Mario:
En la audiencia del 4 de octubre del 84, el Papa
pronuncia un discurso que ya es mucho más espiritual, habla de la posibilidad
de la vida matrimonial como un camino estrecho, pero que por la fuerza del
Espíritu Santo infundido en nuestros corazones es posible que se dé esta unión
y dar a luz hijos. Esto es lo dicho antes: habla de la Eucaristía de la que
sacar esta fuerza, de la penitencia cuando se cae, y de la fuerza del
sacramento del matrimonio.
En otras palabras, el Papa deja claro
que no hace falta recurrir a comunidades, ni kikotistas ni kikotadas, que lo
único necesario son los sacramentos.
El 11 de octubre habla de este tema: "La fuerza
del amor de Dios depositado en nuestros corazones hace posible la unión y la
procreación, unidas a la castidad conyugal".
Pese a las comillas, la cita no existe
en el discurso del Papa, es pura pézzima inventiva.
Y dice en otro discurso que la vocación al matrimonio
es una vocación al heroísmo, a la santidad, que es posible. En otro discurso
(que no tengo aquí) que dio a los sacerdotes a principios de marzo, dijo: “¿De
qué hombre estamos hablando? ¿Del hombre que está bajo el poder de la carne,
del pecado, de las concupiscencias, o del hombre que ha sido liberado por
Jesucristo?".
El discurso es del 1 de marzo de 1984,
en un seminario sobre paternidad responsable y en Papa no establecía una
diferencia entre el hombre viejo incapaz de obrar el bien -un kiko en toda
regla- y el hombre nuevo nacido del Cielo, sino que lo que argumentaba es que
puesto que el hecho concreto de la redención de Cristo es real y para todos,
quien peca, peca en su libertad, y no por falta de capacidad para optar por el
bien. Es decir, la postura papal es radicalmente contraria a las kikadas de
siempre.
Me gustaría
terminar leyendo un resumen -lo siento si con poco tiempo se hace lo que se puede;
estos son algunas indicaciones que los sacerdotes podrán profundizar más- de un
teólogo en el encuentro del Instituto Juan Pablo II en la Universidad
Lateranense, que resume el auténtico pensamiento del Papa, aclara todo esto.
Dice cómo debe comportarse un teólogo, un presbítero, qué orientaciones debe
proponer en la enseñanza de la moral sobre la procreación responsable.
Hemos hecho una fotocopia de este discurso bastante
clara, para todos los presbíteros que lo deseen, porque presenta una síntesis
del pensamiento auténtico del Magisterio de la Iglesia. Espero que el Espíritu
Santo compense lo que falta.
No sé si es que le traiciona el
subconsciente, pero mencionar el pensamiento “auténtico” del magisterio de la
Iglesia lleva a pensar que existe otro pensamiento “falso o falsificado” y
claro que existe, en el CNC sin ir más lejos.
Kiko:
Se entiende que la Iglesia no acepta la píldora en
ninguna circunstancia, no se permite ningún método anticonceptivo artificial,
es absolutamente pecado. Se admite solo terapéuticamente.
Menuda formación y conocimiento de la
doctrina tienen los neocatecúmenos cuando su líder considera necesario hacer
una observación tan tan obvia.
El caso es que el resumen prometido con
el “verdadero pensamiento” del magisterio de la Iglesia no está en el mamotreto
que tengo, pero a cambio viene -otra vez- el tostón de Kiko con las fábulas y
mentiras que contó sobre el matrimonio en el Valle de los Caídos en octubre de 1984.
Kiko:
Ya en el Antiguo Testamento, hermanos, Dios no
aceptaba el repudio; no le gustaba, pero tuvo que aceptarlo.
Primera frase y ya empieza con contradicciones
propias del kikismo, en este caso, la no aceptación aceptada.
En este sentido hay un estupendo texto de Malaquías
que dice: “Esta otra cosa hacéis también vosotros: cubrir de lágrimas el altar
de Yahveh, de llantos y suspiros, porque él ya no se vuelve hacia la oblación,
ni la acepta con gusto de vuestras manos. Y vosotros decís: ¿Por qué? Porque
Yahveh es testigo entre tú y la esposa de tu juventud, a la que tú
traicionaste, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza. ¿No
ha hecho él un solo ser, que tiene carne y espíritu? Y este uno ¿qué busca?
¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traiciones a
la esposa de tu juventud. Pues yo odio el repudio, dice Yahveh, Dios de Israel,
y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahveh Sebaot. Guardad,
pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición” (Ml 2, 13-16).
No se trata de hacer aquí una catequesis contra el
divorcio ni nada de eso: esa no es mi intención. Pero es cierto que toda la
Escritura presenta la nueva creación: "No era así en el principio",
dice Jesucristo. Cuando Dios hizo al hombre, "hombre y mujer los creó, a
su imagen y semejanza". Entonces, por la dureza del corazón, por el
pecado, el hombre no pudo alcanzar este amor de la imagen de Dios, en él está
destruida la imagen de Dios.
Está dañada, no destruida, salvo para
los adictos, porque es la adición a la kikotina lo que destruye.
Observad cómo en las bodas de Caná la Virgen María se
da cuenta. Dice: "No tienen vino". Se dio cuenta de que en el
matrimonio no hay vino, no hay fiesta.
Empezaron los embustes. Faltaba vino
para los invitados, al matrimonio no le pasaba nada, pero si hay que corregir
los Evangelios, se corrigen y se hay que engañar, se engaña.
El vino es la sangre de Cristo derramada por nuestros
pecados, para que el hombre pueda pasar completamente a la mujer, para que
pueda convertirse en una sola carne con ella.
En otras palabras, que Dios miente en Génesis
al decir que el hombre se unirá a su mujer y serán una sola carne, porque Él
debía saber que eso era imposible porque lo dice Kiko.
Jesucristo entendió esto rápidamente: tan pronto como
su madre le dice: "No tienen vino", él responde: "Mujer, mi
tiempo aún no ha llegado", porque solo Él podrá dar vino a la humanidad -y
esto significa purificarla, sacarla de la muerte, para establecerla de pie
sobre la roca-, cuando muera en la cruz, es decir, cuando llegue su hora.
Con este juego de palabras: "¡Mujer!" presenta
a María como la nueva Eva, la madre de todos los creyentes. Como sabéis, el
nombre "mujer" se refiere sólo a Eva, "la mujer", y aparece
de nuevo cuando Jesús grita desde la cruz: "Mujer, aquí está tu
hijo". La primera Eva procede de un tipo de hombre, y la nueva Eva -esto lo
dicen todos los Padres de la Iglesia- procede del costado de Cristo.
Primero. La comparativa Eva-María es
bastante tardía, por lo que hubo muchos Padres de la Iglesia anteriores a ella.
Segundo, quien nace del costado de Cristo es, según la tradición, la Iglesia.
Por eso sabéis que hay un paralelismo entre el sueño
de Adán (cuando Dios le quita la costilla) -"Hueso de mis huesos y carne
de mi carne", dirá Adán cuando ve a la mujer: así es como Eva, la mujer,
fue presentada- y el sueño de Jesús, la muerte, ya prefigurada en el sueño de
Adán.
Cristo duerme en la cruz, muere en la cruz y de su costado
derecho sale sangre y agua, sale la nueva Eva. Por eso también llamará a su
madre "Mujer" como esposa, como virgen, como madre. La nueva Eva
tiene estos tres atributos: es muy importante ver esto porque son tres
condiciones que nuestra generación está atacando.
Siempre, en todas las generaciones, el dragón, la
serpiente primordial (porque nosotros, para hablar de cosas tan profundas,
debemos emplear símbolos; incluso en el sueño soñamos con símbolos, el lenguaje
subconsciente, el lenguaje primordial, porque nos faltan las palabras para
expresar contenidos tan profundos y tan reales), la serpiente primordial
persigue a la mujer como la persigue nuestra generación. ¿Cómo la persigue? Destruyendo
la imagen de la mujer, destruyendo a la mujer: NO DEBE SER VIRGEN, NO DEBE SER ESPOSA,
NO DEBE SER MADRE. Estas tres condiciones -la virginidad, el matrimonio y la maternidad-
están amenazadas hoy por la nueva generación.
Cada vez que escucho argumentos de este
percal me parecen de una hipocresía pasmosa. A ver: ni la virginidad, ni el
matrimonio ni la procreación son exclusivos de la mujer. También los hombres
son vírgenes hasta que se estrenan y también ellos están llamados a preservarse
hasta el matrimonio; matrimonio implica hombre y mujer, luego de nuevo no es
exclusivo de un género; y la procreación, si es natural, requiere imprescindiblemente
de hombre y mujer, por lo que no hay maternidad sin paternidad.
¿Por qué tanto empeño en presentar como
un asunto solo de mujeres lo que afecta por igual a ellos y ellas? Algo tengo
claro, si el método de trabajo es incorrecto, lo usual es no llegar a ninguna
conclusión válida.