Bueno pues
estaba poniéndoos este ejemplo, que yo fui… fuimos enviados a Roma por este monseñor
Don Dino Torregiani, que nos llevó primero a poner nuestra misión debajo de la Virgen,
y después le dije: “Padre yo quisiera… no sé, ¿qué quiere que hagamos?”. “Bueno,
pues vamos a visitar a los párrocos”. “Usted pide una audiencia con un párroco
de Roma y usted me traduce. Yo no tengo ni idea de italiano. Y yo digo un
poquito de mi experiencia y a qué hemos venido y qué es una iniciación
cristiana en la parroquia”.
Elemental,
lo primero es explicar a los ignorantes párrocos qué es una iniciación
cristiana, porque los pobres salen del seminario pensando que la parroquia es
una tienda donde se reparten sacramentos a petición.
Se puede ser más engreído,
pero es difícil.
Bueno, pues
vamos a un párroco y el pobre Don Dino me traducía, y el párroco: ¡Uy, qué
bonito!, ¡uy, qué bien! Eso es muy importante para la Iglesia. Para España,
aquí no, aquí tenemos la Acción Católica. Buenos días. Al cuarto párroco que
dijo lo mismo, que es muy bueno todo eso para España, le dije yo a Don Dino: Padre,
yo me voy a vivir con los pobres hasta que Dios me llame. Y me fui a vivir en
el Borghetto Latino… Una barraca… no era una barraca, había una parroquia
cercana y le dije al párroco: “Padre, ¿usted sabe cómo podía yo venir a vivir
aquí en el Borgheto Latino?”. Era una miseria terrible.
Traducción:
trató de colarse de rondón en una parroquia, para tener cama y comida por la
cara, pero ni Don Dino ni el párroco estuvieron por la labor. Es más, ni
siquiera Carmen estuvo por la labor de costearle el hospedaje, solo se procuró
el suyo.
“Quizá hay una
monja que trabaja con los pobres allí”. “Pues llámela”. La llama y dice: Ay, no
te preocupes, que yo te ayudo. Fue a hablar con uno que tenía un gallinero para
los pollos y dijo: Bueno pues te puedo dar este gallinero. Entonces me dio un
gallinero de seis metros por dos y medio y fuimos a buscar unas puertas viejas
en el basurero y fuimos a buscar no sé qué y allí me metí. Hicimos una murallita
allí arriba y, bueno, fenómeno.
¡Y
tan fenómeno! El gallinero incluso contaba con toma eléctrica. Se cuenta aquí.
Pues fijaros la
cosa, allí vinieron unos jóvenes de una parroquia, de la parroquia de Mártires Canadienses
de Roma, que habían oído hablar de mí que estaba allí. Primero me dijeron que
quedaron muy impresionados de mi experiencia, de cómo era mi barraca, allí, en
el suelo, y me dicen: “Tenemos un convenio de comunidades de base en el lago de
Nemi, 400 jóvenes de todas las parroquias, todos son comunidades de base politizadas,
de izquierdas, todos en vez tener a san Francisco tienen al Che Guevara, todas.
¿No te importaría venir a darnos tu experiencia?”. “¡Qué va! ¿Sois capaces de
escuchar que Lenin era un falso profeta, que el comunismo…?”. “Sí”. “¿Que Che Guevara
es un falso profeta…? ¿Os arriesgáis a escuchadme?”. “Sí, sí, sí, tú ven”.
Incoherente
que sean todos “jóvenes de parroquia” y adoradores del Che a la vez, pero así
son los cuentos del abuelete Kiko.
Solamente iba a
decir -voy a hacerlo más breve- que este grupo de jóvenes que hacían una misa
en Mártires Canadienses, de jóvenes, con guitarras, me invitaron. “¿Quieres
venir a la misa vip -la llamaban-?”. Y fui por la noche, en una cripta, todo
lleno de jóvenes aquello, con guitarras, y han hecho una serie de cantos y me
dijeron: “¿qué te parece, qué te parece?”. “Que no se renueva la parroquia con las guitarras”. “¿No?
y ¿cómo se renueva la parroquia?”. Digo “pues con el misterio pascual”. Y me
dicen “¿y eso qué es? Nunca hemos oído hablar nosotros del misterio pascual”.
Jóvenes
de parroquia que no faltan a la “misa vip” y no tienen ni idea del núcleo mistérico
de la fe. Es como si un médico ignorase lo que es un estetoscopio o un profesor
lo que es una pizarra.
“¿Queréis que
os lo explique? Pues mirad, os voy a llevar a hacer una convivencia a la
montaña, conozco una hermana que tiene una casa, y allí voy a llevar a un grupo
de los jóvenes responsables”.
Menudo
cuento. Vive en un gallinero, dice, pero conoce una “hermana” que no tiene inconveniente
en ceder una casa en la montaña para que kikotice a un grupo de “jóvenes
responsables”. Todo muy creíble.
Y en esa
convivencia les solté el kerigma, les solté el camino…, y se quedaron todos sobrec…
y “¡Oye! ¿por qué no empezamos en la parroquia…?” Bien. Dije: “Bueno, si invitáis
a gente adulta porque no
es cosa para jóvenes”.
No
es cosa para nadie que aprecie la lógica y la coherencia, no es cosa para quien
no esté dispuesto a consentir que se pisotee su razón y su libre albedrío. No
es cosa para jóvenes ni para adultos cristianos.
Pero quiero
deciros que estos jóvenes que me acogieron han hecho que hoy el Camino
Neocatecumenal esté extendido en toda Italia por haberme acogido a mí sin
dinero y sin alforjas. Y a Carmen. Y en ciento cincuenta parroquias, quinientas
comunidades, solamente por haberme acogido a mí. Se cumple realmente lo que
dice el Evangelio, quien acoge a vosotros a mí me acoge. Y de estos está lleno
todo de catequistas: Sicilia, Milán, todo lleno de comunidades, toda Italia, en
todas las diócesis. Aparte de que hayan surgido familias en misión. Tenemos
cuatro seminarios: el seminario de Roma, tenemos un seminario en Cosenza,
tenemos otro seminario en… Bueno, etcétera.
¡Cómo
le gusta presumir de logros mundanos! A ver: los testigos de Jehová son muchos
más y más extendidos que los kikos. ¿Significa eso que quien acoge a un testigo
acoge al que le envía? Posiblemente, pero, como en el caso de los kikos, el que
envía no es más que un charlatán.
Todo lo que
Dios ha hecho verdaderamente. Por eso os digo porque tuve hambre y me diste de
comer. Bueno ¿porque decía esto? No me acuerdo. No importa.
En
efecto, no importa porque es pura farfolla.
Bien, hermanos,
pues hoy tenemos aquí una encuentro vocacional, o sea que voy a pedir… no sé… vocaciones
si es hay aquí algún joven… Es interesante estos encuentros. Me decía un joven,
porque en este encuentro Jesucristo va a pasar por aquí en medio, no sé si por
aquí o por allí, y va a decirle a ese joven: tú levántate. No se lo había dicho
antes, nunca había sentido la llamada al presbiterado, va a ser en este
encuentro que va a decir: tú ponte en pie. Y a esa chica: tú levántate, que te
vas a ir a China. Y a esa familia: levantados.

O sea, el Señor
pasa y le dice a Mateo: sígueme. ¿Verdad? Uno que estaba sentado en la mesa de
los impuestos, pasa Jesús, lo mira y le dice: tú sígueme. Dejándolo todo le
siguió. Pasa, ve a dos que estaban arreglando las redes, dijo: seguidme, y
dejando a su padre y las redes le siguieron. Pues aquí va a pasar el señor y va
a decir lo mismo, aunque tengas la novia al lado: tú sígueme. Y la novia va a
decir: “Oye, ¿qué haces levantao?”. “Hija mía, qué quieres que te diga yo, el
que manda manda”.
¿En
serio algún akikado se cree que Dios obliga a nadie a levantarse y que gusta de
hacerlo de forma sangrante, dolorosa y humillante para la presunta novia?
Por eso este
encuentro, aquí, va a cambiar la vida de algunos. Habéis venido aquí tan
ingenuamente a escuchar al Kiko y vais a salir transformados. Ojalá diga uno:
Ojalá me llame a mí. Yo si me llama, como es Dios no se le puede decir que no,
si te llama.
Bien, pues este
encuentro es un encuentro que tiene esta dimensión, que es una gracia para
todos, por eso… pero antes de empezar, me gustaría… yo hago un canto para
comenzar.
Lleva
cuarenta minutos dando la tabarra y todavía no ha comenzado.