miércoles, 26 de agosto de 2026

Carta abierta a Kiko Argüello

 

Espinoza y Mogrovejo

De Ana María a Kiko

(Tomado de aquí). 

 

«Estimado Kiko Argüello: Le escribo con el alma rota, con las lágrimas de una madre que no encuentra consuelo, pero con la fuerza inquebrantable que Dios da para defender a un hijo. Le escribo desde Quito (Ecuador), no para hablarle de leyes humanas, sino para confrontar su corazón de padre y fundador con el dolor más profundo que una familia puede soportar: mi hija menor de edad, miembro de la comunidad en la Parroquia Santa Cruz de Casitagua, fue ultrajada por el presbítero Jimmy Antonio Mogrovejo Castro.

Como madre, mi dolor es doble. Mi hija fue abusada por este sacerdote que, usando de manera perversa el nombre de Dios, la amenazaba con castigos divinos, si no cedía a sus pretensiones. Y el dolor se vuelve insoportable, al ver que la comunidad que nos acogió, en lugar de ser un refugio de misericordia, se ha convertido en una guarida que protege al agresor y pisotea a la víctima.

Este presbítero aceptó con su propia boca, por más de dos veces, que había abusado de mi hija. Me lo confesó a mí en su despacho llorando y pidiendo perdón. Luego, me envió un mensaje de texto implorando perdón en el nombre de Jesucristo. Finalmente, él mismo organizó una reunión citando a los catequistas del sector de La Concepción encargados del norte de Quito y a los hermanos responsables. Existe un audio irrefutable donde se escucha al propio sacerdote confesar textualmente: "Yo organicé. Yo pedí aquí a los catequistas, a los hermanos para pedir perdón. Yo acepto que soy culpable".

La respuesta de los hermanos del Camino en el norte de Quito ante su propia confesión ha sido una crueldad que no viene de Dios. Los catequistas de La Concepción, en lugar de proteger a la menor, trataron de tapar el pecado diciendo que "fue el demonio quien lo hizo" y se dedicaron a humillar a mi hija, exigiéndonos silencio bajo el argumento de buscar la "justicia divina". Mis propios responsables (un matrimonio de esposos), a pesar de haber escuchado la confesión del presbítero, hoy lo respaldan y se van a presentar en la audiencia judicial como testigos a favor del agresor, para cometer perjurio ante un tribunal civil.

Pero la perversión de este hombre va más allá de los muros de la iglesia. Este presbítero vive en su casa con una mujer adulta y la hija de ésta (una señorita), a quienes presentaba falsamente ante todos como sus "hermanas de sangre" sin serlo. Esta red familiar ha sometido a mi hija a un infierno: la mujer adulta amenazó directamente a mi hija, diciéndole que es una cualquiera , revelándole además de forma aberrante que el sacerdote pretendía "formar una familia" con mi hija. Y dando a conocer que ya era acostumbrado hacer esas cosas que no era la única muchacha.

Al mismo tiempo, la hija de esta mujer se ha dedicado a intimidar a mi hija en su propio colegio, sometiéndola a acoso sistemático, burlas, humillaciones y amenazas, tanto dentro como fuera de la institución educativa para silenciarla.

KIKO ARGUELLO, en el Camino se nos enseña a no "acabar con el hermano". Pero en Quito, bajo el amparo de subalternos de la Curia y con la vergonzosa presencia del propio ex Canciller del Arzobispo en la sala del tribunal el pasado 19 de agosto del 2024, están apadrinando una red de mentiras, amenazas a menores y encubrimiento judicial para salvar la estructura. Están sacrificando a una menor de edad, a una adolescente que es inocente para tapar el escándalo de un sacerdote.

Le pregunto con el corazón en la mano: ¿El sufrimiento de mi hija vale menos que la reputación de la zona de La Concepción? Si usted realmente predica que Cristo es la verdad, no puede quedarse de brazos cruzados viendo cómo los catequistas, los responsables de mi comunidad y el entorno clandestino de este sacerdote usan la fe y el terror para amordazar a una madre, proteger la mentira y testificar falsamente en un juicio criminal.

Le exijo, ante Dios que todo lo ve, que intervenga inmediatamente. Que se destituya a esos catequistas de La Concepción, que sean ellos mismos quienes también salgan a declarar a favor de mi hija, porque ellos escucharon como el aceptó el daño que le hizo, y la prueba real que es mi hija y sean llamados los simpatizantes del presverito que pertenecen a distintas comunidades traer paz a no acabar y humillar a la víctima, también que se investigue el entorno con el que convive este sacerdote.

Camino Neocatecumenal deje de respaldar a este hombre en los juzgados de Ecuador. El clamor de esta madre no se va a apagar. Llevaré la verdad hasta las últimas consecuencias. Espero de usted una respuesta de pastor, no de burócrata. Mire el dolor de mi hija y de una familia, actúe. En la dolorosa espera de su conversión y acción».

 

lunes, 24 de agosto de 2026

¿Quién escucha a las víctimas?

 

Mogroviejo y su arzobispo

En 2024, el presbikiko Jimmy Antonio Mogroviejo, no-miembro no-expulsable del Camino Neocatecumenal y sí párroco de Santa Cruz de Casitagua (arquidiócesis de Quito, Ecuador) habla así:

«Yo sé que he pecado, no me escondo, yo les he enseñado a los hermanos de la Iglesia que el pecado se coge por la cabeza de uno mismo y, quiero pedirles perdón en nombre de Jesucristo a usted, Fanny (nombre supuesto), y a Ana (madre de la víctima), porque yo sé que he pecado y no me importa humillarme, a usted le pido miles de perdón, yo sé el dolor que se siente».

 «Perdón, sí, yo fallé, nadie más, esta noche se acaba todo; yo siempre he dicho que el pecado tiene que salir a la luz y no lo niego en ningún momento; no tengo hijos, pero tengo tantos sobrinos y yo sé el dolor que causa todo esto; yo soy el desgraciado, lo peor, la basura, soy el culpable. Yo únicamente, yo abusé de Fanny, si es necesario pediré perdón públicamente ante la comunidad».

¡Qué detalle! Ante una acusación de abuso sexual reiterado, él se compromete a “pedir perdón”, pero solo si los kikotistas lo ven necesario.

Mensaje de Whatsapp a la madre de la niña: «En el nombre de Jesucristo le pido nuevamente perdón, por todo el daño que he causado a usted y a su familia. Los daños que sean contra mí, los merezco. Pediré perdón a usted y a su hija delante de toda la comunidad».

¿Por qué tanta insistencia con el nombre de Jesucristo? Reclamar que el presunto culpable asuma las consecuencias de sus delitos no es rechazar a Jesucristo, aunque algunos intenten mezclar temas.

Los hechos concretos de este presbi tan dispuesto a pedir perdón en el nombre de Jesucristo son los siguientes, según lo publicado aquí:

En octubre de 2023, Fanny, una niña que sufre epilepsia y depresión por acoso, acude a las kikotesis del Camino en la parroquia del párroco Mogrovejo.

El presbi empieza a interesarse por la niña desde que ella le revela que mantiene mala relación con su papá, lo que aprovecha para sugerirle que él puede ser su padre.

A partir de ese momento, hay acoso a la niña Fanny a través de llamadas telefónicas nocturnas y mensajes de texto, para encontrarse a solas con ella (muchas veces de noche). Además, trata de intimidarla, asegurándole que, si no acude a esas citas en su despacho, Dios la va a castigar.

Y Fanny, presa de pánico, acude a esos encuentros desde enero a marzo. Y en todos ellos era sistemáticamente violada. Y tras violarla, el presbi le decía: «La única forma de ser una niña buena es seguir con nuestros encuentros, pues el nuestro es un amor que Dios bendice y que salvará tu alma, porque es una nueva forma de amar».

En algún momento el sacerdote le comenta que tiene otras chicas “que también son sus hijas”, y que ni se le ocurra denunciarlo, porque nadie le creerá y él mismo la acusará de ser una mala chica ante el barrio y ante la parroquia donde el lobby neocatecumenal lo respalda totalmente.

El 05 de marzo del 2024, Mogrovejo saca de su domicilio a Fanny con engaños, la conduce a un descampado y la viola de nuevo; al día siguiente, la llama por teléfono, para burlarse de ella, banalizando el crimen: «Conseguí lo que quería».

Además, advierte a la niña: «No se te ocurra abandonar el camino neocatecumenal, porque Dios te castigará. Si ahora que estamos con Dios, estamos así, peor será si te sales del camino, te irá mal a ti y a tu familia».

Como consecuencia de los abusos, Fanny agudiza su cuadro depresivo y ansiolítico, con intentos de suicidio. Y su madre se da cuenta de que algo va mal y consigue que su hija le confiese el infierno que está viviendo a manos del presbi no-miembro del Camino.

Y así llegó la disposición del presbi nada menos que a pedir perdón ante una comunidad con tal de que la madre se callase de una vez. Y pelillos a la mar, como se suele decir.

Por parte de los dirigentes neocatecumenales, que también son no-miembros, la consigna fue la de siempre: las víctimas, sobre todo si son menores o tienen pocos medios, están llamadas a perdonar al pecador, por lo que se pidió a los padres de Fanny que no interpusiesen denuncia alguna y guardaran silencio para siempre “para no hacer daño al padre Mogrovejo, a la Iglesia ni a la comunidad”.

Pero unos meses después, el presbi Mogrovejo tuvo un problema con el coche, y estuvo a punto de arrollar con él a la niña y a su madre; entonces la madre interpuso una denuncia contra el presbi ante la Fiscalía del país. Pero, en sede judicial, el muy presbikiko lo negó todo.

Aún no ha habido juicio, al parecer el presbi está dilatando los trámites todo cuanto puede. Los neocatecumenales apoyan al párroco, aunque en otro sitio se dice que este ya no es neocatecúmeno (normal, todos ellos son no-miembros). Y su arzobispo, Alfredo Espinoza, le mantiene al frente de la parroquia. En cambio, no se interesó ni se puso en contacto con la víctima ni con sus padres.

La gravedad del caso no reside únicamente en las acusaciones contra el presbikiko, siga o no siendo no-miembro de la no-asociación CNC, interpela también a quienes, teniendo responsabilidad pastoral e institucional, deberían priorizar a la presunta víctima, activar los protocolos de protección y evitar cualquier forma de presión o o revictimización.