RENOVACIÓN
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| Card. O'Malley con puntillas y bordado dorado |
Se
ha abandonado el último Evangelio, se ha abandonado la oración al pie del
altar, se ha abandonado las tres Ave María, etc. La renovación es una limpieza de
todo lo que era revestimiento, para que el núcleo y el contenido que estaba
oculto se vea en todo su esplendor. Así se comienzan a recuperar las cosas
realmente importantes.
Se
está recuperando la asamblea, se abandonan los altares laterales y las misas simultáneas. Todavía
no habrá una verdadera asamblea si no surge la comunidad que vive del Espíritu
para regocijarse en comunión».
En el original, lo subrayado es
la palabra asamblea, pero considero más importante resaltar el abandono por
parte de la Iglesia de los salones uterinos adosados y las misas simultáneas,
que es precisamente lo que hace el CNC, contrariamente a lo que trae el CVII.
| Salones uterinos adosados del CNC |
«Se traduce el latín a las diferentes lenguas vernáculas para que todos puedan entender. Daos cuenta de la aberración a que se había llegado: leer la Palabra de espaldas a la audiencia y en un idioma que no entiende, es como si ahora os hablase dando la espalda. Así que esto nos parece lo más normal.
Se
recuperan los signos: se empieza a comulgar con pan y no con una hostia que no
parece pan, se bebe del cáliz.
El
Concilio Vaticano II ha determinado que se recuperen los signos en toda su
riqueza de signos. Se recupera el abrazo de la paz, a pesar de esto resulta dificilísimo
a la gente porque no está ni en asamblea ni en comunidad.
El
ofertorio en la reforma ha perdido importancia. Imagínate lo que significa para
la gente eliminar lo poco en lo que participaba.
En
este sentido hay un caso significativo. Los orate
frates. Los orate frates son el
mayor ejemplo de todos de las oraciones que se introdujeron en la misa de tipo individual,
penitencial y sacrificial. Resumen todas las ideas medievales de la misa: Orad,
hermanos, para que este sacrificio 'mío' y 'vuestro' sea agradable...; la
respuesta era aún peor: El Señor reciba de 'tus' manos este sacrificio... Pero
cuando todo estaba en latín y nadie
intervenía, el orate frates era el
momento en el que la gente participaba más. La reforma quería quitarlo porque
es una adición con muchas deformaciones. Se hicieron unas catequesis especiales
con Pablo VI para explicar que había que quitarlo; Pablo VI estaba convencido
de ello, pero dijo de no quitarlo por motivos pastorales; quitarlo es un
asunto delicado, porque el pueblo había comenzado a participar y sin una catequización
previa no se podía eliminar, porque podría causar desconcierto en la gente.
De
hecho, lo primero que dijo el Concilio es que para poder hacer la reforma se debe
hacer una catequización. De lo contrario, la gente se escandaliza porque no
entienden nada; y porque aunque cambie la forma, la gente seguirá viviendo la
misa a su manera, con su rosario, etc. El pueblo, en realidad, nunca ha dejado
de participar con novenas, rosarios.
El pueblo siempre ha participado; y puesto que no entendía nada de lo que estaba pasando, uno salía al púlpito y comenzaba: Novena a Santa Rita...
El pueblo siempre ha participado; y puesto que no entendía nada de lo que estaba pasando, uno salía al púlpito y comenzaba: Novena a Santa Rita...
| Card. Rylko también usa puntillitas |
Sobre
el ofertorio, más concretamente, hay tres posibilidades; una es la que dice:
Así como este pan seremos reunidos en tu Reino... Es la que en suma se prefiere
porque no tiene sentido ofertorial. La iglesia primitiva no tenía ofertorio:
simplemente se llevaba el pan y el vino para celebrar el misterio. Sí se
recupera el sentido judío de bendición ascendente y se dice: Bendito seas,
Señor, por este pan (y aún así sigue siendo humanista), fruto del trabajo de los
hombres.
Sucede
que muchos sacerdotes jóvenes, que quieren cosas nuevas, hacen el ofertorio como
si fuese una gran renovación. No entienden lo que buscaba la reforma. En la
Eucaristía no hay ninguna ofrenda; las ofrendas se llevan y se presentan simplemente.
La
fórmula que queda no es que sea muy acertada. La renovación acaba de comenzar.
Tampoco
está el Gloria. El Gloria es un canto maravilloso y una oración de la mañana;
pero no tiene sentido en la Eucaristía, porque significa duplicar la anáfora.
El origen radica en el hecho de que los monjes, antes de la misa, decían las
Laudes en las que se recita el Gloria; con el tiempo llegaron a insertarlo en
la Misa.
Lo
mismo para el Credo. Viene de la época de las herejías. Cuando comenzaron a
aparecer herejes y apóstatas, antes de pasar a la Eucaristía, se les hacía
confesar su fe. Pero no es un pedazo de la anáfora ni algo así. En Roma fue
donde el Credo entró más tarde.
Cuando
Carlomagno fue a Roma por primera vez, se escandalizó porque no recitaban el
Credo que era tan habitual. Roma siempre ha sido lenta en la introducción de cosas.
| No es cuestión de migas, sino de candelabro grande |
Dije
que la iglesia primitiva nunca tuvo problemas con la presencia real. Si a San
Pedro se le hubiese preguntado si Jesucristo está presente en la Eucaristía, se
habría asombrado, porque para él no había problema. Para él Cristo es una
realidad viva que hace Pascua y arrastra a la Iglesia. No es cuestión de migas o cosas por el estilo;
San Pedro se habría escandalizado mucho más por del hecho de que no hubiese una
asamblea o que uno solo bebe del cáliz. Es cuestión de sacramento, de asamblea».
Ahí queda dicho: Las migas no
tienen la menor importancia, porque en la doctrina carmelitana, lo que "hace el sacramento" es la asamblea. Y ya puestos, si hay que pretender saber lo que
hubiese hecho o dicho S. Pedro, se hace. ¿Acaso no pretenden también saber la voluntad
de Dios para los demás? Pues eso.
«Pero imagínate que, ahora, con los problemas de la filosofía comienza a ser una obsesión el hecho de si Cristo está presente en el pan y el vino y cómo. Podría mostrar discusiones teológicas sobre este tema que os harían reír. La verdadera teología es un canto a Dios, es la Eucaristía misma, un canto completo de alabanza a Dios porque se deja conocer. La teología del siglo XVI no son más que elucubraciones mentales sin una experiencia bíblica de la que brota la Eucaristía. El misterio se centra en la presencia: los protestantes dicen... Calvino dice... La Iglesia Católica se obsesiona con la presencia real, tanto que para ella todo es presencia real.
Comienzan
las grandes exposiciones del Santísimo (antes nunca existieron, porque la
presencia era en función de la celebración eucarística y no al contrario). El
pan y el vino no son para ser expuestos, porque se estropean. El pan y el vino están
hechos para ser comido y bebido.
| Card. Toppo y una... ¿cruz digna? |
Yo
siempre digo a los Sacramentales, que han construido un tabernáculo inmenso: si
Jesucristo hubiera querido la Eucaristía para alojarse allí, se hubiera hecho presente
en una piedra que no se estropea.
El
pan es para el banquete, para conducirnos a la Pascua. La presencia real es
siempre un medio para conducirnos a un fin, que es la Pascua. No es un
absoluto, Jesucristo está presente en función del misterio pascual.
Sin
embargo, desde Trento se celebra la Misa para consagrar y tener presente a Jesucristo
y meterlo en el tabernáculo.
En
muchos conventos de monjes se dice la misa para llenar el tabernáculo. Hemos
transformado la Eucaristía que era un canto al Cristo glorioso, en el divino prisionero
del tabernáculo.
En
esta época comienza el Corpus Christi, las exposiciones solemnísimas del
Santísimo Sacramento, las procesiones con el Santísimo, las misas cada vez más
privadas, las visitas al Santísimo y todas las devociones eucarísticas. Todo
esto es más importante que la celebración. Todo esto es cierto que yo misma iba
a misa para comulgar y llevarme a Jesucristo en el corazón. La misa era lo de
menos; era esto: una visita de Jesús en tu corazón, que es lo que decimos a los
niños cuando hacen su primera comunión. Esto significa minimizar la Eucaristía».

