CELEBRACION
DE LA PALABRA - ENTREGA DE LA
BIBLIA
“Como en la celebración de la
penitencia, lo primero que se debe de hacer es ensayar los cantos, preparar la
iglesia, preparar las mesas para el ágape y explicar a los presbíteros el sentido de la celebración”.
Poco
cristiana debe ser una celebración que hay que ‘explicar’ a los sacerdotes.
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| La cruz es prescindible; el metacrilato, no |
“La disposición de la asamblea
es la misma, pero con la Palabra de Dios en el centro, una mesa a un lado para
dejar las Biblias, el crucifijo no es necesario.
MONICIÓN AMBIENTAL
Hoy, hermanos, espero que para todos
vosotros sea un día memorable, porque vais a recibir de la Iglesia esta
Palabra, la Escritura, significando
vuestro amén a la Palabra de Dios.
Igual que después de la primera
parte de la catequesis en la que anunciamos el Kerygma -la buena noticia de que
Jesucristo fue enviado por Dios para liberarnos de la muerte y del pecado, para
que en Él tengamos vida eterna- respondimos con una celebración penitencial en
la que tuvimos acceso al perdón de los pecados en la victoria de Cristo
resucitado por medio de un Sacramento, también hoy, después de haber visto este
Kerygma en la Escritura, en la Palabra de Dios -no haciendo de la historia de
la salvación una cultura bíblica, estudiando cómo se ha desarrollado o formado,
sino dando a disfrutar de esta Palabra a través de Abraham y del Éxodo-,
respondemos con una celebración.
Espero que todos hayáis visto
como Abraham eres tú y como el Éxodo es tu historia; como Dios no te abandona,
sino que te envía una Palabra que ilumina tu realidad existencial. La respuesta
a esta palabra que habéis escuchado es esta liturgia, este encuentro, donde los
que ya han gustado esta palabra, y han visto la maravilla ahora pueden decir
Amén, es decir que quieren vivir esta Palabra.
Pero esta Palabra tienes que
recibirla de la Iglesia. Esta Palabra no la podéis interpretar vosotros por
vuestra cuenta, sino que debe ser partida para vosotros, como un pan, por la
Iglesia.
El Apocalipsis dice que este
libro está sellado y que todos lloran porque nadie lo puede abrir, pero aparece
un cordero degollado y a él se le da el poder de abrir el libro. Quién tiene el
Espíritu de este cordero sacrificado que es Jesús, nuestro Señor, podrá también
abrir estas Escrituras. La Iglesia durante este catecumenado os dará este
Espíritu para que podáis comprender con toda sabiduría estos libros, de modo
que estas Escrituras sean para vosotros Palabra de Dios.
Hemos dicho también, hermanos,
en la última catequesis que este libro es un esqueleto que necesita la vida, la
carne y los nervios para no ser un muerto. Y dijimos que estas escrituras reciben la vida
de la asamblea cristiana, en la que está presente Cristo Resucitado”.
En
otra kikotesis tenías que ver que tu vida estaba contada en la palabra. Ahora
ya no es la palabra la que da vida, sino la asamblea.
“Hoy nos hemos reunido aquí
todos porque Cristo resucitado está presente aquí y es Él quien te da a gustar
de esta Palabra proclamada. Porque si Cristo no abre el oído, esta Palabra
permanece cerrada para nosotros y no nos dice nada, no ilumina nuestra
realidad.
El mejor modo de presentar
la Palabra es celebrarla. Este conjunto de libros han salido de un pueblo y
llegan a nosotros a la espera de un pueblo que la cumpla más perfectamente, de
un pueblo en el que esta Palabra se cumpla. Sabemos que ESTA PALABRA HECHA
CARNE ES NUESTRO SEÑOR JESÚS, ES JESUCRISTO: Él ES LA PALABRA DE DIOS. QUIEN VE
A JESÚS CONOCE A DIOS PORQUE ÉL ES DIOS. Y nosotros sabemos que Él está aquí
presente y resucitado para hacer resonar en medio de nosotros esta Palabra, para
abrir nuestros oídos y para preparar nuestro corazón, para que esta Palabra
penetre en nosotros y sea fecunda. Porque nosotros, como una tierra seca y
estéril, necesitamos una lluvia que nos empape para que nos dé vida. Esta Palabra es el agua que nos
da la vida”.
Y
ahora la vida vuelve a ser de la palabra, no de la asamblea. La coherencia no
es marca de kasa pako.
“No creo que haya en vuestra vida nada más importante que esta asamblea en la que
Cristo Resucitado hará su aparición a través de la Palabra de Dios. Por eso no
se trata de apresurarse”.
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| La gente al servicio de la asamblea |
Dar
la importancia a la asamblea, que no a Dios, se me antoja idolátrico. Así pasa
lo que pasa en el CNC, que pretenden estar por delante de la propia familia y
de la propia vida.
"S. Pablo se lamenta de los
cristianos que abandonan su espacio en la asamblea. Porque no se trata de un
rito que debas hacer a toda prisa para pasar a otra cosa. Es algo mucho más
importante. Estamos aquí para encontrar a Dios y Dios pasará por aquí, en medio
de nosotros, tal vez en una lectura, tal vez algo que diga un hermano, en una oración
o en una intervención o en la homilía. No sabes en qué momento este Espíritu te
tomará realmente y te dará vida. Y te hará salir de aquí contento cuando tal
vez has entrado cansado y aburrido. Porque el encuentro con Jesucristo es
siempre importante.
Acogemos al párroco, que inicia
el camino neocatecumenal con vosotros; hoy representa aquí al obispo para
entregar esta Palabra, para abrir estos libros y proclamar esta Palabra.
Recibimos a los presbíteros que presiden nuestra asamblea cantando: “¿Cuál es
su nombre? Su nombre es Palabra de Dios”.
Vemos el cielo abierto y un
caballo blanco que viene; su jinete lleva un manto lleno de sangre. Está lleno
por su victoria: su victoria sobre todo lo que nos separa, sobre todo lo que
nos hace sufrir. Él ha destruido con su sangre a nuestro enemigo. Él viene
victorioso a liberarnos. ¿Cómo se llama este que viene?, ¿quién es? Su nombre
es: PALABRA DE DIOS, el Hijo de Dios, Jesucristo.
(Previamente, al llegar, cada
uno ha dejado su Biblia, con su nombre escrito, en la mesa).
Canto de entrada: Veo el cielo
abierto.
SALUDO DEL PRESIDENTE: “No sólo
de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
(cantado)
MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA:
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| Estampita que todo kikokúmeno ha de tener |
La primera palabra que esta
noche será proclamado aquí, es del libro del Deuteronomio. Es un canto que los
judíos leer todos los días en la sinagoga: la celebración de la sinagoga se
inaugura con este canto. Comienza diciendo ¡SHEMA ISRAEL! Shema en hebreo
significa “escucha”. Esta será también para nosotros la primera palabra que
escucharemos esta noche: ¡Escucha, Israel!
Sabemos que el Israel de la fe
somos nosotros. Hoy, el Señor nos llama y nos dice: ¡Israel! Que significa
“fuerte con Dios”. Sabemos que en él venceremos todas las batallas contra
nuestro orgullo, contra nuestra ira, contra nuestra lujuria y contra todos
nuestros problemas.
Escuchad esta palabra que dice:
Escucha, Israel, yo soy el único; no hay otro fuera de mí. Esta Palabra nos
invita a amarle. Y dice que está ahora en medio de nosotros y nos invita a dar
una respuesta: a amarlo sobre todas las cosas. Escuchamos esta Palabra.
PRIMERA LECTURA: Dt. 6, 4-15
INTRODUCCIÓN AL CANTO
Hermanos, esta palabra se
cumple hoy en medio de nosotros. El Señor, hoy, nos da un mandamiento: amar a
Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente y con todas nuestras
fuerzas. Este es el resumen de la ley y los profetas, esta es toda la
Escritura. Quién hace esto ya está en el Reino de Dios.
Si entramos en un catecumenado
es porque estamos convencidos de que en nosotros Dios no es el único, no es el
centro, porque tal vez hay otros dioses. Por eso, hoy nos ha dicho: cuando te
traiga a la tierra, y te dé olivares que tú no plantaste, una tierra
maravillosa que tú no has comprado, árboles frutales de todo tipo que tú no has
cultivado, casas que tú no has construido...
¿Ves el símbolo de la Palabra
de Dios? El Señor sabe que estamos en camino hacia el Reino de Dios. Este
camino neocatecumenal termina con la renovación de nuestro Bautismo, para
aquellos hermanos que entren en el Reino de Dios que sean cristianos con una fe
adulta. Porque los cristianos están ya en el Reino de Dios que comienza aquí y
salta hasta la vida eterna. Ahora tomaremos un camino que termina en el Reino,
y Él nos dice: cuando llegues al Reino, cuando seas feliz, no te olvides nunca
que he sido Yo quien te trajo a estas catequesis. ¿Recuerdas como venías de
amargado? Acuérdate de cuando estabas en Egipto.
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| Antes y ahora |
Por esto, esta Palabra es para ti ahora. Dice: recuerda cuando
no podías soportar a nadie, cuando no te entendías con tu esposa, cuando
llevabas una vida miserable, cuando no tenías ninguna alegría, cuando estabas
en Egipto, en la esclavitud. Acuérdate de entonces. Recuerda cómo te he llevado
paso a paso y ahora te he dado la felicidad: tu vida se ha transformado por
completo.
Puedo decir hoy a la comunidad
que han visto sus vidas transformadas. Pero piensa: todo lo que yo te he dado,
te lo he dado gratis: “casas que tú no has edificado, tierras que no has
comprado, árboles frutales que no has plantado". Recuerda aquel día, que
yo he sido el que te sacó de Egipto y te trajo aquí. Acuérdate entonces de
darme las gracias, de bendecirme; acuérdate de enseñar a tu hijo que yo estoy en
medio de vosotros, que yo soy el que te ha salvado, para que tus hijos no
adoren a dioses extraños.
Tal vez vuestros hijos no
tengan hoy otro Dios que los ídolos del mundo: el dinero, la fama; el
prestigio, la diversión, todas esas cosas que encantan a los paganos, que ama
el mundo.
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| Entrarás, por las buenas o por las malas, hijo mío |
A través de este camino te enseñaremos que también tus hijos deben
estar en Él,
porque fíjate en lo que hemos escuchado hoy: Transmitir la fe a los hijos,
enseñarles quien es el verdadero Dios. Esta misión no la debes dejar para la
escuela, o para otros. Debes hacerla personalmente. Y no con lecciones, sino
con tu actitud ante la vida, con tu fe vivida, cuando se tiene fe, claro. Hoy
es posible que tus hijos no crean porque ven en ti actitudes que no les
convencen para nada.
¡Hermanos, alegrémonos! ¡Porque
Dios nos habla con palabras sencillas! Nos dice que nos amemos; dice que es Él quien ha estado dando
estas catequesis; que es Él quien nos está sacando de Egipto, que es Él
quien no está llevando a una tierra de felicidad. Nunca hay que olvidar que es
Él quien está haciendo esto: Él está aquí en medio. Y la única cosa que Dios te
pide es amarlo por encima de todos los ídolos.
Por esto, hermanos, en
respuesta a esta palabra cantamos juntos: Yahvé tú eres mi Dios, yo te
ensalzaré.
CANTO: Yahvé tú eres mi Dios,
yo te ensalzaré.