sábado, 2 de mayo de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXXVII)

 


No somos de este mundo; somos exiliados, extranjeros, peregrinos en este mundo.

En este punto se inserta una nota a pie de página que lo poco que tiene que ver con lo que dice Kiko es porque lo contradice, pues la nota sostiene que habiendo tres estados de la Iglesia (militante, purgante y gloriosa), ésta es solo una. Y lo cierto es que desde el punto de vista de los estados de la Iglesia, la militante es la de este mundo, del mismo modo que la purgante es del purgatorio y la gloriosa es del cielo. Y es de esperar que los que ahora son Iglesia militante, y por tanto de este mundo, mañana sean Iglesia purgante, y habrán dejado de ser de este mundo, y acaben siendo Iglesia gloriosa. Pero siempre una sola Iglesia, esa Iglesia a la que Kiko no quiere ni oler de cerca aunque lo ordene un Papa que mejor haría muriéndose.

El Señor nos llama a vivir una vida distinta, una vida de libertad, de la cual es imagen la peregrinación que vamos a hacer

Es interesante lo que precede. Para Kiko “una vida de libertad” consiste en que él, libérrimamente dispone la vida de los demás, que no tienen libertad para decidir a dónde peregrinan, cuándo, con quién, qué ir a ver, a qué hora levantarse, qué comer, cuándo regresar… Sometimiento a Kiko, eso es lo que él entiende por la libertad de los demás.

…vivir caminando como en una caravana, amándonos unos a otros en la comunidad.

Este es otro tic muy kiko: solo cuenta la comunidad, a los de fuera que “les ondulen con la permanen” (véase el chotis El pichi).

Todo nos recuerda que estamos yendo hacia la casa del Padre: la enfermedad, la vejez, un accidente de tráfico, la muerte de alguien, el cáncer de esa hermana, la leucemia de tu primo, etc.

Date cuenta y no te equivoques. Tener nietos o peinar canas, jubilarte y disponer de tiempo para las aficiones postergadas, ver que tus hijos dejan el nido, vivir, en suma, no cuenta; en el kikismo solo conducen a diosito los dramas, las tragedias, la ruina, lo negativo, lo perjudicial. ¡Dios les libre de semejante diosito psicópata!

A través de todo eso, el Señor nos está recordando una cosa importantísima: nos está diciendo que no nos instalemos, porque estamos caminando por la tierra, como por el desierto, hacia la tierra prometida: ¡el Cielo!

Dios no es Dios de muertos y no se complace en la ruina del hombre. Dios no envió la pandemia ni introdujo la muerte en la Tierra, por más que Kiko no haya entendido el relato del Génesis, y los suyos neciamente repitan como loros los errores de su gurú.

Los cristianos no tenemos en este mundo una morada permanente, una casa estable; anhelamos la casa permanente que Cristo ha construido para nosotros en el cielo. Él nos ha dicho: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros" (Jn 14,2-3). El que no vive esto es mejor que no diga que es cristiano.

Obviamente Kiko se excluye a sí mismo y a los cefas con esa frase, porque todos ellos tienen moradas permanentemente estables o establemente permanentes. Es más, no solo es que Kiko tenga morada estable en Roma, es que ni siquiera ha sido capaz de desprenderse de la casa de sus padres, aunque sea inhabitable por ser un museo de los horrores kikóticos.

Porque, como dice Santiago: "¿No sabéis que la amistad con el mundo es enemistad con Dios? Cualquiera, pues, que desee ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios" (St 4,4).

A mí lo de congratularse por recibir honores y doctorados y montar una fundación o no sé qué para conservar los adefesios que Kiko firma pero no pinta o los que dice que compone o celebrar que el alcalde de Farlete diga de dedicar una plaza al CN (eso se cuenta en el anuncio publicitario de Pascua de este año) me parece muy de amistad con el mundo, la verdad.

Entonces, se trata de desinstalarse, de ponerse en movimiento, de desaburguesarse, de ponerse en marcha. ¿Qué pedagogía usaba Dios con su pueblo, Israel, cuando se instalaba, cuando se apoyaba en el dinero, cuando se hacía idólatra, cuando seguía las religiones de los pueblos vecinos? ¡La persecución! Dios permitía que sus enemigos les persiguiesen y tenían que coger sus cosas y huir. Hasta el día de hoy, después de tantos siglos, los judíos viven como peregrinos y extranjeros en todas las naciones; siempre han sido perseguidos.

Será cosa mía, pero me parece improcedente hacer a Dios responsable de las persecuciones, de las pandemias y del hambre en el mundo. Y también se me hace improcedente el desconocimiento de que hace años que los judíos se instalaron en Palestina con el patrocinio de EE.UU.

Dios hizo un "catecumenado" con su pueblo: sacó a Israel de la esclavitud, abrió el mar -imagen del bautismo- y puso a su pueblo en caravana en el desierto hacia la tierra prometida, una tierra que mana leche y miel, imagen respectivamente del amor de Dios y de la comunión fraterna, del amor de los unos a los otros.

Una observación: Cuenta la Biblia que los israelitas cruzaron el mar a pie enjuto mientras las aguas hacían barrera a un lado y al otro; por tanto, si el mar es imagen del Bautismo, Israel, que no se sumergió en el mar, no recibió el bautismo.

En cuanto al “amor de los unos a los otros”, a continuación un presunto hecho concreto que muestra la carencia de amor por parte de Kiko hacia quienes no se someten a él:

Cuando vivía en las barracas, un grupo de matrimonios, que eran de Cursillos, me pidieron que les hablase de la comunidad y empecé a reunirme con ellos en una casa, una vez por semana. Rápidamente me di cuenta de que era casi imposible que entendiesen algo de lo que les decía: las mujeres se dormían, los demás me escuchaban solo sentimentalmente, porque me conocían de cuando estaba en Cursillos y estaban impresionados por las barracas. Un día les dije, bromeando un poco, aunque lo pensaba seriamente, que solo llegarían a entender algo de lo que el Señor nos estaba comunicando en las barracas si vendían sus pisos y todo lo que tenían y nos íbamos juntos en peregrinación a Jerusalén, o a no sé dónde, desinstalándonos radicalmente; solo así podrían cambiar de mentalidad y entender algo. Yo sentía, efectivamente, que era inútil hablar a aquellas personas concretas que estaban instaladas en su burguesía.

Lo que Kiko sentía “solo sentimentalmente es que ya estaba bien de charlas, era el momento de servirse de ellos para darse un viaje morrocotudo pagado por otros.

Y concluida la anécdota de cómo Kiko buscaba servirse de los bienes ajenos de unos conocidos suyos, se lanza a alabar la carestía absoluta como presunta prueba de fidelidad a Dios, pero lo dejo para otra ocasión.