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jueves, 30 de diciembre de 2021

El señor te ha traído aquí

 

Una de las frases que más le gusta repetir a Kiko es la de «el señor te ha traído aquí» o alguna de sus variantes: «tienes que darle gracias al señor que te mantiene aquí», «estás aquí no por tus méritos, sino porque el señor te ha traído de la mano», afirmaciones que se completan con «y te ha dado catequistas, te ha dado una comunidad».

Todas ellas, bajo su aparente sencillez e inocencia, son frases coercitivas, además de ser mentira.

Para empezar, quien las pronuncia y se las dirige a otros se sitúa por encima de esos otros, es más, se sitúa como único intérprete válido de la voluntad del tal señor en nombre de cual dice hablar.

Es obvio que hay que ser muy muy sensible, incluso ultrasensible, para poder captar la voluntad del señor de marras para todos los demás. Así se entiende que en el CNC, mientras que la afectividad se considera una lacra, la sensibilidad esté sobrevalorada.

Así pues, la primera condición para ser mensajero y vocero del señor es la sensibilidad a flor de piel. Y la segunda, que deriva de la primera aunque pueda parecer contradictoria, es que esa piel sea más dura que el cemento armado, de forma que el "sensible" no dude jamás en presionar al otro, que es Cristo, e incluso que no dude en coaccionarlo y amenazarlo con desdichas sin cuento si no escucha. El fin justifica cualquier medio para que el oyente entienda que fallar a la comunidad y al Camino es dar la espalda a ese señor representado por el gran sensible, es rechazar su voluntad, es oponerse a ella. Es, en suma, abrir la puerta a los demonios.

Este es el verdadero mensaje: «el señor te ha traído aquí» significa no puede irte de aquí, porque si te vas le darás la espalda a la historia que el señor tenía pensada para ti desde antes de la creación del mundo; no puedes irte porque jamás llegarás a ser cristiano si le das una patada al señor, que te quiere aquí; no puedes irte, porque eso sería «bajarte de la cruz» que el señor quiere para ti y «sin cruz no hay salvación». En suma, no puedes irte, porque irte sería lo mismo que negar a Dios.

MENTIRA.

Te mienten y te manipulan. Y además, se hacen pasar por únicos intérpretes válidos de la voluntad de otro para ti: «somos tus catequistas». Lo que también es mentira.

No son catequistas, puesto que ningún obispo los acredita y ahora, con las disposiciones papales sobre el ministerio del catequista, mucho más claro queda que ni lo son ni lo pueden ser. No dan la talla.

Pero hay una forma más clara e inmediata para descubrir la impostura de cuantos hablan en nombre de un señor tan falso como un ídolo con pies de barro:

En primer lugar, el verdadero Dios habla al corazón de cada uno de los que le buscan, no necesita intermediarios porque resuena en las almas, en el interior de la gente y su Voz trae consigo la paz.

En segundo lugar, Dios no puede ser encerrado en salas de usos múltiples, por más que algunos se afanen en correr a echar pestillos a las puertas y decretar arcanos y prohibir la reproducción de ciertos mamotretos. Dios no te quiere en un lugar determinado, Dios te quiere a Su lado. Al Suyo, no a del club privado de los sensibles. Y Él está en todas partes.

No va a caer ninguna maldición sobre ti si dejas la comunidad, no ofendes a Dios si no caminas, no te va a castigar, no desobedeces ni te opones a Su voluntad si no haces el trípode ni te condenas si no das el diezmo. Al contrario, si no dejas que otros - muy sensibles ellos y muy prestos a usar el nombre de Dios en vano- manipulen tu vida, serás un poco más libre.

Hay otra serie de mantras que también se emplean para mantener el yugo de la comunidad sobre el cuello de los captados. Cuando un neocatecúmeno da señales de estar harto, cuando las reuniones le parecen vacías y no experimenta nada ni siente nada, cuando tiene problemas concretos con personas concretas de la comunidad -ser sensible está fetén, ser afectivo es espantoso-, se recurre a hacerle saber que su obligación es dejarse pisotear por los amados hermanos. Pero no se dice así, que queda feo.

La manipulación para estos casos es la de tildar de justiciero al que no se deja pisotear. Jamás se eleva la voz contra el que ha cometido el agravio, pues eso sería resistirse al mal. De modo que se apunta contra el agraviado que se ve doblegado bajo el doble peso de la injusticia sufrida y de los juicios de la comunidad, que le conminan sin misericordia a «no resistirse al mal», «no bajarse de la cruz» y renunciar a «ser un justiciero».

Quizá tales consejos provengan del desconocimiento antes que de la maldad o del afán de engaño, pero conviene explicar que parten de un error garrafal.

El «no os resistáis al mal» se refiere a la actitud que un cristiano debe mostrar a los de fuera, nunca invitó Cristo a doblegarse ante las injusticias cometidas por otros presuntos cristianos puesto que tales actos no tendrían que darse entre ellos y, de producirse, lo que hay que hacer es corregirlos, no tolerarlos. ¿Acaso no reprendió Jesús a Pedro cuando este se lio y no veía la voluntad de Dios? ¿No lo hizo también Pablo cuando Pedro se dejó influir por los judaizantes?

El masoquismo y la tolerancia del error son profundamente anticristianos.

Quien enseña a otros que la justicia no es correcta y que hay que humillarse ante el atropello no es cristiano ni entiende el Cristianismo.

En una comunidad que se dice en camino hacia el cristianismo adulto no se pueden tolerar injusticias y malquerencias contra sus miembros.

No resistirse al mal hasta dar la propia vida significa no resistir el mal que procede de "fuera" de la Iglesia y tiene su raíz y su causa en la fe verdadera. La Iglesia no persigue ni hace mal a los cristianos por causa de la fe, eso solo lo hacen los ajenos a ella, pero si dentro de la Iglesia se hace el mal, existe la obligación moral de paliarlo y combatirlo. Pues este mal no es por causa de la fe, porque la fe debería ser la misma.

Por tanto, si en algo que dice ser Iglesia se reparten infamias, calumnias y malicias, no solo no se da la espalda a Dios por no soportarlo, es que existe el deber de combatirlo como algo intrínsecamente malvado y además, lo mejor que se puede hacer es salir de ese lugar y no volver. La Iglesia es grande y universal, no es un gueto de puertas cerradas.

 

jueves, 16 de enero de 2020

Adónde quería llegar el Camino



Estoy convencida de que en el ideario inicial del CNC la meta era colonizar y conquistar las parroquias, apoderarse de ellas, kikotizarlas, transformarlas a imagen y semejanza del vanidoso iniciador del CNC: una estética -horrorosa- propia, signos propios, cantos propios -compuestos por otros que consentían que Kiko se los apropiase-, ritos pseudomágicos a tutiplén, posturitas propias -ahora las manos así o asá o como nosotros te digamos-, un lenguaje particular donde las palabras no significan lo que parece, vestiduras identitarias… Todo ese tipo de cositas.
Era un plan con numerosas debilidades.

Una de las más obvias es que precisa del total apoyo del verdadero responsable de la parroquia, es decir, del párroco. Y otra es que los párrocos no son dueños de su parroquia, son administradores. Así que incluso el párroco más kikotizado del planeta Tierra puede ser trasladado a otra parroquia y su reemplazo puede no simpatizar con las transformaciones kikóticas que se encuentre en la parroquia que recibe.
Desde el punto de vista del CNC eso marcó dos rutas:
1.     Había que asegurarse la disponibilidad de presbis leales al Camino y a sus kikotistas antes que a su obispo.
2.     Había que ganarse a los obispos, para que no estorbasen ni trasladasen a su antojo a los presbis kikotizadores de parroquias.
No han tenido mucho éxito en ninguna de las dos medidas.
No niego que hay presbis muy, muy lamentablemente kikotizados que viven para el CNC, pero precisamente por eso son malos pastores, muy malos, no sirven a la Iglesia, solo sirven al CNC y no se puede confiar en ellos. No sé cuantos de ellos serán párrocos, pero lo que se sabe es que salvo que sean destinados a una parroquia kikotizada, no funcionan, no atraen a la feligresía sino todo lo contrario. Y poco a poco hay quien va viendo que dejarles a cargo de parroquias kikotizadas solo hunde más y más dichas parroquias.
A los obispos, el CNC los ha tratado como a políticos corruptos: grandes dádivas, grandes promesas de grandes números, grandes viajes todo pagado a la encerrona padre a orillas del mar de Galilea… Hay gente “pa tó” y hay obispos “pa tó”. Pero la mayor parte de ellos, según declaró uno dotado de visión ultra-dimensional-sideral, son unos “endemoñaos” que no compran lo que en CNC quiere venderles.
Y además, no tienen reparo en recurrir al comodín de la desobediencia. La propia y la ajena.
La desobediencia propia está clara: primero predican -falsamente- que vienen en nombre de Dios, enviados por el obispo y el párroco; si el párroco decide meterles en cintura, se recurre a la autoridad del obispo y si no funciona se insta a los kikotizados a obedecer solo a los kikotistas, que aseguran ser la voz de Dios, antes que a los hombres, sean obispos o curas. Y se adereza lo anterior tildando de perseguidor y endemoñao a quien sea preciso.
La ajena consiste en asegurar que ese párroco que no les consiente que se le suban a las barbas es el desobediente, el que no está en comunión con su obispo, que sería quien le habría ordenado ponerse al servicio del CNC. Porque jamás el CNC ha estado ni está al servicio de una parroquia, sino que pretenden que sea al revés. Y si es el obispo el que les ordena que se atengan a sus aprobadísimos estatutos y que, por ejemplo, celebren la Pascua con toda la comunidad parroquial, dirán que es el obispo el que los persigue y el que no está en comunión con el Papa que tanto los quiere y que tanto los aprueba.
Y esa es una mentira más, ningún Papa los ha aprobado jamás. La Iglesia ha aprobado unos estatutos. Y eso ha sido todo.
La Iglesia les ha ordenado que se sometan a los estatutos y no se salgan de ellos. Y el CNC ha respondido con la desobediencia, la chulería, el pitorreo y la monserga de la persecución.
Y con algo más.
¡No podían dejar de meter una menorá por algún lado!
El divo ha impuesto en el CNC la obediencia a sí mismo antes que al Papa, porque el Papa, al fin y al cabo, no es más que un funcionario que administra sacramentos -como dice el mentado divo que son los curas-, mientras que él, que presume de haber sentido un soplo en la nuca hace la friolera de 60 años, es el nuevo Moisés -apelativo que le encanta- el guía incuestionable.
El Papa, ese gris funcionario, solo es infalible cuando expone dogmas de fe, mientras que el divo, ese que va de artista pese a no saber dibujar manos, pretende que todo lo que sale de su boca es palabra de dios, que quien le escucha recibe la salvación en ese instante, que tiene poder para salvar y poder para ver el interior de cualquiera y conocer sus pensamientos y sus intenciones.
Así que, ¿quién es más? ¿Quién debería someterse a quién? ¿Quién debería servir a quién?
Con el Papa emérito no lo consiguió. Con el Papa Francisco, tampoco. Intentó recibir una visita ad limina de Francisco en el Puerto San Jorge, pero el Papa no picó. Quiso forzar que presidiera una uka en la celebración de los 50 años, y el Papa no picó y rechazó la uka. Pretendió obtener un permiso papal escrito para montarse el triduo pascual a su bola en todas las parroquias kikotizadas, y el sustituto del secretario del Papa le dijo que se dejase de pataletas y se leyese los estatutos más aprobados del universo… Ni siquiera consigue arrancarle una tarjeta de felicitación por su cumpleaños.
Kiko está que echa las muelas. Pero es tan necio que en su cabeza no cabe que él es el equivocado.