El 1 de mayo de 2022, el obispo Munilla se juntó -tuvo un encuentro- con las comunidades neocatecumenales de la diócesis de Orihuela-Alicante, en la parroquia de San Francisco de Asís de Alicante.
El obispo improvisó un discurso -dio una palabra según le fue inspirada por el Espíritu- que podría haber quedado más organizado, con menos muletillas, más propio -personalmente, su insistencia en las "dos" iglesias me sonó cero ortodoxo-, pero que sin duda demuestra que conoce con quién trata, así que fue todo amabilidad y dulzura, todo comprensión y derroche de cercanía y apoyo, pero les dio en la línea de flotación como se puede apreciar en los fragmentos que siguen.
Fijaos en el texto del evangelio que me impresiona. Dice: «No estéis contentos porque podéis expulsar los demonios, sino estad contentos porque vuestros nombres están escritos en el cielo».
Este texto del Evangelio es un poco misterioso. Yo más o menos lo entiendo de la siguiente manera: pues mira, no nos ufanemos de que Dios nos haya bendecido, no nos ufanemos de nuestras obras, no nos ufanemos de que hemos podido dar al mundo tantas vocaciones, tantos hijos, no nos ufanemos de la cantidad de peces que hemos sacado en las redes, no nos ufanemos de que somos un millón, no. Estemos contentos porque nuestros nombres están escritos en el libro de la vida, que es como decir: Dios nos ha bendecido; vanidad cero. Me explico la bendición es suya, la gloria es de Él, la gloria es de Él. Es muy importante que lo entendamos todos, que los predicadores también lo entendamos.
(...) ¿Qué mérito tenemos nosotros, sino el haber sido elegidos inmerecidamente? Creo que es muy importante que reconozcamos la bendición de Dios y que seamos muy muy humildes, muy humildes. Es muy importante.
(...)
A veces la iglesia carismática tiene también el peligro de particularismo o de sectarismo y de no estar plenamente confiada a la Iglesia apostólica (...) pero creo que este es un momento definitivo para superar todas esas dificultades. Definitivo. ¿Sabéis por qué? Porque igual cuando la Iglesia éramos muy muy fuertes y muy grandes era mucho más fácil que surgiesen entre nosotros celos, divisiones: tú eres de Pablo, tú eres de Pedro, tú eres de no sé qué. Pero cuando vemos el rostro de la secularización y vemos cómo avanza una visión materialista de la vida en la que cada vez ser cristiano es más heroico, este es el momento de la unión, de la comunión, comunión, comunión en el seno de la iglesia. Y si no lo entendemos es que estamos tontos, porque es que obviamente solamente en comunión, en comunión, seremos capaces de abordar el reto tan grande que tenemos delante de nosotros de permanecer fieles como decía el evangelio: mirad que os envió como ovejas en medio de lobos.
(...) Las estadísticas de los últimos diez años en España son tremendas, en el descenso de matrimonios cristianos, en el descenso de bautismos… En los últimos diez años, pudiendo ir más atrás, ¿eh?, pero es que en los últimos años a la que está cayendo aquí es tremenda. Entonces, ante esta realidad, la exigencia de la comunión entre nosotros es clave, es básica.
¿Qué os pide la iglesia? Es una buena pregunta esa para una visita del obispo. A ver, qué os pide la Iglesia. A ver, fijaros, lo primero no olvidemos una cosa. A veces cuando hablamos de apostolado lo primero que se nos ocurre es en la iglesia, en la catequesis, en esto, en lo otro. Pero un momento, lo propio de un laico, lo más específico de un laico en su apostolado es la inserción en el mundo, ser fermento de Cristo allí donde estás, en tu instituto (...), en tu puesto laboral siendo testigo de Cristo ahí, no esperando a ver a qué hora salgo de mi trabajo que estoy aquí solo medio de unos “ateazos” y a ver si salgo de aquí, me voy a la comunidad… Un momento. Tu primer testimonio está en ese lugar, en ese ambiente en que estás, en la política, sí también, señores, en la política, en el sindicato, en el deporte, en el equipo de fútbol… Tienes que ser testigo ahí, ¿sabes? En el colegio, por supuesto…
Para mí que lo que dice es que se dejen de farándulas en las plazas y demás kikadas y se tomen en serio lo de vivir su presunto cristianismo en su vida, en la de cada día, no solo en las grandes ocasiones marcadas por Kiko.
Es decir, lo primero que os pide la iglesia es que seáis fermentos allí donde estéis, florecer donde Dios os ha plantado, dar testimonio sabiendo que Dios te ha constituido en luz, sal, no asustarte, ser testigo donde estás ¿sabes? Eso en primer lugar. Es lo más específico y a veces los sacerdotes solemos, claro, como tenemos muchas cosas, muchas necesidades, a veces un sacerdote, bueno, es típico que recurra a los laicos para que me ayuden a solventar los problemas que tengo. Pero antes que eso está vuestro deber de ser apóstoles en el mundo, en medio del mundo, fermento en medio del mundo.
En segundo lugar, creo que es obvio que la iglesia os necesita para evangelizar, os necesita cuando dicen “id”. Un consejo, un consejo, que esto además autentifica nuestra disposición al servicio. Mirad, a ver si me explico esto: tened mucha devoción a la escoba.
¿Qué quiero decir yo con esto? Tened siempre la prontitud de ofreceros pero como un tiro, el primero siempre, para los servicios más humildes como Fray Escoba. Fray Escoba es ese santo dominico tan maravilloso de aquellos inicios de la evangelización en América. Tened devoción a la escoba.
Os voy a contar una anécdota que se ha contado en nuestra familia desde siempre. Nosotros tuvimos una tía que cuenta la siguiente anécdota. Cuenta que después de la guerra, en aquellos años tan terribles en los que se pasaban hambre, una familia de Bilbao, que era una familia señorial, de buena posición, pidió un pequeño casting de esos que también se hacían entonces para coger una chica del servicio, una chica de casa, lo que era entonces, que era vivir y formar parte de la familia. Y allí que pasaron unas cuantas a ver quién seleccionaba y pasó nuestra tía, y pasó por el pasillo hasta el salón donde estaba la señora de la casa y cuando pasó vio que había una escoba caída. Ella cogió la escoba, la puso de pie y entró al casting, a hacer la entrevista. Y de repente le dicen que la seleccionada era ella. Dijo: “¿yo? Si todavía no he hablado. ¿Por qué?”. Dijo: “porque la escoba la has recogido tú”. Habían puesto la escoba en el suelo como una especie de señuelo, para ver quién la ponía de pie, la levantaba, y ella levantó la escoba y dijeron tú eres.
(…) Lo cual quiere decir que en nuestra manera de servir nos tenemos que pelear por los puestos más humildes, siempre sirviendo, siempre atento… Fijaros, porque creo que el amor de Cristo, en el fondo, ¿cómo lo podemos testimoniar? Estando atento a quien sufre, preocupándonos por él, mostrando la caridad, la misericordia, el cariño. ¿Quién hay que esté sufriendo? Y yo quizás no estoy atento a ello. Tener esa empresa, esa conciencia de cómo podemos llegar a los últimos.
Bien, eso es lo que os pide la Iglesia: que seáis testigos, que florezcáis allí donde Dios os ha plantado, que sigáis siendo muy tienes muy fieles a vuestro camino, a todos ese itinerario -seréis un testimonio de fidelidad para todos nosotros- y que seáis siervos humildes y miembros vivos de vuestras parroquias, ofreciéndoos, comenzando por todos los servicios más humildes, allá donde podáis ser necesitados.
(…) Os voy a decir una cosa, un signo de que uno está bien asentado en un carisma… ¿sabéis cuál es? Que ama y admira los demás carismas; no solo el suyo.
