Establecer una jerga propia es algo connatural a los grupos sociales. Pueden ser palabras específicas de una profesión u oficio, por ejemplo, no es habitual hablar de fonendoscopios o de cerchas más que en determinados círculos profesionales; o también puede tratarse de palabras usuales que el grupo emplea con una acepción particular o en un contexto específico.
La jerga particular del CNC está formada en parte por vocablos tomados del griego (kerigma, didáscalo), del hebreo (janucá, yeshivá, mezuzá), y, con más frecuencia, por palabras de uso común a las que se les da un significado privado que solo captan los que están en el grupo.
Eso sucede con las palabras “sensibilidad” y “afectividad”.
Para alguien de fuera pueden parecer casi iguales y, según el diccionario de la RAE, tiene toda la razón:
Sensibilidad
1. Capacidad para percibir sensaciones a través de los sentidos, o para sentir moralmente.
2. Capacidad o propensión natural de las personas a emocionarse ante la belleza y los valores estéticos o ante sentimientos como el amor, la ternura o la compasión.
Sinónimos: sintiencia, delicadeza, ternura, dulzura, susceptibilidad.
Afectividad
1. Conjunto de sentimientos y emociones de una persona.
2. Inclinación a sentir afecto.
Sinónimos: afectuosidad, efusividad, cordialidad, amabilidad.
En consecuencia, si se atiende a su significado auténtico no hay ningún matiz negativo en la afectividad. Al contrario, es entre los sinónimos de sensibilidad donde aparece el término susceptibilidad, es decir, la pielecita fina, que señala al quisquilloso o picajoso, términos que de ninguna forma se relacionan con la afectividad.
Sin embargo, sabido es que en el CNC la sensibilidad es muy valorada ya que su gran líder blanco, el treta, digo, el tetradoctor, asegura de sí mismo ser muy sensible. Y también sucede que ese ser tan sensible le tiene inquina a la afectividad.
«Una hermana me viene y me dice, toda agitada, que su marido no quiere que entre su hijo en la casa porque convive con una mujer; una madre, toda sentimental. Y le digo: Respeta a tu marido. Tu marido ¿qué dice? Mi marido ha hablado con los catequistas. Y quería que yo dijera algo distinto de los catequistas y del marido. Y le dije a esta hermana: Pues, no. Tú obedece a tu marido y obedece a los catequistas. Porque el que no odia a su hijo o a su hija... Yo comprendo que tienes un afecto a tu hijo tan grande, comprendo que eres una sentimental. ¡Ay, mi hijo, mi hijo! Antes que eso tienes que tener respeto y obediencia a tu marido» (Reunión de inicio de curso 2009-2010).
¿Habéis entendido esto? El moralismo va primero. El moralismo de la obediencia a unos que jamás han sido catequistas -se quedan en loros de repetición- y a una mal entendida relación matrimonial. Porque donde dos son una sola carne no puede haber diferencia de dignidad entre ellos, no puede ser que uno sea cabeza y la otra, no. Si son una misma carne están llamados a resolver los conflictos juntos, no por sometimiento a uno que solo hace lo que le dicen unos loros a quienes les trae sin cuidado el sufrimiento de los padres y del hijo, pues ni es su hijo ni son capaces de ponerse en el lugar de nadie. Han matado el afecto al someterse al domador de loros.
En el CNC la afectividad siempre es NEGATIVA y MALSANA.
Kiko recurre a ella para burlarse de las madres y también para atacar a los curas que no se dejan avasallar: «Tenemos el problema de que en muchas parroquias a las que vienen curas nuevos, que han sido educados muy clericalmente, no soportan que en la parroquia haya un grupo que él no lo dirija, sino que lo lleve gente de fuera. Piensa que esta gente, que esta comunidad está ligada a los catequistas, no a él. Y él lo que quiere es que estén ligados a él afectivamente. Y eso no lo soporta. ¿Y sabes lo que hace? ¡Los echa! “¡Fuera de aquí, aquí la gente que está en mi parroquia me tiene que querer a mí, tiene que estar religada conmigo!” Y se acabó, nos echan, condenados a salir de las parroquias. Gracias a Dios que tenemos aquí a algunos curas del Redemptoris Mater, si no nos echan» (Tostón de Pascua 2013).
Cuando Mario utiliza la palabra afectividad la cosa no mejora, siempre es en el contexto de relaciones impropias. Entre itinerantes supuestamente consagrados a sí mismos a otras labores, por ejemplo: «[Kiko y Carmen] escuchaban personalmente la experiencia de cada itinerante, con toda sinceridad, iluminando con escrutinios profundos —digamos de primer, segundo y tercer grado—, a fondo, y hablando de la sexualidad, de la afectividad en la relación entre hombres y mujeres. Nos animaban, corregían errores, y si había habido algún problema afectivo, por ejemplo, se cambiaba de equipo» (Tostón de inicio de curso 2018-2019)
O, otro ejemplo, para justificar algo tan aberrante como los feminicidios: «la Iglesia recomienda no tener relaciones prematrimoniales, que después te ligan a la persona y cuando ves que la mujer no es para ti, y quieres romper, te encuentras atrapado por lazos afectivos, por chantajes que no te dejan libre para dejarla. Y si la dejas, suscitas en ella un deseo de venganza. Así vienen los homicidios, los feminicidios y todas estas cosas: el instinto de venganza» (Tostón de inicio de curso 2019-2020).
Es decir, según el pésimo discurso de Mario la Iglesia recomienda abstenerse del sexo antes del matrimonio porque puede conducir a la afectividad, que es malísima de la muerte y similar al chantaje emocional. Lo que no me queda claro es cómo el deseo de venganza de la mujer, que ya se sabe que siempre es la más afectiva y, por tanto, la culpable de todo, se trueca en feminicidio, que podría dar la impresión de que el vengativo es él. Debe ser que la malvadísima mujer es capaz de obligar al pobrecito asesino a matarla con tal de destruir su fama y así, vengarse de él.
En ese mismo tostón Mario se luce con sus deducciones sobre los que llama «enfermos de sexo-dependencia», enfermedad muy extendida en Kikónides cuyos síntomas son «la obsesión grave y una dependencia por cualquier forma de lujuria, pornografía, masturbación, voyerismo, exhibicionismo, prostitución, adulterio, pedofilia, homosexualidad o relaciones promiscuas». Todo lo cual, de nuevo según Mario se debe a que esos enfermos «han desarrollado un fuerte trastorno en las áreas afectivas, emotivas, cognitivas y espirituales». Es obvio que esas personas tienen un fuerte trastorno en sus áreas sensitivas y la sensibilidad hecha papilla. Pero ellos se cuidan de volcar las connotaciones negativas sobre la afectividad, hasta relacionarla con las aberraciones sexuales, y nunca mencionan la sensibilidad cuando se trata de feminicidios o de pedofilia.
Así pues, la sensibilidad es fetén, pero pobre de aquel que sea señalado como un afectivo, porque lo que se indica bajo ese término es que esa persona todavía no pone al Camino y a la comunidad por encima de todo, de sus padres, de sus hijos, de su marido o esposa, de su trabajo, de sus bienes e inclusive de su propia vida, pues todo ello reclama el Camino para sí.
Nada ha de ser más importante que el Camino. Lo que incluye que no tendrás más dios que el Camino, solo a él le pedirás vida, y él te devorará por fiarte de lo que no salva.