domingo, 26 de diciembre de 2021

Sensibilidad y afectividad

 

Establecer una jerga propia es algo connatural a los grupos sociales. Pueden ser palabras específicas de una profesión u oficio, por ejemplo, no es habitual hablar de fonendoscopios o de cerchas más que en determinados círculos profesionales; o también puede tratarse de palabras usuales que el grupo emplea con una acepción particular o en un contexto específico.

La jerga particular del CNC está formada en parte por vocablos tomados del griego (kerigma, didáscalo), del hebreo (janucá, yeshivá, mezuzá), y, con más frecuencia, por palabras de uso común a las que se les da un significado privado que solo captan los que están en el grupo.

Eso sucede con las palabras “sensibilidad” y “afectividad”.

Para alguien de fuera pueden parecer casi iguales y, según el diccionario de la RAE, tiene toda la razón:

Sensibilidad

1.     Capacidad para percibir sensaciones a través de los sentidos, o para sentir moralmente.

2.     Capacidad o propensión natural de las personas a emocionarse ante la belleza y los valores estéticos o ante sentimientos como el amor, la ternura o la compasión.

Sinónimos: sintiencia, delicadeza, ternura, dulzura, susceptibilidad.

Afectividad

1.     Conjunto de sentimientos y emociones de una persona.

2.     Inclinación a sentir afecto.

Sinónimos: afectuosidad, efusividad, cordialidad, amabilidad.

En consecuencia, si se atiende a su significado auténtico no hay ningún matiz negativo en la afectividad. Al contrario, es entre los sinónimos de sensibilidad donde aparece el término susceptibilidad, es decir, la pielecita fina, que señala al quisquilloso o picajoso, términos que de ninguna forma se relacionan con la afectividad.

Sin embargo, sabido es que en el CNC la sensibilidad es muy valorada ya que su gran líder blanco, el treta, digo, el tetradoctor, asegura de sí mismo ser muy sensible. Y también sucede que ese ser tan sensible le tiene inquina a la afectividad.

«Una hermana me viene y me dice, toda agitada, que su marido no quiere que entre su hijo en la casa porque convive con una mujer; una madre, toda sentimental. Y le digo: Respeta a tu marido. Tu marido ¿qué dice? Mi marido ha hablado con los catequistas. Y quería que yo dijera algo distinto de los catequistas y del marido. Y le dije a esta hermana: Pues, no. Tú obedece a tu marido y obedece a los catequistas. Porque el que no odia a su hijo o a su hija... Yo comprendo que tienes un afecto a tu hijo tan grande, comprendo que eres una sentimental. ¡Ay, mi hijo, mi hijo! Antes que eso tienes que tener respeto y obediencia a tu marido» (Reunión de inicio de curso 2009-2010).

¿Habéis entendido esto? El moralismo va primero. El moralismo de la obediencia a unos que jamás han sido catequistas -se quedan en loros de repetición- y a una mal entendida relación matrimonial. Porque donde dos son una sola carne no puede haber diferencia de dignidad entre ellos, no puede ser que uno sea cabeza y la otra, no. Si son una misma carne están llamados a resolver los conflictos juntos, no por sometimiento a uno que solo hace lo que le dicen unos loros a quienes les trae sin cuidado el sufrimiento de los padres y del hijo, pues ni es su hijo ni son capaces de ponerse en el lugar de nadie. Han matado el afecto al someterse al domador de loros.

En el CNC la afectividad siempre es NEGATIVA y MALSANA.

Kiko recurre a ella para burlarse de las madres y también para atacar a los curas que no se dejan avasallar: «Tenemos el problema de que en muchas parroquias a las que vienen curas nuevos, que han sido educados muy clericalmente, no soportan que en la parroquia haya un grupo que él no lo dirija, sino que lo lleve gente de fuera. Piensa que esta gente, que esta comunidad está ligada a los catequistas, no a él. Y él lo que quiere es que estén ligados a él afectivamente. Y eso no lo soporta. ¿Y sabes lo que hace? ¡Los echa! “¡Fuera de aquí, aquí la gente que está en mi parroquia me tiene que querer a mí, tiene que estar religada conmigo!” Y se acabó, nos echan, condenados a salir de las parroquias. Gracias a Dios que tenemos aquí a algunos curas del Redemptoris Mater, si no nos echan» (Tostón de Pascua 2013).

Cuando Mario utiliza la palabra afectividad la cosa no mejora, siempre es en el contexto de relaciones impropias. Entre itinerantes supuestamente consagrados a sí mismos a otras labores, por ejemplo: «[Kiko y Carmen] escuchaban personalmente la experiencia de cada itinerante, con toda sinceridad, iluminando con escrutinios profundos —digamos de primer, segundo y tercer grado—, a fondo, y hablando de la sexualidad, de la afectividad en la relación entre hombres y mujeres. Nos animaban, corregían errores, y si había habido algún problema afectivo, por ejemplo, se cambiaba de equipo» (Tostón de inicio de curso 2018-2019)

O, otro ejemplo, para justificar algo tan aberrante como los feminicidios: «la Iglesia recomienda no tener relaciones prematrimoniales, que después te ligan a la persona y cuando ves que la mujer no es para ti, y quieres romper, te encuentras atrapado por lazos afectivos, por chantajes que no te dejan libre para dejarla. Y si la dejas, suscitas en ella un deseo de venganza. Así vienen los homicidios, los feminicidios y todas estas cosas: el instinto de venganza» (Tostón de inicio de curso 2019-2020).

Es decir, según el pésimo discurso de Mario la Iglesia recomienda abstenerse del sexo antes del matrimonio porque puede conducir a la afectividad, que es malísima de la muerte y similar al chantaje emocional. Lo que no me queda claro es cómo el deseo de venganza de la mujer, que ya se sabe que siempre es la más afectiva y, por tanto, la culpable de todo, se trueca en feminicidio, que podría dar la impresión de que el vengativo es él. Debe ser que la malvadísima mujer es capaz de obligar al pobrecito asesino a matarla con tal de destruir su fama y así, vengarse de él.

En ese mismo tostón Mario se luce con sus deducciones sobre los que llama «enfermos de sexo-dependencia», enfermedad muy extendida en Kikónides cuyos síntomas son «la obsesión grave y una dependencia por cualquier forma de lujuria, pornografía, masturbación, voyerismo, exhibicionismo, prostitución, adulterio, pedofilia, homosexualidad o relaciones promiscuas». Todo lo cual, de nuevo según Mario se debe a que esos enfermos «han desarrollado un fuerte trastorno en las áreas afectivas, emotivas, cognitivas y espirituales». Es obvio que esas personas tienen un fuerte trastorno en sus áreas sensitivas y la sensibilidad hecha papilla. Pero ellos se cuidan de volcar las connotaciones negativas sobre la afectividad, hasta relacionarla con las aberraciones sexuales, y nunca mencionan la sensibilidad cuando se trata de feminicidios o de pedofilia.

Así pues, la sensibilidad es fetén, pero pobre de aquel que sea señalado como un afectivo, porque lo que se indica bajo ese término es que esa persona todavía no pone al Camino y a la comunidad por encima de todo, de sus padres, de sus hijos, de su marido o esposa, de su trabajo, de sus bienes e inclusive de su propia vida, pues todo ello reclama el Camino para sí.

Nada ha de ser más importante que el Camino. Lo que incluye que no tendrás más dios que el Camino, solo a él le pedirás vida, y él te devorará por fiarte de lo que no salva.

viernes, 24 de diciembre de 2021

Feliz Navidad 2021

 

 

Feliz Pascua de Navidad a todos

 

Ninguna otra religión celebra algo semejante: Dios ha nacido. 

 

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»?
Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios» (Hebreos 1, 5-6).




jueves, 23 de diciembre de 2021

¡Quítate la careta, hermano!

 

Una de esas máximas incuestionables que todo lorokista se encarga de retransmitir y repetir las veces que haga falta es la que dice que Dios que quiere como eres, y que tu comunidad empezará a quererte y amarte de verdad cuando te quites la máscara que llevas puesta y te muestres como eres. 

En esta situación, lo peor que se puede hacer es decirles que tú no llevas ninguna máscara. El kikianismo es un sistema rígido y cerrado en el que el guion es el mismo para todos: todos llevan careta desde su más tierna infancia porque así lo ha decretado el gran gurú, todos tienen necesidad de ser liberados de esa máscara para alcanzar el verdadero conocimiento de sí mismos, todos los que no aceptan esta verdad fundamental están engañados, alienados, destruidos por dentro sin ser conscientes de ello y, por tanto, despertarles y hacerles ver su realidad, aunque sea a mamporros y dentelladas, es un gran bien que ya agradecerán en algún momento, cuando recuperen la vista.

Otra constante es que lo que se oculta es feo y malo, es decir, según el kikianismo, todos -porque todos ocultan su verdadero ser- son lo peor de lo peor, repugnantes y repelentes, y puesto que todos quieren ser amados y respetados todos ocultan lo que son realmente.

Pero no hay que tener miedo a la verdad, porque también dirán que nadie en la comunidad se va a escandalizar cuando te quites la careta y te muestres tan cual eres en realidad. En suma, tienes que aceptar que eres lo peor y hacer alarde de ello delante de toda tu amantísima comunidad que solo entonces podrá amarte de verdad.

De todo lo anterior se deduce que la comunidad es aleccionada para aceptar las actitudes y hechos malvados de los demás como si fuesen muestras de conversión o, al menos, de deseo de conversión por parte del malvado ejecutor.

El objetivo del gran jefe cuando implantó como premisa ineludible para crecer en la fe el sacar a la luz el verdadero ser de cada catecúmeno no era otro que recabar información sobre debilidades, problemas, traumas, defectos, vicios, inseguridades… ¿Cuál es tu cruz?, preguntan en el primer escruticidio. Y te dicen que la magia para volverla gloriosa no funciona a menos que pronuncies esa cruz en voz alta ante la comunidad.

La cruz de cada uno es algo que solo pertenece al individuo en relación personal con Dios, de tú a Tú. La comunidad no pinta nada, el lorokista no pinta nada, kikorearla no la cura y no hay exorcismo mágico que haga que la cruz deje de doler. Por tu propio bien más vale que seas consciente de que solo te sonsacan para poder controlarte con aquello que más te daña. Piénsate con cuidado lo que les dices.

El caso es que un religioso de misa de 12 que, por ejemplo, sea iracundo, se esforzará por controlarse y no poner mala cara a los demás, querrá dominar su mal carácter y no al revés. En suma, vivirá esclavo de su moralismo. Este es uno de los motivos del patente desprecio de los miembros de CNC hacia los religiosos de misa de 12: son unos moralistas y unos falsos, que no se han enterado de que Dios los quiere como son, sin máscara.

Es por ello también que en la comunidad, en cualquier comunidad, se lleva el poner al otro en su verdad, o lo que es lo mismo, cantarle las cuarenta, y además hacerlo con toda la prepotencia, mala hiel, inquina y peor educación que salga de dentro, porque se trata de mostrarse tal cual se es, sin caretas, y de ayudar al hermano a mostrarse también sin tapujos y sin complejos.

Por eso son estupendas las konvivencias de sillas voladoras, porque son el hecho concreto que demuestra que las caretas han empezado a caer.

A lo que voy. En el Camino se vende la receta de que hay que sacar lo peor que uno lleve dentro para que la comunidad pueda empezar a amar a ese hermano que se muestra tal cual es. Pero resulta una y otra vez -y además sucede en todas partes- que cuando alguien destapa algo, sea sobre sí mismo o sobre otro, la máquina neocatecumenal que se pone en marcha es la del cotilleo, el chisme y la murmuración, y aquel que “ha mostrado a los demás su realidad de pecador” pasa a estar en boca de todos, pues se convierte en tema de conversación.

En vista de lo cual, los jefazos repiten todos los años la monserga de que ¡ay del que murmura! -lo que es un reconocimiento implícito de que tal vicio se da en todas las comunidades-, pero de ninguna manera desaconsejan contar historias truculentas en las salas de usos múltiples, puesto que la razón de ser de las comunidades encerradas tras puertas bloqueadas a los extraños es precisamente la de que todos conozcan las miserias de todos.

Así, según avanzan en el camino que no lleva a ninguna parte, los neocatecumenales descubren que son los peores, la escoria de la sociedad, que todos ellos deberían estar en la cárcel. Y esto sucede porque sacar a la luz la pus que tienen dentro no los hace más sencillos ni más humildes ni los lleva a la alabanza a Dios, sino que según se cronifica la kikotización de su ser, más alardean y más se jactan de lo satisfechos que están de ser los peores, y con más desdén y desprecio tratan a los religiosos de misa de 12, que obviamente son mejores que ellos, pues nadie puede ser peor.

En resumidas cuentas, en la comunidad se ayudan unos a otros a envilecerse en lugar de ayudarse a crecer como personas y como cristianos.