la casa hace una oración dándole gracias al Señor por la luz, porque Dios es la luz, la vida. En la antigüedad, los primeros cristianos, cuando anochecía y encendían la primera vela de la noche, lo hacían en homenaje a Cristo resucitado».

En la antigüedad no había electricidad, así que con la llegada de la oscuridad había que encender lámparas de aceite o de lo que hubiese a mano. Para los cristianos (lo que hicieran los judíos me trae sin cuidado), la llegada de la noche señalaba la hora del rezo vespertino y el primer rito, ligado a esa oración, era el encendido de una luz.

Lo importante es que en la antigüedad no había que esforzarse por “hace tinieblas”, estas llegaban de forma natural; y en la vigilia pascual tampoco se toman medidas especiales para que todo esté en tinieblas, solo se apagan las luces, en el CNC, en cambio, se procura una tiniebla artificial con persianas, cortina y cuanto se pueda, de modo que es el CNC el que trae consigo la tiniebla.

«Empezaremos el lucernario, como siempre, haciendo oscuridad en esta sala durante algunos minutos. Todos nosotros estábamos en la oscuridad, en las tinieblas del pecado. Quizá hoy alguno de vosotros todavía está a oscuras; es posible que el demonio le haya cegado de nuevo y esté en tinieblas, sin ver. ¿Qué significa estar a oscuras, en tinieblas? No ver el amor de Dios en nuestra historia ni ver el amor a los hombres. Aquéllos de vosotros que no veis el amor de Dios estáis a oscuras, en tinieblas, en la oscuridad más total».

Y ahora cuenta la batallita de que nadie, ni uno solo, veía el amor de Dios hasta que entró a ser no-miembro de una no-asociación.

«Mucha gente tiene los ojos enfermos, viciados, y piensa que su vida es una maldición; por eso muchos se quitan la vida. Hay gente que no ve ni el amor de Dios ni el amor de los demás. Si uno no ve el amor de Dios, es evidente que tampoco ve el amor del prójimo. ¡Y decidme cómo se puede vivir sin el amor del prójimo! Vivir en tinieblas es durísimo; se sufre mucho en las tinieblas.

Pero a nosotros, que estábamos en ese situación, nos llegó un día una luz pequeña, débil, como la del cirio que va a entrar hoy aquí. Esta luz, Cristo resucitado que se hizo pequeño, humilde, por nosotros, ha empezado a iluminar nuestra vida. Cuanto entre aquí el cirio pascual, signo de Cristo resucitado, su débil luz empezará a iluminarnos, a mostrarnos el ambón, a hacernos ver a los hermanos, etc. La luz de Jesucristo nos hace entender que vivimos junto a otros e ilumina nuestra vida, nuestra historia.

Como sabéis, cristiano adulto es el que ve, el que tiene discernimiento. El pecado mortal ciega los dos ojos del hombre: ya no ve ni el amor de Dios ni el amor de los hombres».

Es suma, la tesis de Kiko es que todos todos todos estaban en pecado mortal antes de pasar a ser no-socios en una comunidad. ¿Por qué juzgas a tus hermanos, Kiko? Preocúpate mejor de tus pecados y deja en paz a los demás.

«El pecado nos destruye, nos ciega, nos hace entrar en la soledad. El hombre que vive en el pecado está solo, como el hombre que está en las tinieblas y que no siente más que su respiración en medio de un mundo tenebroso. Así vive tanta gente, en un infierno espantoso. Por eso, no es que el cristianismo sirva sólo para la otra vida; ¡sirve ante todo para ésta! Por eso: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!". Los que no tienen una antropología evangélica, no tienen ningún deseo de evangelizar, porque no ven que quien está en el pecado está muerto; ven a los pecadores y dicen: "Están perfectamente vivos; ¿para qué evangelizar?" Jesucristo, sin embargo, los ve muertos y dice: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. ¡Tú, sígueme!"».

Esto es tan profundo como la fosa de las Marianas, y más absurdo que profundo: hay uno que opina que el pecado no conduce a la muerte, por lo que no hay que hacer nada. Es la actitud del kikotista que rechaza las quejas de las esposa y le reclama a ella que perdone a su marido una y otra vez, porque no pasa nada, el marido está vivo y no hay que evangelizarlo ni corregirlo, lo que pasa es que ella es una sentimental y una rebelde que no quiere someterse.

«El día de vuestra muerte (algunos hermanos que habían empezado el Camino con nosotros ya han muerto), veréis hasta qué punto ha sido importante este Camino. Tal vez ahora ni os dais cuenta».

Hay que empezar a animar a la gente a que deje su herencia al CNC, que esperar al día de la muerte puede ser un poco tarde para esos negocios de vivos muy vivos que dicen que no cobran nada.

«Dios me ha llamado a mí, ha llamado a Carmen y al P. Mario, por amor a vosotros. Dios me ha "desviado" de la pintura, de hacer exposiciones, de hacer tantísimas cosas, para que dedicase mi vida a vosotros, a quienes no conocía, sin que me paguéis nada, sin ningún contrato. Quiero decir con esto que Dios tiene un designio maravilloso de amor para vosotros. Y vosotros podéis frustrarlo, porque sois libres».

Una seña de identidad del CNC es que siempre presenta la libertad de los hijos de Dios bajo un halo negativo: puedes frustrar el plan de Dios. Pues yo os digo, el plan de Dios es que sus hijos sean libres; si eres libre, no frustras el plan de Dios, sino que se cumple en ti.

«Ahora, cuando apaguemos las luces, pensemos todos verdaderamente en lo que significa vivir en tinieblas, en el pecado. Este signo que hacemos nos hace presente lo que es de verdad nuestra realidad. La muerte y el infierno existen, hermanos. ¡No son cosas inventadas! Muerte, juicio, infierno y gloria, son los novísimos de los que habla la Iglesia».

Aquí no puede echar manos de los amados hermanos judíos, porque muchos de ellos negaban la vida después de la muerte, no creían en el juicio ni en el cielo ni en el infierno.

 «Algunos os moriréis antes de acabar el neocatecumenado».

¡Pobrecitos! ¡Qué desgracia morir sin haber pasado por el matrikikonio espiritual!

«Inmediatamente después de la muerte todos seremos juzgados. Todos tenemos que pasar ante Dios y seremos juzgados por Él según nuestras obras. Nosotros somos "nosotros y nuestras obras". El filósofo español José Ortega y Gasset decía: "El hombre es él y sus circunstancias". Nosotros decimos: el hombre es él y las obras que le acompañan. En el juicio veremos la maravilla que ha sido nuestra historia: por qué un día te encontraste con aquel katekista, por qué te has casado con esa mujer, por qué has tenido esos hijos, etc. Todo tiene un porqué. Veremos toda nuestra historia iluminada; Dios, en efecto, ha escogido la historia para revelarse en ella, para actuar en ella».

Kiko es un narcisista, por eso se imagina el juicio como una película de su vida en la que todo es brillante y rutilante para él… Me parece que se equivoca, que el juicio no tiene nada que ver con eso.

Y a continuación, una vez más, el uso del nombre de Dios para vender una no-asociación inútil.

«Hay la posibilidad, hermanos, de que abandonemos a Jesucristo y de que entremos de nuevo en las tinieblas más espantosas. Si alguno de vosotros está en tinieblas, está en pecado, ¡ánimo!, porque Dios le ha traído aquí para que vuelva a ver la luz de su Hijo, que nos ilumina interiormente y nos hace ver el amor gratuito de Dios por nosotros.

Todos necesitamos abrirnos a la luz de Cristo, para que esa luz sea cada vez más radiante dentro de nosotros, para que un día podamos llegar a la visión de la luz de Dios en el cielo. En el monte Tabor, Jesucristo se transfiguró en luz delante de tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, que se quedaron boquiabiertos. Dice el Evangelio que el rostro de Jesús brillaba como el sol y que sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Jesucristo es una luz inmensa, es el amor de Dios actuando en nuestra vida, Él, que es el único infinitamente misericordioso.

Por eso, cuando veamos que entra el cirio pascual, el cirio que nos recuerda la Pascua, que es Cristo muerto y resucitado por nosotros, acojamos la luz de Cristo que viene a nosotros, que viene a esta convivencia para destruir todas nuestras tinieblas, para mostrarnos su amor, el amor de Dios, y cantemos: "¡Cristo Jesús es nuestra luz y nuestra salvación! ¡Aleluya!"

De pie».

Aquí tras el tremendo rollo, tendría lugar el lucernario de todos los pasos  (original no es).