viernes, 17 de febrero de 2012

Extracto de los mamotretos secretos del Camino Neocatecumenal


"ORIENTAMENTI ALLE EQUIPE DEI CATECHISTI PER LA FASE DI CONVERSIONE". Pubblicazione a cura del Centro Neocatecumenale - "Servo di Jahvé" in San Salvatore Piazza S. Salvatore in Campo – 00186 Roma – Tel. 6541589. Marzo 1982 

páginas 320 - 322 

[...] 

(Kiko) 

No crean que en la Iglesia primitiva existiese un papel que el Presidente tenía que leer, como sucede hoy, Nosotros hoy tenemos cuatro anáforas. En aquellos tiempos, quien presidía, sin leer, hacía la acción de gracias con todas sus fuerzas, haciendo un recuento de la Historia de la Salvación. Luego, para evitar abusos, todo esto se dejo de vivir, se redactó un canon. Hoy se descubren en las iglesias orientales muchas variedades de anáforas, porque entonces sí recogían las mejores. 

(Carmen) 

Veamos ahora que sucede con la Eucaristía del IV al VIII siglo. Tenemos aquí una fecha clave: el 314 que es el año de la conversión de Constantino. La Iglesia pasa de ser constituida por pequeñas comunidades perseguidas a ser la religión oficial del Imperio y por ello protegida. Todo esto influye enormemente en la evolución de la Eucaristía y de toda la liturgia porque en la Iglesia entran masas de personas sin haber sido catequizadas. 

Se construyen enormes basílicas con las cuales entran en la liturgia ostentaciones de lujo y solemnidades. A partir de este momento la luz potente de la Iglesia primitiva se cubre y se ofusca cargándose de lujos y parafernalia. 

La pureza de la liturgia primitiva se reviste de apariencias. 

Examinemos ahora esta parafernalia. 

El emperador entra con gran solemnidad en la basílica: rito de la entrada, el introito. Imaginen la procesión que se organiza mientras entra el cortejo del emperador. Una gran entrada con cantos. El introito reviste una gran... 

Tengan en cuenta que las iglesias están repletas de gente que no es hebrea y que no ha vivido la Pascua de generación en generación. Es gente que viene de templos paganos donde prestaba sus cultos y, no habiendo sido catequizada, comienza a ver en el culto cristiano las mismas cosas que hacía en su vieja religión. Cada uno de ellos ve las cosas como las tiene dentro, con los anteojos que lleva. Toda esta gente no vive ya la Pascua, sino los propios modos religiosos de concebir a Dios y las diversas relaciones con Él. 

Así encontramos que entran en la liturgia toda una serie de ideas de las religiones naturales: ofrecer cosas a Dios para placarlo; sacrificios, corderos, ofertas varias. También Israel por un cierto periodo, tuvo este tipo de culto sacrificial, pero hemos ya visto también, que Dios poco a poco lo ha hecho pasar de una liturgia sacrificial y de templos a una liturgia de alabanza, de glorificación y a aquella extraordinaria espiritualidad que es la celebración pascual. Ahora esta gente que entra en la iglesia vuelve a aquello que ya el pueblo de Israel había superado y comienza a ver en la liturgia cristiana los ritos religioso paganos. 

Otra de la parafernalia y religiosidad es la procesión de las ofertas, es decir el ofertorio. 

En la Iglesia primitiva no había nada similar. 

Continuando con la lectura de San Justino habremos aprendido que "Después de la celebración de los misterios, aquel que tiene da a quien no tiene". Es decir, hay una comunión de bienes, una manifestación es decir, del hecho que la Iglesia es una comunión real. Pero esto no es parte del hecho que la Iglesia es una consecuencia en la vida de los hombres que viven en el mismo espíritu. 

De aquí en adelante este ofrecer cosas a Dios ocupará un lugar primordial dentro del rito. Porque estos hombres van con temor a ofrecer cosas a Dios para que Él les sea propicio. Dense cuenta como nos hemos alejado de la Pascua. El cristiano de hecho no tiene miedo y hace esta Pascua como una explosión porque Cristo está en él y es Él su máxima seguridad. La intervención de Dios en la resurrección de Jesucristo es lo que hace proclamar a los cristianos su exultanza. No tienen ningún miedo: Cristo resucitado va delante de ellos. 

Desde este momento la visión es completamente diversa: comienza a aparecer un culto de oferta con el cual el hombre debe aplacar a Dios, que es propio de la idea pagana de llevar ofertas. 

Al principio, al menos, las ofertas se dejaban en las puertas de los templos; después, dado que el hecho de las ofertas andaban bien, y dado que aquel que da, da siempre mucha importancia a la cosa que da, se comienza a llevar el ofertorio hasta el altar. 

Entonces se organiza una gran procesión con todas las ofertas y con muchas oraciones sobre las ofertas, hasta el punto que la idea ofertorial invade la Eucaristía primitiva. Asistimos a un encubrimiento de lo principal con lo secundario. Esta idea ofertorial ha llegado hasta nuestros días: nosotros mismos hemos vivido con esta espiritualidad ofertorial. Yo mismo recuerdo que el ofertorio tenía para mí una importancia que no pueden imaginar: con la hostia pura, santa e inmaculada te ofreces tu, tu trabajo y el día que comienza. 

Pero algo peor aún sucede cuando desaparecen las ofertas materiales que daban sentido al ofertorio y entonces el rito queda sin contenido. Cuando sucede esto, es necesario suplir el vació de contenido con otras cosas: muchas oraciones particulares. Y entonces se hace una oración para la hostia, una oración para el cáliz; se ofrece el pan y el vino que sirven para el sacrificio. 

Está claro que este ofrecer a Dios no es para nada una cosa mala. Tu puedes ofrecer a Dios lo que quieras, pero la Eucaristía es una cosas bien distinta, netamente distinta de todo ello. En la Eucaristía tu no ofreces nada: es Dios absolutamente presente aquello que da la cosa más grande y es decir, la victoria de Jesús sobre la muerte. 

Él viene a darte todo y a llevarte al Padre. De esta manera, todos estos ritos solemnes, estas procesiones, este emperador que entra, estas basílicas grandiosas, estos ofertorios, esta gente que ya no vive la Pascua, logran que la liturgia se llene de estas ideas de oferta y de muchas otras ligadas a una mentalidad pagana. 

La liturgia es solemnísima: cantos grandiosos y música. La música lleva, entonces, a un riqueza extraordinaria. El cristianismo es protegido por el emperador. Asistimos a una gran riqueza y parafernalia del culto. 

Un ejemplo de cosas que permanecen sin contenido ha llegado hasta nuestros días. En la Iglesia primitiva hemos visto que la Palabra de Dios es muy importante. Se recitaba siempre el salmo 44 que canta las bodas del Rey con una princesa extranjera. Saben ya que esto, en la espiritualidad de Israel, representa las bodas de Dios con su pueblo y que para los cristianos representa las bodas de Cristo con su Iglesia. Y bien, el salmo comienza con una introducción que dice "Brotan de mi corazón hermosas palabras, yo canto al rey mi poema". Cuando se comenzó a no comprender más nada de la Palabra se suprimió el salmo, manteniendo, pero, la introducción hasta nuestros días, se hace entonces la introducción al canto y no se canta nada . Veamos pues, como cosas secundarias revisten y ofuscan lo esencial. 

Pero sobretodo esta masa de gente pagana, ve, en el fondo, la liturgia cristiana con sus propios ojos religiosos: la idea del sacrificio. Hay un completo retroceder al Antiguo Testamento que había sido ya superado por el mismo Israel. Farnés lo dice haciendo un ejemplo. Para construir un edificio se colocan andamios. Terminado el edificio los andamios son retirados. En el edificio que Dios construye en la Historia de la Salvación, hay andamios que son estas ideas sacrificiales que había tenido Israel y que había sido superadas por el mismo Israel en la liturgia pascual. Ahora que el edificio ha ya sido construido se vuelven a colocar los andamios, volviendo a las ideas sacrificiales y sacerdotales del paganismo. 

Por eso cuando después en el medioevo se ponen a discutir del sacrifico, en el fondo discuten de cosas que no existían en la Eucaristía primitiva. Porque sacrificio en la religión es "sacrum facere", hacer lo sagrado, ponerse en contacto con la divinidad a través de sacrificios cruentos. En este sentido no hay sacrificio en la Eucaristía: la Eucaristía es sacrificio en otro sentido, porque en la Eucaristía -es cierto- está la muerte, pero está también la resurrección de la muerte. La Eucaristía es Pascua, pasaje de la muerte a la resurrección. Por esto decir que la Eucaristía es un sacrificio es justo, pero incompleto. 

La Eucaristía sacrificio de alabanza, un alabanza completa de comunicación con Dios a través de la Pascua del Señor. Pero en esta época, la idea de sacrificio no se entiende así, sino en el sentido pagano. Lo que ellos ven en la Misa es que alguien se sacrifica, es decir Cristo. En la Eucaristía ven solamente el sacrificio de la cruz de Jesucristo. Y si hoy preguntáras a la gente algo sobre este propósito, les dirían que en la Misa ven el Calvario. 

[...]

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