A ver si con esto Kiko toma nota de que cuando se produce una agresión, un agravio, un abuso, es lícito y conveniente que la víctima reclame la reparación de daños y la asunción de responsabilidades por parte del agresor. Y que ese proceder no convierte a la víctima en hijo del demonio, como tan erradamente sostiene Kiko una y otra y otra vez.
Supongo que todos estáis
al tanto de la noticia. Un vehemente soldado del ejército israelí, allá por una
aldea del sur del Líbano (territorio en estos momentos ocupados por dicho
ejército extranjero), se entretuvo destrozando una imagen del Crucificado mientras
un compañero suyo sacaba fotos.
Desde un punto de vista
práctico, era una escultura humilde de escaso interés histórico artístico;
mucho más valiosa era la nariz de la Esfinge que destrozaron a cañonazos unos
soldados extranjeros, de nuevo, en una tierra que no era la suya.
Pero alguien tuvo la
ocurrencia de compartir con el mundo las fotos del ataque a martillazos contra la
indefensa estatua.
Sucede también que por el
mundo hay numerosos sectores sociales contrarios al agresivo estilo defensivo de
los israelitas. Y no han dejado pasar la ocasión de afear la conducta del ejército israelita en tierra extranjera.
En particular, merece
atención la respuesta de los ordinarios católicos de Tierra Santa, que no van a lo
práctico del escaso valor material de lo destrozado, sino al inmenso valor
simbólico de lo que representaba esa estatua humilde y pobretona.
Fijaos en el lenguaje que
emplean: profunda indignación, condena sin reservas, profanación, grave afrenta
a la fe Cristiana, además de incidir en que no se trata de un hecho aislado,
sino uno más que se suma a otros incidentes de profanación de símbolos
Cristianos por soldados israelíes en el sur del Líbano. Y que no sea un hecho aislado
revela una preocupante deficiencia en la formación moral y humana de los
soldaditos que no muestran el respeto más elemental por lo sagrado y por la
dignidad de los demás, por lo cual se reclaman medidas disciplinarias
inmediatas y contundentes, un proceso creíble de rendición de cuentas y
garantías claras de que tal conducta no será tolerada ni se repetirá.
Observad que los ordinarios no se disculpan con los agresores ni fingen que no pasa nada ni asumen que ellos son los más últimos y peores de todos, y se merecen estar en la cárcel, y tener cáncer y que se caiga el cielo sobre sus cabezas por haber osado denunciar la agresión. Al contrario, no solo señalan al causante material, sino también a los que tenían el deber de educar y formar a quien dejan suelto con un martillo en las manos.
Me imagino que Kiko, tan
sensible como dice ser, estará desolado por esta salida de pata de banco de la
asamblea de los ordinarios en Tierra Santa, que está mostrando al mundo una
actitud absolutamente contraria a la que Kiko reclama a los demás (a los demás,
eh, que si él tiene que denunciar el uso de unos cantos que él no compuso u
ordenar cerrar canales sociales, lo hace y se queda tan fresco).
Y para que quede bien
patente, a continuación un resumen de lo que Kiko reclama a
quien es injuriado o dañado por otro (al injuriado, no al dañino, a quien jamás
Kiko considera que se le pueda reclamar nada):
«¡Dios nos ha amado cuando
éramos malvados y pecadores! Tú demuestras que has conocido a Dios, que eres
hijo de Dios, si, cuando alguien te hace alguna injusticia, algo terrible, lo
cargas sobre ti y le perdonas, como Dios te ha perdonado a ti. ¡Si no estás
dispuesto a hacerlo, se ve con claridad que, a pesar de haber hecho no sé
cuántos años de Camino, has perdido la gracia divina y eres presa del demonio!
El demonio engendra en
nosotros un hijo, un tumor gangrenoso, que se llama pecado. El demonio te dice
interiormente: "¡No cedas, no perdones! Tú eres dios! A ti se te debe
alabanza, respeto, amor. ¿Has visto lo que te han hecho? ¡No te pagan, no te aman!
¡Enfádate! ¡No cedas! ¡No perdones!" El demonio siembra en ti este
principio interior que te domina, este principio falso, esta mentira
primordial, porque él es el padre de la mentira (cf Jn 8,44): "¡Tú eres
dios!"
Quizá has vuelto a creerte esta mentira
primordial y de nuevo has querido ocupar el lugar de Cristo, has matado dentro
de ti a Cristo, que es el Hijo del Dios (cf Mt 16,16).
Dice S. Pedro que hemos
sido elegidos, llamados, para dos cosas. Primero, para llevar sobre nuestro
cuerpo la forma de morir de Cristo (cf 2 Co 4,10), es decir para sufrir con
Cristo la injusticia sin resistirnos al mal (cf Mt 5,39), sin defendernos del mal
que nos hacen, para que brille en nosotros la naturaleza divina. Por tanto,
cuando vosotros respondéis al mal con el mal, cuando respondéis con violencia a
las injusticias que os hacen en el trabajo, en la familia, etc., estáis
traicionando a Cristo y la naturaleza divina que os ha sido dada en el
bautismo.
Hermanos, hemos sido
llamados a cargar con la injusticia, mostrando que en nosotros habita la
naturaleza divina, y para bendecir al Señor. ¡Quizá, después de tantos años,
todavía no cargáis con ninguna injusticia!
Cuando tu marido te
insulta: "¡Eres un loca, una cretina!", respondes insultando todavía
peor. Hemos sido llamados a responder al mal con el bien y a bendecirle al
Señor. Si le damos gracias por las cosas buenas, ¿cómo no le vamos a dar
gracias por las cosas que nos parecen malas? (cf Jb 2,10). Tal vez nunca le has
dado gracias al Señor por una enfermedad.
Algunos no entendéis esto;
todavía pensáis que hay que reaccionar con violencia -del tipo que sea- a la
injusticia para "aclarar las cosas", para enseñarle al otro que eso
no se hace. ¡Así es inútil que os pongáis a rezar!» (del mamotreto del Padre nuestro parte intermedia).
¿Os dais cuen?
¡Qué es eso de reclamar por escrito que no se repitan semejantes
actos de profanación! ¿Acaso los ordinarios en Tierra Santa nunca han dado
gracias al Señor por las profanaciones? ¿Es que no saben que lo cristiano es poner la otra mejilla?
Unos religiosos naturales, eso es lo que son, tendría que ser
obligatorio que los curas fuesen escruticiados por Kiko antes de conferirles la dignidad de obispo, y no se diga la de cardenal.