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lunes, 21 de abril de 2025

Miserere - Glosa del Beato Diego José de Cádiz

 

Puede ser una entrada inesperada para el primer lunes de pascua, pero me ha parecido oportuna porque ha muerto un Papa.

Miserere

I
Ten mi Dios, mi bien, mi amor
misericordia de mí,
ya me ves postrado aquí,
con penitente dolor:
ponga fin a tu rigor
una constante concordia,
acábese la discordia,
que causó el yerro común,
y perdóname según,
tu grande misericordia.

II
Y según la multitud
de tus dulces y adorables
misericordias amables,
sácame de esclavitud.
Ya me ofrezco a la virtud,
y protesto a tu bondad,
que con letras de verdad,
caracteres de mi fe,
yo tu amor escribiré,
borra tú mi iniquidad.

III
Lávame más, buen Señor,
de mi iniquidad, porque
aun lavado, yo no sé
qué me asalta de temor.
Fuentes de mi Salvador,
que habéis al mundo regado,
a mi corazón manchado,
lavad en vuestras corrientes,
y tú, dueño de estas fuentes,
límpiame de mi pecado.

IV
Porque yo en mi desvarío
conozco mi iniquidad
conozco que mi maldad
atropelló a mi albedrio:
que fue doble el yerro mío.
Miré, vi, quise y caí,
fui sangriento, te ofendí.
No puedo ocultarlo ya.
Conozco que siempre está
mi pecado contra mí.

V
Contra ti solo pequé, 

y a Ti solo te ofendí,
hice delante de Ti,
el mal con que te agravié:
lo confieso para que,
o bien si me castigares,
o bien si me perdonares,
te justifiques, Señor,
en tus palabras de amor
y venzas cuando juzgares.

VI
Ya ves que en iniquidades
fui concebido, Señor:
¿Qué quieres de un pecador
que se concibió en maldades?
Merezca ya tus piedades
quien en culpa se formó;
si esta hechura se quebró,
templa tus ojos airados,
pues en males y en pecados
mi madre me concibió.

VII
Ya ves, ¡oh Dios de mis cultos!,
pues amaste la verdad,
con cuanta sinceridad
te confieso mis insultos.
Tú los inciertos y ocultos
arcanos que has reservado;
allá en el seno sagrado
de tu alta sabiduría,
ciertos, claros como el día,
me los has manifestado.

VIII
Me rociarás, ¡oh! Bondad!,
con hisopos de tu sangre
hasta que al fin se desangre
la vena de mi maldad.
Me limpiaré, y tu piedad,
si sobre mí se conmueve
y el sacro rocío llueve,
me lavarás y seré
puro, limpio quedaré,
y blanco más que la nieve.

IX
A mi oído le darás
un gran gozo y alegría
cuando oiga anunciar el día
en que me perdonarás.
Mis entrañas llenarás
de placer, escucharán
tu voz y te cantarán
himnos a Ti consagrados,
y mis huesos humillados
de contento saltarán.

X
Aparta tu rostro ya
de mis pecados y mira
que tu dulce vida expira
por mí, que por mi se da.
Tu sangre pidiendo está
el perdón de mis maldades,
y para que a tus piedades,
veloz mi espíritu corra,
destruye, consume y borra
todas mis iniquidades.

XI
Un corazón limpio cría,
!oh Dios!, en mi pecho impuro.
Rompe este corazón duro,
derrite esta nieve fría.
¡Ah! engañosa pasión mía,
¡cuán blandamente me engañas!
Tú Señor, que a nadie engañas,
dame un casto y dulce afecto,
y un noble espíritu recto,
renueva Tú en mis entrañas.

XII
No me arrojes enojado
de tu presencia, Señor,
que esta hechura tu dolor
y tu sangre te ha costado.
Perdí a Dios, dejé a mi amado,
y pues que yo te perdí,
deja que se anegue aquí
mi culpa en un mar de llanto,
más a tu Espíritu Santo,
no lo retires de mí.

XIII
Vuélveme ya la alegría
de tu salud que he perdido,
y volverá a tu sentido
y placer el alma mía.
Venga ya el dichoso día
que ponga fin a mi mal,
y con la gracia final
confírmame en tu afición
con un noble corazón
y espíritu principal.

XIV
Yo mismo enseñaré
a los malos tus caminos,
de sus torpes desatinos,
Señor, los apartaré:
Yo con tu luz guiaré
los tristes hijos de Adán,
ya que tan ciegos están
en los locos desvaríos
de su error, y los impíos
a Ti se convertirán

XV
Líbrame de sangre ajena,
¡oh Dios, Dios de mi salud!,
Yerros de mi juventud
me han labrado esta cadena.
Cautivo el corazón pena,
gime, llora y llorará,
y el mundo todo sabrá
que el mar de mis culpas mengua
con lágrimas, y mi lengua
tu justicia cantará.

XVI
Señor abrirás mis labios,
publicaran tus grandezas,
y te volveré en finezas,
lo que te quité en agravios.
Si para tus desagravios
das aliento a mi esperanza,
te entregaré sin tardanza,
este corazón de roca,
y agradecida mi boca,
anunciará tu alabanza.

XVII
Porque si hubieras querido,
sacrificio ensangrentado,
cierto que lo hubiera dado
para aplicarte ofendido.
Pero estoy bien advertido
que al corazón miras más,
y, pues lágrimas me das,
lloro mis días infaustos,
Señor, que en los holocaustos,
Tú no te deleitarás

XVIII
Sacrificio es para Dios,
un espíritu rendido,
atribulado, afligido,
partido de pena en dos.
Confiado llego a Vos,
resuelto a no pecar más,
y un corazón que verás,
ya contrito y humillado,
arrepentido, enmendado,
mi Dios, no despreciarás.

XIX
Con benigna compasión,
Señor, con dulce piedad,
con tu buena voluntad,
trata a la amada Sion.
Benigno, tu corazón
acabe de hacer también,
que no tarde más, mi bien,
que se enjuaguen ya mis llantos,
que se edifiquen los santos
muros de Jerusalén.

XX
Entonces aceptarás
de justicia el sacrificio,
las oblaciones propicio,
y los holocaustos más.
Entonces recogerás
de montes, valles y cerros,
victimas que por sus yerros
penitentes gemirán;
entonces, Señor, pondrán,
sobre tu altar los becerros.



Seguramente, esta glosa rimada del Salmo 50 la pensó el Btº Fray Diego José de Cádiz para ser cantada en las misiones populares, a las que dedicó gran parte de su fecundo ministerio como predicador.

El Miserere del Beato Diego José fue muy popular, se imprimió muchas veces, con ediciones por toda España. En Sevilla, donde el célebre capuchino fue muy estimado, llegando a ser honrado por el Cabildo Catedral, la Maestranza de Caballería y las principales cofradías de la ciudad, apenas pervive su memoria, tampoco tiene devoción. Curiosamente, el Miserere glosado del Beato se ha conservado en otros sitios. En Zamora lo cantan en la Hermandad del Cristo del Amparo, conocida como la de las Capas Pardas, a la recogida de la procesión en su iglesia de San Claudio de Olivares, el Miércoles Santo. Lo llaman 'miserere alistano', porque el canto procede de la comarca de Aliste, probablemente del pueblo de Bercianos, donde sale cada Viernes Santo una antigua procesión, inspiradora de la de Zamora capital.

Si, como es muy probable, este Miserere también se cantó en Sevilla, cuando los sermones del Beato Diego José, sonaría, quizá, de otra forma ante el Señor del Gran Poder, o en el Patio de los Naranjos de la Catedral, donde una lápida recuerda al pie del púlpito que aquel fue el sitio desde donde predicaba el santo capuchino.

Yo lo pongo porque es una preciosa oración, castiza y devotamente popular, muy buena para rezar.

Prosit !


+T.

Publicado por Terzio aquí.

sábado, 15 de junio de 2024

Papal declaración de intenciones

 

El 13 de junio del presente año tuvo lugar el encuentro anual con los moderadores de las asociaciones internacionales de fieles, de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, promovido por el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida (DLFV).

Como en años anteriores, al encuentro anual estaban invitadas todas y cada una de las ciento diecisiete asociaciones internacionales de fieles, tanto privadas como públicas, y las demás entidades con personalidad jurídica, sobre las que el Dicasterio tiene jurisdicción directa y cuya vida y desarrollo debe acompañar.

La jornada, cuyo tema ha sido “El desafío de la sinodalidad para la misión” se abrió con la celebración de la Santa Misa en la Basílica de San Pedro, presidida por el Card. Kevin Farrell, prefecto del DLFV. A continuación, los participantes, más de doscientos de noventa y cinco realidades eclesiales, fueron recibidos en audiencia por el Santo Padre Francisco. 


 

En la homilía, el cardenal Farrell subrayó en particular cómo Jesús plantea «una condición exigente para entrar en el Reino de los cielos: tener una justicia superior a la de los escribas y fariseos».

Al respecto, añadió el cardenal, «Jesús menciona tres actitudes que nos separan de nuestro hermano: enojarnos con él, llamarlo 'estúpido', llamarlo 'loco'». Se trata, explicó, de «grados progresivos de condenación: alejar de sí al hermano con ira; considerar sus ideas de poco valor; pretender entrar en lo más profundo de su conciencia, llegando incluso a devaluar su relación con Dios, considerándola falsa, superficial e hipócrita». Y, observó Farrell, «Jesús pronuncia estas palabras comentando el quinto mandamiento: “no matarás”», porque «uno puede "matar" al hermano dentro de sí mismo, es decir, no materialmente, sino espiritualmente. Despreciar al prójimo y condenarlo sin apelación es violar el quinto mandamiento, es "matar" al hermano en el corazón». De ahí la invitación «a ir más allá de la "justicia de los fariseos", a superar la separación entre el culto a Dios y las relaciones con los demás».

En la audiencia, el Papa Francisco afirmó que el camino sinodal requiere un cambio en cada uno de los presentes, porque sin un cambio interior no se pueden lograr resultados duraderos. Y les propuso algunas actitudes, algunas "virtudes sinodales" esenciales: pensar según Dios, superar toda cerrazón y cultivar la humildad.

Al referirse a la primera virtud sinodal, pensar según Dios, el pontífice recordó que el protagonista del camino sinodal es el Espíritu Santo y que Dios es siempre más grande que nuestras ideas, que la mentalidad dominante, que las "modas eclesiásticas" del momento, incluso que el carisma particular de nuestro grupo o movimiento

«Por lo tanto, nunca demos por presupuesto que estamos 'en sintonía' con Dios: más bien, siempre tratemos de elevarnos por encima de nosotros mismos, para convertirnos a pensar según Dios y no según los hombres. Éste es el primer gran desafío».

 

Vencer la tentación del "círculo cerrado"
La segunda virtud sinodal que el Santo Padre indicó fue el de superar toda cerrazón. Francisco invitó a los participantes en el encuentro a ir más allá de lo que piensa nuestro "círculo", a no dejarse bloquear por el miedo a perder el sentido de pertenencia y la propia identidad, a reconocer la diversidad como una oportunidad, y no como una amenaza.

«La sinodalidad nos pide, en cambio, mirar más allá de las barreras, con grandeza de ánimo, para ver la presencia de Dios y su acción también en personas que no conocemos, en nuevos métodos pastorales, en ámbitos de misión en los que nunca antes habíamos participado».

La sinodalidad, dijo, requiere apertura y disposición a aprender de otros.

De manera espontánea, Francisco dijo que «los movimientos cerrados deben ser cancelados, no son eclesiales», y añadió también fuera del texto: «Me duele cuando encontramos cristianos 'yo, yo, conmigo y siempre para mí'», y prosiguió, respecto al papel de los movimientos eclesiales, que «están para el servicio, no para nosotros mismos»: «Es triste cuando escuchas: 'Soy de éste, de otro', como si fuera algo superior. Los movimientos eclesiales están para servir a la Iglesia, no son en sí mismos un mensaje, una centralidad eclesial: están para servir». De ahí la necesidad de preguntarnos: "¿Pertenezco al movimiento eclesial, a la asociación o a la Iglesia?". 

 

La conversión espiritual debe partir de la humildad
Finalmente, la tercera virtud que propuso el Santo Padre fue cultivar la humildad. Para el pontífice, la conversión espiritual debe partir de la humildad, ya que es la puerta de entrada a todas las virtudes. Y comentando la escena en la que Santiago y Juan piden lugares de honor junto a Jesús, el Papa recordó que la verdadera grandeza en la Iglesia no es ser servido, sino servir, ser servidor de todos.

«Sólo la persona humilde valora de hecho a los demás, y acoge con agrado su contribución, sus consejos, su riqueza interior, sacando a relucir no el propio "yo", sino el "nosotros" de la comunidad. Es la persona humilde la que defiende la comunión en la Iglesia, evitando divisiones, superando tensiones, sabiendo dejar de lado incluso las propias iniciativas para contribuir a proyectos compartidos, y esto porque encuentra alegría en el servicio y no frustración o rencor».

El deseo del Sucesor de Pedro, expresado a todas las realidades eclesiales, es que este encuentro ayude a valorizar sus carismas, pero en perspectiva eclesial, sin la cual no se contribuye a la evangelización.

Y ahí queda la declaración de intenciones: los guetos no son eclesiales y deberían desaparecer.

 

viernes, 29 de septiembre de 2023

Francisco: "Pecadores sí, todos, pero corruptos no. Hay que reconocer los pecados y dejarse ayudar"

 
Dedicado a esos hermanos neocatecumenales que parecen presumir de sus muchos pecados y ufanarse de ser los últimos y los peores de todos.
 

17 de mayo, 2013. (Romereports.com) 

 

Durante la Misa en la Casa Santa Marta, el papa Francisco puso como ejemplo a San Pedro que era un pecador y tenía defectos, pero que fue noble y se dejó ayudar por Cristo porque “reconociendo las propias miserias Dios ayuda a seguir adelante”. 


 

«El problema no es ser pecadores: el problema es no arrepentirse del pecado, no tener vergüenza de lo que hemos hecho». Es lo que afirmó el Papa Bergoglio en la homilía de la Misa en la capilla de la Casa Santa Marta.

El Pontífice recorrió la historia de los encuentros entre Pedro y Jesús, desde el ´Sígueme´ al ´Te llamarás Cefa, Piedra´, al ´¡Aléjate Satanás!´, “humillación que Pedro acepta”, dice el Papa.

La parte central de la homilía, el pasaje del Evangelio según el cual Jesús le pregunta a Pedro si lo ama. «Es un diálogo de amor, entre el Señor y su discípulo», explicó Francisco.

«Jesús, en estos encuentros va como madurando el alma de Pedro, el corazón de Pedro», lo madura en el amor. Así Pedro, cuando escucha la pregunta de Jesús repetida tres veces, se avergüenza porque se acuerda de las tres veces que negó conocerlo.

«Un hombre grande, Pedro... pecador, pecador –dijo el Papa–. Pero el Señor le hace entender, a él y también a nosotros, que todos somos pecadores. El problema no es ser pecadores: el problema es no arrepentirse del pecado, no tener vergüenza de lo que hemos hecho. Este es el problema. Y Pedro tiene esta vergüenza, esta humildad, ¿no? El pecado de Pedro es un hecho que con el corazón grande que tenía Pedro, lo lleva a un encuentro nuevo con Jesús, a la alegría del perdón».

Y el Señor no abandona su promesa, cuando le había dicho: “Tu eres piedra”, y ahora le dice: “Apacienta mi rebaño” y le entrega su rebaño a un pecador.

El papa precisa: «Pedro era un pecador, pero no un corrupto, pecadores sí, todos: corruptos, no». Y el santo padre cuenta: «Una vez supe de un cura, un buen párroco que trabajaba bien: fue nombrado obispo y él sentía vergüenza porque no se sentía digno. Era un tormento espiritual. Y se acercó al confesor, que le escuchó y le dijo: “No te asustes, que si después de aquella gruesa que hizo Pedro le nombraron papa... ¡Tu ve adelante!”. El Señor es así. Nos hace madurar en los tantos encuentros que tenemos con Él, a pesar de nuestras debilidades, cuando las reconocemos, y con nuestros pecados»....

Y el papa reitera: «Pedro es un grande» no porque sea uno bueno, sino porque «tiene un corazón noble que lo lleva a este dolor, a esta vergüenza y a tomar su trabajo de apacentar las ovejas».

«Pidamos al Señor hoy -concluye Francisco- que este ejemplo de vida de un hombre que se encuentra continuamente con el Señor” nos ayude “a ir adelante buscando al Señor».

Pero más aún «es dejarnos encontrar por el Señor: Él está cerca de nosotros. Tantas veces».