No tengo ganas de comentar la carta que lee Ascen. La describiré con una palabra: yoismo. Un desinterés pasmoso hacia la población ucraniana; ni vecinos ni compañeros de estudio -los kikinerantes solo están para le CNC, por lo que no tienen compañeros de curro- ni conocidos… No les importa nadie ni nada, solo su medio de vida.
Así que mejor no comento.
«Os leo esta carta que es muy expresiva y que es un consuelo escucharla:
“Queridos Kiko, Padre Mario y Ascensión:
Queríamos contaros lo que ha ocurrido en Ucrania en
este tiempo. Nosotros, según el programa, nos encontrábamos en
Uzhgorod, en Transcarpatia, en la parte sudoccidental de Ucrania, haciendo
los segundos escrutinios y la redditio symboli. Al mismo
tiempo, hacíamos un curso bíblico-litúrgico para los presbíteros,
algunos catequistas y todos los
seminaristas de los tres seminarios Redemptoris Mater
de Ucrania: Kiev, Vinnitsa y Uzhgorod, que es greco-católico. Para este curso
vinieron Francisco Voltaggio y Ezequiel Pasotti. Para nosotros fue un consuelo
enorme tenerlos en estos momentos en que comenzó la guerra.
La situación se precipitó el 24 de febrero. Estábamos
haciendo nuestro trabajo habitual: la kikangelización, las katekesis en
distintas parroquias de varias ciudades, la formación de los jóvenes de post-confirmación... Todos estábamos trabajando, oyendo las noticias sobre
el aumento de las tropas del ejercido ruso en las fronteras de Ucrania,
pero, sinceramente,
no creíamos que podía (sic) estallar la guerra.
Esperábamos, rezábamos al Señor, para que esto no sucediera. Verdaderamente nos
quedamos sorprendidísimos de que el 24 de febrero se comenzaran
las operaciones militares, aquí en Ucrania. Las bombas, que caían por
todos lados, crearon un pánico general en la población. Muchísimos,
recogieron sus cosas, y
otros, sin tomar nada, se marcharon en dirección a las
fronteras. Bastantes hermanos de las comunidades y muchas de las familias
en misión, partieron hacia las fronteras para huir del horror de la guerra.
Actualmente hay 3,5 millones de refugiados fuera de Ucrania, sobre todo en Polonia, y también en Eslovaquia, Hungría, Alemania, y otros países. En la actualidad, en las ciudades más afectadas por la guerra, quedan muy pocos catecúmenos, muchísimos han emigrado a otras ciudades del país. Se esconden en varios pueblos, con sus familiares o con los hermanos del Camino. Aquí, en Transcarpatia, hasta el día de hoy, estamos bastante
tranquilos. Las sirenas obligan a bajar a los refugios por posibles ataques de misiles, pero gracias a Dios, por ahora, no ha caído ninguna bomba.
Ahora seguimos trabajando en los encuentros y escrutinios con las comunidades de aquí. Estamos en continuo contacto con todos los hermanos de toda Ucrania.
Estamos muy impresionados y agradecidos de ver la obra que Señor está haciendo. Vemos como a hermanos que parecían débiles les está dando una valentía impresionante. En Vinnitsa, que por ahora no ha sido muy atacada, pero si se oyen los ruidos de las bombas y las sirenas, los hermanos han continuado a reunirse (sic) por comunidades, van a rezar por las mañanas los (sic) laudes, han continuado la escrutazio, pero lo más interesante, es que
asisten más de lo normal, teniendo en cuenta que se han marchado un número significativo de los hermanos.Han quedado en Ucrania cuatro de las familias en misión extranjeras [de veintinueve] y cuatro ucranianas. Estamos hablando con las familias en misión que están en sus países respectivos y todos tienen el corazón partido de estar lejos de Ucrania y están deseando poder volver.
Estamos siendo espectadores de la potencia del Señor en medio de los hermanos. No dejamos de asombrarnos de ver cómo el Señor toca el
corazón de determinados hermanos y los hace actuar con fe de una manera heroica. Los que se han quedado en estas ciudades de gran riesgo, no
quieren marcharse y están con un Espíritu maravilloso. Dicen que están tocando el cielo, que la presencia de Dios es tan fuerte, que a pesar del miedo por las bombas y explosiones, cuando abren una palabra al azar, o rezan, el Señor les impele a seguir allí. Nosotros les decimos que no permitan que el odio entre en sus corazones y muchos nos dicen que están
rezando por sus enemigos. Nos cuentan cómo las celebraciones les ayudan tanto: van con miedo y escuchando la palabra, los ecos y la homilía salen resucitados. Hay ecos de jóvenes, maravillosos. Nos dicen que nadie les quitará nunca lo que allí están viviendo y que durante estos treinta años de Camino el Señor les ha preparado para este momento y que están dispuestos a servir y a morir por Cristo.
Los presbíteros del Redemptoris Mater, cuando oyeron que comenzó la guerra, dejaron el curso y partieron inmediatamente a sus ciudades en sus parroquias. Ahora, continúan contentos, siendo verdaderos pastores, reuniendo al resto de Israel que se ha quedado disperso, llamando uno por uno a todos los hermanos para saber quién ha quedado, sosteniéndoles, e incluso llevan a los más débiles a vivir a la parroquia. De manera que, por
ejemplo, en una parroquia de Kiev, viven juntos más que 20 hermanos, creando una comunidad. Celebran palabras, eucaristías y escrutan con los hermanos por las casas, arriesgando su vida.Una familia ucraniana que permaneció en Kiev hasta hace poco, cuando estaban en el refugio, como todas las noches, se le acercaron sus vecinos, que se estaban organizando para coger las armas y le dijeron a el padre: y tú, ¿qué arma tienes? Y él sacó del bolsillo la cruz de la traditio y les dijo: ¡Ésta es nuestra arma!
Los hermanos dicen claramente, que no se han quedado por nacionalismo, que han visto del Señor permanecer. Nosotros hemos dicho que cada uno hiciera lo que el Señor les inspirase, sobre si marcharse o no. Lo único en lo que hemos insistido es en que no se separen las familias. El problema es que los hombres desde los 18 años hasta los 60 no pueden salir del país porque pueden ser llamados para el ejército, sólo los que tienen tres hijos o más pueden salir.
En la casa de convivencias que estamos construyendo en Zhitomir se encuentran un grupo de chicos que están curándose de la pornografía, el alcohol, el juego, las drogas, etc., ayudados por un matrimonio y varios seminaristas. Uno de ellos ha escrito esto.
“Hoy, levantándome para vigilar, de nuevo no podía más
porque ayer por la noche las bombas cayeron más lejos, pero los
aviones volaron más tiempo, y esto es lo más duro. Hemos rezado el oficio
y abierto un evangelio que decía: “Ánimo, SOY YO, no tengáis miedo. Mirad mis
manos y mis pies (...). Quedaos en la ciudad hasta que venga el
prometido de mi Padre”.
Doy gracias al Señor que me está dando esta
precariedad completa que antes no tenía. Si Él no me responde, me muero. Pero
me responde, y muy fuerte. Y estando tumbado por tierra, con los aviones
por encima, le tengo que preguntar, lo que decías siempre tu: ¿Tú estás? Me
amas? Esto es maravilloso”.
Nosotros nos encontramos en una de las zonas más tranquilas, porque nos pilló aquí la guerra haciendo los segundos escrutinios y la redditio. Una pareja que venía a escuchar los escrutinios para aprender, ese día se encontraba un poco en crisis por la situación de la guerra y no entendían el por qué de continuar los escrutinios en esta situación. Al final de la reunión de los escrutinios nos dijeron: hemos entendido que la verdadera guerra se encuentra aquí, luchando contra el demonio.
Aquí han venido muchísimos hermanos, de manera que el Señor nos ha inspirado, formar dos comunidades en diáspora con todos los refugiados, una en Uzhgorod y otra en Mucachevo. Hay hermanos de todas las etapasde Camino, de todas las ciudades, de todas nacionalidades, y han empezado a caminar este sábado, !esto es una verdadera bomba!
Por otro lado, nos venían los jóvenes a pedir trabajo, porque no sabían qué hacer todo el día, y las madres pensaban que los niños debían también hacer algo, así que hemos formado dos escuelas, una en cada ciudad. El Señor es tan genial que inspira cosas y las realiza. Resulta que aquí han venido varias chicas y familias en misión y diversos hermanos y que tenemos especialistas de todo tipo, desde filólogos de ucraniano, español, italiano, polaco, inglés y francés, hasta profesores de matemáticas, música, de danza, de teatro y de los primeros años de escuela. Los niños y los jóvenes están contentísimos. El Señor nos va empujando a hacer cosas que él mismo apoya y realiza.
Sería para escribir un
libro con los testimonios que nos escriben y las cosas que oímos cuando les llamamos por teléfono.
Continuamente estamos llamando para saber cómo estén y para sostenerles, y
resulta que nosotros mismos quedamos consolados por lo que el Señor opera
en ellos, dicen cosas maravillosas.
Nosotros somos espectadores de milagros, ahora mismo
si contamos cuántos hermanos han quedado en Ucrania, se podría
pensar que esto es un desastre total. Pero vemos que el Señor está
reforzando en la fe de una manera muy fuerte a estos hermanos. Sabemos que muchos
de los que han salido serán tentados por el demonio para quedarse en
otros países, para tener una vida más burguesa, con más dinero. Rezamos
para que el Señor de (sic) discernimiento a todos y después de esta guerra
puedan volver del exilio para reconstruir juntos Jerusalén, la presencia de Cristo
mismo en Ucrania.
Rezad por nuestros catecúmenos para que puedan
resistir esta prueba, amando a sus enemigos y dando testimonio de la fe que han
recibido.
Y rezad también por nosotros, que somos unos
pecadores, indignos de trabajar aquí y de ver los milagros que aquí se están
realizando, para que podamos resistir firmes hasta el final.
Os queremos muchísimo.
P. Rajmund, María Eugenia, Stanislaw, Kiryl”».







