Hay lugares en Kikónides que tratan de abastecerse con visitas y visitantes
de los que obtienen dinero y productos de importación. Claro, en tiempos de
coronavirus eso se ha complicado, así que han distribuido una carta que más
allá del lenguaje rimbombante lo que busca es que se preste atención a las últimas
líneas, las que en la carta original están en otro color…
Queridos hermanos y
hermanas,
la Cuaresma es para cada
uno de nosotros un tiempo privilegiado para mirar a Aquel que, levantado de la
tierra, nos atrae a todos hacia sí con la gracia de su amor, ilumina el sentido
de nuestros sufrimientos y abre el camino hacia la Pascua.
En este momento, en el
Seminario, sentimos que debemos dedicarnos particularmente a la oración por
nuestras familias lejanas y especialmente por vosotros, que con gran
generosidad apoyáis nuestro trabajo, sobre todo en este momento de particular
dificultad en todo el mundo por la propagación del coronavirus. Basta pensar en
los verdaderos peligros, el malestar que esta enfermedad está creando y la
ansiedad que los medios de comunicación están difundiendo. Mientras que la
dramática propagación del coronavirus va acompañada de la triste crónica de los
muertos, de las penurias familiares, sociales y económicas de tantos hermanos y
hermanas, nuestra generación se redescubre, viéndose cada vez más angustiada y
aplastada por el miedo a la muerte, ante el cual, el progreso técnico y el
bienestar conquistado, pagado a alto precio, parecen no poder responder
plenamente a la pregunta sobre el sentido que el hombre se plantea delante de
los acontecimientos de la vida.
Lejanía, dificultad, coronavirus, peligros, malestar, enfermedad, ansiedad,
drama, tristeza, muertos, penurias, angustia, aplastamiento, miedo, más muerte,
precio… ¿Soy la única que piensa que además de un bodrio cargado de
negatividad, Dios brilla por su ausencia en el pensamiento de quien haya
redactado lo anterior?
Ante todo esto, Cristo
nos ha elegido e iluminado para que podamos discernir lo que es verdaderamente
importante en nuestra vida y el sentido de nuestro ser en el mundo,
confirmándonos en la misión que Dios ha confiado a sus discípulos, es decir,
vociferar a los hombres que la muerte ya no nos aterroriza, sino que ha sido
derrotada por la victoria de Jesucristo, porque nada ni nadie puede separarnos
de su amor: ni el presente, ni el futuro, ni la desnudez, ni la enfermedad, ni
ninguna otra prueba que tengamos que afrontar.
¡Ah, ya veo! Primero negatividad a espuertas y luego Dios como amuleto
espanta males… No sé, no lo veo yo muy inspirado.
Por otro lado,
compartimos personalmente, al menos en parte, los sufrimientos del mundo. De
hecho, aquí también, el temor al virus junto con la imposición de las medidas
de seguridad adecuadas (con los inconvenientes que ello conlleva) se está
extendiendo en Israel, pero sobre todo en Palestina (donde el gobierno ha
suspendido las celebraciones públicas en mezquitas e iglesias), de modo que los
lugares santos están ahora desiertos y sin peregrinos, así como la Domus
Galilaeae.
¿Los lugares santos están en Palestina? ¿En qué realidad alternativa
es eso?
En este difícil momento
nos sentimos confirmados en la llamada a ser una palabra de esperanza para cada
hombre. ¡Cuánta gente vive estos acontecimientos en la angustia, la depresión e
incluso la desesperación! El amor de Jesús, por otro lado, ha superado el miedo
a la muerte, que se esconde detrás de cada acontecimiento que nos sacude y nos
hace sufrir. Él es el Señor, ¡abandonémonos en sus manos y en las de la Virgen
María!
Digo yo, si están encerraditos en la domus -que, como si fuera un
obispucho de esos que hay por las diócesis perdidas, está perdida en medio de
la nada-, ¿Cómo saben de la angustia, la depresión e incluso la desesperación con
que la gente vive estos acontecimientos? ¿Será que se saltan la cuarentena,
será que fabulan o serán ellos los que no le ven sentido a nada?
En esta misión, como bien
sabéis, estamos unidos a vosotros por un vínculo indisoluble, el de la caridad
fraterna, en la cual, somos un signo en esta generación del amor de Dios hacia
el hombre.
¿Cariqué fratequé en el camiqué? Si de algo es signo el CNC en esta
generación es de la capacidad de sus miembros para hacer volar sillas con muy
mala leche.
Es por eso que os
escribimos en este momento tan importante, para animarnos mutuamente y seguir
informándoos de los milagros que, gracias a vosotros y a vuestra ayuda material
y espiritual, el Señor está realizando en esta tierra de misión, para el bien
de nuestra generación.
¿Milagros? Que los describan, que los describan, que me apuesto que
los presuntos milagros no llegan ni a agua de borrajas.
En el último período,
además del trabajo académico habitual del primer semestre, el Señor nos ha dado
la gracia de participar en la evangelización a través de una serie de misiones
populares que han tenido lugar en varias ciudades de Galilea y Palestina, entre
ellas Haifa, Ramallah y, por primera vez en muchos años, Belén
(lamentablemente, las catequesis en Belén se han interrumpido debido a las
medidas de seguridad contra el coronavirus).
¿El milagro será que Dios los ha echado de Belén?
Como sabéis, muchos de
estos lugares pertenecen a comunidades divididas por años de tensión y
violencia, y es allí donde el Señor nos ha dado el don de poder anunciar a
nuestros hermanos cristianos, que todavía resisten la tentación de irse, que su
presencia es preciosa y que la Iglesia no se olvida de sus hijos.
¿Será milagro que los amados judíos forme parte de esas comunidades
divididas por años de tensión y violencia?
Hemos visto cuán
sedientos, estos hermanos, han acogido la predicación y cuánta necesidad hay de
misioneros. Nos sorprendió la alegría con la que nos abrieron las puertas y la
sinceridad con la que abrieron sus corazones para contarnos sus problemas y
sufrimientos. ¡Esto confirmó nuestra vocación a dar nuestras vidas por las
tierras de Oriente Medio a las que el Señor nos ha llamado!
¿Pero no eran itinerantes? ¿No eran de los que no se apoltronaban en ningún
sitio?
El pasado mes de febrero
recibimos también la visita de nuestro Arzobispo Pierbattista Pizzaballa, que
permaneció con nosotros durante todo un día y quiso escuchar la experiencia de
todos los seminaristas y formadores. ¡Nos alegramos juntos por la obra de Dios,
que nunca se cansa de enviar trabajadores a su mies y se preocupa tanto por los
cristianos de Tierra Santa!
Mons. Pierbattista Pizzaballa sospecho que sea un obispucho de una
diócesis perdida.
Es también gracias a
vosotros, a vuestra generosidad y afecto, que nuestra misión es posible y
asimismo a vosotros, queridos hermanos y hermanas, os pedimos que nos
acompañéis en esta Cuaresma con el apoyo de vuestra oración. Sabemos que no
estamos solos, que, como siempre, no nos faltará la protección del Señor y su
providencia, como hemos podido tocar con nuestras propias manos en estos años
recibiendo la ayuda de tantos amigos que, aunque no estén físicamente presentes
aquí entre nosotros, están con la constancia de su oración o su apoyo concreto.
Nos gustaría dejaros con
las palabras de San Cipriano de Cartago, dirigidas a sus fieles precisamente
durante una grave epidemia: "Quien milita al servicio de Dios, que ya está
puesto en el campo divino, debe conocerse a sí mismo para que en nosotros y en él
no haya temor a las tempestades y torbellinos del mundo, ni perturbación
alguna, porque el Señor predijo que estos acontecimientos sucederían,
instruyéndonos con exhortaciones providenciales, enseñando, preparando y
fortaleciendo al pueblo de su Iglesia para soportar los acontecimientos
futuros: Anunció y profetizó que guerras, hambrunas, terrores, epidemias
surgirían por todas partes (...). El reino de Dios empieza a estar cerca (...).
¿Quién, aquí en el mundo, tiene espacio en su alma para la ansiedad y la
angustia? Entre estos eventos, ¿quién está trepidando y triste, si no es el que
carece de fe y esperanza?" (De Mortalitate 2).
En la tormenta, en el
lago de Galilea que contemplamos todos los días ante nosotros, el Señor Jesús
apareció gritando en la noche: "¡Yo soy!" Aún hoy su voz resuena en
la oscuridad y las tormentas del mundo: "¡Soy yo, no tengáis miedo!".
¡Que su voz fuerte y suave resuene más que nunca en nuestros corazones! Que el
Señor os bendiga y os proteja, preserve vuestras familias y haga brillar su
rostro sobre vosotros. ¡Os deseamos una Cuaresma llena de frutos espirituales,
para llegar a la Pascua resucitados en Cristo, nuestro Señor, único Reposo en
las tormentas del mundo!
Los formadores del
Seminario
Para
sostener al Seminario:
Banca:
Bank Leumi - Tiberias; Branch: 10-970; Account n.: 003xxxx/59
Nombre
de la Cuenta: Neocatechumenal Way - "Seminary Redemptoris Mater"
Swift
Code: LUMIILIxxxx; IBAN: IL02010970000000340xxxx
Dirección:
Ha-abanim St.1 - 14201 TIBERIAS; Concepto: Donación voluntaria





