lunes, 27 de julio de 2020

Traditio symboli (LI)


Monición al Evangelio

Bien, hermanos, ahora escucharemos una Palabra de un Evangelio que entra dentro de esta convivencia, para prepararos a esta misión maravillosa.

Me quejo mucho de que algunos hermanos no se dan cuenta de lo que significa que el Señor os envíe, Él os da la oportunidad de proclamar Su Palabra.

Ya empezaron las mentiras. En el paso de la traditio los únicos que envían son los kikotistas, Dios no tiene nada que ver. Cuando es Dios quien envía, el envío es personal, no por medio de un tercero y Él pone palabras en tu boca, que no son matras kikiles.

No hay nada más grande que llevar en vuestro cuerpo, en nuestra lengua, nuestra saliva, llevar la Palabra del Señor, la misma Palabra que creó estos cielos y esta tierra, la misma Palabra que da vida a la gente, que salva a la gente, la salva de la muerte eterna. Es maravilloso salvar a una persona del fuego en una casa incendiada, entrar y arriesgar la vida para salvarla. Y después de haber salvado una vida humana, tienes una sensación de bienestar, porque te olvidaste a ti mismo, en este sentido y de alguna manera, incluso si no crees en Dios, el egoísmo de esa persona ha sido trascendido, y esto provoca una profundísima experiencia del amor.

Otro desvarío. Nadie puede salvar de la muerte eterna a otro, solo Dios puede, lo que pasa es que Kiko es muy amigo de dárselas de mesías.

Salvar de la muerte: ahora en España tenían que salvar a dos alpinistas, congelados, no se sabía si todavía vivían o no, y tenían que arriesgar sus vidas escalando las paredes de una montaña; hubo un movimiento de solidaridad entre todos los grandes escaladores que estaban divididos, todos vanidosos, con problemas que si uno...

Faltaría más que todos ellos no fueran unos vanidosos y cualquier otra cosa que a su sensibilidad le dé la gana despotricar sobre gente a la que no conoce de nada. Siempre con malas palabras hacia el otro, que es Cristo.

¡Entonces no puedes imaginar lo que entraña el poder que el Señor nos otorga a nosotros, que somos pecadores, de esta Palabra que resumimos en el kerygma, la posibilidad de anunciar su Evangelio, de dar la vida. ¡Dar la vida!

Lo único que dan es la tabarra, por más kikotina que ingieran ni un solo kiko puede dar la vida a otro.

A tanta gente Dios no se lo permite. San Pablo dirá "A mí, el menor de los hombres, soy un aborto, Dios me ha dado este ministerio, me ha dado acceso a esta liturgia, a la predicación, a la evangelización, evangelizar".

La cita solo existe en los delirios de Kiko de ayer y anteayer.

Ayer escuchamos que "Dios me llamó a evangelizar, no a bautizar", en el sentido de que fue hasta los confines de la tierra, hasta España, a predicar para fundar la Iglesia.

Otro error de bulto. Cuando San Pablo dice eso está regañando a los Corintios porque unos dicen ser de Pedro y otros del Perico. Pablo quiere hacerles ver que el único a quien deben seguir es Cristo y se alegra de que casi ninguno de ellos pueda decir que fue bautizado por él, no sea que creyeran que el bautismo fuese en su nombre (el de Pablo), pero nada tiene que ver con ir o dejar de ir a Roma o a Lisboa.

Prefirió no construir sobre una iglesia fundada por otros, sino sentar él mismo las bases.

La frase de arriba es para enmarcar. La Iglesia Católica se dice fundada por Jesús. Nada más… Luego está el kikismo, que no es sino parásito y debe de ser que tiene otros fundadores. Ellos sabrán.

Siempre buscaba lugares donde aún no habían escuchado el Evangelio: estos son los evangelizadores. Por esta razón, dirá, cuando ha fundado una Iglesia sobre la cruz de Cristo y no con sabiduría humana, dirá después: “Atención a lo que construyes sobre ella, que todo debe ser pasado por el fuego. Quién construye con paja...", etc.

De las citas inventadas de ayer y anteayer de su sensibilidad. La verdadera cita es «El fundamento ya está puesto y nadie puede poner otro, porque el fundamento es Jesucristo. Sobre él se puede edificar con oro, plata, piedras preciosas, madera, pasto o paja: la obra de cada uno aparecerá tal como es, porque el día del Juicio, que se revelará por medio del fuego, la pondrá de manifiesto; y el fuego probará la calidad de la obra de cada uno» (1Cor 3, 11-13).

Porque algunos construían sobre la sabiduría, sobre el estudio, como dijimos ayer, y todo eso cae y no queda nada. Solo lo que está basado en Cristo permanece verdaderamente.

Peor es empeñarse en construir sobre el barro del kikismo, no solo no quedará nada, es que además quienes lo intentan se amargan la existencia cosa mala.

Así que esta mañana me gustaría que entendieras lo que significa. Bueno, yo no puedo hacerte entenderlo, debe hacerte entender el Evangelio. San Gregorio Magno ya dijo que son muchos los sacerdotes y qué pocos hay en el mundo; tantos sacerdotes, y no hay sacerdotes, decía San Gregorio Magno. ¡Son poquísimos los que evangelizan! Necesitamos muchos sacerdotes que anuncien, muchísimos, y no hay tantos.

Teniendo en cuenta que Kiko habla para laicos a los que quiere convertir en voceros de sus propios mantras, a él le vendría muy bien que los sacerdotes no cumpliesen su cometido. De hecho, en el kikismo el presbi solo está para impartir sacramentos, de la prekikación se ocupan otros.

Una de las lecturas del Oficio, muy profunda, dice que hay muchísimos que hacen cualquier cosa menos predicar el Evangelio, y no porque no quieran predicar el Evangelio, ¡porque Dios no les permite predicarlo!

¡Ya está con la chorrada del pisoteo de Dios a la libertad del ser humano! No sé si es incapacidad por su parte para entender lo que es la libertad y el libre albedrío o si lo hace con conocimiento de causa, pero falta a la verdad y engaña.

Y dice San Gregorio Magno: "Hay dos cosas por las cuales Dios no permite que se predique el Evangelio, una es por los pecados de quien lo proclama", llega el momento en que Dios se cansa de los pecados y entonces predica, pero dice cosas, dice cosas, dice cosas pero son cosas que pasan dos metros por encima de las cabezas de la gente, dice cosas. Incluso por el tono de voz con que las dice, sabes que no las siente, debería sentirlas pero... ¡Y la gente se da cuenta de que no le dice nada! Entonces él no puede, dice cosas un poquillo...

¡Ese era el disparate que faltaba! En el Catolicismo la misericordia de Dios es infinita, porque la misericordia y el perdón son cualidades divina, ahora resulta que el diosito del kikismo, tan limitadito como es, llega un momento en que se cansa de los pecados y se acabó, ya no te perdona más, ya te quedas castigado y condenado para los restos.

Por cierto, la presunta cita de San Gregorio no la conozco, si alguien la pudiera aportar…

Y el otro motivo, dice San Gregorio Magno, es por los pecados de la gente, por los pecados de quienes lo escuchan. Quienes lo escuchan no quieren escuchar, y dado que no quieren escuchar, tampoco Dios inspira lo que debería inspirar. Porque incluso si lo inspirara, no lo percibirían. Por eso tenemos los sacerdotes que necesitamos, es decir, los que merecemos; como tenemos los Obispos que merecemos, tenemos los que Dios ha querido. Bien.

Está claro, ¿no? Quienes escuchan no quieren escuchar así que no escuchan porque aunque escucharan diosito el caprichosos no les dejaría escuchar. Lo que además se adereza con los sacerdotes y obispos que merecemos, que ya no sé si son de los que no escuchan porque no quieren o porque diosito no les deja o de los que no son escuchados o… Y a esto lo llaman monición a un Evangelio.

sábado, 25 de julio de 2020

Discerni-miente-que-te-miente neocatecumenal


En mis primeros años en el Camino, me llamaba poderosamente la atención la afición de la gente a “consultar” sus cuitas con los kikotistas. Siempre se trataba de asuntos de índole personal, es decir, nadie buscaba al kikotista como asesor fiscal para que le aconsejase cómo o dónde invertir los ahorros, ni para decidir qué modelo de vehículo le convenía más, pero iban a ellos cuando tenían disputas con compañeros de trabajo, problemas de pareja o con los hijos, follones con los suegros o los cuñados o, el gran clásico entre los jóvenes, dudas sobre el noviazgo, fuese este en grado de tentativa o real.

Yo nunca tuve con ellos -a Dios gracias- la confianza precisa para querer hacerles partícipes de ningún tema tan personal, mucho menos cuando lo usual era que estuviesen implicadas otras personas en lo que se compartía con los kikotistas.

El caso es que era un clásico de esos años pedir audiencia a los kikotistas no solo para consultarles, sino para recibir de ellos indicaciones precisas acerca de cómo actuar en el asunto en cuestión. Era tan habitual que si mes tras mes no tenías ninguna cuestión que tratar con ellos en sesión privada eras mirado con cierta conmiseración, como si tu vida fuese muy plana y aburrida o como si Dios se hubiese olvidado de ti y no te enviase acontecimientos fuertes para tu conversión. Esa era la apreciación que yo tenía: que si no te abrumaba algún problema serio y, sobre todo, si no lo compartías con los kikotistas y te sometías a su criterio, no te podías convertir, porque sabido es que los neocatecumenales son inducidos a pensar que nadie nadie nadie -por más  que sea de diaria misa de 12 y confesión semanal- está convertido antes de hacer las kikotesis, antes de tripodear y llenar bolsas durante veinte o más años, antes de recibir una túnica fantasmal.

Ese es su primer dogma de fe en el kikismo.

Así que, cuando surgía algún problema personal por parte de un hermano de comunidad invariablemente se le aconsejaba que pusiese el asunto en conocimiento de los kikotistas.

También era muy curioso, en las convivencias de mes, ver el alivio o el orgullo con que algunos contaban que ya habían dado ese paso, ya podían ser contados entre los que habían puesto sus problemas personales en las manos -y en los oídos atentos- de los kikotistas. ¡Ya estaban en el camino de la verdadera conversión!

Había algunos hermanos por los que Dios mostraba tanta predilección que tenían que solicitar audiencia a los kikotistas en numerosas ocasiones e incluso llegaban a formar lazos de amistad con ellos. Nunca fue mi caso, pero al principio me preguntaba si sería real que los kikotistas tendrían un discernimiento providencial digno del mismo Salomón.

Entonces llegaron los segundos escruticidios y resolví mis dudas: Cero en discernimiento y por debajo de cero en lo que a empatía y habilidades sociales se refiere. Lo que verdaderamente dominaban los kikotistas eran los mantras kikiles y la pose de sabios greco-romanos, y con tan fútiles medios pretendían estar allí por designación divina y episcopal -en ese orden o a la inversa, que lo mismo da porque ambas eran falsas- para transmitirnos la voluntad de Dios para nuestras erradas vidas con vistas a nuestra conversión y posterior salvación.

A lo largo de las sesiones de escruticidios vi como lo que ellos llamaban -y otros tomaban por- discernimiento no era sino un conglomerado de recetas precocinadas.

Por ejemplo, para quien estuviese ennoviado con uno de fuera del kikismo, el veredicto invariable era que estaba haciendo un ídolo de su noviazgo y se conminaba a esa persona a poner a prueba si la relación venía de Dios. La prueba era bien sencilla, si la parte ajena aceptaba entrar al Camino, significaba que Dios daba su visto bueno, en otro caso, era imprescindible cortar para no contrariar a Dios.

Por el contrario, si ambos novios caminaban no se ponía en duda la solvencia divina de la relación, incluso si los afectados confesaban mantener relaciones sexuales. Se les amonestaba con cariño, se les decía que eso no estaba bien, se les animaba a regularizar la situación, pero nada más, ni veían idolatría ni ofensa a Dios pues, como dice Kiko en alguno de los mamotretos, eso es un absurdo y un moralismo ya que el ser humano no tiene poder para ofender a Dios y sabido es que los cristianos adultos no son moralistas.

Había más recetas-tipo: Pasados los 25 años, los jóvenes sin compromiso era “invitados” a hacer “una experiencia seria” en un convento o seminario. Los que estaban enemistados con algún pariente, padre o hermano, tenían que correr a pedir perdón por haber juzgado a dicha persona. Lo de menos eran las circunstancias que hubiesen motivado el enfado, era irrelevante quien fuese el ofensor y quien el ofendido, el escruticiado tenía que humillarse y pedir perdón para no contrariar a Dios y a los kikotistas.

Además había preguntas improcedentes -y casi siempre indecorosas- y dictámenes-tipo en función de las respuestas. Por ejemplo, en el caso de los matrimonios, las preguntas de rigor eran si estaban abiertos a la vida y quien era el cabeza de familia; en el caso de los solteros, si vivían en castidad y, más importante, si veían pornografía y hacían cochinadas en soledad. Ante esas preguntas fuera de lugar, lo peor que se podía hacer era negar el pecado, porque el ataque, la caza y el derribo de “los buenecitos” era el deporte favorito de los kikotistas. Por tanto, si querías evitar la masacre y salir con tan solo un par de cogotazos cariñosos tenías que ser vicioso y pecador -o decir que lo eras-, de lo contrario, se cobraban tu pellejo para exponerlo en su kikosalón.

O al menos hacían lo posible, en piña con el responsable de la comunidad, para cobrarse tu pellejo.

He presenciado muchas de tales cacerías que les han salido bien debido a la información privilegiada que obraba en poder de los kikotistas -en ocasiones sin que el escrutado se explicase quien había traicionado su confianza y les había ido con el cuento-, al apoyo explícito del responsable y al silencio cómplice de la comunidad.

Pero también he visto casos en los que el escruticiado salió respondón. Recuerdo el caso de un hombre ya mayor, esposo, padre, abuelo de varios nietos y empresario, al que pretendían someter a su superior criterio, como si fuese un mocoso adolescente frente a unos adultos. Este abuelo vino a decirles que cuando se les pasase la tontería volvieran para hablar de igual a igual, porque jamás les reconocería un estatus de superioridad moral.

En este blog se ha dicho unas cuantas veces: ningún kikotista, ni Kiko ni sus adláteres, tiene más autoridad que la que tú quieras darle.