viernes, 27 de noviembre de 2015

Convivencia de inicio de camino (XV)



RENOVACIÓN


Card. O'Malley con puntillas y bordado dorado
«Hemos visto cómo la Eucaristía primitivo a lo largo del curso de la historia, se fue recubriendo de atavíos que ofuscaban su luz. Por tanto  lo primero que ha hecho la renovación de la que somos testigos fue eliminar todas las cosas que se habían introducido en la Misa, que son secundarias y que oscurecen lo que es principal.

Se ha abandonado el último Evangelio, se ha abandonado la oración al pie del altar, se ha abandonado las tres Ave María, etc. La renovación es una limpieza de todo lo que era revestimiento, para que el núcleo y el contenido que estaba oculto se vea en todo su esplendor. Así se comienzan a recuperar las cosas realmente importantes.
Se está recuperando la asamblea, se abandonan los altares laterales y las misas simultáneas. Todavía no habrá una verdadera asamblea si no surge la comunidad que vive del Espíritu para regocijarse en comunión».
En el original, lo subrayado es la palabra asamblea, pero considero más importante resaltar el abandono por parte de la Iglesia de los salones uterinos adosados y las misas simultáneas, que es precisamente lo que hace el CNC, contrariamente a lo que trae el CVII.
Salones uterinos adosados del CNC

«Se traduce el latín a las diferentes lenguas vernáculas para que todos puedan entender. Daos cuenta de la aberración a que se había llegado: leer la Palabra de espaldas a la audiencia y en un idioma que no entiende, es como si ahora os hablase dando la espalda. Así que esto nos parece lo más normal.
Se recuperan los signos: se empieza a comulgar con pan y no con una hostia que no parece pan, se bebe del cáliz.
El Concilio Vaticano II ha determinado que se recuperen los signos en toda su riqueza de signos. Se recupera el abrazo de la paz, a pesar de esto resulta dificilísimo a la gente porque no está ni en asamblea ni en comunidad.
El ofertorio en la reforma ha perdido importancia. Imagínate lo que significa para la gente eliminar lo poco en lo que participaba.
En este sentido hay un caso significativo. Los orate frates. Los orate frates son el mayor ejemplo de todos de las oraciones que se introdujeron en la misa de tipo individual, penitencial y sacrificial. Resumen todas las ideas medievales de la misa: Orad, hermanos, para que este sacrificio 'mío' y 'vuestro' sea agradable...; la respuesta era aún peor: El Señor reciba de 'tus' manos este sacrificio... Pero cuando todo estaba en latín  y nadie intervenía, el orate frates era el momento en el que la gente participaba más. La reforma quería quitarlo porque es una adición con muchas deformaciones. Se hicieron unas catequesis especiales con Pablo VI para explicar que había que quitarlo; Pablo VI estaba convencido de ello, pero dijo de no quitarlo por motivos pastorales; quitarlo es un asunto delicado, porque el pueblo había comenzado a participar y sin una catequización previa no se podía eliminar, porque podría causar desconcierto en la gente.
De hecho, lo primero que dijo el Concilio es que para poder hacer la reforma se debe hacer una catequización. De lo contrario, la gente se escandaliza porque no entienden nada; y porque aunque cambie la forma, la gente seguirá viviendo la misa a su manera, con su rosario, etc. El pueblo, en realidad, nunca ha dejado de participar con novenas, rosarios.
El pueblo siempre ha participado; y puesto que no entendía nada de lo que estaba pasando, uno salía al púlpito y comenzaba: Novena a Santa Rita...
Card. Rylko también usa puntillitas
Sobre el ofertorio, más concretamente, hay tres posibilidades; una es la que dice: Así como este pan seremos reunidos en tu Reino... Es la que en suma se prefiere porque no tiene sentido ofertorial. La iglesia primitiva no tenía ofertorio: simplemente se llevaba el pan y el vino para celebrar el misterio. Sí se recupera el sentido judío de bendición ascendente y se dice: Bendito seas, Señor, por este pan (y aún así sigue siendo humanista), fruto del trabajo de los hombres.
Sucede que muchos sacerdotes jóvenes, que quieren cosas nuevas, hacen el ofertorio como si fuese una gran renovación. No entienden lo que buscaba la reforma. En la Eucaristía no hay ninguna ofrenda; las ofrendas se llevan y se presentan simplemente.
La fórmula que queda no es que sea muy acertada. La renovación acaba de comenzar.
Tampoco está el Gloria. El Gloria es un canto maravilloso y una oración de la mañana; pero no tiene sentido en la Eucaristía, porque significa duplicar la anáfora. El origen radica en el hecho de que los monjes, antes de la misa, decían las Laudes en las que se recita el Gloria; con el tiempo llegaron a insertarlo en la Misa.
Lo mismo para el Credo. Viene de la época de las herejías. Cuando comenzaron a aparecer herejes y apóstatas, antes de pasar a la Eucaristía, se les hacía confesar su fe. Pero no es un pedazo de la anáfora ni algo así. En Roma fue donde el Credo entró más tarde.
Cuando Carlomagno fue a Roma por primera vez, se escandalizó porque no recitaban el Credo que era tan habitual. Roma siempre ha sido lenta en la introducción de cosas.
No es cuestión de migas, sino de candelabro grande
Dije que la iglesia primitiva nunca tuvo problemas con la presencia real. Si a San Pedro se le hubiese preguntado si Jesucristo está presente en la Eucaristía, se habría asombrado, porque para él no había problema. Para él Cristo es una realidad viva que hace Pascua y arrastra a la Iglesia. No es cuestión de migas o cosas por el estilo; San Pedro se habría escandalizado mucho más por del hecho de que no hubiese una asamblea o que uno solo bebe del cáliz. Es cuestión de sacramento, de asamblea».
Ahí queda dicho: Las migas no tienen la menor importancia, porque en la doctrina carmelitana, lo que "hace el sacramento" es la asamblea. Y ya puestos, si hay que pretender saber lo que hubiese hecho o dicho S. Pedro, se hace. ¿Acaso no pretenden también saber la voluntad de Dios para los demás? Pues eso.

«Pero imagínate que, ahora, con los problemas de la filosofía comienza a ser una obsesión el hecho de si Cristo está presente en el pan y el vino y cómo. Podría mostrar discusiones teológicas sobre este tema que os harían reír. La verdadera teología es un canto a Dios, es la Eucaristía misma, un canto completo de alabanza a Dios porque se deja conocer. La teología del siglo XVI no son más que elucubraciones mentales sin una experiencia bíblica de la que brota la Eucaristía. El misterio se centra en la presencia: los protestantes dicen... Calvino dice... La Iglesia Católica se obsesiona con la presencia real, tanto que para ella todo es presencia real.
Comienzan las grandes exposiciones del Santísimo (antes nunca existieron, porque la presencia era en función de la celebración eucarística y no al contrario). El pan y el vino no son para ser expuestos, porque se estropean. El pan y el vino están hechos para ser comido y bebido.
Card. Toppo y una... ¿cruz digna?
Yo siempre digo a los Sacramentales, que han construido un tabernáculo inmenso: si Jesucristo hubiera querido la Eucaristía para alojarse allí, se hubiera hecho presente en una piedra que no se estropea.
El pan es para el banquete, para conducirnos a la Pascua. La presencia real es siempre un medio para conducirnos a un fin, que es la Pascua. No es un absoluto, Jesucristo está presente en función del misterio pascual.
Sin embargo, desde Trento se celebra la Misa para consagrar y tener presente a Jesucristo y meterlo en el tabernáculo.
En muchos conventos de monjes se dice la misa para llenar el tabernáculo. Hemos transformado la Eucaristía que era un canto al Cristo glorioso, en el divino prisionero del tabernáculo.
En esta época comienza el Corpus Christi, las exposiciones solemnísimas del Santísimo Sacramento, las procesiones con el Santísimo, las misas cada vez más privadas, las visitas al Santísimo y todas las devociones eucarísticas. Todo esto es más importante que la celebración. Todo esto es cierto que yo misma iba a misa para comulgar y llevarme a Jesucristo en el corazón. La misa era lo de menos; era esto: una visita de Jesús en tu corazón, que es lo que decimos a los niños cuando hacen su primera comunión. Esto significa minimizar la Eucaristía».

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Neo-ortografía catecumenal



El propósito de esta entrada es iluminar un poco por donde va la ortografía neocatecumenal que, como todos deberían saber, no es como la del mundo.
Y que conste que en el CNC jamás han necesitado corregir nada, porque quien no se equivoca nada tiene que corregir y quien es demasiado soberbio para reconocer los errores, tampoco.
Y sin más preámbulo, el relato original plagado de antiestétika neo-ortografía:
Carmen y su cara de "felicidad"
«Un día Carmen me dice: tienes que escuchar… Esto os lo cuento para que os riáis un poco, las cosas que a mí me han pasado… Tienes que escuchar a un profesor que ha venido de París, que estaba dando clases en el Instituto Pastoral ¿no? el Leon XIII… Y yo ¡que déjame en paz Carmen! No, tu eres un burro, tienes que venir, tienes que cultivarte, ¡ha habido un Concilio! Total, hombre, que desde palomeras hasta… había que tomar no se cuantos medios de locomoción… Total, que me cita a las once allí. Llego a las once, yo llevaba entonces… vestía con un anorak negro, dormía vestido en la barraca, lleno de ratas aquello… un anorak negro, toda la barba negra atada así, pelo casi largo, mi aspecto debía ser horrible, porque… os voy a decir lo que pasó. Entro en el Instituto de Pastoral, en el Leon XIII, paso el hall, subo la escalera y oigo detrás de mi, ¡oiga, oiga!…¡Oiga, oiga!, Y sale el vedel que sale corriendo… subo a la entrada primera y siento ¡¡al ladrón, al ladrón!! En ese momento suena el timbre, salen de las clases todas las monjas, todo el follón, ¿entiendes?, ¡¡al ladrón, al ladrón!! ¿Al ladrón? ¿Quién el ladrón?… ¡Usted!, ¿Usted quien es? ¡Que hace aquí! no se qué no se cuantos… todo, todo lleno de curas… ¡usted! Y le digo: vengo a buscar a una señora que se llama Carmen. ¡Aquí no hay ninguna Carmen, que hace usted! Total. ¡¡llamen al director!! era un tal monseñor Guix, que después es Obispo de Vic. Era el director. Y llaman al director; todo está así de gente. Viene corriendo y, cuando había tenido el premio extraordinario nacional me llamaron a un concurso…había un concurso de pintura, yo era famoso, y estuvimos juntos en un jurado de cuadros de pintura con monseñor Guix, estuvimos, nos hicimos amigos y tal. Yo no me daba cuenta que entonces no llevaba barba; total que… Yo estaba nervioso, que decían que era un ladrón, y le digo al director: ¿no se acuerda que hemos estado juntos en un juicio? en vez de decir “jurado” dije juicio. ¿Yo en un juicio? ¿Yo en un juicio con usted? Dice: ¡llamen a la policía! No, no… Me echaron, se dieron cuenta que se habían equivocado, así claro, no me reconoció, después ni le dije, no le dije nada… esto no se lo digáis a monseñor Guix, no se lo digáis, es un secretito.
Carmen vestida de "etiqueta"
Entonces… pobrecillo, no me reconoció, no pasa, nada. Eh… lo, lo anecdótico viene ahora, viene ahora; es que la clase era a las doce, me parece, yo salgo traumatizado y Carmen, yuju, Kiko… ¡vamos deprisa tenemos que entrar que vamos de!… ¿entrar yo allí? ¡yo allí no entro!... ¡tienes que entrar! ¿Cómo…? Queréis creer que entré como un cordero al matadero…las que he pasado con Carmen…Cuando me vio el vedel entrar de nuevo ya se dio cuenta de que se había equivocado y me dejo pasar. Y escuché a Farnés, y empezamos ya a escuchar a Farnés y fue verdaderamente sensacional… una anécdota que os he contado un poco así…».

Obsérvese la inexistencia de normas de acentuación, de uso de mayúsculas y la novedosa utilización de “v” donde el resto de castellano parlantes usan “b”. Esto forma parte de la neo-estétika kikomenal, posiblemente.