Atentos todos aquellos
pobres incautos que creen que en el CNC no tienes que contar “toda la vida” y
todos los pecados:
«Vi a un hombre, mujeriego y lleno de lujuria de toda la vida, que después
de la catequesis pasó un año y medio, por pura fuerza de voluntad, sin ir con
otras mujeres o hacer cosas así, pero un día se enfureció –esto es real- tuvo
una pelea en casa con su esposa y le tiró la sopera a la cabeza. Estaba tan
disgustado consigo mismo que volvió a ir con mujeres.
Es una actitud que podéis tener también vosotros. ¿Por qué? "Porque
después de sacrificarme así, después
de todo lo que he soportado… no ha servido de nada, Dios no me ha
cambiado tanto que yo no me enoje más; entonces ¿he pecado? Pues continuaré
pecando”.»
A veces a Kiko se le
escapa una verdad. En el CNC no hay libertad, hay moralismo, sacrificio y
esfuerzo y encima no sirve de nada.
«¿Es lo mismo un pecado que cincuenta? No es cierto. No es lo mismo un
pecado o cincuenta. No es lo mismo un pecado o dos, o tres, o cuatro. Un pecado
es un pecado, dos son dos y tres son tres. La Escritura dice: "no añadir
pecado a pecado".»
Si se refiere a Isaías
30,1 la cita es incorrecta… ¿Sorprendente?
«El hombre tiene un
número, un máximo de pecados, si lo supera le puede suceder de todo.»
La papanatada precedente
es doktrina kikótica, no existe en la doctrina católica. Y tal vez por eso a
continuación recurre a algo ajeno al cristianismo, como es el talmud.
«Por esto dice el Talmud: "¿Has
pecado? ¿Te has arrepentido? Entonces deja de pecar”. Ahora puedes comenzar a rezar
de nuevo. Ahora comienzas a hacer una obra positiva: ánimo, no pasa nada, se
acabó, ahora puedes comenzar a hacer algo bueno, el Señor está contigo ahora, ahora
ya puedes volver al Señor. ¿Ya has hecho algo bueno? Ahora estás mejor que
antes, ahora estás saliendo del pantano, del pozo profundo.»
¿Habrá intención de ninguneo
al Sacramento de la reconciliación? Porque viene a decir que lo importante es
tu propósito, obviando la necesidad de la reconciliación sacramental.
«Bien, lo que quiero deciros es esto. Recuerdo que en los Cursillos o antes
en los ejercicios espirituales, era necesario hacer promesas: antes morir que
pecar. Hacías los ejercicios espirituales, te confesabas y prometías que nunca
más, nunca más, nunca más… Durabas un año con la misa diaria, todos los días el
rosario, todo lo demás y luego cuando te golpeaban la cara, entonces…
"esto no vale". ¿Y si preguntas a los ocho mil cursillistas que
hicieron cursillos en Madrid? Nada. Como pensaban que siendo cristianos no iban
a pecar más, no podían aceptar que después siguieran igual. Esta es una grandísima
deformación de lo que es el cristianismo, una deformación grandísima.»
¡Cuánto le gusta mal
hablar de todos, sean ocho u ocho mil!
«¿Por qué sucede esto? Porque esto no es Cristianismo. El Cristianismo
significa que aquí, hermanos, nunca se lavará vuestro cerebro hasta el punto en
que no queráis ser libres para pecar cuando lo deseéis.
Ayer el Señor os dio una gracia enorme. Ha hecho una alianza con vosotros.
Después de que os hayáis conocido, después de haber descubierto que no podéis
apoyaros en vosotros mismos, os ha invitado a apoyaros en Él, como Jacob, que se
apoya en aquel con quien estaba luchando. Pero esto no significa que cada vez
que hayas pecado, que toda la historia detrás de ti, que todas las experiencias
positivas y negativas que has tenido, te hayan condicionado hasta el punto de
que hoy seas un hombre traumatizado. Dicen que en España la guerra civil ha
traumatizado a tres generaciones. Todo en la vida nos condiciona. Y
traumatizado significa que nos ha convertido en idiotas, personas que ya no
pueden pensar, gente que no tiene opinión política o cosas por el estilo,
porque está traumatizada. Traumatizado
significa: condicionado al extremo, hasta el punto de que no eres libre.»
Atención. Ahora viene
una muy grosera manipulación para librarte de tu libertad con la excusa de
librarte de la atroz manipulación que te ha provocado tu madre (¡Qué obsesión
por la Mujer, la que pisa la cabeza de la serpiente!)
«El amor humano siempre nos condiciona. Tu madre, el amor que tu madre
siente por ti te ha condicionado; el amor de tu prometida te ha condicionado,
el amor de tu esposa, de tu esposo, todos los amores te condicionan. ¿Qué significa
que te condicionan? Que te atan, que te exigen, que no te dejan libre, que de
alguna manera, si no respondes al amor que te han dado, les haces sufrir y te
lo reprochan. Entonces no te permiten pecar. Debes amarlos a la fuerza. Es
decir, en el momento en que te aman, te ponen una soga alrededor del cuello,
toman una cadena y te arrastran con la cadena de amor que te dan. Hay amores
que matan. Cada amor humano destruye, ata, encadena, subyuga, esclaviza.»
Por eso en la
comunidad hay que hacer que las sillas vuelen contra las cabezas de los demás,
porque no saben lo que es el amor.
«No es así el amor de Dios. Dios ha hecho maravillas contigo y nunca sentirás
una cadena alrededor de tu cuello: "Que tienes la obligación y el deber de
devolver ese amor a Dios". Absolutamente. Ni siquiera te sentirás ligado
neuróticamente a Dios hasta el punto de no poder pecar. ¡No! Eres libre. Ayer
viste maravillas y esta mañana, si quisieras, podrías pecar libremente. Como si
Dios no hubiera realizado nada contigo. Esto es de una grandeza impresionante.
Al mismo tiempo, esto es algo que no nos gusta porque nos deja libres y no
queremos serlo. ¿No sabes que en el mundo nadie quiere ser libre? Por eso legislamos.
Por eso un hombre se casa y tal vez busca a una mujer mayor que él porque
quiere tener una madre. Y si tiene que decidir o elegir algo, deja que lo haga
ella. Por esta razón los partidos políticos tienen tanto éxito en las universidades:
porque los jóvenes tienen el problema de elegir. Ser hombre significa elegir
libremente. Y tienen miedo de elegir, porque elegir significa decidir y decidir
significa cometer errores. El hombre tiene miedo de equivocarse. Por esta
razón, si llega un líder, si ven a alguien que decide por ellos, están
dispuestos a darles su libertad: "Dime lo que tengo que hacer, dímelo tú, decide por mí". Es
una forma de vivir la vida extremadamente adolescente.»
Está describiendo el
CNC. Está describiendo el poder que se le da a los kikotistas, muy pobrecitos y
manipulados ellos, sobre la vida de otros.
«El cristianismo no es así. Por esto antiguamente solían decir: "Los
buenos directores espirituales son aquellos que no te dicen nada". Si vas
a un director espiritual y él te dice qué tienes que hacer, no es un buen
director espiritual. Exactamente, porque la Iglesia ya había descubierto esto.
Muchísima gente buscaba un director espiritual porque no quería decidir por sí
mismo. El talmud dice que quien pregunta qué tiene que hacer no ha entendido la
ley. No ha entendido el espíritu de la ley quien pregunta: ¿qué debo hacer?»
Dale con el talmud,
que es ajeno al Cristianismo. En el Cristianismo
está escrito: En esto se le acercó uno y le dijo: «Maestro, ¿qué he de hacer para
conseguir vida eterna?» (Mt 19, 16). Y el Maestro no le dice que no ha
entendido nada, sino que le explica lo que le falta por hacer.
«Todo esto es nuevo para ti. Vivir el Cristianismo en libertad significa
vivir en la precariedad. Porque en cualquier momento puedes pecar, puedes
abandonar al Señor, puedes contemplar tu inmundicia, puedes contemplar que en
el fondo eres un desgraciado y que aunque es verdad que Dios te ha amado, sin
embargo, tú lo abandonas.»
Y vivir el kikianismo no
sólo te deja igual de pecador, sino que además te aporta una infelicidad
inimaginable.
«Porque lo importante no es la ley. La solución de este enigma es que lo
importante no es la ley. Como lo que Dios quiere es que tú no peques más, Dios
te da su amor para que tú no peques más; no es así. No es que Dios no quiera
que peques más, Dios, lo que quiere es amarte. Si tu pecas es asunto tuyo. Pero
Dios es quien te ama. Dios ha sellado una ley (en el Antiguo Testamento los
judíos no lo llamaban "ley" sino "el camino de la vida")
para amarte; te da un camino que es el de la vida y te promete que, viviendo
este camino, encontrarás la vida, pero si sales de él, encontrarás la muerte.»
Serán judíos ignorantes
quienes no lo llaman ley. Porque por todas partes en el AT se hace referencia a
la ley, que no sirve para dar vida, sino para evidenciar que por sí solo el
hombre no puede alcanzarla (quien no lo sepa, es que tampoco ha leído a S.
Pablo).