Un testimonio humorístico rescatado de internet, ese instrumento tan malo, Kiko dixit.
Tuve una novia que era de Comunidades Neocatecumenales. Me llevó a una de sus famosas eucaristías...
Aquello fue de echarse a llorar.
Lo primero que me chocó fue que no había bancos, todo eran sillas alrededor de una mesa. No había altar. Yo me senté en una de las sillas y mi novia se situó en otra alejada de mí porque tenía que leer y así no estorbaba a nadie al salir. Muy amable por su parte, pero a mí me dejó rodeado de desconocidos, a un lado tenía a un señor con barbas (bastante largas y blanca ) y al otro a una viejecita.
Empieza la eucaristía con canto y una introducción muy larga por parte del cura. Si sería larga que pensé que se había saltado las lecturas, el evangelio y había empezado por el sermón, pero no... O por lo menos todavía no era la homilía, porque sermones hubo más de uno.
Por fin llegan las lecturas, sale mi novia, continua otra lectura y el evangelio, todo ello amenizado con mogollón de cantos y guitarreo.... Yo esperando que el cura haga su sermoncito (otro, que si del inicio duró 15 minutos, este sería de duración similar a los de Fidel Castro), pero ¡¡¡se sentó!!!, y se hizo el silencio...
Y de repente uno que estaba detrás de mí empezó a decir: «Hoy he visto que Jesús está conmigo. He oído su voz...»
¡¡¡OS ASEGURO QUE ME INCORPORÉ PARA SALIR CORRIENDO!!! Solo le faltó decir «En ocasiones veo muertos». Miré a mi alrededor y vi que la gente hacía gestos de asentimiento con la cabeza (como en los grupos de alcohólicos anónimos: “mi nombre es Vier y soy alcohólico”, y la gente contesta: “te queremos, Vier”), pues ídem. La gente empezó a hablar, hablar, hablar, hablar y a mí me estaba entrando un sopoooorrrr.
Cuando el cura despertó de su letargo, hizo su sermón (tan largo como era de temerse). Yo ya no podía más, me quería ir, pero cuando concluyó el sermoncito, continuó con la misa, y yo me dije, “vale. En media hora está acabao”. Ignorante de mí, aún faltaba lo mejor por venir.
Empezamos el padrenuestro y todos ponen las manos con las palmas hacia arriba, como para comprobar si Dios quisiera enviar lluvia dentro de la habitación. Enfrente había un señor con Parkinson, le temblaban las manos cosa fina.
¡¡¡Y LLEGÓ EL RITO DE LA PAZ”. El cura dixit: Daos el ósculo de la paz.... Qué queréis que os diga, eso del ósculo a mí me sonó mal, muy mal. Y en estas que me giro y veo ¡¡¡al de las barbas, que viene a besarme!!!... ¡¡¡ A MÍ¡¡¡ Me giro deprisa para evitarlo, busco a mi novia, que se estaba besando con todo bicho viviente... Me doy la vuelta, el del parkinson se viene hacia mí, como en la peli de los muertos vivientes.... y ¡¡¡¡ZAS!!! me enganchó la suegra de Mathussalem, DOS BESOS COMO DOS SOLES..., luego fue el turno del de las barbas, dos besos, el del parkinson, dos besos, el de la señora con más maquillaje que una tarta, dos besos... Así hasta 30, dos besos.
Llegó el momento de la eucaristía, cuando veo que el cura pone unos panes (literalmente eran panes, ácimos, pero panes) y va repartiendo dicho pan a cada uno. Me dio un pedazo de pan tamaño croqueta. Y ¡ala¡ a comulgar todos a la vez... Sentados. De traca. Luego vi como pasaban el Cáliz para beber todo el mundo. No pude dejar de pensar que el de las barbas dejaría un pelo dentro y me lo encontraría yo… Daba igual, llegas a un punto en que solo deseas que pase este cáliz.
Mi noviazgo no sobrevivió a esta experiencia.







