lunes, 23 de enero de 2012
Diario Vaticano: A los neocatecumenales el diploma. Pero no lo que esperaban
Primera comunión neocatecumenal
Pierwsza Komunia Święta po neońsku
Oczywiście nie w kościele przy ołtarzu, tylko w jakiejś salce przy stole, kiko-krzyżu, menorze, na ścianie obowiązkowej neo-ikonie, na siedząco, do łapy i pod obiema postaciami. Celebransowi się nawet nie chciało ornatu założyć... Za to neo-przepisów przestrzega nad wyraz skrupulatnie. Fotografie pochodzą z galerii klasztoru Ojców Kapucynów w Sędziszowie Małopolskim i zostały wykonane 7 czerwca 2008 r.Kyrie eleison!
lunes, 16 de enero de 2012
CONSIDERACIONES HISTÓRICAS Y PATRÍSTICAS ACERCA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO
Cómo se nos ha contado la supuesta historia de la comunión en la mano.
En general, así se cuenta la historia de la Comunión en la mano: a partir de la Última Cena y durante el tiempo de los apóstoles, la Santa Comunión se daba, por supuesto, en la mano. Así era también durante la era de los mártires. Y así siguió siendo durante la edad de oro de los Padres y de la liturgia, después de la paz de Constantino.
La Comunión en la mano era dada a los fieles como nosotros hacemos ahora (en los sectores más abiertos y más al día de la Iglesia). Y continuó siendo la práctica común, por lo menos hasta el siglo décimo. Por lo tanto, durante casi la mitad de la vida de la Iglesia esa fue la norma.
Una magnífica prueba de ello se encuentra en el texto de San Cirilo de Jerusalén (313-386) donde aconseja a los fieles "haced un trono con vuestras manos donde recibir al Rey (en la Santa Comunión)". Más adelante, este Padre de la Iglesia aconseja un gran cuidado con cada fragmento que pueda quedar en las manos, “así como no se deja caer el oro al piso, así también se debe tomar un gran cuidado cuando se trata del Cuerpo del Señor”.
Cómo y cuando se habría pasado de la comunión en la mano a la comunión en la boca.
De acuerdo a la historia comunmente divulgada, el cambio en la manera de recibir el pan consagrado se dio de la siguiente manera: en la Edad Media hubo ciertas distorsiones de la fe y/o en la aproximación a la fe, que se fueron desarrollando gradualmente.
Se desarrolló un excesivo temor de Dios y una correlativa preocupación por el pecado, el juicio y el castigo; un énfasis sobredimensionado en la divinidad de Cristo, que constituía una virtual negación o por lo menos disminución de Su sagrada humanidad; un exagerado énfasis en el papel del sacerdote en la sagrada liturgia; y una pérdida del sentido de la comunidad, que de hecho es la Iglesia.
En particular, debido al énfasis excesivo en la adoración a Cristo en la Santa Eucaristía y a una concepción demasiado estricta en lo relativo a las cuestiones morales, la Sagrada Comunión se hizo cada vez menos frecuente. Se consideraba suficiente fijar los ojos en la Sagrada Hostia durante la elevación. De hecho, esta práctica decadente de la "elevación" (porque el desprecio por este período continúa) y la también poco saludable Exposición y Bendición del SantÌsimo Sacramento, encuentran sus orígenes en esos desafortunados tiempos medievales. Este viene a ser un período cuyas prácticas litúrgicas haríamos bien en sacarnos de encima.
Fue en esa atmósfera y bajo esas circunstancias que se comenzó a restringir la práctica de la Comunión en la mano. La práctica de que el celebrante colocara directamente la hostia en la boca del comulgante se desarrolló y, triste es decirlo, se impuso.
La conclusión es muy clara: deberíamos dejar de lado esta costumbre cuyas raíces se encuentran en esa edad oscura. Deberíamos prohibir o al menos desaconsejar esta práctica que no permite a los fieles "tomar y comer", y volver a los usos prístinos de los Padres y los Apóstoles: la Comunión en la mano.
¡Qué historia tan conmovedora! Lástima que no sea verdad.
Los Papas, los Santos Padres.
El Sagrado Concilio de Trento declara que es una Tradición Apostólica la costumbre de que sólo el sacerdote que celebra la Misa se dé la Comunión a sí mismo (con sus propias manos) y que los fieles la reciban de El.
Un estudio más riguroso de las evidencias disponibles en la historia de la Iglesia y de los escritos de los Padres, no apoya la aserción de que la Comunión en la mano era una práctica universal que fue gradualmente suplantada y efectivamente reemplazada por la práctica de la comunión en la mano. Más bien, los hechos parecen apuntar a una conclusión diferente.
El Papa San León Magno (440-461), ya en el siglo V, es un testigo temprano de la práctica tradicional. En sus comentarios al sexto capítulo de San Juan, habla de la Comunión en la boca como del uso corriente: "Se recibe en la boca lo que se cree por la Fe" El Papa no habla como si estuviera introduciendo una novedad, sino como si fuera un hecho ya bien establecido.
Un siglo y medio más tarde, pero todavía tres siglos antes de que la práctica fuera supuestamente introducida (según el relato ya referido) el Papa San Gregorio Magno (590-604) es otro testigo. En sus Diálogos (Roman 3, c. 3) relata cómo el Papa San Agapito obró un milagro durante la Misa, después de haber colocado la Hostia en la lengua de una persona. También Juan el Diácono nos habla acerca de esta manera de distribuir la Santa Comunión por ese Pontífice.
Estos testigos son del siglo V y VI. ¿Cómo se puede razonablemente decir que la Comunión en la mano fue la práctica oficial hasta el siglo X? ¿Cómo alguien puede sostener que la Comunión en la boca es una invención medieval? No estamos afirmando que bajo ninguna circunstancia los fieles la hayan recibido en sus propias manos. Pero, ¿en qué circunstancias? Parece que desde muy temprano era usual que el sacerdote colocara la Sagrada Hostia en la boca del comulgante.
Excepciones
Sin embargo, en tiempos de persecución, cuando no había sacerdotes disponibles, y los fieles llevaban el Santísimo a sus casas, se daban la Comunión a sí mismos, con sus propias manos. En otras palabras, antes que quedar totalmente privados del Pan de Vida, podían recibirlo por sus propias manos, cuando no hacerlo hubiera significado quedar privados de este imprescindible alimento espiritual. Lo mismo se aplicaba a los monjes que se habían retirado al desierto, donde no disponían del ministerio de un sacerdote y no quisieran dejar la práctica de la Comunión diaria.
Resumiendo
Para resumir, la práctica era que se podía tocar la Hostia cuando no hacerlo equivalía a quedar privado del Sacramento. Pero cuando había un sacerdote, no se la recibía en la mano. Así, San Basilio (330-379) afirma claramente que sólo esta·permitido recibir la Comunión en la mano en tiempos de persecución o, como era el caso de los monjes en el desierto, cuando no hubiera un diácono o un sacerdote que pudiera distribuirla. "No hace falta demostrar que no constituye una falta grave para una persona comulgar con su propia mano en épocas de persecución cuando no hay sacerdote o diácono" (Carta 93). Lo que implica que recibirla en la mano en otras circunstancias, fuera de persecución, sería una grave falta. El Santo basa su opinión en la costumbre de los monjes solitarios, que reservaban el Santísimo en sus celdas, y en ausencia de sacerdote o diácono, se daban a sí mismos la Comunión.
En su artículo "Comunión" en el Dictionnaire d’Archéologie Chrétienne, Leclercq afirma que la paz de Constantino llevó la práctica de la Comunión en la mano a su fin. Esto reafirma el razonamiento de San Basilio, que la persecución era la que creaba la alternativa de recibir la Comunión en la mano o verse privado de Ella. Cuando la persecución cesó, evidentemente la práctica de la Comunión en la mano persistía aquí y allí. Era considerada como un abuso por la autoridad de la Iglesia, puesto que era juzgada contraria a la costumbre de los Apóstoles. Así, el Concilio de Rouen que se reunió en el año 650, dice: "No se coloque la Eucaristía en las manos de ningún laico o laica, sino únicamente en su boca".
El Concilio de Constantinopla, prohibía a los fieles darse la Comunión a sí mismos (que es lo que sucede cuando la Sagrada Partícula es colocada en la mano del comulgante). Decretó una excomunión de una semana de duración para aquellos que lo hicieran en la presencia de un obispo, un sacerdote o un diácono.
San Cirilo (siglo IV:( un texto dudoso. ¿Y San Cirilo? Por cierto, los promotores de la "comunión en la mano" generalmente no mencionan las evidencias que acabamos de exponer. En cambio, utilizan constantemente el texto atribuido a San Cirilo de Jerusalén, quien vivió en el siglo IV, al mismo tiempo que San Basilio. El Dr. Henri Leclercq resume las cosas como sigue: "San Cirilo de Jerusalén recomendaba a los fieles que cuando se presentaran a recibir la Comunión, debían tener la mano derecha extendida, con los dedos unidos, sostenida por la mano izquierda, con la palma en forma cóncava; y que en el momento en que el Cuerpo de Cristo era depositado en su mano, el comulgante debía decir:
"Amén". Pero el texto continúa. También propone lo siguiente: "Santifica tus ojos con el contacto del Cuerpo Sagrado ... Cuando tus labios están todavía húmedos, lleva tu mano a tus labios, y pasa tu mano sobre tus ojos, tu frente y tus otros sentidos, para santificarlos". Esta recomendación bastante original (¿o más bien supersticiosa? ¿irreverente?) llevó a los eruditos a cuestionar la autenticidad de dicho texto. Algunos piensan que tal vez hubo una interpolación, o que fue el sucesor del santo quien escribió tal cosa. No es imposible que este texto fuera realmente del Patriarca Juan, quien sucedió a Cirilo en Jerusalén. Pero este Juan era de dudosa ortodoxia. Sabemos todo esto por la correspondencia de San Epifanio, San Jerónimo y San Agustín. Por lo tanto, a favor de la Comunión en la mano tenemos un texto de dudosa originalidad y de contenido cuestionable. Y por el otro lado, tenemos testigos confiables, incluyendo a dos grandes papas, de que colocar la Sagrada Hostia en la boca del comulgante ya era común y ordinario en el siglo V.
¿Clericalismo?
¿No es una forma de clericalismo permitir al sacerdote tocar la Hostia y prohibírselo a los fieles? De ningún modo, pues a los sacerdotes sólo les estaba permitido tocar el Santísimo Sacramento en casos de necesidad. En efecto, aparte del celebrante de la Misa, nadie que recibiera la Comunión, aunque fuera sacerdote, podía hacerlo en la mano. De tal modo que, en la práctica tradicional del Rito Romano, si un sacerdote estaba oyendo Misa (y no celebrando) y deseaba recibir la Sagrada Comunión, no lo hacía en sus propias manos: la recibía de otro sacerdote, en la lengua. Lo mismo sucedía con un Obispo. Lo mismo si se tratara de un Papa. Cuando San Pío X, por ejemplo, estaba en su lecho de muerte, en Agosto de 1914, y se le administró la Sagrada Comunión como Viático, no la recibió, y no le estaba permitido, en la mano: la recibió en la lengua de acuerdo a la ley y a la práctica de la Iglesia Católica. Esto confirma un punto fundamental: por principio de reverencia, la Hostia no debe tocarse innecesariamente. Obviamente alguien debe distribuir el Pan de Vida. Pero no es necesario hacer de cada hombre, de cada mujer y cada chico su propio "ministro de la Eucaristía" y multiplicar la manipulación torpe y chapucera y el peligro de que se caigan y se pierdan Fragmentos eucarísticos. Aún aquellos cuyas manos fueron especialmente consagradas para tocar la Sagrada Eucaristía, particularmente los sacerdotes, no deben hacerlo sin necesidad.
Otras consideraciones
Entregar la comunión la mano puede dar origen a prácticas muy irreverentes e incluso heréticas.
Se sabe que personas que no son católicas recibieron la comunión en la mano de su Santidad Juan Pablo II y guardaron la hostia como recuerdo de un hombre al cual admiraban.
Siguiendo este mismo hecho es posible que muchas veces personas hayan realizado prácticas deleznables y demoníacas usando la práctica de la comunión en la mano. Muchos han sido testigo de personas que se van a su asiento con la hostia en la mano y comulgan en él. Igual podrían con gran facilidad llevarse la hostia a donde quisieran.
Se pierde el sentido y reverencia del significado y realidad de la presencia real. ¿Es eso lo que se busca?
Ya no se tiene el menor cuidado con la hostia consagrada. No se cumplen las rubricas mínimas de respeto que la Iglesia exige para con ella. Esto se puede fácilmente verificar, hoy, con relación a la presencia real de Cristo en la hostia: la mera eliminación de los gestos que manifiestan la Fe en la presencia real de Cristo en la hostia -- las genuflexiones delante del Santísimo Sacramento, o delante del tabernáculo, por ejemplo -- poco a poco, lleva a los fieles a olvidarse de la presencia real de Cristo en la hostia, y, después, resulta más fácil negar el dogma.
Leer más: http://devocioncatolica.blogspot.com/2009/02/consideraciones-historicas-y.html#ixzz1kFVgD2np
sábado, 14 de enero de 2012
De la costumbre de comulgar en la mano
JUEVES 14 DE JULIO DE 2011
DE LA COSTUMBRE DE COMULGAR EN LA MANO
Probablemente sea Ud. de los que al llegar ante el sacerdote para comulgar le haga un discreto gesto o simplemente le presente las manos abiertas hacia arriba, solicitándole que le deje la hostia en ella en lugar de depositársela directamente en la boca.
Y aunque tal fue la manera habitual de comulgar en tiempos remotos, evidentemente, tal alternativa no fue siempre posible, sobre todo en los últimos tiempos. Se tiende a creer que la misma formó parte de los muchos cambios realizados por el Concilio Vaticano II, y si bien es cierto que el nuevo espíritu de la Iglesia y de la liturgia surgido del mismo estuvo, sin duda, en la base de la posibilidad de recibir la forma en la mano, lo cierto es que el Concilio en sí no reguló nada al respecto, e inmediatamente terminado, el acto de la comunión tenía lugar en el modo que todos tenemos por consuetudinario mediante el depósito de la sagrada forma por el sacerdote en la boca del comulgante. ¿Cuándo toma forma, pues, la posibilidad de “comulgar en la mano”?
El documento fundamental que hizo ello posible no es otro que la instrucción Memoriale Domini, publicada el 29 de mayo de 1969 por la Sagrada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, una de las nueve congregaciones de la Iglesia, que lo hizo de la siguiente curiosa manera que él mismo explica.
“Habiendo pedido algunas Conferencias Episcopales y algunos obispos en particular que se permitiese en sus territorios el uso de poner en las manos de los fieles el pan consagrado, el Sumo Pontífice mandó que se preguntase a todos y cada uno de los obispos de la Iglesia latina su parecer sobre la oportunidad de introducir el rito mencionado”.
El resultado de la votación fue el siguiente:
Fueron propuestas a los obispos tres cuestiones, a las que, hasta el día 12 del mes de marzo último [1969], respondieron del modo siguiente:
- ¿Se ha de acoger el deseo de que, además del modo tradicional, se permita también el rito de recibir la Sagrada Comunión en la mano? Placet: 567. Non placet: 1.233. Placet iuxta modum: 315. Votos inválidos: 20.
- ¿Place que se hagan antes experimentos de este nuevo rito en pequeñas comunidades, con el consentimiento del ordinario del lugar? Placet: 751. Non placet: 1.215. Votos inválidos: 70.
- ¿Piensa que los fieles, después de una preparación catequética bien ordenada, han de recibir de buen grado este nuevo rito? Placet: 835. Non placet: 1.185. Votos inválidos: 128”.
Como se ve, el resultado fue bastante adverso a la reforma, por lo que en vez
de imponerla, la instrucción en cuestión se limitó a hacer la siguiente
concesión:
“Si el uso contrario, es decir, el de poner la Santa Comunión en las manos, hubiere arraigado ya en algún lugar, la misma Sede Apostólica, con el fin de ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir el oficio pastoral, que con frecuencia se hace más difícil en las condiciones actuales, confía a las mismas Conferencias el encargo y el deber de examinar las circunstancias peculiares, si existen, pero con la condición de prevenir todo peligro de que penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía, como también de suprimir con todo cuidado otros inconvenientes”.
Con lo cual,
se puso en manos de las conferencias episcopales nacionales la potestad de
decidir si los sacerdotes de su jurisdicción podían o no optar por dejar la
sagrada forma en las manos de sus fieles en el caso en el que éstos así lo
solicitaran. Una potestad más, junto a las muchas otras de las que gozan las
conferencias episcopales, por ejemplo la de trasladar de día determinadas
fiestas o la sustituir los ayunos y abstinencias por otras prácticas
penitenciales, según hemos tenido ocasión de analizar en esta misma columna.
Ha habido después de la instrucción Memoriale Divini alguna nueva referencia al
tema. La más importante quizás sea la de una nueva instrucción, la Redemptionis
Sacramentum, de 2004, en la que se hace la siguiente observación que, en
realidad, aporta poco a lo ya dicho en la Memoriale Divini, y cuya redacción
nos parece, dicho sea con toda humildad, desafortunada, al hablar de un derecho
del feligrés que, en realidad no es tal, sino sólo una potestad supeditada a la
decisión de la autoridad competente, en este caso la Conferencia Episcopal.
Reza la citada instrucción como sigue:
“Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano” (artículo 92).
jueves, 12 de enero de 2012
Profecias de Sor de la Nativité sobre la Falsa Iglesia
LOS ACONTECIMIENTOS QUE PROBABILÍSIMAMENTE SE AVECINAN
…LOS MUY GRAVES,
son la invasión del Vaticano, el asesinato del Sumo Pontífice y la tercera
guerra mundial.
En cuanto a los dos primeros, ¿cómo no presumir que los que van a invadir el
Vaticano, serán precisamente los mismos, que ya están instalándose masivamente
en Europa?…
Tampoco nos debe extrañar, que el actual Papa, este en la mira de los
seguidores del Profeta. Improbable es que le perdonen lo que osó decir en su
conferencia de Ratisbona, citando al emperador Manuel II Paleólogo: “Muéstrame
lo que Mahoma ha traído de nuevo y entenderás: SOLO COSAS MALAS E INHUMANAS…”.
En cuanto al hecho de que un Papa va a ser asesinado, no hay porqué asombrarse:
ya lo anticipó don BOSCO en su sueño “LAS DOS COLUMNAS” en 1862, en el que vio
que “el Papa cae herido gravemente; y que herido por segunda vez, CAE NUEVAMENTE Y
MUERE”.
…Pero hete aquí, que otra visión confirma el sueño del Santo = Nos referimos a
la que tuvo el Papa San Pío X en 1909: “¿Seré yo – se preguntaba – o será mi
sucesor? LO QUE ES SEGURO, es que EL PAPA ABANDONARA ROMA, y que para salir del
Vaticano, le será necesario PASAR SOBRE LOS CADÁVERES DE SUS SACERDOTES”.
En realidad, lo enunciado aquí es un lugar común dentro de la profecía católica
(ver en este blog el texto digital de la profecía católica, tomado del blog
“Santa Iglesia Militante, como también lo son las profecías que ahora aporto ).
Sólo habría que recordar los siguientes textos entre muchos y que pueden hacer
ver la coincidencia profética con los analistas, como Toby Westerman:
Dejando las conocidas profecías y muy citadas de San Pío X y la del papa
León XIII, y la célebre de la profecía llamada de San Malaquías (que acaba
diciendo que civitas septicollis diruetur) traigo estas:
Sor de la Nativité (1731-1798)
Nota: Por la importancia de estas profecías de Soeur Nativité, no muy conocidas, me extiendo un poco en ellas aunque no se ciñan al objeto de la entrada.
Yo he visto una gran potencia elevarse contra la Santa Iglesia. Ella ha
arrancado, pillado, devastado la viña del Señor; la ha hecho servir como
escabel a los transeúntes, y la ha expuesto a los insultos de todas las
naciones. Después de haber injuriado el celibato y oprimido el estado
religioso, esta soberbia audaz hoy se ha COMO REVESTIDO de los poderes de
nuestro Santo Padre el Papa, del cual ella ha menospreciado la persona y la
autoridad… He visto tambalearse las columnas de la Iglesia, he visto,
inclusive, caer un gran número de los que se tenía motivo de esperar más
estabilidad…
En los últimos tiempos se levantará una falsa religión contraria a la unidad
de la Iglesia.
“Esta herejía hará tal devastación, que yo no creo que haya habido
antes una tan funesta… Ella será acreditada, encontrará partidarios, por
todos lados, tendrá grandes sucesos, extenderá lejos sus conquistas, y parecerá
envolver todos los países y todos los estados, en los que tendrá un aire
magnífico y muy importante de bondad, de humanidad, de beneficencia, y hasta de
religión, lo que será una trampa seductora, para un gran número aún.
“Sus sectarios, para tener mejores resultados, afectarán al inicio un gran
respeto por el Evangelio y la catolicidad; aparecerán libros sobre
espiritualidad, que serán escritos por ellos con un color de devoción, y
llevarán las almas a un punto de perfección que parecerá elevarlas hasta el
tercer cielo. Tampoco se dudará de la santidad de sus autores ni de sus
partidarios, que se los pondrá por encima de los más grandes santos, quienes,
según ellos, no habrán hecho sino desbrozar [el camino de] la virtud…”
” Tendrán altares y templos donde sus sacerdotes tratarán de imitar los
ministerios, las ceremonias y el sacerdocio de la religión, en las cuales
mezclarán una cantidad de circunstancias extravagantes y supersticiosas,
invocando, o más bien, profanando el santo nombre de Dios.
Religión fundamentada sobre los placeres de los sentidos [¿Se refiere a
la emotividad y sensiblería de algunos cultos?]
“Estando su religión fundamentada sobre los placeres de los sentidos,
despreciarán interiormente la vida crucificada, la mortificación, el
sufrimiento…
“El ridículo que ellos tratarán de lanzar sobre los cristianos que todavía
habrá, hará caer y apostatar un gran número; porque esta especie de persecución
es tanto más terrible cuanto que está fortalecida por el respeto humano,
el amor propio, una falsa vergüenza, y sobre todo por las pasiones que nos
llevan siempre del lado que más les favorece.
…Se escuchará hablar de prodigios y de milagros de los ministros del error que,
de su lado, no harán menos esfuerzos para ilusionar al pueblo con cosas
sorprendentes, donde el demonio entrará muchísimo, hasta que después de su
muerte, él los elevará en el aire en globos de fuego, a fin de hacerlos adorar
como dioses inmortales. También se pintarán sus imágenes en los templos, y
se dirá muy alto que una Iglesia que produce semejantes milagros es mucho más
santa que la anterior” (Soeur de la Nativité).
San Anselmo de Sunium (Siglo XIII)
Desgracia a ti, ciudad de las siete colinas, cuando la letra K sea aclamada
en tus murallas [¿Tendrá algo que ver con la próxima beatificación de
Karol Woytila?
“Desgracia a ti, ciudad de las siete colinas, cuando la letra K sea alabada en
tus murallas. Entonces tu caída se aproximará; tus dominadores y tiranos [¿Pero
quienes son estos?] serán destruidos. Tú has irritado al Altísimo por tus
crímenes y tus blasfemias, tú perecerás en la derrota y en la sangre” (M.
Servant, pág. 281).
San Pedro Celestino (1251-1296)
Antes que la Iglesia sea renovada, Dios permitirá que el trono de San Pedro SEA
VACANTE
Fray Juan de Vatiguerro (Siglo XIII)
El Jefe Supremo de la Iglesia mudará de residencia
Sobre la persecución contra la Iglesia:
“El Jefe Supremo [¿Por qué dice Jefe y no, papa?] de la Iglesia mudará de residencia
y será una felicidad para él y para sus hermanos que estarán con él, el poder
encontrar un lugar de refugio, en donde cada cual pueda comer con los suyos el
pan del dolor en este valle de lágrimas.
Beata Catalina Racconigi (1486-1547)
Los turcos vendrá a Italia y la devastarán.
“Este espectáculo de las pruebas de la barca Santa le fue dado hacia el fin de
su vida. Ella decía en esos días que la renovación de la Iglesia por medio de
los flagelos no estaba lejos; que los turcos vendrían a Italial y la
devastarían y ensangrentarían en grandes batallas”.
Fray Calixto (+1751)
Nosotros hemos abusado del sacrificio, el sacrificio cesará.
Venerable Isabel Canori Mora (1774-1825)
Orden dada a los santos apóstoles Pedro y Pablo de transferir la cátedra apostólica.
Beata Ana María Taigi (1769-1837)
El 31 de agosto de 1816, ella oye de Nuestro Señor:
“Oh Roma, Roma. Hijos criminales. ¨¿Ignoráis el bien que os hice?… Tomo nota de
vuestra respuesta… Pero cuando Mi Padre Celestial dé la orden… Amada Mía: verás
cómo terminará Roma.
Por recordar sólamente la célebre profecía de San Juan Bosco, la cito de
pasada:
Advirtió al Papa Pío IX (siglo XIX) de que llegará un día en que una luz
brillante resplandecerá en el cielo, en pleno fragor de una batalla. En ese
instante, el Papa y sus servidores abandonarán el Vaticano pasando por una
plaza cubierta de muertos y heridos. Todo el país sufrirá una gran pérdida de
población y la tierra se agitará como arrasada por un huracán y caerá un fuerte
pedrisco. Durante doscientos amaneceres, el Papa y su séquito vagarán por
tierras extranjera.
El inmenso corpus de profecías que aluden a la invasión rusa- árabe en Europa
ha hecho dibujar un mapa a los “profetólogos” franceses.
Sobre el mapa se lee: “Schéma de l’invassion russo-arabe en
fonction des proféties”.


